sábado, 15 de marzo de 2014

LÍMITES ALTOS DE LA NORMALIDAD.

Celestino Cronodose es un “escritor” que tengo en la consulta. El día que le pregunté que a qué se dedicaba y me dijo que era escritor me di cuenta de que me mentía, porque un escritor de verdad nunca se revela como tal; es como un policía que espía terroristas, no lo van diciendo por ahí así como así. Luego reparé en que quizá no es que me mintiera, sino que él se pensaba que era escritor y no lo era en realidad, lo que me preocupaba aún más y me hacía compadecerle fuertemente, por lo que aunque yo supiera perfectamente que no era escritor, hacía que me lo creía y asentía a la condición profesional por él establecida, con lo que regresábamos al punto de partida.

Me recordaba la etiqueta de escritor a la de experto. La condición de escritor es tan falsa como la de experto, porque siempre te la dan otros, y casi siempre de manera interesada. Ambas etiquetas son verídicas cuando te las otorga la sociedad en su conjunto de manera estable en el tiempo, y no un particular, y menos un lobby. La de experto en Medicina te la da la Industria Farmacéutica o una tapadera de la Industria Farmacéutica (Sociedad Científica), mientras hables bien de los productos que ellos venden, claro. La Industria Farmacéutica nunca reconoce como experto a alguien que vaya en contra de sus propios intereses, si acaso solamente como disidente, inconsciente o irresponsable. La Industria Farmacéutica presenta al experto a la prensa y a la sociedad como una célula presentadora de antígeno hace lo propio con éste. La Industria Farmacéutica se diferencia de la célula en que nunca reconoce lo propio como extraño.

Evidentemente lo primero que hice fue espiar a Celes en el Google a ver qué había escrito. Pensé que conocer el alma de mi paciente me ayudaría a recomponerla. Confirmé que me mentía y que no había escrito nada, por lo que me sentí aliviado por mis certeras sospechas. Luego reparé en que quizá era un escritor de ésos en guerra consigo mismo que no es capaz de escribir una sola línea aunque lo intente con tesón, lo que sí que lo convertiría instantáneamente y sin lugar a dudas en un escritor de verdad.

A veces, por profundizar en las características biopsicosociales de algunos pacientes difíciles me hago un perfil falso de Badoo del sexo contrario y los contacto por la página, para intercambiar algunas impresiones que me son muy útiles de cara a la entrevista semiestructurada, aunque no sé si Borrell aprobaría este tipo de abordaje.

El caso es que Celes era hipotiroideo y según la temporada o el capítulo, me pedía que le consiguiera con una adecuada pauta de Levotiroxina una TSH normal, pero en el límite alto de la normalidad. Me decía que esta ligera inclinación hacia un estado hipotirodeo manteniéndose dentro de la normalidad le propiciaba un pequeño letargo y una mínima distancia de la realidad, que al igual que la fiebre, la resaca y el hachís, le hacía ver las cosas de una manera tal que las palabras brotaban casi solas.

Los niveles de TSH del tipo eran realmente fluctuantes y no daba vida de ellos, no sé si tomaba soja o qué.

Según en qué momentos me decía que quería escribir algo más alegre y me se inventaba una epicondilitis para que le infiltrara un Celestone Cronodose. Decía que con el corticoide depot alcanzaba un estado semejante a la manía con el que podía recrearse en historias realmente ricas y floridas (ideales para los artículos de primavera y verano, decía, donde a la gente no le gustaba leer de cosas tristes ni complejas). Yo hacía como que le aceptaba el diagnóstico, pero para que no se le abriera la piel del codo en abanico de tanto corticoide a veces se lo pinchaba en el culo y le decía que era lo mismo. 

No sé a quién escuché una vez que midió las diferencias en mejoría de infiltrar localmente una articulación y pinchar el mismo fármaco en el culo cuando había un problema articular, y que éstas eran mínimas.

