martes, 6 de junio de 2017

EL HÍGADO

por Baxter&Rimbaud poesía continua(da)
Baxter&Rimbaud somos Bernardino Oliva y Roberto Sánchez


Pensaba que el mundo era idílico
pero es que estaba etílico.
Intentabas tocarme el hígado
cuando me hacías cosquillas
en medio del bar.
Pero estaba escondido
debajo de las costillas.
Te agarraba tus manos
con mi eritema palmar.
Se me iba todo
por la circulación colateral.
Pasaba beodo
el período invernal.
Inflamando sin cesar
cada lóbulo celoso
de la hipertensión portal,
de esófagos varicosos,
de las chapetas malares
que como flagrante pícaro
tramaba en todos los bares
aturdido el paté...el hígado,
de mi tripa al lado oscuro
allá a la derecha, lejos
de los desagües inmundos
y del pesado y ya viejo
latido discotequero
del cansino corazón
que se hipertrofia, chusquero,
con el chupito de ron
que celebra, vive Dios,
que se han ido tus cosquillas,
que ya no escucho tu tos,
que te has ido de puntillas.

Quería salir impune
haciéndolo pasar por autoinmune.
Una cirrosis biliar primaria
para llevarte la contraria.
Pero en este tiempo he aprendido,
que ya no me importa
lo que le pase a la porta.
Me he sorprendido,
de la perfección del sinusoide.
Ya no sé… si estoy paranoide
o es la encefalopatía.
Tengo hepatomegaloMANÍA.
Lo que sé es que de tanto ir al baño
me estoy haciendo daño,
en la hemorroide.
Tengo atrofia cutánea,
del abuso tópico
del corticoide.
Estoy pensando,
que me voy a poner hidrópico.
DescomPENSANDO.

Ahora busco consuelo
en la abstinencia y el tedio,
el ursodesoxicólico
que no me llevará al cielo,
el citocromo promedio
que me pone melancólico.
¿O es mi melancolía
fruto de la sobriedad,
de la ausencia meditada
del vino que nos unía?
No proceso la verdad,
no digiero la mentira,
Órgano tan poderoso
que no temía al veneno,
y va un paracetamol,
triste fármaco, tan soso,
y por su exceso moreno
me consume el glutatión.
Un órgano tan esdrújulo
Y a la postre tan cobarde
Que entre tu beso y tu hiel,
Entre tu sed y el crepúsculo,
Elige pasar la tarde
Entre el licor y tu piel.

Entre el peritoneo y el árbol biliar
por lo que veo estoy fatal.
Camino del hepatocarcinoma
y más allá.
Hasta el culo de hematomas
de la coagulación intravascular.
No me quiero poner místico,
porque se me comprima el conducto cístico;
ni espiritual.
No me voy a poner lacrimógeno,
porque no descomponga el glucógeno.
Yo mantengo el seroTIPO,
del virus de la hepatitis,
hasta el final.
No me embargó la emoción,
ni la embolización.
Ni la ginecomastia
me hizo usar sujetador.
No me cambió la color
a esta elegante ictericia
por una eventualidad
ni por mi luz interior.
Harto de bilirrubina,
agitado, tembloroso,
con el aliento goloso,
la urea que me asesina
me postra en el hospital,
me llena de pesadillas,
me señala en la otra orilla,
la coma, el punto, el final.

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