martes, 13 de enero de 2015

ALGUIEN VOLÓ SOBRE EL NIDO DEL CUCO

El cuco es un pájaro de comportamiento muy curioso, denostado desde el punto de vista “sociológico”. Establece unas relaciones de “parasitismo” y poder censurables desde el ejercicio de traslación al proceder humano.

El cuco deposita uno de sus huevos en el nido de otra ave. El huevo que deja es un huevo “camuflado” que en tamaño y apariencia se asemeja mucho a los del ave que anida.

El ave, como no distingue los huevos, incuba y protege a todos por igual. Cuando se produce la eclosión en el huevo del cuco, que suele ser el primero, el nuevo cuco hijo se deshace de los demás polluelos, bien empujándolos fuera del nido o bien mediante violencia explícita.

Los padres alimentan a los polluelos ya nacidos del nido como si fueran suyos, cuando en realidad lo que hacen es alimentar al cuco que ha terminado con ellos.

Se me ocurre que la Industria Farmacéutica deja huevos en el Centro de Salud con la anuencia del ave madre, que es la Gerencia de Atención Primaria de turno. Esos huevos se hacen grandes y sus polluelos terminan por dominar el ecosistema local.

Lo más lógico, pareciera pensar, es que los intereses de la Industria Farmacéutica fueran los mismos que los de los pacientes, pero no es siempre así, y en las ocasiones en que esto ocurre, los intereses de la Industria Farmacéutica suelen terminar perjudicando a los pacientes  o provocando que se despilfarre gran cantidad de dinero público que engorda sus cuentas de resultados.

En esta cadena hay un eslabón intermedio que es el médico que prescribe. La Industria Farmacéutica sabe que tiene que dominar al prescriptor para que éste actúe como correa de transmisión de sus intereses.

Hay muchas maneras de dominarle, quizá la más inteligente sea hacerle sentir que no está dominado, como sucede en la sociedad de hoy, en la que nos creemos libres aun siendo perfectos reos del determinismo económico y del materialismo histórico.

Si a una Gerencia le preocupara el uso racional del medicamento, desde luego que no expondría a sus empleados a las fuerzas que terminan provocando un uso irracional del medicamento. De la misma manera, las industrias de bebidas alcohólicas recomiendan el consumo responsable de alcohol en sus anuncios pero a nadie se le ocurriría empapelar un Instituto de Secundaria con publicidad de bebidas de graduación.

La relación de la Industria Farmacéutica en el Centro de Salud siempre es asimétrica, primero porque te invitan a un lunch, segundo porque te dan regalitos, tercero porque te prometen y pactan regalos y cuarto porque los médicos somos en nuestra gran mayoría (por supuesto que me incluyo) grandes analfabetos metodológicos que sabemos muy poco de Medicina Basada en la Evidencia.

Para poder leer un periódico que deforma la realidad tienes que saber mucho si no quieres que te la metan doblada.

Del mismo modo que en el cuento del cuco, el huevito que deja en el nido ajeno termina eclosionando, y el polluelo haciéndose mayor, arrinconando a los demás, desplazándolos y construyendo eso que llaman en Ciencia Política “hegemonía”.

Eso de la hegemonía significa en términos prácticos que no conozco el caso de ningún Centro de Salud que no permita la entrada de los representantes de la Industria Farmacéutica a deformar a sus médicos para que prescriban sus productos. Que el médico que no los recibe no es el digno con valores sino el raro del que hay que desconfiar y cuchichear.

Por suerte esto está cambiando, aunque muy poco a poco.

Lo gracioso de todo es que la Gerencia no sólo permite sino que organiza, patrimonializa y programa la visita médica, en el tiempo y lugar de trabajo de sus empleados mientras cobran un sueldo que (si bien se gana el profesional con su trabajo) se paga con dinero público.

No hay una cosa más lamentable que estar de paciente en una sala de espera y observar el compadreo de un representante de la Industria Farmacéutica con el médico que te va a recibir a ti en un rato.

¿Que no se creen lo que les cuento? Aquí está la prueba…










1 comentario:

MªCarmenGomez dijo...

Pues si que es lamentable,sobre todo lo del compadreo.Además los visitadores médicos tienen horas preferentes con respecto a los pacientes,siempre entran primero,claro está porque el médico quiere.
Y como bien dices la mejor manera de dominarnos es hacernos creer que somos libres.