martes, 24 de noviembre de 2015

CANTO Y MEDICINA GENERAL

Puedo escribir las historias clínicas más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: “la guardia está estrellada, y tiritan los EPOC reagudizados, azules, a lo lejos”.
El disco de la noche gira en la bomba corazón-pulmón y el perfusionista canta los minutos que quedan de clamp.

Puedo escribir los informes para el balneario más tristes esta noche.

Yo le quise dar el alta y a veces ella también quiso, pero no se pudo.
Yo te curé un poco el cuerpo y el alma, y tú también me remendaste un poco la mía.
Puedo contar que me has dicho en la consulta que vas a colapsar como la Unión Soviética,
que tienes una brida en el alma (ata).

Es tan largo el ingreso y tan corto el tiempo pasado en casa.

Puedo firmar los partes de defunción más tristes esta noche,
poner de causa fundamental que moriste de revolución,
ponerte en causa inmediata que moriste de soledad.

La ausculté tantas veces bajo el aire acondicionado infinito.

Ella me quiso porque no se me cambió de cupo, a veces yo también la quería.
Cómo no haber explorado los traveses de más de su hígado.

Puedo firmar las recetas más tristes esta noche, de cloruro mórfico o así.
Pensar que no la tengo, sentir que la he perdido.

Oír la sala de espera inmensa, más inmensa sin ella.

Y la tira reactiva que vira a dos rayitas rosas, como la conjuntiva se humedece.
Qué importa que tenga que derivarla.

La agenda está hasta arriba y me quedan otros 40.
Eso es todo. A lo lejos alguien se retuerce de dolor. A lo lejos.

Mi alma no se contenta con que la vea el de urgencias.
Como para acercarla mi Diclofenaco intramuscular la busca.

“Mi” enfermera la busca, y ella se va a la sala de curas.

La misma tarde que hace que llegues a menos cinco y tenga que quedarme hasta y media.
Nosotros los de entonces somos siempre los mismos.

Estoy hasta la polla de ser médico de familia, es cierto, pero cuánto me gustaba.
Me pasé la juventud entera para ver un día a mis pacientes de siempre en mi consulta.

De otro. La consulta será de otro. Como de antes mis sueños.
Su síntoma, su anamnesis reposada. Su exploración.

Ya no quiero, es cierto, pero tal vez quiero.

Es tan corta la ilusión por ser médico de familia y tan largos los años haciendo guardias.
Porque en noches como ésta soñaba en que hacía algo provechoso en la medicina de familia,
mi alma no se contenta con haberlos perdido.

Aunque éste sea el último dolor que ella me causa,
y éstos sean los últimos versos que yo le escribo.  


4 comentarios:

Doctor Salvador Casado dijo...

Debo decirte/
esas viejas heridas/
bien conozco./






Gracias por el canto. Como suele pasar al liberarlo lo haces nuestro.

D Davila dijo...

En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.

Lilián dijo...

Grande, Rober! La medicina también es poesía, como los versos de Neruda. Has logrado transmitir el amor por tu trabajo y el dolor.

averlasvenir dijo...

he llegado a esta pagina por casualidad. es un sitio estupendo y vivo, y la persona que hay detras debe de ser genial. Animo y no te canses. Estoy conmovida.