miércoles, 31 de octubre de 2012

6 MINUTOS: EL PRIMER DOCUMENTAL SOBRE MEDICINA DE FAMILIA Y ATENCIÓN PRIMARIA


Hoy es un día muy emocionante. Muy emocionante y feliz.

Hace un año un grupo de médicos de familia nos reunimos detrás de un proyecto. Íbamos a realizar un documental acerca de la importancia del trabajo de los médicos de familia y acerca de la importancia de la Atención Primaria dentro del sistema sanitario. Sería el primer trabajo audiovisual que iba a realizarse en este sentido.

Reuniríamos a un grupo de personas del mundo audiovisual para que nos ayudara en las labores técnicas.

Llamaríamos al proyecto “Seis Minutos”, pues son seis minutos los que tiene un médico de cabecera para ver a un paciente en una consulta en el Centro de Salud.

Entrevistaríamos a distintos profesionales (10 o así) de la Medicina de Familia durante 6 minutos. Montaríamos el contenido y así obtendríamos un metraje de 1 hora de duración.

Financiaríamos el proyecto con aportaciones voluntarias de 10 euros.

El dinero obtenido estaría destinado a pagar al equipo audiovisual. Los médicos no tendríamos retribución económica alguna.

Ésta era la idea inicial. Un proyecto complejo que emanaba de una idea muy sencilla con una manera de llevarla a cabo muy sencilla también.

El proyecto pasó por muchas fases y por no menos dificultades. Pero las hemos conseguido superar, gracias a un gran equipo profesional y humano. Médico y audiovisual.

Contamos con 1900 euros de lo que la gente aportó.

Cambió el concepto, debido a la necesidad de hacer un producto de más corta duración y de mayor intensidad. Nos quedamos al final con 3 bloques de 6 minutos cada uno. El primero habla de “Nosotros” (los médicos), el segundo de “El sistema”, el tercero de “Vosotros” (los pacientes).

Introdujimos una parte ilustrada y música. Grabamos entrevistas a pacientes en la calle, una visita en el domicilio a un paciente, una actividad en un cole con el médico del pueblo.

Hicimos tarjetas y carteles como material informativo y promocional.

Distribuimos contenidos sobre Atención Primaria en Facebook y Twitter (menos) durante este tiempo.

Hicimos una web que aloja todo el trabajo y algunos anexos: textos sobre Atención Primaria, información acerca de los entrevistados, información acerca del equipo, fotos, etc...

Si el trabajo está bien o no, si os gusta o no, si aporta algo o no... eso ya debéis ser vosotros los que lo digáis.

Lo que sí que puedo decir es que ha resultado un trabajo auténtico, valiente y honrado.

Igual que pedimos a la gente en su momento que fuera productora del documental aportando 10 euros, os pedimos ahora que si creéis que el documental es digno de vuestra aprobación, os convirtáis en embajadores del mismo y lo difundáis y/o proyectéis allá donde consideréis.

La difusión y proyección son totalmente libres. Se puede, si se considera, prescribir a los pacientes. No lo cubre la Seguridad Social de momento, pero si se financia la glucosamina cualquier día la Agencia Española de Productos Sanitarios lo mete en la financiación.

Hoy, con su estreno, deja de ser nuestro trabajo para convertirse en el de todos. Vuelve hoy este proyecto a su ser, a lo que es, un instrumento para despertar conciencias y para inducir a la reflexión acerca de la importancia de nuestro oficio.

Ha sido un placer formar parte de este equipo. Estar junto a mis compañeros médicos de familia, que una vez más demuestran su compromiso con esta profesión y con el bien común, que no es más que el (tr)asunto de la Medicina de Familia y de la Atención Primaria.

También me siento muy satisfecho de haber trabajado con un grupo de personas provenientes del mundo audiovisual muy profesionales, muy capaces, que se han dejado mucho de sí mismos en el proyecto y que son el alma del mismo; sin su buen hacer nunca lo hubiéramos conseguido: Jos, Nacho y Jas.

Son muchos los esfuerzos, las ilusiones y las esperanzas que esta película alberga. Ojalá que sirva para algo.
 

SEIS MINUTOS CAPITULO I from Seis Minutos on Vimeo.

