martes, 26 de febrero de 2013

LA NATREMIA DE LAS LÁGRIMAS


He visto a lo largo de mi práctica médica muchas lágrimas.
 
Si te pones a pensarlo, es la hostia que por una emoción personal, que cada uno tiene una y de unas características diferentes, se ponga en marcha un mismo circuito que acabe activando un mismo motor que segregue un mismo líquido que sale por un mismo tubo, a la manera de una manguera.
 
Y que el sitio por donde mana ese agua sea el ojo. Quizá es así porque los ojos son el espejo del alma. Las lágrimas serían entonces el limpiacristales. En este caso no habría entonces que secarse con pañuelos de papel, sino con papel de periódico.
 
Da que pensar que las lágrimas salgan por un sitio tan explícito. Si salieran por el culo o por la uretra, nadie se enteraría de que estás llorando. Pero es que salen por los ojos, una parte totalmente expuesta al público a no ser que lleves unas gafas de sol. Éstas son capaces de disimular un llanto escaso, como de andar por casa, un llanto de unas imágenes del telediario, pero no un verdadero llanto con sujeto, verbo y predicado. Igual que de un buen discurso intelectual manan ideas e ideas, o igual que de un absceso tabicado como dios manda mana pus y pus, de un llanto bien construido manan lágrimas y lágrimas. A un llanto en condiciones no es capaz hacerle la función de presa una gafas de sol ni cristo que lo fundó.
 
Las lágrimas son saladas. Lo más lógico sería que fueran amargas, o en todo caso dulces. Pero por una razón que no alcanzo a comprender, la biología ha reservado el sabor amargo para la cera de los oídos, el dulce para el semen y el ácido para la sangre.
 
Entre todas las lágrimas que he visto a lo largo de estos años ha habido dos patrones de llanto que me han conmovido especialmente.
 
Uno de ellos es el llanto de los padres inmigrantes, al lado de sus parejas en el paritorio.
 
Todo lo que pasa en torno al paritorio es conmovedor. La emoción allí es capaz de arrebatarte, noquearte en medio del trajín, y provocarte el llanto aunque no quieras.
Es muy emocionante ver a los padres. Ser sanitario ofrece el privilegio de ser testigo de la intimidad de los demás. No sé por qué, pero a mí me llamaba mucho la atención de la figura del padre. Nunca lo perdía de vista. Quizá porque es de relativa nueva incorporación al espectáculo del parto.
 
En el caso del padre inmigrante, no podía dejar de pensar en qué esfuerzo y qué calamidades no hubo de pasar esa familia antes de venir a nuestro país. Me sentía en esos momentos orgulloso de vivir y pertenecer a un país que puede dar a ese niño lo que sus padres nunca pudieron tener, pero que gracias a su esfuerzo ese hijo tendrá.
 
No puedo dejar de pensar en esa palabra que pronuncian las matronas cuando el niño ya está fuera: ¡¡¡Bienvenido !!!
 
 
La otra lágrima que me "cala" es bien diferente. Suele tener lugar en la sala u hospital de urgencias (obs)tétricas. Allí acuden a menudo mujeres embarazadas con dolor, pérdidas de sangre o contracciones inexplicables. Se les suele hacer una ecografía. En algunas ocasiones se puede apreciar en la pantalla que el feto no tiene latido cardíaco. “Tenemos malas noticias”, es la frase elegida en este caso. Lo que viene después no tiene palabras, porque el llanto las corta.
 
Recuerdo bien a una paciente. Una chava boliviana, tenía 14 o 15 años, creo. Tenía rasgos indígenas, era muy guapa, nariz bien afilada y los ojos un poco achinados. Me acuerdo que me impactó porque era la primera indígena que veía en mi vida vestida de Inditex, y no estaba prevenido contra ese signo de la modernidad.
 
La primera vez que la vi fue en la consulta, donde yo rotaba por la mañana. Se había quedado embarazada sin querer y acudió a la consulta con su pareja, que tenía 16 años. Le preguntó la ginecóloga si quería tener al niño (era ésto en la época en que las mujeres tenían algún tipo de derecho y los deberes no se los imponía el Opus Dei) y dijo que no, pero que lo iba a tener. La ginecóloga habló con su pareja y éste le dijo que estaba trabajando y que contaban de alguna manera con la ayuda de sus padres.
 
