martes, 25 de julio de 2017

PACIENTES IMAGINARIOS

Todo el mundo conoce a algún profesional sanitario que engorda la agenda con pacientes imaginarios.

En ocasiones también les hace prescripciones imaginarias para un fármaco que termina tomando otro, allegado jj.

A veces va el paciente, y como es imaginario y puede hacer lo que le da la gana se presenta de sorpresa en la consulta.

No se le puede echar porque realmente tiene una cita, aunque sea imaginaria.

Dice que tiene diarrea, pero que cuando va a cagar no es capaz de echar nada.

Dice que tiene un melanoma, porque ha visto el telediario de la 1.

Dice que oye voces, pero no existen, son imaginarias.

Hay pacientes que engordan también la historia clínica, que te dicen que toman un montón de pastillas y toman 3. Que te dicen que tienen un historial único y es vulgar y típico como él solo.

Hay pacientes que exhiben sus patologías como un triunfo, que están superorgullosos de su biografía clínica, como lo está casi todo el mundo de su biografía personal, que les preguntas y todos dicen que volverían a casarse con la misma persona y tener los mismos hijos y todo eso.

Si a ti te se ocurre desafiar la originalidad del relato clínico del paciente te puedes preparar, porque las debilidades se inscriben a fuego en el imaginario.

A los pacientes imaginarios también se les va a ver a las casas.

Viven en casas imaginarias, porque eran las casas que un día soñaron, pero llevan cinco meses sin pagar la hipoteca y cualquier día les desahucia una entidad bancaria que no invierte ya en la economía real, sino en la imaginaria.

Te dicen los del 112 que está inconsciente y poniéndose morado. Pero llegas y se está comiendo un filete. Poniéndose morado, en efecto, pero a dos carrillos.

Otras veces les duele una parte del cuerpo que no existe, imaginaria, como un miembro fantasma. 

Algotras lo que les duele es el amor de alguien que nunca van a tener entre sus brazos. 

Los médicos tienen también sus pacientes imaginarios. Ésos que presentan esas enfermedades tan difíciles de diagnosticar, pero que los pofesionales conocen. Un día les entran por la puerta, relatan los síntomas suficientes para que se pongan en la pista, y se cubren de gloria para los restos. 

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