Las otras dos partes y los contenidos adicionales podéis verlos en:

http://www.seisminutos.com/

lunes, 22 de octubre de 2012

CARTA ABIERTA A UN JOVEN MÉDICO DE FAMILIA ERRANTE

Los Centros de Salud son como las chicas. 
- Nos encantas, volveremos a llamarte.
Pero nunca llaman.
(Llo)

Querido compañero:

Si quisiera mandarte esta carta a un destino en concreto no podría, porque no tienes residencia fija, aunque te pasaste cuatro años haciendo la “residencia”.
Cuando te preguntan en algún sitio cuál es tu centro de trabajo titubeas, para decir a continuación que hoy estás aquí, mañana allá y pasado no sabes dónde vas a estar. 

Todo el mundo te dice que eres afortunado, porque al menos tienes trabajo, que qué vas a hacer, que no están las cosas para quejarse. Tú asientes y de tanto que te lo repiten hasta has empezado a creértelo tú mismo.

Vas por ahí, siempre solo, con tu maletín a cuestas. Un maletín lleno de libros que no puedes dejar en tu consulta porque no tienes, con la bata que no puedes dejar en una percha porque no tienes, con las recetas y el sello siempre encima porque no tienes llave de la taquilla ni taquilla alguna.

Surcas las calles con preocupaciones nimias en la cabeza, como dónde dejará la médico a la que sustituyes las mamografías y las citologías, si tendrán fluoresceína en el carro, si habrá lubricante (he descubierto que se moja el dedo con un poco en agua y que entra por el culo que da (hasta) gusto), si irá el ordenador (o si habrá), si irá la impresora...

Te vas preguntando que qué será de ese paciente al que probablemente no vayas a volver a ver... Si le habrás quemado bien la verruga, si le dejará cicatriz la sutura, si efectivamente será hipotiroideo, si lo de haber pensado en una celiaquía era una flipada de sustituto o realmente diste en clavo...

Pasas por el mostrador con la excusa de preguntar dónde están los baños de personal, a ver si te dan un poco de conversación. 

Siempre te pregunta el paciente si la titular de la plaza está enferma, si tiene unos días de vacaciones (hay unos que te dicen que se las merece, otros que siempre está de vacaciones) y tú siempre contestas lo mismo, que tiene unos días... pero no sabes si se le ha muerto el perro o ha pedido un día de mudanza o tiene una apindicitis.

Andas que no sabes por dónde te viene el viento. A veces te invitan a que subas a la salita a tomar un café, pero tú no conoces a nadie, y probablemente no vayas a volver al centro... ¿qué haces? Casi siempre optas por pasar un informe pendiente, hacer unas recetas de crónicos, repasarte la historia de algún paciente.

Con un poco de suerte te toca una enfermera sustituta y lloráis un poco las penas juntos.

No tienes vacaciones, puentes, no cotizas adecuadamente a la Seguridad Social, te hacen pasar la consulta saliente de guardia haciendo valer la triquiñuela y la necesidad. 

Y así día tras día, afrontando la deslocalización del médico de familia. Yendo a donde está el trabajo, sabiendo que dura 2,3,4,5,6,9,12 días (casi) siempre sin pagarte el fin de semana. 
Preguntándote cómo habrás de ir a pasar la consulta a tomar por culo de donde vives. 

¿Lo dejas escapar? ¿Te volverán a llamar si lo haces? Allá que vas, cueste lo que cueste. Comienzas a hacer lo que sea. Te quedas en hostales y pensiones baratas, donde conoces a gente aún más solitaria y más perdida que tú. Comes en garitos de medio pelo, donde compartes tiempo y espacio con hombres mal afeitados porque lo perdieron todo, que miran la tele en silencio mientras comen un menú del día regado con vinacho de mesa con Casera.

Te has convertido sin darte cuenta en el Roberto Bolaño de la Medicina. 

El mundo de trabajar es muy aburrido. Un Centro de Salud es un conjunto de puertas con un espectro detrás de cada una. La vida te ha moldeado en esa condición. Primero la carrera, luego la residencia, después la profesión. Tú solo, con tus historias en la cabeza. 

