lunes, 30 de enero de 2012

CARTÍLAGOS FAMILIARES Y COMUNITARIOS.

CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE DE LA SOCIEDAD ESPAÑOLA DE MEDICINA FAMILIAR Y COMUNITARIA (SEMFYC), DOCTOR JOSEP BASORA.

Muy señor mío:

Le escribo en relación a la estupefacción que me genera conocer que usted, en representación de la Sociedad Científica que preside, firmó un convenio de colaboración por el cual una empresa farmacéutica está costeando parte de una las actividades que se realizan en el seno de dicha Sociedad.

Ya sé que nos hemos vuelto impermeables en la sociedad en general y en la sociedad científica en particular en relación a estos tráficos de influencias, pero a mí me siguen pareciendo del todo escandalosos.

A cualquier persona de la calle que no haya estudiado la carrera de Medicina, se le dice que unos médicos van a recibir dinero de una empresa farmacéutica y que no les van a tener que dar nada a cambio y no se lo cree nadie. Nadie, señor.

En el caso que nos ocupa no hay ni que esforzarse en sospecharlo, porque el mismo día de la firma de la colaboración anunció usted que iban a organizar unas jornadas para que los médicos se actualicen sobre una enfermedad para la que casualmente se utilizan los fármacos que comercializa dicha empresa farmacéutica (que por cierto ofrecen escasos o nulos beneficios sobre la enfermedad que tratan, como luego explico).

Hasta aquí, una historia conocida. Tristemente, más que conocida.

Sin embargo usted y la Sociedad que representa ha traspasado dos límites que hacen que este caso resulte mucho más obsceno de lo habitual.

El primero de ellos es que la actividad que la empresa ha cofinanciado es el Programa de Actividades Comunitarias en Atención Primaria.

La Atención Comunitaria vive delicados momentos. Siempre ha sido considerada en la práctica una actividad marginal, y eso que en la teoría de nuestra especialidad Medicina Familiar y Comunitaria tiene un papel central. En este sentido, sé de buena tinta que la Sociedad que usted preside, mediante el PACAP (Programa de Actividades Comunitarias en Atención Primaria), ha sido un ejemplo para el desarrollo de la misma. Por la calidad, altura y entrega de los profesionales que forman parte de dicho grupo, especialmente.

Si la Medicina Comunitaria tenía pocos problemas ya, han venido a juntársele algunos más. En primer lugar la injerencia política, y ahora la farmacéutica. Pero que la Sociedad de Medicina Familiar y Comunitaria más importante y con más influencia, en mi opinión, de España, haya propiciado la segunda es algo del todo inaceptable.

Creo que el espíritu de la Medicina en general y de la Atención Primaria en particular son contrarios a influencias torticeras de empresas con ánimo de lucro. Pero los valores de dicho programa de Atención Comunitaria los son aún más. Estamos hablando del proceso empoderador del individuo como promotor y gestor de su propia salud o al menos de una parte de ella, y del proceso por el que se es consciente de las problemáticas de la comunidad, en el que se priorizan éstas y se organizan a sus miembros para darles respuesta.

Ésto es demasiado bonito, Doctor Basora, para ensuciarlo con la oscura influencia de la industria farmacéutica.

No me diga que el laboratorio paga y no pide a nada a cambio. Donde hay financiación hay influencia.

Usted tiene dos opciones si sigue por el mismo camino. O ensucia el Programa con la influencia del laboratorio o utiliza al Programa como moneda de cambio para permitir influencia en otras parcelas de su dominio.

La segunda circunstancia excepcional que concurre en este capítulo es la identidad de la empresa farmacéutica en cuestión.

Se llama Bioibérica y justo se ve involucrada en estas semanas en sucesivos escándalos.

Sabe que la empresa Bioibérica comercializa fármacos que protegen el cartílago (sulfato de glucosamina, condroitín sulfato, ácido hialurónico, diacreína). Sabe que después de todos los estudios científicos que se han hecho sobre los mismos se ha llegado a la conclusión de que la eficacia de esos fármacos es nula o baja. Sabe que esas conclusiones han sido aceptadas por Sistemas Sanitarios como el australiano, estadounidense, holandés o inglés. También por el sueco y por el danés, que habiendo financiado el fármaco, procedieron a desfinanciarlo.

Sabe que la empresa Biobérica tiene interpretaciones de la realidad que no corresponden con ésta.

