Lotro día fue el día de
Todos los Santos, el día de todos los difuntos.
Hay algunos ritos que nada tienen que ver con el recuerdo, pero que de alguna manera consuelan.
Uno es poner las flores en la tumba, otro es el acto de lavar la lápida.
Las sepulturas siempre dejan agujeros en el cemento por los que entran las hormigas. También la realidad deja grietas por las que transitan pequeños incómodos insectos.
Los mortales no tenemos bastante con lo que tenemos en vida que tenemos que cargar también con los muertos y sus fantasmas.
En muchas ocasiones no entendemos a los pacientes porque no vemos a los fantasmas con los que entran a la consulta. Tampoco ellos ven los nuestros, por eso no entienden ciertas insistencias, comportamientos o recomendaciones que les damos.
Al igual que los médicos podemos moldear la realidad en gran medida, también lo pueden hacer los dolientes. Los médicos podemos prescribir lágrimas artificiales, poner un corazón nuevo que pueda sentir nuevas emociones, o poner un par de plásticos debajo de los senos.
También los dolientes pueden ponerse una coraza para hacer como que el tema no va con ellos o pueden poner en la lápida unas flores de tela que duran todo el invierno. Así cualquiera.
El dolor por los muertos habitualmente se esconde, avergüenza, culpabiliza, se vive en silencio. Y en pocas ocasiones se saca. Solamente cuando se revienta o en concesiones puntuales. Igual que el diabético reconoce solamente el día de la revisión que está haciendo mal la dieta y el tratamiento. O igual que cuando al paciente que jamás llora le haces una pregunta que justamente da en el centro de la diana y se desmorona. Es algo parecido a accionar un punto gatillo en la neuralgia del trigémino.
Los médicos de familia sabemos muy bien dónde están esos interruptores. Los encendemos o los evitamos, a conveniencia.
Llorar a moco tendido delante de las tumbas de los niños. Delante de éstas el llanto no se presenta con pródromo alguno, sino que sobreviene como un drop atacck, como una polución nocturna, enderrepente. Cuando te quieres dar cuenta te lo has hecho encima.
Hay gente para la que
todos los días del año es el día de los difuntos. Tanto, que
cuando llega el día de todos los difuntos se sienten transitar entre
el alivio y el descreimiento del dolor ajeno.
Hay algunos ritos que nada tienen que ver con el recuerdo, pero que de alguna manera consuelan.
Uno es poner las flores en la tumba, otro es el acto de lavar la lápida.
Se restriega con la
bayeta el mármol, por su superficie y sus pliegues, como si así se
eliminara el dolor de los surcos del cerebro y del alma. El agua baña
a las flores como el líquido cefalorraquídeo baña las meninges.
Se limpia la casa de los muertos no porque esté sucia, sino como una
manera de limpiarse a uno mismo; porque el dolor tras la muerte de
alguien próximo todo lo ensucia, todo lo estropea, y porque después
de la muerte de alguien cercano es inevitable alguna forma de
culpabilidad propia.
Las sepulturas siempre dejan agujeros en el cemento por los que entran las hormigas. También la realidad deja grietas por las que transitan pequeños incómodos insectos.
Los mortales no tenemos bastante con lo que tenemos en vida que tenemos que cargar también con los muertos y sus fantasmas.
En muchas ocasiones no entendemos a los pacientes porque no vemos a los fantasmas con los que entran a la consulta. Tampoco ellos ven los nuestros, por eso no entienden ciertas insistencias, comportamientos o recomendaciones que les damos.
Al igual que los médicos podemos moldear la realidad en gran medida, también lo pueden hacer los dolientes. Los médicos podemos prescribir lágrimas artificiales, poner un corazón nuevo que pueda sentir nuevas emociones, o poner un par de plásticos debajo de los senos.
También los dolientes pueden ponerse una coraza para hacer como que el tema no va con ellos o pueden poner en la lápida unas flores de tela que duran todo el invierno. Así cualquiera.
El dolor por los muertos habitualmente se esconde, avergüenza, culpabiliza, se vive en silencio. Y en pocas ocasiones se saca. Solamente cuando se revienta o en concesiones puntuales. Igual que el diabético reconoce solamente el día de la revisión que está haciendo mal la dieta y el tratamiento. O igual que cuando al paciente que jamás llora le haces una pregunta que justamente da en el centro de la diana y se desmorona. Es algo parecido a accionar un punto gatillo en la neuralgia del trigémino.
Los médicos de familia sabemos muy bien dónde están esos interruptores. Los encendemos o los evitamos, a conveniencia.
Me gusta dar tumbos
paseando por los cementerios tumba a tumba, como leo noticia a
noticia el diario. O como exploro al paciente aparato a aparato. Me
gusta detenerme en las fotos, en los epitafios, en las edades de los
difuntos, en esas frases de despedida prefabricadas: “siempre en
nuestro recuerdo”, “tu familia no te olvida”, “siempre con
nosotros”. Caminar entre (la sombra alargada de) los cipreses y
degustar (el buñuelo de) el viento.
Llorar a moco tendido delante de las tumbas de los niños. Delante de éstas el llanto no se presenta con pródromo alguno, sino que sobreviene como un drop atacck, como una polución nocturna, enderrepente. Cuando te quieres dar cuenta te lo has hecho encima.
Son esas tumbas, llenas
de juguetes en la superficie.
5 comentarios:
Pues con esas aficiones resultan un tanto tan raras y macabras, mejor no las confieses si quieres que te contratan en la sanidad privada.
Haces muy bien defendiendo la sanidad publica.
Y sí, tenés razón. Me gusta con qué ternura y con qué humor lo dices. Pasa muchas veces que "enderrepente" aflora la congoja y llorás con rabia, con resentimiento, con culpas, por hacer el duelo...
Por estos pagos ya ni se puede ir al cementerio a "limpiar las lápidas" porque te afanan!!! (te chorean todo)
¿Un medico que le gusta visitar cementerios y disfruta mirando detenidamente las tumbas ?
¿Llantos como "poluciones nocturnas" en las tumbas de los niños ?
Tio, revisa tus frenos o haztelo mirar .
Hace un mes descubri este blog, con el que me siento identificada. Soy medico de familia y joven. Ahora trabajo en un pac, y ya apenas dan mañanas, con lo que el seguimeinto de los pacientes lo he perdido. Sigue asi, defendiendo nuestra especilidad y lo publico. Le recomendado este blog a todas mis compis. Como sugerencia para futuros articulos, puede tratar sobre los pac.
Se escribe para el abismo, nunca sabes quién ni cuántos están al otro lado. Es como jugar a las tinieblas. Leer comentarios como el tuyo me llena de satisfacción y significan una luz. Muchas gracias.
Publicar un comentario en la entrada