viernes, 30 de noviembre de 2012

ENAMORARSE POR DETRÁS.

Solamente me he enamorado por detrás dos veces en mi vida.

La primera ésta...
 
 
Y la segunda ésta...
 
 
 
"Nunca dudes que un pequeño grupo de ciudadanos pensantes y comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho, son los únicos que lo han logrado". Margaret Mead. (Frontispicio de Ana en Twitter).

 

jueves, 29 de noviembre de 2012

10 COSAS QUE DEBO SABER COMO PACIENTE DE LA REFORMA PRIVATIZADORA DE LA SANIDAD DE LA COMUNIDAD DE MADRID.


  1. El Gobierno de la Comunidad de Madrid pretende que empresas privadas sean las que ofrezcan los servicios sanitarios a la población. También empresas privadas podrán comenzar a gestionar los Centros de Salud.

  2. Será la Comunidad Autónoma la que pague a las empresas para que ofrezcan esos servicios en vez de ofrecerlos ella misma, cuando su trabajo es gestionar los bienes públicos y no traspasarle esa responsabilidad a terceros, y menos a empresas con ánimo de lucro.

  3. ¿Cuánto le pagará la Comunidad Autónoma a las empresas? No se sabe aún, pero probablemente una cantidad que oscila en torno a los 600 euros al año por cada paciente que tenga como referencia el hospital en cuestión. Es decir, que la empresa cobra al año de la Comunidad igual por un paciente que gaste 50 euros que por uno que gaste 450. Esto tendría sentido si la empresa atendiera a los pacientes que salen caros también, y por ejemplo una persona mayor que gastara 900 euros se compensara con una persona joven que gasta 300.

    Pero resulta que las personas generamos al sistema sanitario el 50% de gasto de toda nuestra vida nuestro último año de existencia. Los ancianos son los que generan el grueso del gasto. Por eso la Comunidad de Madrid quiere desmantelar el Hospital de La Princesa tal y como lo conocemos hoy. Para hacer un gran hospital que atienda a los pacientes que no salen rentables a la empresa privada. Así la empresa se quedará con los pacientes que generan menos de 600 euros de gasto al año y ganará mucho dinero, mientras que será la Comunidad (es decir, el dinero de todos) la que sustentará a los que más gasto generan. Es un negocio redondo para las empresas a costa del contribuyente.

  4. Cuando usted vaya al hospital no tendrá que pagar y puede que no note muchas diferencias en la atención que recibe, lo cual no quiere decir que no las haya.

    La empresa intentará ganar lo máximo posible de esos 600 euros y lo hará de la siguiente manera: pagará menos a los profesionales (y ya los médicos españoles son de los que menos cobran en la Unión Europea) y gastará menos dinero en pruebas o tratamientos que necesitan los pacientes.

    Usted será visto en la consulta por un profesional peor pagado y probablemente con más sobrecarga de trabajo (con todas las cosas negativas que eso conlleva para una correcta atención) y en la manera de enfrentarse a su problema ya no será lo primero tratarle con lo que sea mejor para usted, sino que habrá que contar con el coste, lo que provocará que en algunas ocasiones usted no pueda recibir el mejor tratamiento, para poder maximizar el beneficio de la empresa.

  5. Este modelo ha sido puesto en práctica en otros países y aquí en España en Valencia y ha fracasado en todos los casos. El Estado ha tenido que recurrir al rescate de las empresas y al final se ha gastado más dinero que si hubiera hecho directamente una gestión racional de la Sanidad él mismo. Meternos en estos momentos de crisis en un proceso como éste sería un error más que empeoraría la ya maltrecha economía.

  6. Este modelo no solamente es más caro sino que además no es mejor para la salud de la población. No ha demostrado que genere mejor calidad de salud ni que la gente viva más. Paradójicamente, se ha observado que la mortalidad es mayor en hospitales privados que en públicos y que gastar más dinero en hospitales públicos reduce la mortalidad más que gastarlo en privados.

