martes, 9 de enero de 2018

pensaMIENTOs

Llevo meses con un catarro que no me se pasa. Ya no sé qué hacer para quitármelo. Comenzó con unos mocos, luego tos, luego mocos otra vez. El caso es que no tengo fiebre – es que yo soy de temperatura baja – cuando tengo fiebre es que ya estoy muy malo - no tengo termómetro, pero me noté ziebre. Reparé en que de la misma forma, llevo con un pensamiento que no me se pasa meses, y comencé a asociar ambos para poder explicarme la realidad.

En momentos de emoción y nece(si)dad diagnóstica hice de la correlación causalidad.

Nadie sabe dónde termina un catarro y comienza una inmunodeficiencia, al igual que nadie sabe dónde termina un pensaMIENTO y comienza un trastorno obsesivo. Ambos conjugados serían la INMUNO-DEPRESIÓN.

Que no te los puedas quitar de encima no es una razón de peso, pues hay muchas cosas que uno no puede desalojar de su vida aunque quiera y se tiene que joder y cargar con ellas. Algunas para siempre.

Como digo, al asociar ambos fenómenos construí un escenario relacional muy interesante, y las inFLUENCIAS de un síntoma en el otro me daban lugar a muchas y variadas hipótesis. Pude generar tantas hipótesis etioilógicas como en una urticaria.

El primer planteamiento era simple. Si lograba desalojar el pensamiento se iba el catarro, porque ambos comenzaron casi a la vez (asociación temporal).

Luego pensé que quizá una variable intermedia los relacionaba: el frío. Llegó el frío, llegó consecuentemente el catarro y la depresión que acontece en el in(v/f)ierno porque todo es más triste.

Cuando veía más clara la interRELACIÓN era con el Valsalva de la tos. Aumentaba la presión intraabdominal y todos los pensamientos saltaban por los aires dentro de mi cabeza y se mezclaban, con lo que me aliviaba un poco.

La primera medida terapéutica en la que pensé fue evidentemente en la purga. La sangría. Si echaba el germen – agente causal todo terminaría.

Por eso me esforcé en tener eso que llaman DIARREA MENTAL. Esto que estoy escribiendo es una prueba. Aprovechaba el Valsalva de la tos para relajar los esfinges y se iba todo de esta manera. El Valsalva me salva. 
Luego vomité todo como en un examen. Finalmente desalojé el grumo con el movimiento de liberación masculino. Todo el mundo sabe que cuando un varón echa el grumo ve y piensa todo de manera muy diferente. Y creía que tirando concienzudamente de la reserva se iría diezmando poco a poco la osesión.

Lo mejor, sin ninguna duda, era respetar los ciclos de la naturaleza. Ir en contra de la naturaleza es lo peor que le puede pasar a una persona, porque es muy cansado y caro. Las mujeres están sometidas en ocasiones, y en mayor o menor medida, a algunos ciclos, como el inFLUJO hormonal. El equivalente en los hombres es el ciclo del grumo. Gran parte de los comportamientos humanos se ven interpelados por estos ciclos, al menos en lo concerniente a las necesidades más primarias de la vida.

Pensé en devolverlo todo en EL ACTO. En una obSESIÓN. Irían fuera todos los fluidos y gerMINARÍAN dentro de otro huésped.   

Por momentos, la densidad de la mucosidad aumentaba y los pensamientos se enmarañaban aún más. Estaba ESPESO, como el grumo. Bien pensado, es muy fácil hacer pasar al moco por el grumo. Yo mismo lo he hecho muchas veces, para disimular.

Fui a un compañero mídico y le consulté. No sabía si ir al psiquiatra o al infectólogo, así que fui al de medicina interna, porque de lo que estaba seguro es que el problema estaba dentro de mí.

Me dijo que me faltaba una purga, que era la de (d)escribirlo.

Ahora llego al final, y puedo decir que me encuentro mucho mejor.

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