domingo, 7 de julio de 2013

LA ENEMISTAD

Una de las cosas que más me gustan de ser médico es poder tener acceso privilegiado a historias turbias. De chaval también me gustaban las turbias; así llamábamos a las cervezas con limón.

Una de las cosas que más me gustan de la Midicina rural es que hay más historias turbias por metro cuadrado que en la ciudad. El desarraigo, la soledad y el aburrimiento favorecen su aparición.

Estos días mestaba acordando de todos mis veranos como médico rural. Y de una historia que conocí uno de los primeros años.

Una cosa que me llama mucho la atención y que despierta mi interés es el tema de las enemistades. Esta gente que se declara enemigo y que no se habla.

En el medio rural las enemistades cobran mucha más importancia, porque son menos a repartir. En la ciudad las enemistades se diluyen, aunque bien pensado en la ciudad se diluye todo. La masa amorfa avanza como zombi en el mar de la era contemporánea. Yo por eso me fui de Madrí, el día en que me di cuenta de que el Madrid de Sabina ya no existía.

Un día, pasando una consulta en un pueblo conocí una enemistad. De uno de los ricos del pueblo con otro de clase más bien baja. Una enemistad a cerrazón, de las que no admite revisión. No recuerdo bien por qué fue, aunque da igual. El tema de las enemistades es un poco como cuando se muere alguien; el caso es que ya está muerto, qué más da de qué.

El proletario enemistado tenía un hijo, y éste tenía a su vez una enfermedad gorda y grave, que no puedo revelar por lo de la protección de datos: esta es una historia (clínica) anonimizada.

El rico estaba enfrentado con el proleta a muerte.

Cuando el médico del pueblo se la diagnosticó y se supo en la región, el rico llamó a escondidas al médico y le dijo que lo que hiciera falta al hijo o a la familia que se lo dijera en secreto que él se lo proporcionaría o se encargaría de que otros se lo proporcionaran.

Así son las pasiones en los pueblos; los tratos, las relaciones, las formas, la economía, la vida, la muerte; puras como las almas. Aparentemente contaminadas por los vicios de la vida urbana y contemporánea, pero en realidad indestructibles.


5 comentarios:

mCarmen dijo...

:)

javierpadillab dijo...

No solo no existe el Madrid de Sabina... ya ni siquiera existe el Sabina del Madrid de Sabina

Adrastea_Quiesce dijo...

Cómo que no, padilla, quién ha escrito esta entrada entonces. Lo que no entiendo es cómo hemos dejado que se fuera.

Anónimo dijo...

Yo creo que todavía existe... vos?

Manuel Comesaña dijo...

El tema de la vida rural y sus enemistades, las relata como nadie (si me permites, Rober, incluso mejor que tú) Antonio Machado. Es obligatorio leer su romance de la Laguna Negra. "Mucha sangre de Caín tiene la gente labriega" osa decir Don Antonio.
Quizás ahora las enemistades se hayan modernizado y los odios afectan al sagrado vínculo del matrimonio. Muchas veces el médico es abogado de las dos partes, del ex y de la ex y ésto obliga a un tour de force donde la prudencia y el ingenio están al 50%. En todo caso, la escopeta con perdigones de posta está siempre cargada.