  7. Las decisiones en política sanitaria no se toman con las opiniones y con las visiones de cada uno, sino con estudios científicos que demuestren que lo que se quiere implantar es beneficioso. No hay ningún estudio que demuestre que este nuevo modelo sanitario sea más beneficioso que el que hay ahora.

  8. El modelo que tenemos es más que sostenible, solamente hay que hacerle unas reformas (los profesionales las llevamos proponiendo mucho tiempo y la Consejería no nos ha hecho ni caso) para ajustar un poco el gasto. Lo que pretende el Gobierno de la Comunidad de Madrid es tirar el edificio entero y comenzar de nuevo, lo que va a generar muchísimo más gasto que acometer las reformas.

  9. ¿Por qué estamos en huelga los profesionales de la Sanidad Madrileña? Porque los políticos (Ignacio González y Lasquetty) se empeñan en que lo que os acabo de contar, que todos los médicos y demás profesionales sanitarios sabemos que es así, no lo es; y que es como ellos dicen que es. Tienen intereses con las empresas que se repartirán el jugoso pastel de su salud.

  10. ¿Usted de quién se fía más? ¿De los médicos o de los políticos?


Gran parte de las ideas de estos 10 puntos son de Pedro Gullón, Javier Padilla y Fernando Lamata y fueron expuestas en una Jornada sobre Modelos de Gestión Sanitaria en la Universidad de Alcalá de Henares, Madrid. Las palabras son mías.


miércoles, 28 de noviembre de 2012

DE NEPTUNO A SOL


Ayer, cuando saqué la bata de una bolsa de plástico y me la puse, en medio de la calle, me dí cuenta de que no la llevaba en un ámbito no profesional desde la última vez que me emborraché en las fiestas de la facultad.

En el trayecto del metro me habían entrado varias arcadas de llanto. El alma también tiene sus sensaciones nauseosas. Había visto primero, en el transbordo, a una mujer bien entrada en años que doblaba su bata cuidadosamente, a su vez colgada ésta de su antebrazo, que hacía las veces de perchero. Creo que era administrativa, porque las batas administrativas tienen una tela muy blanca, fuerte y opaca. 

El hecho de haber reconocido a esta compañera entre la anónima muchedumbre de Madrid hizo que no pudiera dejar de evaluar a cada uno que me parecía un potencial asistente a la manifestación. Me iba fijando en cada detalle para ver si algo le delataba. Miraba a sus pertenencias colgantes, porque suponía que alguna de ellas debía contener la bata. 

Detecté a otros huelguistas a través de las bolsas de plástico que llevaban de la mano, que dejaban (entre)ver sus atuendos profesionales. Recordé aquella escena, de las fiestas de la facultad también, en las que uno se bebía una litrona camuflada en una bolsa de plástico (que dejaba perfectamente adivinar su contenido) con el objeto de pasar desapercibido. 

Durante el trayecto de Neptuno a Sol viajé desde la adolescencia a la juventud. Desde las fiestas de la facultad a la cruda realidad. Ayer bebía calimocho y hoy defendía la Sanidad Pública. Ayer llevaba la bata manchada de vino y hoy la llevaba manchada de sangre. 

Me encontré a gente de la facultad, de la preparación al examen MIR, de la residencia. A enfermeras, auxiliares y celadoras. De Atención Primaria y del hospital. Vi a alguna otra gente y no me atreví a saludarla. Me quedé cortado porque nunca esperé que fueran a asistir a una manifestación de estas características. Nunca me esperé que fueran a estar contra la política sanitaria de este Gobierno Regional. Pero parecía que no sólo lo estaban, sino que además estaban dispuestos a asistir a una protesta en contra del Plan.

Hablé con algunas personas, cercanas. Me dijeron que creían que no íbamos a conseguir nada, que el Gobierno Regional no iba a retroceder en sus intenciones por nada del mundo, hiciésemos lo que hiciésemos.