Repasemos qué dice la Real Academia de la Lengua acerca del significado de la palabra manipular: Intervenir con medios hábiles y, a veces, arteros, en la política, en el mercado, en la información, etc., con distorsión de la verdad o la justicia, y al servicio de intereses particulares.
En Españistán el Ministerio financió estos fármacos y ahí siguen, con los apoyos de la Sociedad Española de Farmacología y sus angelitos de la guarda, y de la Sociedad Española de Reumatología, que también mantiene algún tipo de colaboración con dicha empresa.

Se le ve fuerte a Bioibérica, que emite sin remilgos sus tentáculos a to lo que se meneé, como a la Universidad, donde tiene una cátedra propia.

Pero el gran escándalo es el que continúa. Una farmacéutica del Servicio de Salud Balear escribe un informe propio de evaluación de éstos fármacos en el que concluye que son de eficacia escasa o nula (conclusiones en la línea de todos los evaluadores serios que se han pronunciado) y en el que expresa su preocupación porque cada vez se recetan más en su Comunidad Autónoma y porque el gobierno para el que trabaja se está gastando el dinero en una cosa que no vale para nada.

Su jefe supremo, en vez de felicitarla, la echa. Y se apresura a mandar una carta a todos los médicos de familia de su Comunidad para recordarles que tienen la libertad de seguir recetando esos fármacos que dicen los estudios que no valen para nada.

Su jefa más próxima, por debajo del jefe supremo, dimite, porque no puede tolerar que a una persona se la eche de su trabajo por hacerlo bien y porque el jefe supremo no puede realizar una injerencia tal. Lo que no se conoce (todavía) es el por qué último de este comportamiento del jefe supremo. Porque lo que está claro es que un comportamiento así tiene un por qué detrás.

Por su parte, la empresa farmacéutica le pone una demanda al Servicio Balear de Salud porque hay una de sus trabajadoras que ha realizado su trabajo, que es evaluar la utilidad de los fármacos, y ha dicho que no valen para nada, por lo que es absurdo recetarlos. Pero el resultado del mismo perjudica los intereses económicos de la empresa. Que perjudique al erario público o al paciente parece no importar.
El Sistema Sanitario Público Español está arrodillado frente a los intereses de la Industria Farmacéutica. Ésta es la última prueba. Un caso absolutamente indignante.

Y usted Señor Basora, como premio a esa actitud, sigue contando con la colaboración de la empresa en cuestión.

Le pido que reflexione sobre la laxitud con la que la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria se relaciona con la Industria Farmacéutica. No vale sólo con que esa relación sea transparente (lo que aun así es de reconocer). La inmoralidad está en la relación propiamente. No existe éso de "relación ética con la Industria Farmacéutica" cuando lo que se intercambia es financiación a cambio de hacerle la cama al mercado de unos fármacos inútiles.

Creo que esta Sociedad es en muchos casos un ejemplo, y un referente para los médicos de familia. Aglutina, probablemente, a los mejores profesionales, realiza grandes publicaciones y vela, en muchos casos, por los intereses de la Atención Primaria en España.

Es un pena tener a un montón de médicos de familia entre los que me encuentro, de maquis en el monte, por asuntos como el que nos ocupa.

Siempre suyo,

Roberto Sánchez.
Médico de familia. Madrid.

martes, 24 de enero de 2012

JÓVENES MÉDICOS PRECARIOS: LA SUMA DE TODOS.

Hallámonos en este preciso instante en un momento crucial de la historia.

De la historia del mundo (del primero) y de nuestro país. También de la historia de la prestación de los servicios sanitarios como los conocíamos hasta ahora.

Es muy importante lo que va a pasar a partir de este momento. Ya no hay excusa para seguir impasibles, como si nada fuera con nosotros. Porque ya ha empezado a ir.

Pero conviene recordar cómo hemos llegado hasta aquí, porque es clave.

Durante los años 80 se levantó un complejo sistema sanitario público, una obra faraónica, que significó el mayor elemento de cohesión social que había tenido España en su historia.

Un sistema que visto en perspectiva, con sus muchos errores, se sorprende uno que fuera tan válido y acertado.

Hay cosas muy buenas en nuestro país, por ejemplo la Ley de Dependencia. Pero como se aplica mal, tarde y sin ganas, y se elimina en cuanto hay oportunidad, pues como si no existiera. Ese no cuenta.

Pero joder, el sistema sanitario público era una cosa realmente sorprendente en este país. Algo por y para la gente.

Pero hubo un momento en el que la cabra tiró al monte y pensó que podíamos sacarlo a subasta. Como hemos hecho con otras cosas en España.

