viernes, 28 de junio de 2019

QUE VIENE EL LOBBY! USOS Y ABUSOS DEL MARKETING SANITARIO

Un par de hilos que he hecho:

1) De cómo la Industria Farmacéutica actúa para redefinir una cuestión en Medicina, situarla en la agenda y promover su apoyo con distintas estrategias. A propósito de la inclusión de la vacuna en calendario de la Meningitis B, un claro ejemplo de maniobra de lobby en contra del interés general.



2) Estrategia de storytelling en marketing sanitario. Los datos duros y sesudos no venden, venden las historias que generan empatía. A propósito de un caso y una figura lobbista y KOL de libro: Lucía mi pediatra

martes, 18 de junio de 2019

CAMAS CON RUEDAS

De pequeño siempre soñaba con no tener que levantarme para ir al colegio tan temprano; que la cama tuviera ruedas, pudiera ir rodando y dormir así 5 minutos más.

Visualizaba el trayecto de mi casa al colegio, una cuesta que se bajaba en pendiente, y la cama con las ruedas propulsándose por el simple desnivel.

Según crecí comenzó a aterrarme aquella escena, como cuando sueñas que sales desnudo a la calle sin darte cuenta. Imaginaba la intimidad de mi cama expuesta, que todo el mundo viera mi edredón verde con grecas y que me viera en pijama, en un ridículo pijama probablemente de Portugal, especialistas en la ropa de cama por aquel entonces.

Me inquietaba aquella dualidad tan perversa. Por un lado la quietud y el espacio privado de una cama y una habitación y por otro la exposición tan bestia traída por un transportín en forma de ruedas, que ofrecía mi escena doméstica a aquel que la quisiera contemplar.

Pasaron los años y tuve que reencontrarme con aquel fantasma en el hospital, pero en versión mucho más profunda.

En aquel escenario no se trataba solamente de pasear la intimidad sino la patología y la moribundez (esta palabra no existe pero me la invento ahora llo).

Te sentabas en un sitio e iba pasando el tráfico, como cuando pasan los cochecitos de feria, secuencialmente. Podías observar los atributos, que agravaban la percepción sobre el estado del yacente: ése va con sonda nasogástrica, aquella con los sueros colgados, el otro grita de dolor, una vomita. Hay algunos que son jóvenes y no te explicas, quizá vayan al quirófano. Te preguntas qué les pasará, qué tendrán, si quedará oculto debajo de la sábana.

Todxs van tapados y boca arriba. Nunca se ha visto uno boca abajo, avergonzado o simplemente dormido, van dando la cara. Todavía más expuestos a las miradas. Entras en el ascensor y es inevitable fijarse, calibrarles, diagnosticarles, compadecerles.

El celador les conduce con maestría, sabiendo amortiguar a la perfección los bandazos inerciales de la camilla.

martes, 11 de junio de 2019

EL MÚSCULO


Organizar una libre competencia de proveedores sanitarios es fácil en los libros de Economía Política y de Gestión Sanitaria pero muy difícil en la realidad. Es como hacer que llueva en una peli, fácil en el guión pero costoso en la secuencia.

Esté uno de acuerdo o no, sería deseable que la propuesta de libertad económica y del mercado que todo lo regula pudiera ser congruente con sus postulados y presentar solidez para erigirse como una alternativa política. Indeseable en mi opinión pero coherente y respetable.

Lamentablemente es una engañifa.

Los proveedores nunca actúan libremente y asumiendo sus propios riesgos como la autorresponsabilidad liberal predica, sino que siempre trabajan con el parapeto del Estado, en una lógica intervencionista que en teoría detestan.

El Estado (en un escenario de financiador público y prestador privado, se entiende) debiera limitarse a las políticas reguladoras, los contratos de gestión y la exigencia de resultados y por ende de responsabilidades.

El Estado manda y define representando el interés general, el proveedor obtiene lícito lucro pero obedece y se ciñe a las condiciones que el Estado marca.

En realidad el Estado nunca actúa como un regulador imparcial que pone el marco, sino que se involucra en modular y moldear a los proveedores que han de competir.

En primer lugar pone las condiciones de entrada al mercado y no son las que más convienen a los intereses de todos sino las que convienen a las empresas. Las empresas no se adaptan al Estado sino viceversa.

Ya lo vimos cuando el ridículo de Lasquetty licitó las concesiones (con graves defectos de forma, por cierto) y tuvo que ir a buscar a las empresas porque ninguna se presentaba, “rebajando” los pliegos.

Está claro que aquello fue un experimento primerizo para sentar un precedente sobre el que seguir ahondando, pero aún así sirvió para enseñarnos las entrañas (y las miserias) de la operación.

En segundo lugar para que compitan proveedores deben existir proveedores. En un escenario en el que el prestador casi monopolístico es el Estado la iniciativa privada es muy rudimentaria y está desorganizada.

Como dice Salvador Parrado “cuando se abre un mercado los gobiernos normalmente adoptan medidas para estimular la aparición de nuevos proveedores”, “la mayoría de proveedores tienen que comenzar desde cero” “es normal que se formen conglomerados multinacionales de provisión de servicios” “estos grupos cuentan con las habilidades necesarias para operar en esa área, al mismo tiempo que cuentan con los recursos y el capital que se necesita para afrontar los riesgos de una nueva aventura empresarial” “en muchos casos las Administraciones Públicas han tenido que ayudar a la creación de ese mercado”.

¿Cuál es la estrategia del Estado para ir engordando a los proveedores? La colaboración público privada, los conciertos.

He aquí la tesis central del post: creemos que “hemos ganado” y vemos la colaboración público privada como un mal menor, una pequeña concesión que hacemos al sector privado en pos de la conciliación de intereses, para que mamen un poco de la teta, aunque sea un poco, se conformen, estén calladitos y no desafíen el modelo de cuasimonopolio del Estado. En realidad se trata de como decía Extremoduro: no creas que estoy huyendo, si me ves retroceder espera, que estoy cogiendo carrera. Como no tienen la fuerza suficiente para postularse como proveedores claros, mientras se trabaja en la vía política para cambiar el modelo van creciendo a buen ritmo a los pechos del Estado, obteniendo cada vez más, creciendo, fusionándose, agregándose, absorbiéndose, comprando y vendiendo su capital, cambiando de inversores, preparándose, constituyendo grandes grupos (os suena? Sí, verdad?).

Pensamos que les estamos doblando la mano porque los intereses de la gente y del Estado (lamentablemente vendepatrias) están al unísono, pero realmente no lo están y el Estado colabora para que esté sucediendo una fase (que en gestión siempre es larga: 10-15 años) para rearmar al sector privado sanitario, para coger músculo.

Cuando ya estén listos, el Estado, debidamente secuestrado, no dudará en darles la provisión.

A no ser que lo impidamos.

Una manera en principio evidente pero muy inteligente de que no haya prestación privada es que no haya prestador privado. No es atentar contra la libertad de nadie ni contra ningún principio constitucional. En España hay libertad de empresa y así lo reconoce la Constitución en su artículo 38. Pero el sector sanitario tiene fallos de mercado y las empresas lo saben, no quieren asumir los riesgos; dicen que creen en la libre empresa pero no es cierto. Lo que no habría sería bajada de pantalones del Estado, porque el Estado es usted.