Fui observando concienzudamente a las personas que iban en la marcha. Sus gritos, sus dientes sonriendo, sus caras congeladas por el frío, sus gestos enrabietados, coreando los lemas (“Usuario, prepara el talonario”, “Nada, nada, nada, para la privada”, “Sanidad, Pública”). 

Una verdad fundamental me fue siendo re(v/b)elada de Neptuno a Sol. 

Habíamos necesitado encerrarnos (en los Hospitales, en los Centros de Salud) para liberarnos. La protesta no había sido un proceso constructor, sino una purga después de muchos años en silencio, aguantando, hasta que hemos reventado porque ya no podemos más. Era como cuando en las fiestas de la facultad estando ya con el puntillo te tomabas entodavía otro litro de calimocho y llegaba un momento que te se venía el ácido a la boca con el tiempo justo como para correr hasta el lavabo y echar toda la raba (un vómito en escopetazo, solían llamar a ésto).

Al llegar a Sol comprendí que íbamos a ganar. Nos saldremos con la nuestra porque como dice Stefan Zweig, cuando uno es capaz de comprender un ideal en su plenitud, cuando abraza una causa noble, es capaz de defenderla hasta sus últimas consecuencias. Los allí reunidos hemos ido interiorizando a lo largo de muchos años un ideal muy justo: la salud de las personas es un bien social y humano y no puede ser considerado un producto mercantil con el que una empresa pueda rendir cuentas a una junta de accionistas. 

Los que tenemos enfrente no sienten como suyo aquello que defienden. Primero, porque es una causa innoble y con ningún sustento. Hoy es ésta pero mañana es otra. Si no se puede con ésta lo intentarán con otra. Su causa es sólo dinero, la nuestra no. El dinero es efímero. Igual que se gana, se pierde, o se gasta. Igual que viene, se va. Hoy está aquí, mañana allí. Hoy lo tienes, mañana no.

Pero cuando uno está convencido de que la Sanidad Pública de gestión pública es un bien preciado que no debe ser sustituido por una Sanidad pseudopública de gestión privada, cuando cree que hay cosas que están muy por encima del dinero como la dignidad o la salud de los que sufren y necesitan de los otros, no hay nada ni nadie que le pueda hacer renegar de esa convicción. 

Dentro de 3, 4, 6, 8 o 10 años (quizá de 1) nadie se acordará ya de Ignacio González o de Lasquetty o de Patricia Flores o de Burgueño (que no será recordado precisamente como un médico de pueblo). Pero dentro de 4, 6, 8 o 10 años aquí seguiremos nosotros, igual que estamos hoy, con nuestros ideales intactos, creyendo en lo mismo que creemos hoy, creyendo en lo mismo que creíamos hace 4,6, 8 o 12 años. 

Hoy todos sabemos que las ideas de estos personajes son de plástico, que no tienen convicción alguna, que son solamente los intereses de unos lobos que están merodeando detrás de ellos esperando el momento de tirarse a degüello a la presa. 

Nosotros tenemos convicciones muy profundas, que son a la vez ideales, ilusiones y sueños para un futuro mejor. Solamente hay una cosa más poderosa que una persona con profundas convicciones. Y es una persona con convicciones justas. Esas convicciones son las que dan aliento a nuestro trabajo del día a día y son nuestra razón de ser. Porque nuestra razón de trabajar es nuestra razón de ser. 

Nadie, ni un ejército entero, puede derrotar a una sola de estas personas. Yo, de Neptuno a Sol, vi ayer a varios miles de ellas. 
Me sentí como nunca orgulloso de todos mis compañeros. Me siento orgulloso de pertenecer a esta profesión y a este colectivo. 

El dinero de estos días pasará. 


Prefiero perder 2000 euros a vivir humillado el resto de mi vida por estos m(i)entecatos. 

Defenderé con uñas y dientes nuestra causa, hasta el final. Hasta que retiren el Plan. 

Secundaré la huelga indefinida de AFEM.

Quiero volver a casa cuando pase todo y poder mirar a mis pacientes a la cara y decirles: Cuando más me necesitásteis estuve ahí, luchando por vosotros.

domingo, 25 de noviembre de 2012

Éste es el post más corto (2 palabras) y con más significado de todos los que he escrito.