Volví a ver a la chavala un par de semanas después en las urgencias, donde hacíamos guardias los residentes de medicina familiar y comunitaria. Consultó por algo que no recuerdo y al ponerle el ecógrafo sobre el vientre la ginecóloga de guardia le dijo: “Tenemos malas noticias”.
 
Recuerdo bien aquellas lágrimas. Yo personalmente me sentía aliviado por saber que la naturaleza, la biología o llámalo X le había solucionado a la chica un gran problema. Pero ese torrente de lágrimas me hacía percibir que algo se me escapaba.
 
No sé si habrá que ser mujer para entenderlo.
 
Y eso que se me escapaba ando todavía buscándolo. Por eso hace de aquello varios años y todavía lo tengo tan presente.
 
 
Las lágrimas son el mínimo común denominador de la alegría y la tristeza. No hay probablemente nada en el mundo que sea capaz de aglutinar dos sentimientos tan dispares.
 
Las lágrimas son saladas. Tienen la misma cantidad de sodio que la sangre: 135 a 145 MEq/l . No me digáis que no es curioso.

lunes, 18 de febrero de 2013

10 COSAS QUE PUEDES HACER PARA SACAR DE SUS CASILLAS A TU MÉDICO DE FAMILIA

1. Cuando conozcas que te toca pasar a la consulta porque has preguntado a tu antecesor la hora a la que tenía cita, pasa directamente sin esperar a que el médico te salga a llamar.

Llevas esperando 40 minutos y es tu turno. No hay nada que el médico tenga que hacer entre paciente y paciente. Y si lo tiene que hacer que lo haga luego. Si no entras sin esperar a ser llamado puede que se olvide de ti.
 
2. Cuando estés en la consulta plantea varios motivos de consulta diferentes y vete cambiando de uno a otro de manera simultánea.
 
El médico debe ser capaz de dar respuesta a los síntomas de los pacientes, es su trabajo.
 
3. Cuando has agotado los 5 o 10 (llevas ya 5 extra) minutos con el motivo de consulta y has hecho entregarse al máximo al médico, sácale otro motivo como el primero, cuando ha acabado con éste.
 
Has esperado 40 minutos esperando a los demás, que se han explayado pero bien. Ahora te toca a ti.
 
4. Entra en la consulta y comienza diciendo: vengo a que me mande al ginecólogo, o al urólogo o al de digestivo. Es muy importante que no explicites el motivo al principio para hacer que te lo pregunte tu médico en medio de un gran suspiro y de una cara de sulfuración.
 
5. Entra en la consulta y comienza diciendo: vengo a que me mande una analítica. Puedes rematar diciendo: hace mucho que no me hago una.
6. Causa la impresión en el profesional de que venías a por recetas cuando parecía que venías por el catarro.
 
7. Cuéntale lo mal que te sienta toda la medicación que te manda.
 
8. Haz reiteradas comparaciones entre el médico que había antes y él, en contra del actual.
 
9. Emite tus quejas sobre la no dispensación de un antibiótico cuando lo crees necesario, y si no es suficiente, fuérzalo. Puedes rematar diciendo: es que a mí hasta que no tomo antibiótico no se me pasan los catarros. O: a mí es que nunca me da fiebre, tengo la temperatura muy baja.
 
10. Pídele todas las recetas con número de envases incluidos de seguido. Si dice que él también es especialista seguro que será capaz de memorizar toda la lista de una vez.

 

lunes, 11 de febrero de 2013

DEL CASERÍO ME FÍO


Creo que ustedes son conscientes de la credibilidad de la información que pueda dar a la opinión pública una empresa contratada por el Partido Popular que se dedique a hacer una auditoría acerca de los sobresueldos a la cúpula del partido.

Creo que ustedes son conscientes de la credibilidad de la información que pueda dar a la opinión pública una empresa contratada por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid acerca de la viabilidad del modelo de gestión sanitaria privado.

