miércoles, 23 de enero de 2013

HART. TUDOR HART DE GLYNCORRWG. LAS JORNADAS DE VITIGUDINO.

Hace un par de años escuché a Juan Gérvas hablar de unas jornadas científicas celebradas en un pueblo pequeño e insignificante respecto al caso que nos ocupa, a las que había asistido un personaje muy importante de la Medicina.

Las jornadas se habían celebrado en Vitigudino, un pueblo muy cercano del sitio donde nació y creció mi madre, provincia de Salamanca, ciudad en la que yo nací, crecí y estudié, producto del éxodo rural de aquellos años.

El ilustre personaje en cuestión era Julian Tudor Hart, General Practitioner inglés, que enunció en 1971 la Ley de Cuidados Inversos, que viene a decir que en el sistema sanitario se prestan muchos servicios sanitarios inútiles o prescindibles a aquellos que no los necesitan y sin embargo aquellos pacientes que más necesitan del sistema sanitario menos reciben de él, por diversas circunstancias, siendo esto mayor donde más se orienta el sistema sanitario hacia el mercado.

Yo había leído Soldados de Salamina y evidentemente no podía dejar pasar un acontecimiento tan grandiosamente casual así como si nada.

Hablé con Juan Gérvas y en seguida me puso en contacto con Julián Velasco, médico de cabecera de Candelario (Salamanca).

Me cité con él y me supe afortunado, porque comprobé que la pasión por la Atención Primaria que yo había descubierto en Madrid y pensaba exclusiva de esa ciudad, también existía en el sitio donde yo había crecido, y que lo que yo había ido descubriendo en esos últimos años desde que había rotado con Juan Gérvas en Buitrago de Lozoya, ya existía mucho antes de que yo, incluso, naciera.

Julián Velasco y Ana María Nielsen (médico de familia danesa, 30 años en Salamanca, quizá otra historia por narrar) me contaron cómo un grupo de entusiastas capitaneados por Jose Manuel Fernández organizaron unas jornadas en Vitigudino, un pueblo de la provincia, en torno a uno de los temas que estaban en boga por los 80, la Hipertensión, campo en el que Tudor Hart se estaba destacando con su grupo de estudio. Me recordaba que en aquella época no existían, por ejemplo, las fracciones LDL y HDL del colesterol.
 
Contactaron con Tudor Hart, que como todos los grandes accedió a participar cuando la convocatoria está hecha con ilusión y con buen hacer, aunque el acto fuera sencillo y el sitio humilde.

Fue una delegación desde Salamanca hasta Barajas a recogerle en un 600 o coche antiguo similar, que no hablaban ni uno ni papa de inglés. A mitad de camino se les ocurrió preguntar a Julian si había cenado y éste estaba muerto de hambre, por lo que pararon cerca de Ávila a comer unos chorizos con pimientos. Estaban preocupados por la comodidad del alojamiento de Tudor, para que estuviera todo a su gusto y en orden. A Tudor Hart esto no parecía importarle mucho y sólo dijo que estaba bastante cansado y que por favor no se le despertara hasta las 10 de la mañana. No sé qué pasó que a las 6.30 estaban tocándole ya en la habitación.

Tudor Hart participó tres veces en las Jornadas de Vitigudino, en los primeros años de la década de los 80. Los vecinos también asistían a parte de estas reuniones y se hacía lo que se podía por traducir.

Después de verme con Julián Velasco y con Ana María Nielsen, decidí profundizar en la figura de Julian Tudor Hart. Leí e incluso traduje algún artículo. En ese precioso artículo que enlazo pude leer como Julian Tudor Hart, tras transitar algunos caminos desarrolló su proyecto de vida en Glyncorrwg. Todo médico de familia busca, en el fondo, su Glyncorrwg. Glyncorrwg también se llama Cicely, o Buitrago de Lozoya, o Santa Hortensia o Jacinto Arauz o Las Hurdes. Tanto, que cuando se acaba Glyncorrwg se acaba ya gran parte de la vida. Todos necesitamos un gran proyecto sobre el que hacer cabalgar el grueso de nuestra existencia.
 
 
 
(El señor fuerte de constitución, con corbata y repeinado hacia atrás que aparece en las fotos es el ilustre catedrático de la Universidad de Salamanca Don Sisinio de Castro, autor del afamado libro de Patología Médica).
 
Cuando terminé la residencia, acabé tan hasta los cojones que decidí irme a Inglaterra un tiempo. Durante las lluviosas noches (es decir, a partir de las 17.30 de la tarde) fantaseaba con encontrarme con Tudor Hart y que me contara más de las Jornadas de Vitigudino.