¡¡ HUELGA INDEFINIDA !!

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Antonio Burgueño, Director de Hospitales de la Comunidad de Madrid, a la vez mamporrero e ideólogo del Plan de Privatización de la Provisión de los Servicios Sanitarios:

- "El pago directo de 50 euros del paciente al médico de cabecera redundaría en un modelo sanitario más entrañable".

- "Los hospitales no pueden seguir siendo propiedad del Estado".

- ... poniendo de ejemplo el sistema sanitario de EEUU. El más caro y con peores indicadores de salud del mundo desarrollado. Léase "Atención Primaria: equilibrio entre necesidades de salud, servicios y tecnologías.

- ... financiando sus megalomanías con Cajas de Ahorros fraudulentas.

- "No podemos seguir con médicos funcionarios".

- ... "pone como ejemplo de "el pago por consulta" a la iguala. Pero la iguala es precisamente el paradigma 
de sistema de aseguramiento colectivo: todo el mundo (sanos y enfermos) pagan "igual" y el medico atiende 
a los enfermos". Julio Bonis.

















600 jefes de servicio, los Centros de Salud, Equipos Directivos de los Centros de Salud

Lo que pensábamos que nunca iba a pasar, lo que pensábamos que nunca podríamos consentir, ya está aquí.






Ambulatorio Algete from Crónica Norte on Vimeo.






Provisión pública vs privada

Excelente y resumido análisis















Te has quejado muchas veces y clamado que esto no puede seguir así. Que las autoridades sanitarias están pisoteando nuestro trabajo. Has fantaseado muchas veces con levantarte contra ellos para que se enteren de una vez. Puede ser que aborrecieras la representatividad que se arrogaban partidos políticos y sindicatos. Cuántas veces has pensado: si nos uniéramos los profesionales y optáramos por una decisión drástica... una huelga, pero una huelga indefinida. Pues esto es real. Una asociación independiente formada por profesionales sanitarios: AFEM, convoca una huelga indefinida a partir del 26 de Noviembre, de lunes a jueves. Ha llegado nuestro momento.


Fuente: Facebook de Fernando Saldaña





martes, 20 de noviembre de 2012

¿CUÁNTO CUESTA TU DIGNIDAD?


El Gobierno de la Comunidad de Madrid está intentando dar el zarpazo definitivo al Sistema Público de Salud. 

De modelos sanitarios de provisión pública Vs privada ya se ha hablado mucho estas semanas. Tanto, que duele la cabeza de tantas palabras. 

Queda meridianamente claro, en mi opinión, que no hay ninguna ninguna razón técnica ni profesional (salvo el enriquecimiento ilícito, a costa de un bien público) para apostar por un tipo de sistema sanitario que introduzca a la empresa o a la iniciativa privada en él. 

De esta afirmación se deduce que el Gobierno de la Comunidad de Madrid miente y manipula cuando afirma lo contrario. 

Es importante reseñar, como hace Vicente Baos, que lo que se haga en Madrid va a servir de molde para el resto de Comunidades Autónomas. Extremadura, Castilla y León y Castilla La Mancha (aunque en ésta el proceso ya está muy avanzado) serán las inmediatamente siguientes.

Los que hemos vivido en varios sitios sabemos que un proceso tal no tendría resistencia suficiente para ser parado en esas Comunidades Autónomas, por una serie de razones que no vienen al caso. 

Pero Madrid es diferente, por otra serie de razones que tampoco vienen al caso y que no son objeto de esta disertación.

En Madrid hay en estos momentos un notable movimiento de resistencia en marcha, que impulsa a creer que se puede con ellos. 