Creo que ustedes son conscientes de la credibilidad de la información que pueda dar al colectivo sanitario una guía canadiense sobre la osteoporosis en la que al final de la misma se pueda dar cuenta de los conflictos de interés de los redactantes de esta manera.

Competing interests: All authors received consulting fees and travel support from Osteoporosis Canada during the preparation of this article. In addition, Alexandra Papaioannou has been an advisory board member for Amgen, Eli Lilly, Merck Frosst, Novartis and Procter & Gamble; has served as a consultant to Amgen, Aventis Pharma, Eli Lilly, Lundbeck Canada Inc., Merck Frosst, Novartis, Procter & Gamble, Servier, Warner Chillcott and Wyeth Ayerst; has received unrestricted research grants from Amgen, Eli Lilly, Merck Frosst, Procter & Gamble and Sanofi-Aventis; has received clinicaltrial grants from Novartis and Pfizer; has received a research grant from the Ontario Ministry of Health and Long-Term Care; and has served as a member of the Continuing Medical Education Steering Committee of the Ontario College of Family Physicians. Suzanne Morin has been an advisory board member for Amgen, Eli Lilly, Novartis and Warner-Chilcott and has received speaker’s honoraria from Amgen, Novartis and Merck. Angela M. Cheung has been an advisory board member for Amgen and Eli Lilly; has served as a consultant for Merck; and has received speaker’s honoraria from Amgen, Eli Lilly, Merck, Novartis and Warner Chilcott. Stephanie Atkinson has served as a consultant to Pfizer and Wyeth Nutritionals and has participated in a multisite clinical trial funded by Novartis. Jacques P. Brown has been an advisory board member for Amgen, Eli Lilly, Merck, Novartis and Warner Chilcott; has served as a consultant for Amgen, Eli Lilly, Merck, Novartis and Warner Chilcott; has received grants from Abbott, Amgen, Eli Lilly, GlaxoSmithKline, Merck, Novartis, Pfizer, Roche, Sanofi-Aventis, Servier and Warner Chilcott; and has received speaker’s honoraria from Amgen, Eli Lilly, Merck, Novartis and Warner Chilcott. David A. Hanley has served as an advisory board member for Amgen Canada, Eli Lilly Canada, Novartis Canada, NPS Pharmaceuticals, Servier Canada and Warner Chilcott; has participated in clinical trials funded by Amgen, Eli Lilly, Novartis, NPS Pharmaceuticals, Pfizer, Servier and Wyeth Ayerst; and has received speaker’s honor aria from Amgen Canada, Eli Lilly Canada, Novartis Canada, NPS Pharmaceuticals and Servier Canada. Anthony Hodsman has been an advisory board member for Amgen Canada, Novartis Canada, Procter & Gamble Canada, Shire Pharmaceuticals Canada and Warner-Chilcott Canada; has served as a consultant to Cytochroma Canada; and has received speaker’s honoraria from McGill University and Novartis Canada. Stephanie M. Kaiser has served as an advisory board member for Amgen, AstaZeneca, Bristol Myers Squibb, Eli Lilly Canada, Merck Frosst/Schering, Novartis and Servier; has received speaker’s honoraria from Amgen, AstraZeneca, Eli Lilly, Merck Frosst/Schering Plough, Novartis, Procter and Gamble (now Warner Chilcott/Aventis), and Servier Canada; has received payment for development of educational presentations from Eli Lilly Canada Inc.; and has received travel funds for activities unrelated to this paper from Amgen Canada. Brent Kvern has been an advisory board member for the Alliance for Better Bone Health (sponsored by SanofiAventis and Warner) and for Amgen Canada; has served as a consultant for Servier Canada; has received honoraria from the Alliance for Better Bone Health, Amgen Canada, Eli Lilly, Merck Frosst Canada and Servier Canada; and has received payment for development of educational presentations from the Alliance for Better Bone Health, Amgen Canada, Eli Lilly, Merck Frosst Canada and Servier Canada. William D. Leslie has been an advisory board member for Amgen, Genzyme and Novartis; has received unrestricted research grants from Amgen, Genzyme, Merck Frosst, Procter & Gamble and Sanofi-Aventis; has received speaker’s fees from Amgen and Merck Frosst; and has received travel funds for activities unrelated to this paper from Genzyme. No additional competing interests declared for Sidney Feldman, Sophie Jamal and Kerry Siminoski.