Nadie hace nunca una broma buena, nunca te descojonas en el trabajo, todo son absurdas formalidades y gilipolleces. Llevar una patética camisa. Oiga usted, mire usted, pase usted, siéntese usted.

Llegas a casa derrotado. Ves cómo se derrumba la sanidad pública delante de tus ojos. Unos días más deprisa, otros más lentamente. Pero tú te ves enfrente del paciente y te ves fuerte, porque sabes que mientras estés tú y tu cabeza se puede hacer Medicina.

Otros días te tiras en la cama según llegas y no levantas cabeza. Te comes unos turulos de york con un plátano y te vas a la cama. Estás tan jodido que un día de éstos te apuntas a un grupo Balint. El alcohólicos anónimos de la Midicina. 

Miras a tu alrededor y de tus compañeros de fatigas (crónicas) quedáis ya pocos siendo verdaderos médicos de familia, y eso que sólo han pasado un par de años desde que acabaste la residencia.

Algo falla cuando hasta las más excelsas vocaciones pasaron de pasar la consulta.

No sabes si por seguir asido al barco eres un héroe o un gelipollas.

Soportas las consecuencias de la dedocracia porque no tienes padrino y porque no eres un lameculos, y en muy escasas ocasiones te beneficias de ella, eso también. 

Piensas para poder seguir que a lo mejor en el momento de llegar a casa algún paciente sintió que habías sido un buen médico para él, que te habías entregado a la causa de ayudarle y en medio del silencio y de la noche se sintió agradecido hacia ti y afortunado de haberse encontrado contigo esa tarde en la consulta. 

A lo mejor es mentira, pero de ilusión también se vive. 

lunes, 15 de octubre de 2012

LA UÑA


Cada vez que venía el paciente, no podía dejar de mirarle la uña.

Tenía una uñarra, en el primer dedo de la mano derecha. 

Yo había visto uñas similares, pero en el quinto dedo. Es una cosa muy de quinquis y de obreros. 

Los quinquis la usan para tocar la guitarra española y para arañar la piedra de jachís. 

Los obreros para hurgarse la nariz. Lo sé porque mi padre tenía una y todos sus compañeros de trabajo también. 

Un día, explorando al paciente a ver si tenía acropaquias, le pregunté por la naturaleza de aquella uña. 

-  Me la dejo para partir bien el Sinemet – me dijo-. 

Revisé sus prescripciones y vi que tomaba tres cuartos de Sinemet, 5 veces al día. 

-  Ah, claro... - le dije-, ¿se parte mal, eh?

Una de las cosas más valiosas que aprendí el primer año de residencia es que para ser (o para parecer, que era lo que importaba en ese momento) buen médico había que saber mentir bien. Saber mentir, en el sentido de saber disimular bien ante el paciente que no sabes algo. 

Yo en mi vida había visto un Sinemet. No sabía si se partía bien o mal. Como me daba vergüenza reconocerlo ante el paciente y me picaba la curiosidad, me hice una receta a mi nombre y me saqué un envase pequeño de la farmacia. 

Efectivamente, no era fácil partir la pastilla. Me dejé crecer la uña del primer dedo de la mano derecha un par de semanas y comencé a partirlo con facilidad. 

Desde entonces me dejo esa uña no muy larga, pero la dejo crecer más a capricho que antes, porque no se sabe lo que se puede necesitar un día, farmacológicamente hablando. 

Después de este episodio, comencé a interesarme por algunos aspectos prácticos de esta índole. 

¿Cómo saber cuando mandas medio comprimido cada 12 horas si el paciente podrá partir bien o no la pastilla? ¿Cómo saber si las pastillas de un determinado fármaco o de una marca vienen ranuradas? Si el paciente parte la pastilla a la mitad, ¿habrá 50% del fármaco en una mitad y 50 en otra? Esto parece evidente, pero ¿es así de verdad?

Me llevé una gran sorpresa cuando de toda la vida se había mandado “medio comprimido de Metformina” y una vez que vi una pastilla pude comprobar que ni ranura ni hostias; que es como un mazacote de cemento que debes partir con el cuchillo de muy malas maneras. 