Un día decidí que iba a escribirle. Le pedí una dirección a Julián Velasco y pasaron un par de meses sin respuesta. Se lo comenté a Gérvas, creo, que me dio otra, aunque no recuerdo esto bien. Le volví a escribir y me contestó. Desde el primer momento se mostró dispuesto al encuentro. Yo le imaginaba ya bastante anciano, pero no pudimos encontrarnos los primeros meses porque, me sorprendió, tenía una agenda importante de viajes para dar charlas y participar en actos científicos. Noruega, Italia y no sé qué más sitios. Yo fui adaptando mi itinerario en United Kingdom para caer por Noviembre en torno a Gales. Julian Tudor vive en las proximidades de Swansea.

Justamente Julio Bonis andaba cursando estudios superiores en Londres y organizamos la visita en común. Julio se trajo a un amigo y colega canadiense, que estudiaba con él en la London School. Nos reunimos en Cardiff la noche antes y estuvimos tomando algo en un pub de ésos en los que dicen que es muy fácil ligar con madres rellenas divorciadas y borrachas.
 
Contando historias, el chico canadiense comentó como de pasada que había estado en Argentina en un Centro de Salud. Yo le dije que anda que qué casualidad que yo también había estado. Dijo que en Bariloche, le dije que yo también. Dijo que en el Centro de Salud El Frutillar. El mismo que el mío.
 
 
A la mañana siguiente alquilamos un coche (nos preguntó el de la oficina de alquiler la profesión y Julio le preguntó que si le podía decir por curiosidad que por qué preguntaban la profesión y le dijo que era para prevenirse de “los estudiantes y artistas”. Juas juas).

Condujo Julio, ya sabéis, con el volante al otro lado y las carreteras y rotondas al revés que las nuestras, en medio de la lluvia.
 
Llegamos a casa de Julian Tudor Hart. Qué momento el de esperar ante la puerta y que finalmente al otro lado apareciera él. Había pasado un año o así desde que oí la primera vez lo de las Jornadas de Vitigudino (qué lento va todo). Nos hizo pasar y no nos habíamos sentado cuando enarboló un papel y preguntó: ¿Es cierto ésto? Era un artículo del BMJ de Aser García Rada que se titulaba algo así como: ¿Se hunde el sistema sanitario público español? Tuve la oportunidad de conocer a Aser cuando yo hacía guardias de residente de familia en el Hospital Niño Jesús, y después de eso hemos tenido algunas positivas coincidencias más. El mundo parecía demasiado interconectado por momentos.

Tuvimos una muy agradable charla en torno a la chimenea y luego almorzamos. Una sopa o crema y una ensalada con pollo. Muy rico todo.

Comentó la importancia de pensar no sólo en los pacientes que vienen a tu consulta sino en los que no vienen, y reflexionar en por qué no vienen y si necesitan algo. También habló de lo importante que sería tener a salubristas en los Centros de Salud como unos integrantes más del equipo. También que se está perdiendo a los verdaderos generalistas.

La conversación fue bastante animada en torno a variados temas sanitarios y de Medicina de Familia. Tanto, que saqué el tema de las Jornadas de Vitigudino de soslayo pero tampoco me quise poner cargante porque la conversación parecía discurrir por otros derroteros. Julian recordaba aquellos días bastante bien. Le gusta bastante España y ha viajado a nuestro país en innumerables ocasiones.

Le regalamos un lomo ibérico de Guijuelo (Salamanca) y Julio hizo unas tarjetas muy bonitas con las fotos que me había pasado Julián Velasco, del paso de Tudor Hart por Vitigudino. Julian las dedicó con un dibujo del Quijote.


Después de la visita me quedó una gran satisfacción y también un pequeño vacío que quería llenar de alguna manera.

Proyecté leer algunos de sus grandes libros y no lo hice. Proyecté leer mucho más, aprender mucho más de él y no lo hice. Pensaba que el tiempo iría haciéndome tropezar más con Julian Tudor Hart, pero como dice Juan Gérvas, siempre dejamos lo importante por lo urgente. Me hubiera gustado ofrecer aquí mucho más de la vida y obra de Tudor Hart pero no puedo, por el momento. Ésa es la razón por la que después de dos largos años que dura esta aventura hoy saco ya esta historia. Hay personas tan grandes que para hacerles un retrato mínimamente decente debes dedicar varios meses, sino años, íntegramente, al estudio de sus publicaciones. Pasa también por ejemplo con Bárbara Starfield. El retrato de estos personajes debe ser llevado a cabo en uno u otro momento, por quienes amamos el oficio de médico general/de familia.

Quise adentrarme en esta historia por varios motivos. Uno, sin duda, es la figura de Julian Tudor. Pero por más cosas también. Quise mostrar cómo, en un sitio perdido de la geografía, con solamente un grupo de personas con ilusión, se pudo hacer algo muy grande, algo que sin embargo creo estaba en el olvido y espero que con este trabajo se tenga más presente de lo que se ha tenido hasta ahora.
 