La Medicina es una puta mentira. Otra más.


domingo, 3 de febrero de 2013

LA POESÍA BENEFICIA SERIAMENTE LA SALUD (O NO).


En este mundo de bonhomía 2.0 todo parece ser bueno para la salud. Todo lo que aumente los ingresos por las ventas de un determinado producto, claro.


Las emociones y pasiones también son buenas para la salud, dicen... Estar contentos mejora la salud...

Qué fácil sería en este mundo de Yupi (o de yuppie???) decir: La poesía beneficia seriamente la salud. Todo lo que se nos ocurra hoy en día beneficia la salud

¿Beneficia la poesía la salud? Pues yo qué sé. Probablemente no. 

Pienso en el bueno de Bukowski, que transitó sus días etílico perdido y no creo que en su caso la poesía le beneficiara mucho la salud. 



El beneficio o no de la poesía depende mucho de su presentación.

Fijaos qué peligro tiene ésta.


Foto creación de Raúl Vacas Polo

O ésta: 


                                                                                             Foto creación de Raúl Vacas Polo

Lo que está claro es que si se propusiera la poesía como tratamiento, debiéramos usar la mínima dosis eficaz, es decir, prescribir los versos justos y necesarios. No se puede desperdiciar un poema entero para un tratamiento de 1 verso cada 8 horas durante tres días. 

No hay problema por desmenuzar los versos en la farmacia e individualizarlos. Si os fijáis ahora los blister traen líneas discontinuas para individualizar cada comprimido. Surgió ante la comodidad que significa llevarte tu dosis al trabajo y no tener que llevarte todo el blister. 

Si alguien no pilla el sentido completo del poema con los versos que le han dispensado para esta concreta enfermedad, pues no pasa nada. Que se vuelva a poner malo y ya está. 

Los comprimidos están ranurados por si alguien quiere tomarse sólo el sujeto y el verbo y dejar el complemento directo y los circunstanciales para por la tarde. 


En esta vida contemporánea hay algunas cosas que no se pueden obviar, por lo visto.

Una es proveerse de una profesión. 

Por si el atributo o la cualidad de ser persona no fuera suficiente, uno tiene que ser algo. No digo alguien, sino algo. 

No se concibe hoy en día alguien que no tenga profesión. No tener profesión es como no tener DNI o como no tener nombre. 

Hay varios tipos de profesiones, que se pueden esquematizar de la manera que sigue:

Las que le gustan a la suegra: abogado, médico, ingeniero...
Las que no le gustan, que a su vez se dividen en:

Las que tienen título Universitario: filósofo, matemático, historiador del arte...
Las que no tienen título Universitario: escritor, poeta, intelectual, obrero de la construcción...

En la vida hay que decidir al servicio de quién se pone el conocimiento y el trabajo. En distintas proporciones y con los adecuados matices, llegará un día que sin saberlo se elija si se quiere poner el trabajo a disposición del beneficio individual o del colectivo, si se quiere servir a la causa pública o a la privada...

Con respecto a la profesión de médico, suelen existir dos extremos y entre esos dos son los que se sitúan la mayoría de los profesionales. 

En un extremo están los que les gusta la Medicina como ciencia, les gusta estudiar el funcionamiento del cuerpo humano, las peculiaridades del sistema circulatorio, etc...

En otro están los Andrés Hurtado, protagonista de “El árbol de la ciencia” de Pío Baroja, médico y escritor. “A Andrés le preocupaban más las ideas y los sentimientos de los enfermos que los síntomas de las enfermedades”.


Pío Baroja

Pienso que entre los médicos de familia son más los Andrés Hurtados.

Es difícil ser médico de familia y no acabar poeta en el intento.