Todo esto, a su vez, me llevó a pensar lo lejos que estamos de los pacientes desde nuestro trono. Me paso todo el día dando lecciones y diciendo lo que hay que hacer y lo que no, pero en mi puta vida he hecho un turbuhaller, ni una cápsula para inhalación, ni un accuhaler, ni un optiset, ni un solostar, ni una pluma precargada, ni sé si lleva agujas del 7 o del 8, ni cómo se mete la aguja, ni si es mejor un flexpen que otra cosa, ni si el sabor amargo de no sé qué fármaco es tan amargo como dicen, ni si tanto marea el Tramadol que a todo cristo le sienta mal, o si con medio parche de 35 de Buprenorfina te pones a morir. Nunca en mi vida he visto un manguito de brazo de mastectomizada, ni he metido un hombro todavía. Nunca he intubado a un vivo, ni he dado un choque eléctrico a naide.

Esta es la distancia médico-paciente, que es una cosa que supongo que se va acortando con los años a medida que le das más vueltas a las patologías que se ven en Atención Primaria.


lunes, 8 de octubre de 2012

CLÍNICA MENCÍA: RELATO DE UNA INFAMIA SANITARIA


Un adecuado ejercicio de la Medicina pasa por trasladar a los pacientes una información veraz. Es justo y necesario para el paciente y es ético y obligación para el profesional. 

Pongamos el ejemplo de las actividades preventivas.

Para mí es prioritario trasladar al paciente cuáles son las actividades preventivas de eficacia probada y las que no, en base a mucho tiempo dedicado al estudio de las recomendaciones que emiten los sistemas públicos de salud de distintos países, las agencias de evaluación de tecnologías sanitarias y los ensayos clínicos.  

De esta manera, el paciente resulta informado y evito que se quede con la sensación de que «no se le está ofreciendo un servicio que precisa». Creo que debiera ser un objetivo básico de un Sistema Público de Salud. 

Así lo hago en uno de los sitios donde ejerzo: Salamanca. 

El paradigma de las recomendaciones sobre actividades preventivas son las que tienen lugar sobre la atención sanitaria a las mujeres, y dentro de éstas, la que tienen que ver con enfermedades ginecológicas.

La adecuada atención preventiva en mujeres sanas (población general) se sabe que pasa (aceptando mínimos matices, claro) por:

Citología: empezar a los 25 años (no antes, por razones científicas que tienen que ver con la infección por el VPH) y hacer dos separadas por un año. Si son normales, cada 3 años hasta los 35 y cada 5 hasta los 65.

Mamografía: cada dos años de los 50 (en algunas Comunidades Autónomas desde los 45) a los 70 años, si la paciente no tiene antecedente familiar de cáncer de mama. 

Densitometría ósea: solamente en mujeres de 60-75 años con 2 o 3 factores de riesgo y en mayores de 75 con 1 o 2, considerando factores de riesgo: antecedente personal de fractura después de los 50 años, antecedente familiar (de 1er grado) de fractura de cadera, fractura vertebral previa (éste puntúa por 2) e IMC menor de 19.

Ecografía transvaginal: no se recomienda salvo si la paciente tiene algún síntoma que se valorará previamente.

Personalmente no estoy de acuerdo con practicar mamografías antes de los 50 años ni con que la vacuna del virus del papiloma sea financiada por el Sistema Público de Salud, pero al ser un servicio que se ofrece a la población tengo la misma obligación de ofrecerlo que los otros. 

Me dejo la vida estudiando en mi casa para hacer bien mi trabajo y me la dejo en la consulta (entre otras muchas cosas) para tratar de hacer comprender a mis pacientes que salvo síntomas u otros problemas, no resulta beneficioso ninguna otra revisión, prueba ni intervención sanitaria, en este sentido.

No sólo no resulta beneficioso sino que resulta perjudicial. Es bien conocido que estas intervenciones si se ajustan a los requisitos y periodicidad citada proveen de beneficios (unas más que otras), pero si no, no sólo es que no provean de beneficios, sino que proveen de perjuicios, de daños: falsos positivos, diagnóstico de lesiones indolentes no significativas clínicamente, falsos negativos, no disminución de la mortalidad de la enfermedad en cuestión, tratamientos innecesarios, intervenciones quirúrgicas innecesarias, etc, etc...