He aprendido que allá donde se mire, hay grandes médicos generales/de Familia. No solamente en las grandes ciudades y en sus extrarradios que es donde se marcan gran parte de las tendencias; porque una de las grandezas de nuestro oficio es que con muy poco se puede hacer mucho, que no existen las barreras, ni las fronteras, sobre todo ahora que con Internet el conocimiento circula como un rayo. Hay acojonantes médicos e iniciativas existiendo por ahí y nadie se entera. De ahí la importancia de escribir.

Pero sobre todo he aprendido, si no a través del cuerpo de la historia a través del trasudado que ha ido filtrándose como las aguas subterráneas por la capa freática, que hay una deuda con los médicos generales/de familia más mayores. Que han sido sepultados por muchos años y muchos actos ignominiosos y dolosos, y que ahora, al final de sus días profesionales, miran con algo de tristeza todo lo recorrido. Yo les digo que los que ahora comenzamos somos los herederos de una gran obra, que ellos han hecho muy digno este oficio, que ha merecido mucho la pena, que los que ahora comenzamos somos como los que iban a los conciertos de Extremoduro cuando nadie les conocía: “pocos pero escogíos” y que Extremoduro llena hoy el Palacio de los Deportes de Madrid. Que estamos preparados para dar la batalla. Y que les tendremos muy presentes. Porque cualquier colectivo que ignora, no cuida, no recuerda y no restituye a sus mayores es un colectivo absolutamente indecente. Eso también lo aprendí de Soldados de Salamina.

Gracias a todos los antes mencionados y gracias a Hernán Martín, que grabó y montó el vídeo.

Por el momento, FIN.

 
 

8 comentarios:

Raulvmorgado dijo...

¡Magnífico post Rober! Desde luego, tanto los médicos de familia como los historiadores de la medicina deberíamos hacer un esfuerzo para poner en valor la breve pero interesante historia de la especialidad. Construir las biografías de estas grandes figuras de la Medicina de Familia y colocarlas en su contexto socio-histórico huyendo del relato hagiográfico es un trabajo duro, pero seguro que muy estimulante. Si terminas apostando por el proyecto, cuenta conmigo si necesitas ayuda. Un abrazo. Raúl

Rafa dijo...

Grande Rober y Grande Julian. Lastima que por la maldita burocracia y demas obstaculos que pone la administracion la UD de Salamanca haya perdido este gran tutor para la formacion de los nuevos residentes, ya que se de bueneas fuentes que ese era el deseo de Julian, ser tutor de residentes, pero la administracion lo ha impedido.
seguiremos en la lucha

Lucano dijo...

Qué bueno, Rober. Ana María Nielen es compañera de mi padre y fue mi tutora en la rotación rural. Me había hablado de esta historia. Un abrazo.

Marta Velasco Rodríguez-Belvís dijo...

Gran reportaje! Me has hecho recordar una vez más que con entusiasmo y ganas pueden salir adelante ideas tan locas como la de invitar a Sir Tudor Hart a un pueblo de Salamanca (a hablar a quienes no sabían inglés!!). Como residente en formación, veo cada día, igual que tú, que esa actitud marca la diferencia entre quienes nos enseñan. Gracias por demostrarnos que, en nuestra generación, hay quienes no lo olvidamos!
Tu blog tiene impacto, y yo diría que muy positivo. Felicidades Roberto!!

Un saludo de la (inevitablemente orgullosa) hija del Dr. Velasco

Emilio dijo...

Bueno , yo le hablé a los resis de familia de las Jornadas de HTA de Vitigudino y del Dr. Hart, y no me creían¡¡¡
Les di datos, pistas, les hablé de testigos y empezaron a pensar que tal vez no les tomaba el pelo.
Ahora se lo creeran .
Que añoranza , Julían, Ana Mª , ¡D. Sisinio! por cierto teneis que saber que D. Sisinio tuvo una influencia decisiva en el desarrollo de la MFyC en Salamanca , pero esa es otra historia que si quieres Roberto te cuento un día.
Efectivamente la perdida de Julian , de Fonsi por la UD de Salamanca es tremenda porque su aportación es ESENCIAL.
Fdo Emilio Ramos Delgado

Anónimo dijo...

¡Qué interesante entrada y qué homenaje te ha salido! Entre las fotos he reconocido a Fonsi, que fue el médico de mi pueblo (de veraneo, San Martín) durante muchos años. Me alegro mucho de saber ahora, gracias a ti, que participaba en estas increibles iniciativas.

Saludos, Lourdes.

Mar dijo...

Enhorabuena por el post. Me quedo con esta frase:
"Quise mostrar cómo, en un sitio perdido de la geografía, con solamente un grupo de personas con ilusión, se pudo hacer algo muy grande"

Implantes Dentales dijo...

Excelente la publicación que nos compartes, magnifico trabajo.