martes, 11 de junio de 2019

EL MÚSCULO


Organizar una libre competencia de proveedores sanitarios es fácil en los libros de Economía Política y de Gestión Sanitaria pero muy difícil en la realidad. Es como hacer que llueva en una peli, fácil en el guión pero costoso en la secuencia.

Esté uno de acuerdo o no, sería deseable que la propuesta de libertad económica y del mercado que todo lo regula pudiera ser congruente con sus postulados y presentar solidez para erigirse como una alternativa política. Indeseable en mi opinión pero coherente y respetable.

Lamentablemente es una engañifa.

Los proveedores nunca actúan libremente y asumiendo sus propios riesgos como la autorresponsabilidad liberal predica, sino que siempre trabajan con el parapeto del Estado, en una lógica intervencionista que en teoría detestan.

El Estado (en un escenario de financiador público y prestador privado, se entiende) debiera limitarse a las políticas reguladoras, los contratos de gestión y la exigencia de resultados y por ende de responsabilidades.

El Estado manda y define representando el interés general, el proveedor obtiene lícito lucro pero obedece y se ciñe a las condiciones que el Estado marca.

En realidad el Estado nunca actúa como un regulador imparcial que pone el marco, sino que se involucra en modular y moldear a los proveedores que han de competir.

En primer lugar pone las condiciones de entrada al mercado y no son las que más convienen a los intereses de todos sino las que convienen a las empresas. Las empresas no se adaptan al Estado sino viceversa.

Ya lo vimos cuando el ridículo de Lasquetty licitó las concesiones (con graves defectos de forma, por cierto) y tuvo que ir a buscar a las empresas porque ninguna se presentaba, “rebajando” los pliegos.

Está claro que aquello fue un experimento primerizo para sentar un precedente sobre el que seguir ahondando, pero aún así sirvió para enseñarnos las entrañas (y las miserias) de la operación.

En segundo lugar para que compitan proveedores deben existir proveedores. En un escenario en el que el prestador casi monopolístico es el Estado la iniciativa privada es muy rudimentaria y está desorganizada.

Como dice Salvador Parrado “cuando se abre un mercado los gobiernos normalmente adoptan medidas para estimular la aparición de nuevos proveedores”, “la mayoría de proveedores tienen que comenzar desde cero” “es normal que se formen conglomerados multinacionales de provisión de servicios” “estos grupos cuentan con las habilidades necesarias para operar en esa área, al mismo tiempo que cuentan con los recursos y el capital que se necesita para afrontar los riesgos de una nueva aventura empresarial” “en muchos casos las Administraciones Públicas han tenido que ayudar a la creación de ese mercado”.

¿Cuál es la estrategia del Estado para ir engordando a los proveedores? La colaboración público privada, los conciertos.

He aquí la tesis central del post: creemos que “hemos ganado” y vemos la colaboración público privada como un mal menor, una pequeña concesión que hacemos al sector privado en pos de la conciliación de intereses, para que mamen un poco de la teta, aunque sea un poco, se conformen, estén calladitos y no desafíen el modelo de cuasimonopolio del Estado. En realidad se trata de como decía Extremoduro: no creas que estoy huyendo, si me ves retroceder espera, que estoy cogiendo carrera. Como no tienen la fuerza suficiente para postularse como proveedores claros, mientras se trabaja en la vía política para cambiar el modelo van creciendo a buen ritmo a los pechos del Estado, obteniendo cada vez más, creciendo, fusionándose, agregándose, absorbiéndose, comprando y vendiendo su capital, cambiando de inversores, preparándose, constituyendo grandes grupos (os suena? Sí, verdad?).

Pensamos que les estamos doblando la mano porque los intereses de la gente y del Estado (lamentablemente vendepatrias) están al unísono, pero realmente no lo están y el Estado colabora para que esté sucediendo una fase (que en gestión siempre es larga: 10-15 años) para rearmar al sector privado sanitario, para coger músculo.

Cuando ya estén listos, el Estado, debidamente secuestrado, no dudará en darles la provisión.

A no ser que lo impidamos.

Una manera en principio evidente pero muy inteligente de que no haya prestación privada es que no haya prestador privado. No es atentar contra la libertad de nadie ni contra ningún principio constitucional. En España hay libertad de empresa y así lo reconoce la Constitución en su artículo 38. Pero el sector sanitario tiene fallos de mercado y las empresas lo saben, no quieren asumir los riesgos; dicen que creen en la libre empresa pero no es cierto. Lo que no habría sería bajada de pantalones del Estado, porque el Estado es usted. 

No hay comentarios: