lunes, 26 de octubre de 2015

B(A/U)DÚ

Tengo un trabajo de la hostia y mucho tiempo libre en consecuencia. La verdad es que me sobra el tiempo por los cuatro costados y no sé qué hacer con él. Un día me quise hacer el normal y un amigo mío, el Javi, me dejó que le acompañara. 

Me levanté a las 5 de la mañana para ir al MercaSalamanca a por fruta, luego descargamos en la tienda y me pasé toda la mañana aguantando requerimientos infundados de señoras que no tardarían más de 5 años en fallecer. Una cosa muy parecida a la consulta de Atención Primaria. Al final de la jornada fuimos al bar de al lado y tuve que beber tres cervezas, y luego me tuve que cagar en la puta madre de Cristiano Ronaldo siete veces. Llegué a casa fundido y sólo pude que eructar antes de caer rendido en la cama. Ése día llegué a la conclusión de que no me mola un carajo ser normal.

Al día siguiente decidí meterme en una página web de ésas de contactos, para pasar el tiempo. Seleccioné mi ciudad y al primero que vi ahí fue a mi amigo Javi el frutero juas juas. Decidí enseguida que no podía arriesgar mi imagen y mi prestigio profesional exhibiendo mi careto de esa manera. Así que me metí en el perfil de Facebook de uno de mis amigos argentinos y fui tirando de la cuerda secuencialmente hasta llegar a un amigo de amigo de amigo. Me llamó la atención un chico de mi edad, pero bien parecido, que tenía pelo y el perfil en abierto. Tenía como que 6 fotos de buena calidad y además en 3 de ellas salía con un caniche, lo que pensé que daría mucho juego. Las bajé, me hice una cuenta falsa con ellas y comencé a operar.

Me parecía impresionante que un chico argentino diera el pego perfectamente por uno español hasta que no le hiciera hablar. Tuve una duda ética trascendente. Y es si por respeto a la realidad tenía que hacerle hablar en argento o en castellano. Decidí que en castellano porque independientemente de lo cualitativo, en lo cuantitativo los argentinos hablan mucho y yo no tenía ganas esa tarde de oraciones subordinadas. Enseguida me di cuenta de que la mayor parte de la gente que participaba en esa página no tenía estudios superiores, así que tuve que comenzar a escribir adrede con faltas ortográficas.

La verdad es que me molaba la sensación de estar pilotando un cuerpo con mi mente. Como soy tan negado para las relaciones personales, tenía que tener cuidado de no cagarla con ese cuerpo serrano con mi personalidad, así que empecé a comportarme como yo creía que él era. Tuve que parecer orgulloso, seguro de mí mismo, no tener vergüenza de nada y ser un poco gilipollas, que así es como siempre ha sido la gente que ha triunfado en los bares por la noche. Por eso yo nunca me he comido un rosco.

Pensé que igual que se me daba bien desenvolverme en Argentina con la mente española, tampoco debía ser tan difícil recorrer el camino inverso aunque fuera en Internet. De todas las maneras, intentaba hablar lo menos posible y dar las menos explicaciones, como hacen los guapos y los mentirosos, para no cagarla demasiado.

Me moló un montón ver desfilar por aquellos perfiles de la página web a míticos y míticas de mi ciudad y a jovenzuelos irreconocibles ya, pero en su día históricos de mi juventud. Volver a entrar en su vida desde esa posición y pasado tanto tiempo me parecía una cosa realmente fascinante. Una oportunidad que habría que ser gilipollas para dejarla escapar así porque sí, debido a cualquier tipo de prejuicio o salvedad moral. (Menos de 5 contradicciones es dogmatismo, dice @Hibai_). Eso era un grupo Delphi de la vida, con todas las de la ley.

Comencé a observar que había dado en el clavo con mi plan. Todo lo que nunca había conseguido en la realidad y en la pista de baile me salía ahora a pedir de boca. Era la primera vez en la historia de la ciencia que se alcanzaba la significación estadística con un experimento sociológico y por ende cualitativo. Me vine tan arriba que le dejé un mensajito a mi amigo Javi en forma de cebo a ver si picaba jejej. Lo que tenía era muchos problemas para gestionar adecuadamente las historias cuando se acercaba el momento de plantear un encuentro físico. Al igual que triunfaba en las primeras fases, lo hacía fatal ahí, y perdía todo lo conseguido, me temblaban las piernas y me daba la taquicardia como cuando tenía que dar el primer paso yo para besar en mi tierna adolescencia. Que nunca se sabe cuál es el momento ideal. Pasa lo mismo que con la paracentesis.
   
Era tal el desconcierto que tenía que empecé a sentir hasta pena por el chaval argentino. Todo lo que se estaba perdiendo y no lo sabía. Me quedé flipado con Javi, que le entraba al trapo sin dudarlo jajajaj. Le contó al colega argento lo de la fruta y tal, pero muy distorsionado el cabrón, se hizo pasar por mayorista el hijoputa.

Un día que estaba saliente de guardia como hoy, y por tanto fuertemente frontalizado (si no no estaría contando esto ni de coña, vamos) tuve la feliz idea de contactar con el argentino y de decirle lo que estaba aconteciendo. El tío lejos de extrañarse le pareció cojonudo y comenzó a llamarme “loco” todo el rato. Que si loco esto, que si loco lo otro. Decía que era un loco. Luego supe que para ellos y su jerga “loco” es como “flaco”, que yo me hacía ilusiones por mi figura pero que no me llamaba porque lo fuera, sino que es una manera de hablar de allá.

Le dije que íbamos a hacer una prueba más, que yo le iba a mandar unas fotos mías para que las pusiera en allá en Buenos Aires y que se hiciera pasar por mí. Me contestó que vale pero que no me conocía de nada, así que le otorgué libertad de cátedra, a condición de que no se representara a sí mismo, porque en el ligoteo lo diferente y lo exótico siempre es un activo. Como los activos en salud pero en el Badoo.

Yo tenía un plan perfecto trazado. Si todo salía como yo pensaba, mi imagen con su personalidad triunfarían en Buenos Aires y su imagen con mi personalidad triunfarían en España. Para ser fieles a la realidad y como venganza a las contradicciones del amor, decidimos dejar nuestros nombres de pila en nuestros países de origen, para que “nuestro nombre no se borre de la historia”, en un homenaje callado a las 13 Rosas totalmente sacado fuera de contexto y por el que podías perder la carrera como escritor y quizá como político por un puto desafortunado símil como ése en un relato tan distópico como éste.
Yo le iba ofrecer venir a España, a mi casa, a cerrar todo lo que yo le había dejado pendiente, la mayor parte para llegar y besar la santa. La idea era que yo también fuera a la suya. La historia era que él vivía con sus padres, así que a ver cómo lo justificábamos ante ellos. Le propuse que dijéramos que íbamos a hacer intercambio de estudios.

“Si yo no estudio”, me dijo.

“Bueno joder… pues un intercambio cultural….”, le dije yo. En el fondo él vivía en un sitio de la periurbana de Buenos Aires que se llama “Lomas de Zamora” y yo vivo al lado de Zamora.

La cosa es que me comenzó a gestionar el perfil con mis fotos en Buenos Aires y la cagaba todo el rato porque iba el tío y escribía con asento y con jerga: “diosito”, “poronga”, “el Papa es montonero”, “uuuuhhhhhhh, qué lindo”…. en fin… y todo el mundo se daba cuenta de que era un camelo.
Así que yo que quería volver a Buenos Aires me quedé en Castilla y León. Casi igual. En cierto modo la siberia de los Campos de Castilla podría asemejarse a la Patagonia, pero no sé bien por qué pero no es el caso.

Así que me tocó alojar a mi nuevo amigo argentino en la casa, cocinar para él y distraerle y además de todo ver cómo triunfaba el cabrón. Además tuve que ir a buscarle sorrentinos, que en España son jodidísimos de encontrar.

En el momento de quedar con las chicas se producía una discordancia entre lo visto y leído y que luego él hablara argentino. Unas veces eso se salvaba estupendamente y otras hacía estropear todo. Le tenía que recordar todo el rato que hablara con faltas de ortografía.

La verdad es que me tenía muy quemado toda esa situación, estaba hasta los huevos.

Así que le agarré un día por banda y lo llevé de litros como en los tiempos de la Universidad. Nos agarramos los dos una buena cogorza, pero sobre todo él. Yo mantuve un poco de control para ejecutar mi último plan. Cuando el argento estaba bien templao avisé a Javi, que se quedó flipado cuando le vio junto a mí. Yo me hice el borracho como que no me enteraba de nada. Les dejé a los dos en mi casa. Aquella noche me fui a una pensión. Nunca supe nada de lo que pasó, ni quise saber jajjaja. 

1 comentario:

Tesa Medina dijo...

Genial.

Hacía mucho que no me pasaba por tu blog, y no sé por qué, porque me he reído un montón con este relato tan surrealista y ese final tan loco y redondo.

Un beso,