Los poetas pagarían por ser médicos y poder tener todas esas materias primas pasándoles a diario por delante de sus ojos y poder escribir sobre ellas.

No todos los poetas escriben. Yo conozco a algunas personas que sé que son poetas, pero ellas mismas lo desconocen, porque la gente piensa que para ser poeta hay que escribir. 
Para ser poeta lo que hay que saber es mirar, observar... luego ya si se escribe o no es otra cosa.

De la misma manera que no todos los poetas escriben hay médicos de familia que no pasan consulta. Son iguales de médicos de familia en conciencia y corazón pero no pasan la consulta, que es un acto análogo al de escribir, para el caso que nos ocupa.

El médico de familia y el poeta son especialistas en explorar los acontecimientos más importantes del acontecer vital: el nacimiento, la niñez, la adolescencia, la juventud, el momento de ser padre o madre, la madurez, la vejez y la muerte.

El poeta y el médico de familia saben hacer muy bien su trabajo en los distintos ámbitos a los que se circunscriben. El primero al del amor, al de la soledad, al del desamor, al de la crítica social, al de la política, al del compromiso... El segundo al de la cardiología, al de la dermatología, al de la nefrología, ginecología, etc...

Los médicos de familia y el poeta usan métodos que se parecen mucho entre sí.

El primero parte de la anamnesis y la exploración física: inspección, palpación, auscultación y percusión. 
El poeta hace algo similar: la anamnesis es un diálogo, preguntas y respuestas con él mismo, y de ahí, después de generar las preguntas ya puede ir a buscar las respuestas afuera. Se nutre igualmente de la inspección de las cosas, lo que palpa (No es lo mismo palpar la mama que tocar la teta, me transmitió mi profesor de Cirugía en la Universidad), auscultar la realidad y (re)percutir en el papel.

El médico de familia resuelve sus diatribas con un juicio clínico y un tratamiento, o en muchos casos, con una presunción diagnóstica y un tratamiento. 

El poeta también resuelve sus inquietudes y problemas presentados en la introducción, en el cuerpo y en las conclusiones. O en  los sonetos, presenta en los primeros dos cuartetos y resuelve en los dos tercetos. 

A Raúl Vacas le encantaba recordar la entrevista en la que un invitado le pidió a la periodista Nieves Herrero recitar un soneto en su programa y ésta le respondió: - Bueno, pero uno que sea cortito, ¿eh?




Las actividades del médico de familia y del poeta lo son de introspección. Son gente solitaria porque su actividad es muy solitaria.

Un médico de familia y un poeta pueden darle vueltas a un diagnóstico o a un verso durante una noche entera.

Los dos ven lo que hay, lo que la realidad revela en la superficie, pero deben bucear para ver qué es lo que se esconde. Deben ser conscientes de lo que se dice, pero también de lo que se calla. 

Al igual que hay poetas que se tienen que ganar la vida escribiendo novelas o ejerciendo el periodismo porque lo suyo no da más de sí, también hay médicos de familia que se tienen que ganar la vida trabajando en Urgencias o en otros sitios porque las condiciones de la Atención Primaria no dan más de sí porque a los que mandan no les da la gana que den más. 

Al igual que la poesía no es una prosa separada en renglones, la medicina de familia es una actividad en sí misma, no es un trasunto de la labor de los especialistas hospitalarios. 

Al igual que los poetas sienten desesperanza porque la gente los ve como vagos, inútiles o locos y realmente son ellos los más cuerdos y útiles de todos nosotros, la Atención Primaria también se desespera porque observa como se la maltrata, se la infrapresupuesta, se la ignora y se la desprecia mientras que ella sabe que es el eje del sistema sanitario.

La Medicina y la poesía son dos armas cargadas de futuro. 

Pase lo que pase, y aunque se derrumbe el mundo, siempre estarán ahí, de una u otra forma.

Si no existieran, habría que inventarlas. 


Texto resumen de mi ponencia en las Jornadas de Jóvenes Médicos de Familia de la SEMFYC. Mayo de 2012.




                                                                                                Foto creación de Raúl Vacas Polo