En este sentido, nos encontramos en un momento crucial del proceso. El movimiento ciudadano (integrado por pacientes, ciudadanos y profesionales) ha demostrado ya el músculo en la calle y en los encierros en los hospitales. Los que mandan lo saben y se están empezando a poner nerviosos, aunque su estrategia de siempre ha sido «hay que llegar a acuerdos», «diseñaremos un marco para hablar con los profesionales», «voluntad conjunta», «voluntad de diálogo» y tal... para enfriar las resistencias y luego hacer lo que les da la gana un poco más adelante. 

El momento de la verdad está cercano. Creo que desde ese movimiento de calle y de hospitales se han hecho las cosas muy bien y eso es lo que nos ha posibilitado llegar a donde estamos. Y donde estamos es la convocatoria de huelga.

Los sindicatos SATSE, CC.OO., Amyts, CSIT-UP, UGT y USAE la convocan para los días 26 y 27 de Noviembre y 4 y 5 de Diciembre. La Asociación de Facultativos Especialistas de Madrid (AFEM) convoca huelga indefinida de lunes a jueves a partir del 26 de Noviembre. 

En el éxito o fracaso de estas convocatorias nos jugamos el fracaso o el éxito de la protesta. Y el éxito en la protesta (batalla) nos llevará probablemente a ganar gran parte de la guerra. El fracaso nos llevará a perderlo todo. Todo incluye incluso la oportunidad de recuperarlo más adelante. 
Pero nunca ciudadanos, pacientes, profesionales de distintas categorías y ámbitos sanitarios, colegios profesionales, docentes, facultades, investigadores, sindicatos, sociedades científicas... habíamos estado tan unidos y tan de acuerdo en que ya basta. 

Hay que hacer la huelga. 

Las razones para no hacerla son el dinero y el miedo a la represalia en el ámbito de trabajo. 

Los ámbitos sanitarios son más relajados y respetuosos con los derechos de los trabajadores, de momento, que los de las empresas. Las circunstancias son tan adversas y hay tantos motivos que nadie razonable, aunque sea un «jefe de servicio» o una «directora de enfermería», pueden no comprenderlo. 

Si aún después de esta reflexión se sigue con miedo, hay que pensar que quizá dentro de un par de años ya no estés trabajando a las «órdenes» de ese jefe de servicio ni de esa directora de enfermería sino que estés trabajando a las órdenes de Capio o de Ribera Salud. Yo lo pienso y me entran ganas de vomitar. 

Cuando pienses en los pacientes de ese día, date cuenta de que hay servicios mínimos y urgencias, y cuando pienses en tus compañeros reflexiona acerca de que nadie se va a beneficiar más de las consecuencias de que tú hagas la huelga que tus pacientes y tus compañeros. Y sobre todo cuando te dé por pensar en los pacientes y en los compañeros, cambia de registro y piensa en el careto de Lasquetty y de Ignacio González.

En cuanto al dinero... Piensa el esfuerzo que te ha costado tu formación; el dinero, esfuerzo y sangre que ha costado la Sanidad Pública.

Si crees que el dinero no es un obstáculo para hacer la huelga piensa en si la harías si no perdieras nada de tu sueldo por hacerla. Perderás una minucia ahora pero ganarás mucho más en el futuro cuando la Sanidad siga siendo pública (o tal como la conocemos ahora, si es que se puede seguir considerando Pública).

Cada uno debe asumir su propia responsabilidad en este proceso. Yo soy médico de familia sustituto. Vivo fuera de Madrid pero como hay muy poco trabajo me desplazo a Madrid a trabajar. El sueldo de un día de trabajo de un médico de familia no está mal. Tenemos menos derechos que los demás (no cobramos ni un fin de semana ni un festivo porque siempre nos los escamotean, no cotizamos adecuadamente a la Seguridad Social, nos avisan de un día para otro anulándonos lo que teníamos o dándonos algo, nos pasamos largas temporadas al verlas venir...) y afrontamos la deslocalización de los médicos de familia pagando, pasando el día en la carretera de aquí para allá y perdiendo poder adquisitivo (si no vives en Madrid, tienes que ir donde te den trabajo... tienes que pagar un alojamiento donde vayas; si se trata de meses un piso, si son días sueltos hostal, pensión, etc...). Al final, aunque el sueldo de médico de un día no esté mal, tú cobras una miseria. 

