jueves, 10 de abril de 2014

LAS COSAS DE PALACIO VAN DESPACIO.

Confesamos hallarnos estupefactos como médicos ante la convocatoria del acto “¿La Menopausia/Andropausia y ahora qué?, patrocinado por el Instituto de la Mujer y el Ministerio de Sanidad de España y organizado por Ella y el abanico.

En dicho acto intervendrá entre otros el ginecólogo Santiago Palacios, conocido defensor en su momento de las “bondades” de la Terapia Hormonal Sustitutiva
Sin ir más lejos, podemos leer en la página web del ciclo una entrevista en la que minimiza los riesgos de dicho tratamiento. “Desgraciadamente, se prescriben pocas hormonas, hay mucho miedo”, dice.

En la década de los 90 se anunció esta terapia como un bálsamo para los síntomas menopáusicos, y se lanzó una brutal campaña de marketing por parte de la Industria Farmacéutica, con lo que se generalizó el uso muy rápidamente a pesar de que los estudios en los que se apoyaba la eficacia y la seguridad del tratamiento eran débiles. Lo usaron el 40% de las mujeres menopáusicas estadounidenses, el 30% de las europeas y el 15% de las españolas. Entre las virtudes que publicitaban los ginecólogos y las farmacéuticas estaban el alivio de los sofocos, evitar las fracturas de hueso y disminuir el riesgo de sufrir infarto al corazón.

A partir de 2002 se comenzó a observar en estudios más rigurosos que los beneficios no eran tales ni tantos, y que el uso de la terapia conllevaba muy importantes perjuicios.

Resulta que el tratamiento no sólo no disminuye el riesgo de tener un infarto al corazón sino que lo aumenta. Aumenta el riesgo de tener una embolia pulmonar y trombos en las piernas. Aumenta el riesgo de tener cáncer de mama (20.000 casos de cáncer de mama en Reino Unido en 10 años). Aumenta el riesgo de tener infarto cerebral.

Se publicitó que el tratamiento protege frente a la enfermedad de Alzheimer, cuando no es cierto.

En el lado positivo, se ha visto que la terapia disminuye el riesgo de fractura y ha demostrado disminuir el riesgo de cáncer de colon. En el primer caso hacer notar que el riesgo de fractura es muy bajo en las mujeres en edad menopáusica, y en el segundo que el porcentaje en el que disminuye el cáncer de colon no es un aspecto que debamos tener en cuenta para fomentar su uso, comparándolo con todos los demás perjuicios que origina.

Este tratamiento ha demostrado mejorar los sofocos, la atrofia de los genitales. No tiene ninguna utilidad sobre la irritabilidad, depresión, insomnio, memoria, dolores musculares, pérdida de apetito sexual o incontinencia urinaria.

En otro orden de cosas, no hay evidencia científica que avale la utilidad de la soja, homeopatía u otros productos de herbolario para mitigar los síntomas de la menopausia que se anuncian profusamente en la página web de los organizadores del evento que además copatrocinan con el Ministerio, esta peculiar mesa redonda.

Por lo expuesto, no consideramos que la organización de esta mesa redonda vaya a ayudar a las mujeres a vivir la menopausia como una etapa natural y feliz de la vida, lo que parece ser el objetivo de la mesa, sino a contribuir a la medicalización antes y comercialización ahora de un proceso natural en la vida de la mujer.

Rafael Bravo y Roberto Sánchez. Médicos de familia.

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