sábado, 31 de diciembre de 2016

TUDOR HART REGRESA A CASTILLA Y LEÓN.

La población de Castilla y León se diferencia de la del resto de España en que es más vieja y está más dispersa geográficamente. Esto encarece la prestación de servicios sanitarios y otros.

La falta de un adecuado abordaje de estas peculiaridades, la falta de financiación adecuada y la tendencia a apostar de un modo “soft” por la privatización de la provisión de los servicios sanitarios ha originado varias problemáticas en la eficiencia y en la equidad del sistema. Probablemente una de las más comentadas es la interminable lista de espera.

Por ejemplo, dos años para la interconsulta de oftalmología. Dos años en una cirugía de, por ejemplo, una hernia inguinal. Quién va a defender la sanidad pública con tales perlas.

El PP, que gana elección tras elección por apabullante mayoría, ha decidido vender en ocasiones la lista de espera a la medicina privada, como es el caso, por ejemplo, de la lista de espera quirúrgica. Si algunos hospitales privados son cuestionables en ciudades grandes, en el caso de ciudades pequeñas que generan poco negocio este fenómeno acontece con mucha más intensidad.

Los variados intereses de los que reparten el pastel, además, provocan que no siempre los pacientes sean intervenidos en la misma ciudad, sino que tengan que desplazarse a la ciudad vecina, como de Salamanca a Zamora, a 60 km.

Sucede que estos hospitales están rechazando a cualquier paciente que presente una mínima sospecha de poder complicar una cirugía. Pacientes añosos, pluripatológicos, con alguna particularidad e incluso pacientes, da vergüenza y pena decir esto, que toman una pastillita para la tensión y otra para la diabetes tipo II (esta información es verídica y contrastada).

Podemos decir así que privatizando la provisión de los servicios en Castilla y León se cumple con más intensidad la Ley de Cuidados Inversos (reciben más del sistema sanitario aquellos que menos lo necesitan, y reciben menos los que más lo necesitan). El sistema sanitario deja de cumplir pues, su función social y hasta casi humanitaria, que es ayudar a revertir la Ley de Cuidados Inversos y ayudar a paliar las injusticias sociales y las desigualdades.

Los pacientes puros, jóvenes y que no tienen otras enfermedades tienen ventaja sobre los demás. Los pacientes con familia, que tienen coche y/o la posibilidad de desplazarse a una ciudad cercana serán más prontamente intervenidos.

Los pacientes más mayores, pluripatológicos, más problemáticos, más solos y más pobres tendrán que esperar hasta que la hernia inguinal se les incarcere o les crezca tanto que les dificulte (aún más) la vida. Y así con otras cirugías y otras intervenciones sanitarias.



Nota al pie: Tudor Hart, médico inglés, enunció en 1971 la Ley de Cuidados Inversos. Tudor Hart visitó la provincia de Salamanca en varias ocasiones en los años 80, para participar en actividades docentes. 

martes, 6 de diciembre de 2016

SIQUIATRAS

Hay psiquiatras con criterios diagnósticos del DSM-IV. Psiquiatras atenazados por su escuela. Hay psiquiatras tan poco profesionales que se hallan integrados en la sociedad. Algunos suspicaces, otros fóbicos, histéricos, límites, neuroasténicos, hipocondríacos. Psiquiatras que no dan abasto a atender a todos los compañeros del hospital. Que estudian Psicología por la UNED. Que tienen complejidades en relación al género y a la sexualidad. Que comenzaron con Freud y siguieron con Lacan terminando en Laclau y alistándose en alguna revolución. Que profundizaron en la relación entre Psiquiatría y Poder. Hay psiquiatras que se pasan de revoluciones. Que se han leído todos los libros del mundo. Que alcanzan su madurez profesional cuando deciden pasarse de una vez de la Psiquiatría a cualquier otra rama del saber. Que les chifla el mundo académico. Que son la cultura personificada. Que tienen la tesis. Hay psiquiatras con los que uno nunca se aburre porque siempre tienen algo que decir e historias interesantes que contar. Hay psiquiatras que comienzan a hablar y no paran. Hay psiquiatras que comienzan a escuchar y apenas puedes sacarlos ya de su silencio. Hay psiquiatras que leen a Durkheim y a Badaracco. Psiquiatras que rotaron en Buenos Aires y que se entregaron como nunca al amor. Que curan a gente muy malita y que luego se desestabilizan con una palabra malsonante o una bobá, que se ahogan en un vaso de agua. Hay psiquiatras que nunca aprendieron a amar. Que las lían como Amancio. Que consumen paciencias y tóxicos. Que viajan mucho y están apuntados a teatro. Que desconfían de los genéricos. Que leen Postpsiquiatría. Que para conseguir amarlos, llegar al fondo de su corazón y/o conseguir que te amen hay que hacer un máster o un concurso oposición. Hay psiquiatras que se tatúan en secreto. Psiquiatras que no hay por dónde cogerlos. Psiquiatras que entregaron su vida entera a su profesión. Psiquiatras que me gustaría saber qué rayos hacen un domingo por la tarde.