En Noviembre cobraré unos 500 euros. En Octubre cobré unos 1200. En Septiembre 700. 

Ahora llega Diciembre y hay mucho más trabajo. El puente de la Constitución y las Navidades. Estoy esperando este mes para poder trabajar un poco más. En Diciembre se amontona todo y hasta Semana Santa otra vez nada. 

En Noviembre no puedo hacer huelga 26 y 27 porque no trabajo. Pero sí el 4 y 5 de Diciembre. La haré, salvo que me toque de servicios mínimos o salvo que las primeras jornadas de paro sean un éxito y la Consejería tenga que dar marcha atrás, con lo que se seguro se desconvocarían. 

El 4 y el 5, además, doblaría. Trabajaría mañana y tarde. 4 jornadas (120 euros cada una porque nos retienen solamente el 2% de IRPF) = 480 en dos días. 3 noches de hostal=90 pavos. En total 570 euros. 

Esto lo cuento para hacer notar que todos perderemos pasta con la huelga. 

Pero da igual.

Mi dignidad cuesta mucho. Al menos mucho más que 600 euros. 

¿Y la tuya?

miércoles, 14 de noviembre de 2012

(JU)ANA LA LOCA #noalcierredeLaPrincesa



Si viera una persona que no vive en España esta foto, pensaría que la arriba firmante es una doctora flanqueada por otros dos sanitarios, que en el pase de visita se halla firmando el informe de alta de un paciente antes de hablar con las familiares, que aguardan rubias e impacientes el veredicto. El veredicto en Midicina se llama diagnóstico. La penitencia, tratamiento. 

La mujer que podemos ver en primer lugar podría ser una avezada residente que está atenta para ver si la adjunta manda al paciente a casa con una quinolona de amplio espectro y tiene la oportunidad de disentir a favor de una cefalosporina de 2ª o 3ª generación. 

El sanitario varón que queda en primer plano está pero no está. Disimula con su presencia y cuerpo; pero en el fondo, cabeza y mirada está pendiente de otra cosa. Tiene ANAs + (Botella y Mato).

Resulta, sin embargo, que la señora que firma a la vez que se sustenta sobre un muy elegante tacón es la alcaldesa de la capital de España. Firma una petición para que no se desmantele el hospital dentro de un plan de privatización de la provisión de los servicios sanitarios. Este proceso está capitaneado por el presidente de la Comunidad Autónoma a la que pertenece la ciudad de la que ostenta la representatividad (Ju)Ana, de su mismo partido. 

También pertenece al mismo partido el expresidente del Gobierno, Jose María Aznar, que a su vez preside una fundación de reflexión y acción de profunda raig(h)ambre neoliberal. Esta fundación, entre otras actividades, tiene a bien emitir continuos ataques contra los servicios públicos que conforman eso que cuando existía daban en llamar el «Estado del bienestar». Hace unos meses el gobierno (del mismo partido) le encargó a esta fundación un informe sobre algunas medidas de retroceso sanitario, comenzando por el copago farmacéutico. Dicho informe nunca vio la luz pública. Hoy el copago farmacéutico está instaurado en España. Resulta que Jose María Aznar es el marido de la alcaldesa. 

Parece ser que (Ju)Ana la loca estaba cenando con sus amigos en el barrio de Salamanca (La Recoleta madrileña). Hacía un par de semanas que no los veía porque el finde pasado había estado de spa en Portugal.  Borja Mari sufrió un percance que requería varios puntos de sutura. Acercóse al hospital más cercano. Desconoce el que escribe si tuvo que abonar la asistencia por ingresar más de 100.000 euros anuales, en cuyo caso, con las últimas reformas del sistema sanitario promo-vidas por el partido en cuestión, estaría Borja excluido del Sistema Nacional de Salud. De nuevo podemos observar un claro ejemplo del concepto que tienen estos mandamases de la sanidad: adiós Alma Ata, hola Boi-Ruiz: el que tenga dinero que se la page y la sanidad es cosa de cada uno, no del Estado. 