Con la vivienda por ejemplo. Es un bien esencial y nos lo han colado en el sistema como un bien de lujo. En vez de pagarlo al precio de coste normal, en el que por supuesto hay que incluir un pago digno a todo el que interviene en la cadena de montaje, hay que pasarse toda la vida como un esclavo para pagar una vivienda que se vende muchísimo más cara de lo que costaría si no fuera un producto de la especulación.

De lo de que es un derecho constitucional ni hablamos.

Pero con nuestro silencio permitimos especular con un bien esencial. No sólo es que lo hagan los constructores, ni los políticos, sino que los mismos ciudadanos lo hacen también comprando y vendiendo más caro, con la vista gorda de los que mandan.

En España sacamos a subasta a la Sanidad en 1997. Ya ha llovido. Y pensamos que esto ha empezado hace un año.

La ley 15/97 permitía otras formas de gestión de la Sanidad Pública, incluso formas privadas. Fue aprobada con los votos a favor del Partido Socialista Obrero Español.

Hasta ese momento teníamos un edificio (metáfora del Doctor Salvador Casado) no del todo perfecto, pero sujeto sobre cimientos bien sólidos.

Con esta ley se quedó con puntales.


Cuando viene el vendaval y el edificio es sólido, le hace cosquillas (Sistema Nacional de Salud inglés, por ejemplo).

Seguramente, si no hubiéramos dejado apuntalado el edificio hubiéramos aguantado la embestida actual, mal que bien.

Después de esta primera operación y con la Sanidad ya completamente transferida (siempre es más fácil destrozar algo desde el gobierno de una Comunidad Autónoma que desde el gobierno central) comienza la segunda fase.

Ésta consiste en privatizar la provisión de los servicios. Esta fase, en la Comunidad de Madrid, por ejemplo, comienza con fuerza en los gobiernos de Esperanza Aguirre, a partir del 2003.

No hay ninguna ventaja en el hecho de que una empresa privada te gestione los servicios sanitarios. Más barato no es. Es probable que te salga más caro. Además… ¿si puedes hacerlo tú, para qué quieres que lo haga otro?

Evidentemente, los políticos que hacen esto tienen intereses económicos o de algún tipo en ello. No lo hacen pensando en las bondades de la gestión. No hay más que observar la opacidad y el proceder torticero con el que se actúa. Nadie que quiere gestionar bien un servicio muy preciado le da la concesión de la gestión de éste a una empresa, sino que se encarga él mismo de hacerlo.

El dinero que les cobra la Administración a las empresas gestoras privadas se lo cobran éstas a los enfermos (como no lo hacen directamente no se ve y parece que no es así, pero se lo están cobrando del presupuesto sanitario que sale, en gran parte, de los impuestos de los ciudadanos).

No hay ninguna evidencia de que la gestión privada ofrezca mejores resultados que la pública, salvo cuando se pone desdén en la última (éste puede ser involuntario o voluntario para demostrar luego que una empresa lo hace mejor).

La privatización de la provisión de los servicios se hace con el silencio cómplice de los pacientes y de los profesionales (no con el de todos, pero sí con el de casi todos).

Pero, ¿qué es lo que sucede ahora? Pues que llega la crisis y se decide (mediante la elección democrática de una opción política) que los abusos e irregularidades de los mercados van a ser pagadas con el estado del bienestar.

Con la Sanidad, claro, también. Para ello hay que convencer a la población de que el sistema gasta más de lo que debe. El Sistema gasta lo de siempre o parecido, pero el dinero que se utilizaba para pagarlo, ahora o se utiliza para otra cosa o no existe porque se ha gastado ya en otra cosa (rescatar a los bancos, por ejemplo).

Así que cuando llega el invierno, el vendaval le atiza fuerte al edificio. Pero en vez de por lo menos ponerle más puntales en lo que pasa el chaparrón, y ya veremos luego si hay que cimentar de nuevo bien o qué hacemos, pues resulta que se le quitan todavía más.

Si quitas puntales en secano te lo acabarás cargando, pero si además arrecia la tormenta a la vez, no te va a durar ni dos telediarios.

Esto es lo que ha pasado y está pasando en la Comunidad de Madrid.

A una estructura endeble, que viene fraguando su debilidad desde hace mucho por el proceso privatizador, le atiza el temporal (los profesionales tendrán que trabajar más, cobrando lo mismo, con lo que se ahorran trabajadores -6000-).