Resulta que en un periódico de distribución universitaria (población diana gente joven) de Salamanca veo esta publicidad bajo el formato de noticia. 




[La incidencia del cáncer cervical en España (8,5 nuevos casos anuales por 100.000 mujeres) es una de las más bajas del mundo y la menor registrada en los países de la Unión Europea.

También la mortalidad por cáncer de cérvix en España está entre las más bajas de Europa y del mundo (1,5 fallecimientos por cáncer de cérvix por 100.000 mujeres).

La tendencia temporal del cáncer de cuello de útero en España, en base a los registros disponibles, y en el periodo de tiempo de 1986-2000, muestra una reducción global en la incidencia de un 0,7% anual.]



Visito la página web de la citada Clínica Mencía y me encuentro con esto: 

Toda mujer debería hacerse un examen ginecológico completo anualmente:
- Desde que comienza la menstruación, si tiene desajustes con ella.
- Desde el momento que comienza a tener relaciones sexuales.
- A partir de los 25 años, aunque no tenga relaciones sexuales.

La revisión ginecológica tiene doble finalidad:

- La prevención: detectando factores de riesgo que deban corregirse.
- El diagnóstico precoz: evaluando el estado del aparato genital y las mamas, para comprobar su normalidad o poder detectar problemas que requieran tratamiento.

Una revisión ginecológica completa consta normalmente de:

Una historia clínica.
Una exploración física.
Una citología.
Una ecografía transvaginal, transabdominal y mamaria.
Pruebas auxiliares: Si es preciso se realizará cualquiera de estas pruebas:
Colposcopia
Histeroscopia
Mamografía

Escribo a la clínica un correo cebo y ésta es la respuesta. 

Hola. Soy XXXXX, tengo 32 años y he leído vuestro artículo en el periódico Tribuna Universitaria. Estoy preocupada por el cáncer de mama. He ido a mi médico de cabecera y me ha dicho que no me tengo que hacer ninguna mamografía hasta los 50 años si no tengo ningún síntoma ni me noto nada, pues no tengo ningún familiar con cáncer de mama. Pero leyendo vuestra noticia y vuestra página me entran las dudas. ¿Vosotros me recomendáis que tengo que hacer alguna prueba o algo? Muchas gracias y perdonar las molestias, pero es que estoy asustada. Un saludo.

Buenos días XXXX,

En primer lugar agradecer su visita de antemano a nuestra web, y 
respecto de la pregunta que nos formula y dada la preocupación que le 
genera, personalmente le recomendaría que viniese a consulta para 
despejar sus dudas e incluso para llevar a cabo una ecografía mamaria, 
porque es la única forma de que usted se quede tranquila y la Doctora 
pueda hablarle de todo este tema. Si ella estimase conveniente 
prescribir alguna prueba más, también en esa cita se lo diría.
Aprovecho la ocasión para hablarle del impacto del cáncer de cuello de 
útero en nuestra sociedad, tan preocupante o más que el que a usted le 
preocupa, que puede prevenirse gracias a un correcto control 
ginecológico anual y a la administración de la vacunación frente al HPV.

Nuestro horario de consultas ininterrumpido es:

- lunes, miércoles y viernes: de 09:00 a 16:00
- martes y jueves: de 14:00 a 19:30

También disponemos de consulta en Plasencia (Cáceres), donde le 
atenderá la misma profesional y con el mismo equipo médico, lo que le 
comento por si fuera de su interés.

El precio de la consulta es de 100 euros y no disponemos de terminal 
para pago mediante tarjeta de crédito, de lo que informo por si no 
tuviera ninguna compañía sanitaria.

Si desea alguna hora concreta, le agradecería hiciese su reserva 
cuanto antes para que tenga más posibilidades de elección.

Para cualquier duda, puede ponerse en contacto con la Clínica en los 
tfnos..: 923/27.11.78 o al 608/16.62.32 en horario de 09:00 a 20:00.

Queda formalmente invitada a visitar nuestra web: www.clinicamencia.com

Nos ponemos a su disposición. Reciba un cordial saludo.