A la salida del hospi los trabajadores allí concentrados la reconocieron.

La Princesa no había recibido una visita tan ilustre desde la de Andrés Pajares

Le piden a Ana que firme y la tía no se corta. Va y firma. También lo hace su yerno, Alejandro Agag, otro magnate del neoliberalismo y el mundo empresarial. 
Es díficil interpretar este gesto. Uno no sabe si es uno de estos ademanes punkis tipo Esperanza, propios de la derecha liberal; si es por un enfrentamiento entre facciones (familias, es decir) dentro del partido o si es por puro desconocimiento que se filtra a la realidad. 

Resulta que la mujer que ocupa el lugar más cercano a cámara en la foto no es residente, sino probablemente celadora y es casi seguro que la escena se desarrolla bien entrado el turno de noche. Por la noche la gente suele tener que sacar una chaquetilla. Uno sabía cuándo había llegado la madrugada a la urgencia en el momento en que tenía que echar mano de un pijamita o una chaquetita o una bata de cola larga de las que se les da a los pacientes. Esta compañera ha optado por un forro polar mientras que la otra cuya cara queda oculta, opta por la bata. 

Hace poco reparé, porque me lo dijeron y yo no me había dado cuenta, en que en los servicios de urgencias no suele haber ventanas, para que los profesionales trabajen «como máquinas», sin influencias externas que puedan condicionar sus senti/rendi- mientos. No hay sol, ni lluvia, ni noche, ni día, todo es lo mismo, una cadena de montaje. 

Un buen símil del mundo hacia el que vamos.

Un mundo, que después de ver este gesto de la firma de (Ju)Ana Botella, cada vez entiendo menos. 

lunes, 5 de noviembre de 2012

LENGUAJES Y CAMBIOS DE SIGNO(S) #noalcierredeLaPrincesa


Si viera un inglés que no vive en España esta foto pensaría que se trata de una visita guiada a un museo, donde el guía está dando unas nociones básicas en el patio exterior, antes de entrar con los visitantes a contemplar la pinacoteca. A uno de los alumnos de primera fila le entraron ganas de estornudar, y como el reflejo del estornudo viaja más rápidamente que el reflejo motor, al alumno aventajado de primera fila no le dió tiempo a taparse la boca. En ese breve impás que separa la sinapsis refleja de la voluntaria, en esa millonésima de segundo que separa nuestra condición de mamífero de la de animal racional, el fotógrafo se apresuró a disparar.

Sin embargo, el alumno de primera fila no es estudiante de arte ni el guía del museo lo es tampoco. 

El alumno aventajado se llama Álvaro Ximénez y es neurólogo de profesión. Aquel miércoles iba al trabajo y se encontró con que el hospital y el servicio para el que trabajaba iban a desaparecer de repente. Se debió sentir como un paciente cuando le da un ictus. Estás de puta madre y enderrepente te quedas sin habla. Y paralizado. 

El guía del museo se llama Antonio Burgueño y su trabajo es ser el representante de una cadena de montaje que pretende privatizar la Sanidad Madrileña y hacer creer a los estúpidos e iletrados profesionales médicos y pacientes que el modelo sanitario de provisión privada es más eficiente que el modelo público tradicional, lo cual está ampliamente demostrado que es falso, como saben en todos los países del mundo donde lo han llevado a término, y como muy bien conoce el paciente inglés que visionó la fotografía. 

El Doctor Ximénez es sin duda muy listo y por eso se encuentra en las dependencias del poder con la bata puesta. No sabemos si ha entrado de la calle con ella o la llevaba en una bolsa del súper y se la ha puesto en los lavabos, como cuando vas a una entrevista de trabajo y te pones el rímel o la corbata en el baño del bar de abajo. Esa bata lleva en los bolsillos toda la legitimidad y toda la fuerza de sus compañeros. 

