lunes, 15 de abril de 2013

CIPRESA


Me gusta la gente mítica. Gente mítica es la gente que todo el mundo sabe quién es aunque no la conozca personalmente. Me gusta de las ciudades pequeñas que hay gente mítica y la gente la reconoce. Para que ustedes me entiendan, míticos son los dos heavys que bebían calimocho en botella de colajota de dos litros por las tardes, en la puerta de la extinta Madrid Rock. O mítico es el chico sin brazos que agita con la boca un mini con unas monedas en el fondo, en Sol.

En la ciudad en la que vivo a veces, hay un mítico muy mítico. Es un tipo que siempre está en la puerta de la biblioteca. Es un chico joven, con el pelo largo y grasiento y chafas de pasta revenida. Siempre está como esperando en la puerta, pero no fuma ni nada.

Un día me interesé por él y pregunté a varias personas, entre ellos a los trabajadores de la biblio, que tengo confianza. Me contaron que era conocido desde hacía muchos años. Un funcionario me dijo: - Se ha leído todos los libros de la biblioteca, te lo puedo demostrar. Yo le conozco desde cuando no tenía gafas ni nada.

Me acordaba de aquella anécdota atribuida a Cabrera Infante. Un día un periodista visitó su casa en su exilio en Londres para hacerle una entrevista, y al ver la casa forrada literalmente de libros, le preguntó si se había leído todos. – Sí – contestó-, pero sólo una vez.

El bibliotecario me comentó que como ya se los había leído todos, esperaba fuera. Cuando les venía alguna novedad se la reservaban de estrangis y él era el primero en leerla. Se sentaba en el rincón de lectura y no levantaba la vista hasta que la acababa. Ahora con la crisis llegaban muy pocas novedades, por eso pasaba más tiempo fuera que dentro.

Un día, sorprendentemente, apareció por la consulta. Yo no sabía que era de mi cupo. Me acuerdo bien de ese olor de la ropa cuando no la lavas durante mucho tiempo, a rancio. Los que sois sanitarios sabéis bien de qué olor os hablo.

Me vino a por recetas predominantemente. Le noté en el vocabulario la influencia del boom latinoamericano y del Siglo de Oro. También del realismo mágico, porque tomaba neurolépticos, pero sólo alguno. Era la persona más parecida a Don Quijote que había conocido yo en esta etapa contemporánea que me había tocado vivir.

Me dijo al entregarle las recetas que como yo era nuevo para él me iba a hacer una pregunta que nadie le había sabido resolver. Me preguntó si yo sabía por qué Zyprexa se escribía con “X” y no con “S”. 

– Te lo digo porque he decidido llamar Cipresa a mi perro y no estoy seguro de que ésto sea correcto- remató-. A lo mejor tú sabes, que eres de otra generación - me dijo-.

Debía pensar que lo de los conocimientos funcionaba como las Cefalosporinas, por generaciones.

Y tras un silencio, continuó:

- Cipresa es un muy bonito nombre para un perro – dijo mirando al vacío, como hacen los que ya no esperan ningún feedback porque saben que la soledad y el pesimismo sobre la existencia todo lo ocupa y no deja sitio para mucho más -.

Sí, sin duda lo era. Como también lo era Snedecor (de la F de Snedecor) o Cameco (de pistola Cameco). Yo no tengo perro porque ya no le doy a los canutos. 

5 comentarios:

MILENA dijo...

Me gusta esta historia. Yo conocía un personaje mítico. Todos en el colegio de mis hijos sabían quién era y dónde vivía. Para nosotros no tenía más nombre que el que le otorgaban sus dos características principales "El indigente del Real Madrid". Allí vivía, en uno de los muchos recovecos del Santiago Bernabéu. A nadie hacía daño y con nadie se metía, ni siquiera cuando su equipo perdía. Era pobre y le gustaba el fútbol y hablaba con todo el que quisiera escucharle de "su" equipo, al que idolatraba. Todos los chicos del colegio sabían que vivía allí y le llevaban cosas, mantas, comida, y lo que más agradecía, algo de conversación sobre fútbol de vez en cuando. Un día mi hijo vino descompuesto, impresionado. "Al pobre del Real Madrid le han partido la cara!". Literalmente. Le dieron una paliza y tenía la nariz rota, los dientes destrozados (nunca los tuvo bien), y no quiero saber cómo estaría su cuerpo. A nadie hacía daño. Con nadie se metió jamás. Su única culpa es se pobre, y forofo del Real Madrid... Ya no ha vuelto a vivir allí. Se despidió de los chicos y buscó algún parque tranquilo... No supe qué decir a mis hijos. "En el mundo hay gente buena y gente mala. Espero que vosotros pertenezcáis al grupo de los buenos". Y me dieron muchas ganas de llorar.

JORDI MESTRES LUCERO dijo...

Yo tengo un par de míticos en mi cupo, digo míticos porqué todo el mundo sabe quien son. Una es una paciente que viene todos los martes a visitarse, aunque no tenga motivos para ello, eso si, siempre acude con hora programada, cuando sale va al mostrador hace su cola reglamentaria y vuelve a pedir hora para el próximo martes y si está lleno, pues no pasa nada para el siguiente, hasta la mujer de la limpieza sabe quien es. Es adorable pero un tanto ineficiente para el sistema...

Dr. Bonis dijo...

"Me acuerdo bien de ese olor de la ropa cuando no la lavas durante mucho tiempo, a rancio"....Así que tu tambien vivías solo en un piso cuando eras residente...

Dr. Bonis dijo...

En Canarias a nuestra gente mítica les hacemos monumentos: http://historiascanarias.blogspot.com.es/2010/01/lolita-pluma-1904-1987.html?m=1
El pueblo canario es un pueblo muy grande... te gustará la historia de lolita pluma...

Anónimo dijo...

Te gustaría Canarias, y su gente... Y trabajar aquí...