Todo esta información que emite la clínica es FALSA. Salvo que te cobran 100 euros por la revisión. Eso no. 

Tengo conocimiento de que en las consultas de reputadas ginecólogas que trabajan para aseguradoras en mi ciudad el comportamiento sino es igual, es similar. 

Es, en mi opinión, una auténtica vergüenza el comportamiento de estos médicos y estas clínicas. Lucrándose a costa de la mentira médica y del expolio de los ignorantes pacientes. Infligiendo iatrogenia asociada a la inadecuada utilización de las intervenciones sanitarias por dinero. 

¿No debería defender alguna autoridad sanitaria a las pacientes? ¿El Colegio de Médicos? ¿La Organización Médica Colegial? ¿La Consejería de Sanidad de la Junta de Castilla y León? ¿El Ministerio de Sanidad?

¿Pueden seguir actuando así estos médicos y estas clínicas sin ser llamadas al orden?

¿Nadie va a hacer nada?

martes, 2 de octubre de 2012

LA MEDALLITA GRABADA


Siempre me han fascinado esas cadenitas que acaban en una medallita con una cara humana, y que algunas personas llevan colgadas al cuello. 



Siempre me había llamado la atención que solía ver algunas en la consulta, pero no en la calle. Reparé en que en la calle no suelo estar tan cerca de la pechera de nadie como cuando me acerco a palpar unas adenopatías o a auscultar el foco aórtico. 

En primer lugar, por tradición o vaya usted a saber por qué, no podía dejar de pensar que la persona grabada a fuego en el metal estaba fallecida. 



Esto ya establecía una relación singular con la persona portadora y con la persona grabada. Me solía infligir compasión la situación. Tanto es así que en ocasiones he pensado en hacerme yo una con la cara de alguien, para cuando quiera ganarme la indulgencia de un tercero en cualquier asunto problemático en mi contra. 

Imagínese que un día, yo que sé, hago unas recetas con otra fecha o se me olvida pedir una hemoglobina glicosilada en la analítica a un diabético... pues en un golpe de mano, me suelto un botón de la camisa (llevo camisa ahora para ir a trabajar – otro  paso hacia la edad adulta-), enseño un poco la pechera y digo: 

- Oiga, que yo llevo medallita grabada, apiádese de mí. 

Pensándolo bien, no tiene por qué haber muerto la persona grabada, aunque la posibilidad siempre sobrevuela. Los factores de riesgo para llevar una medallita grabada son ser mujer y ser de clase un poco baja. De estas mujeres que si les tocas la región pretibial para ver si tienen edemas que dejan fóvea, siempre se quejan mucho. 

Puede suceder que la persona retratada en la medalla sea muy joven, con lo que la piedad aparece más fácilmente, pensando en una muerte traumática o trágica.


La verdad es que las impresiones están de puta madre conseguidas, y reflejan al 100% el careto del retratado. 

A mí, personalmente, me enternece ese gesto de hacerse la medalla y llevarla. Es un gesto de amor y de desgarro que es difícilmente superable. Estas medallitas son a las marujas lo que los tatuajes con el nombre de la novia con letras macarráquicas son a los quinquilleros. 

Lotro día me dije a mí mismo que no podía morirme sin verme retratado en una medallita. De muerto a lo mejor alguien se la hacía, pero yo ya no la vería. Y me producía mucha curiosidad saber cómo quedaría, así que me hice una. 

Quedó muy bien, la verdad, y a mi madre le hizo mucha gracia. Como es un poco maruja también, decía que se la iba a poner, que así podría ir presumiendo por la calle de su hijo. Yo temía que la gente me empezara a dar por muerto y vete tú a saber, que a lo mejor me dejaran de llamar de la Bolsa por este hecho luctuoso. 

Lotro día se quedó mi madre sin Orfidal (dice que soy yo el que la pone de los nervios), era domingo y yo no tenía recetas. El farmacéutico que estaba de guardia es un poco cabrón y no se estira nada. Lo sé porque me lo dicen los pacientes. 

Le dije: llévate esa blusa sin cuello y ponte la medalla.

Oye, mano de santo. Le dio las pastillas sin rechistar.