Celes tenía mucha fe en mi y en mis indi(ca)ciones. Una vez, cuando yo empezaba en esa consulta me llevó a su padre (que tenía una demencia avanzada) porque sufría de una agitación que no podía con ella, y que le estaba desesperando a él y al paciente por completo. Se había probado con benzos y haloperidol, sin éxito debido al escaso efecto o a efectos paradójicos. Yo le puse Risperidona y algún otro neuroléptico que ahora no recuerdo. Y nada. La enfermera me aconsejó que usara un fármaco fuera de indicación de ficha técnica y como no sabía qué hacer lo acepté. Como me dijo le puse un Modecate a la desesperada (un antipsicótico intramuscular retard) y el paciente estuvo más suave que un guante, hasta el momento de fallecer.

Me gustaría cerrar esta historia de una manera más original, pero ni puedo ni sé, ya que yo tampoco soy, como Celes, escritor. Y aunque lo fuera no se lo diría a ustedes, porque en ese mismo momento dejaría de serlo.


8 comentarios:

Pilar Terceño dijo...

No serás escritor, pero tienes una cautivadora forma de contar historias. ¡Me encanta!

Ana L.Peralta dijo...

Hola Roberto!

Soy Ana, estudiante de 5º de Medicina de la UGR.

Siento el retraso, la vuelta a la rutina y la organización de las JJ farmacríticxs me traen de cabeza.

Te escribo para darte las gracias por la donación que nos hiciste a mi pareja y a mi, y por otro lado agradecerte que inviertas tiempo en compartir tus reflexiones por la red, Ele y yo te seguimos desde las sombras hace cosa de un par de años ya.

Muchísimas gracias de nuevo, espero que coincidamos alguna vez.

Un abrazo.

Roberto Sánchez dijo...

Hola Ana! Qué donación? No caigo

Roberto Sánchez dijo...

Ah vale!! Acabo de ver el correo de Ele. No sabía quiénes habían sido las destinatarias. Me alegro de que os sirviera. Besosss

Anónimo dijo...

Es una historia inventada...
En el intento de ser escritor.
Creo.

jose garzón dijo...

Hola Rober. Soy Jose Garzón. Decirte que en el próximo curso de abordaje biopsicosocial que, de la mano de Rafa Cofiño, damos en la Unidad Docente de Asturias, pienso incluir la estrategia del perfil falso de Badoo. Referenciándote, por supuesto. Y que Borrell nos pille confesados (sobre todo a ti). Un placer, como siempre, leerte. Un abrazo.

Lilián dijo...

¡Ay Rober! siempre me río mucho con tus relatos. Te declaro escritor, aunque vos no lo reconozcas. Me gusta la manera de analizar sociológicamente a tus pacientes y relacionarlos con tu tema (la medicina)
Justamente hoy escuché un comentario en la radio, de lo que concluyo que Celestino Cronodore no padece de alergias, porque quienes la sufren, dicen, no son capaces de reconocer su valía. Espero que la primavera no te traiga alergias, entonces. Beso.

Roberto Sánchez dijo...

Hola amigos. Lilián, si Celestino no tiene alergia quizá es por el corticoide que lleva dentro de sí, que asegura unos niveles en sangre suficientes para la "antihistaminidad". Jose muchas gracias, no sabes lo feliz que me haces. Espero que Borrell no se nos enfade, y si lo hace sirva de penitencia, al menos en mi caso, que yo me he leído el libro de Entrevista Clínica sin saltarme una sola página. Lo del Badoo es un bálsamo del sustituto al que tiene derecho, en compensación por los daños. No hay nada más hermoso que terminar una sustitución corta, pero no demasiado, en el medio rural (las de un mes o mes y medio son las ideales) y darse una pasadita por los perfiles del pueblo, tanto femeninos como masculinos. En ninguno de los casos recomiendo hacerlo antes, por lo que pueda suceder. Un abrazo a ambos !!!