Esa bata es un arma de interlocución mucho más potente que la (cor)bata. 

La gente se pliega frente a una persona con corbata, pero lo hace mucho más frente a una con bata. 

Para obtener la corbata tienes que tener algún tipo de poder, al que has podido llegar por haber lamido unos cuantos culos, pero a la bata solo llegas después de muchos años de estudio. 

Lo que es la hostia ya es llevar bata y corbata. Para eso tienes que ser Jefe de Servicio y por ende, tienes que haber estudiado muchos años y haber lamidos muchos culos. 

Como los tiempos van cambiando, el populacho ya se va dando cuenta de que entre la gente con traje y corbata hay también mucho deshonesto (casi porcentualmente más que entre los que no la llevan), al igual que advierten que los Jefes de Servicio pintan cada vez menos, porque cierran el servicio de los que son Jefes y se enteran por el R1. 

Como iba diciendo, el Doctor Ximénez se puso la legitimidad sobre sus espaldas, encima de esa bonita camisa de rayas rojas tipo Metro de Madrid y entró con la fuerza de la calle al castillo del señor feudal. 

Y allí, en presencia de unos cuantos siervos de la gleba, se dirigió al Señor Burgueño. 

El Señor Burgueño, que también es médico y utiliza bata y traje a conveniencia, es muy inteligente (aunque se hace la picha un lío con las mayúsculas y las minúsculas) y a la vez temeroso del poder de los sanitarios, porque sabe que es muy grande. 

Así que cuando vió a Ximénez entrar por la puerta con la bata puesta debió sentir eso que llaman miedo, porque la bata significaba enfrentarse no con los sindicatos en las mesas sectoriales ni con otras estructuras de poder a las que se puede comprar y adocenar fácilmente, sino con los profesionales de a pie. 

Esos profesionales que aman su profesión, y que cuando salen de sus consultas y de su planta y pierden de estar junto a los pacientes que los necesitan es para algo muy muy gordo.
Esos profesionales a los que como los calientes te ponen al electorado y a la ciudadanía en contra en cero coma. 

Por eso Ximénez, que es un caballero elegante como indica esa patilla bien arreglada, sabiendo que estaba perdiendo la mañana por arreglar la Sanidad Madrileña con un cantamañanas, se atreve a hacer ese gesto de asco, porque es lo que realmente produce esa política sanitaria, que por supuesto es legítima y democrática.
Y se atreve a sacar la mano del bolsillo y a sacudirla en el aire en lo que escenifica el punto de inflexión de la guerra: a partir de ahora mandamos nosotros y ya no nos toreáis más, ni toreáis a los pacientes ni toreáis al sistema público que tanto esfuerzo y tanto dinero nos ha costado construir. 

Ese gesto de la mano y la cara y la actitud de Ximénez escenifican el cambio de signo de la guerra. Han tenido que privatizar sin apenas resistencia la gestión de todos los hospitales nuevos, externalizar innumerables servicios sanitarios y no sanitarios, entregarle la Sanidad a fondos de capital riesgo... en Madrid. Implantar el copago y romper la universalidad... en el resto del país. En contra de todos los estudios, todas las evidencias y toda lógica. Sólo por ideología y para que las empresas amigas ganen dinero. Nada más.

Pero viendo a Ximénez se da uno cuenta de que no es tarde todavía. En la última batalla está cambiando el signo de la guerra. Detrás de Álvaro Ximénez, donde la cámara no puede alcanzar, hay más gente y más y más... que se sale del edificio y que se sale del barrio, que se sale de Madrid y que se extiende por todo el país. 

Juntos podemos. Ahora sí. Ya no es momento de palabras. El momento de las palabras ya pasó, hace mucho, mucho tiempo. Es el momento de los actos. 

Ganaremos la batalla y eso significará la victoria de la guerra.

Es el momento de las personas. 

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Hice la residencia en el Hospital de La Princesa y me encantaría estar ahí, pero la vida me fue separando de Madrid. Mi admiración, mi trabajo y mi adhesión a todos ellos.