viernes, 8 de septiembre de 2017

ALGUNAS CONSIDERACIONES SANITARIAS PARA UNA IZQUIERDA DESORIENTADA.

Se amontonan en los últimos días varias líneas de oposición sanitaria de la izquierda que no conviniera dejar pasar por alto, para evitar males mayores.

1. El vídeo.

Ése en el que un médico andaluz acusa a la Administración autonómica de inducir a los médicos a “quitar” (casi como robar) fármacos a los pensionistas a cambio de incentivos, y que fue retwitteado por Íñigo Errejón.

La razón de revisar los fármacos (de los que se habla en el vídeo son los omeprazoles, pastillas para el colesterol…) no es caprichosa, sino que resulta de ajustar la prescripción de los fármacos a las indicaciones aprobadas y al criterio clínico de los profesionales.

La prescripción racional del medicamento es una práctica necesaria, basada en criterios científicos y técnicos para el bien de los pacientes.

Otro debate ya más complejo es si la encargada debe ser la Administración, los farmacéuticos, los médicos o una combinación en distintas proporciones de los anteriores. Y la conveniencia de los incentivos.

La prescripción racional del medicamento es un enfoque “de sentido común”.

La política es la lucha por constituirse en sentido común.

La izquierda está perdiendo esta lucha en esta batalla.


      2. Los análisis y pruebas para detectar Enfermedades de Transmisión Sexual.  

Algunas personas de carácter progresista piensan que en nombre de la salud sexual y reproductiva pueden llegar a la consulta de su médico de familia “a exigir” que se les hagan las pruebas que ellos digan y con la frecuencia que impongan. Y no.

Este caso sirve bien de ejemplo para otros muchos. 

La Sanidad Pública no es un lugar para ejercer derechos de consumo arbitrarios. El Estado ejerce el monopolio de la atención capacitando a unos profesionales que están formados para decidir cómo, cuándo y qué, en base a criterios clínicos y a una proporcionalidad basada en el sentido común, en la ciencia y en un gasto razonable, por el bien de la salud del individuo y la colectividad.

Hay que recordar que limitar las intervenciones sanitarias a las estrictamente necesarias evita “daños colaterales” en la salud, y de paso, contiene el gasto.

Esto no quiere decir que no se escuche al paciente, que no se atiendan sus miedos o que no se consideren sus preferencias.

No todas las intervenciones sanitarias son pruebas o fármacos, sino que también existe la información, y mucho más en este campo. Ninguna prueba disminuye el riesgo, si no existen unas precauciones y una información adecuadas en el momento del posible contagio.


 3. Los pediatras.

Una clásica reivindicación de los partidos de izquierdas es la de incorporar a los pediatras a las urgencias de los Centros de Salud urbanos o de núcleos de en torno a los 15.000 habitantes.

La presencia de este tipo de profesionales en el primer nivel de atención es muy cuestionada, y responde más a criterios políticos o de complacencia que técnicos o científicos.

Quien defiende la presencia de los pediatras en Atención Primaria es que no ha entendido muy bien qué es la Atención Primaria.

¿Qué razón hay para poner a un pediatra y no a un ginecólogo o a un cardiólogo?

Esta semana, el representante del PSOE en Benavente (Zamora) le pide al Consejero de Sanidad (PP) un pediatra en las urgencias del Hospital, representando un supuesto deseo de la población. El Consejero le responde que no lo ve claro, que duda de su idoneidad por varias razones, pero sobre todo porque no hay Servicio de Pediatría para ingresar a los niños, si esto fuera necesario. Le dice que lo va a consultar con los profesionales y con las Sociedades Científicas. El del PSOE le insta a que tome una decisión política, y no técnica. JJJ.

De izquierdas es organizar un Sistema Nacional de Salud equitativo con una Atención Primaria fuerte, resolutiva, bien coordinada con los especialistas hospitalarios y con una buena implantación en todo el territorio, lo que resulta crucial en poblaciones dispersas como la de Castilla y León.

No es de izquierdas orientar la atención sanitaria al contacto libre, espontáneo y caprichoso con los especialistas hospitalarios, que maximizan su beneficio justamente en ese entorno y no en el de la Atención Primaria.


4. La Unidad Multidisciplinar de Endometriosis.

En el día de ayer Podemos Castilla y León twittea un vídeo en el que se felicita porque se haya creado una Unidad Multidisciplinar de Endometriosis, con el apoyo de todos los Grupos Parlamentarios.

En principio no parece mala idea.

Pero una Sanidad Pública bien engrasada no necesita que se creen Unidades Específicas para tratar cada una de las enfermedades.

Es igualmente importante esta enfermedad que un centenar de ellas más que se me ocurren. Y no hay ninguna razón para considerar ésta por encima de las demás.

Que sí, que ya sabemos que todas estas enfermedades representan un X% (siempre altísimo sea el que sea) entre la población, que están infradiagnosticadas, que la sociedad no toma conciencia de las mismas y todo eso. Medias verdades.

El caso es que la fragmentación, la asimetría, la competición, la superespecialización y la deslocalización de los servicios sanitarios es un terreno fértil para privatizar su provisión cuando se den las correlaciones de fuerzas políticas y la tolerancia social necesarias. Ojito con esto.

La atención por procesos de izquierdas no es.  
Apelar a derechos sanitarios individuales megalómanos por encima de cualquier otra consideración tampoco.

Una buena coordinación entre profesionales y una capacitación adecuada de los profesionales implicados (Primaria, Especializada), así como un abordaje por parte de un especialista hospitalario GENERAL (un ginecólogo que atienda las más variadas patologías en su campo, por ejemplo) cuando proceda, es la mejor garantía para abordar ésta y otras enfermedades desde el ámbito de una Sanidad pública, equitativa y eficiente.

La creación de este tipo de Unidades Específicas suele responder en general a la presión de la Industria Farmacéutica para posicionar un fármaco en el mercado. Cuentan con la ayuda de las Asociaciones de Pacientes, que instrumentalizan, y que mandan como un Caballo de Troya a camelar y presionar a la Administración, aprovechando su condición de pacientes.  


Conclusión:

Conviene entre la izquierda el estudio a fondo, el pensamiento crítico, el rigor y el quitarse esa idea de la cabeza de que siempre, en cuanto más, mejor. Sobre todo en Sanidad. Y que cuanto más se satisfagan deseos injustificados de los pacientes, mejor. Tampoco.

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