Y no sólo es que no procuremos proteger al sistema con algo más de presupuesto en esta situación de emergencia, sino que nos permitimos el lujo de dedicarlo a centros privados en vez de rescatar al sistema público (éste no goza de los beneficios de los mercados, porque es por y para la gente y damos igual). El Gobierno de Esperanza Aguirre aumenta en un 34% la cuantía a convenios con el sector privado, aumentando en todos los casos el presupuesto de los hospitales de gestión privada y disminuyendo el presupuesto de los de gestión pública (1,5 en 2012 y 9,5 en 2011) y el de Atención Primaria (3,7 %; y éste lleva disminuyendo aproximadamente el 2% cada año desde hace cuatro, y eso que es el eje del sistema ji ji).

Una de las claves del problema es que el sistema amenaza ya ruina. No es que empecemos ahora a ver qué pasa, a ver si le damos un poco de cemento por aquí, le hacemos una ñapa por allá….No. Cualquier día el edificio se derrumba y ya no se puede reformar. Habrá que construir uno nuevo. Y eso que el edificio anterior tenía muy pocos años, y era muy bueno, había costado muy caro (dinero y sangre) y con un poco de cuidado hubiera aguantado un montón de años más, en muy buenas condiciones.

El problema es que el paciente (y el profesional, lo que es mucho más grave) no se ha percatado o no se ha querido percatar de nada de ésto. Va al médico y le atiende. Tiene una apendicitis y se le opera. Pero el sistema lleva buscándose problemas muchos años a cuenta del modelo de gestión sanitaria imperante en este triángulo escaleno de la Comunidad de Madrid.

El caso de los profesionales es llamativo. Hemos tragado con la privatización de la provisión como si nada. Hemos mirado para otro lado.

Estaba de puta madre irse a un hospital con una interinidad aunque lo gestionara una fundación, que se arrogaba en la concesión el derecho de la gestión sobre el centro de especialidades, durante 30 años. Callamos mientras externalizaban la cafetería, la limpieza, la seguridad. Luego llegaron las pruebas diagnósticas, las pruebas de imagen, el laboratorio… Externalizaban a la privada pruebas, cirugías… Algunos servicios como los Centro Integrales de Atención a Drogodependientes (CAID) pasaron a manos de empresas que los gestionaban -1400 euros cobraban los médicos adjuntos-). Mutis (por/en) el foro.

Pero llegó la crisis y no hizo más que acelerar los acontecimientos que por sí solos iban a llegar tarde o temprano.

Los residentes, que ya soportan grandes cargas de trabajo tendrán o que trabajar más o trabajar lo mismo y cobrar menos (un residente de familia de tercer año en Cataluña cobra 1400 euros). Algunos derechos que había costado mucho conseguir, como las libranzas de guardia, se los pasan por el forro cada vez más, sobre todo en los servicios hospitalarios. Cada vez es más frecuente en los servicios esa modita de quedarse por las tardes, por el morro. Vete a Inglaterra y pídele eso a los trabajadores, a ver qué te dicen… No puedo dejar de pensar en compañeros míos que hace 6 años lucharon y consiguieron grandes mejoras en las condiciones de los residentes y en cómo se están destruyendo ahora esas mejoras…

La situación de los médicos de familia jóvenes y eventuales también es muy preocupante. Con un sistema de contratación opaco y basado en el amiguismo, en la aceptación implícita de abusos (doblajes para que no te dejen de llamar, turnos de urgencias indiscriminados que no tocan, turnos de domicilios que tampoco, triquiñuelas para no pagarte el fin de semana). Se han incorporado los compañeros que habían aprobado la última oposición y a los demás los han colocado en una lista con un baremo y en un proceso del todo irregular, ante el que la Plataforma de Eventuales de Atención Primaria de Madrid va a reclamar judicialmente.

Pero la que es más preocupante, o al menos a mí me parece del todo alarmante, es la situación de los especialistas hospitalarios. Éstos son los que más han sufrido la reconversión del sector. El resi al final depende del Gobierno Central y está más protegido, tiene un contrato fijo. El médico de familia joven algo rasca, porque trabajo eventual de Primaria tiene que haber, aunque menos y de menos calidad, pero tiene que haberlo (en lo que dura la Atención Primaria, claro).

Pero los compañeros de especialidades hospitalarias están muy jodidos. Se están comiendo el nuevo modelo. Tienen tres opciones y no más. 1. Irse al paro. 2. Trabajar en la privada. 3. Trabajar en la pública como un cabrón por casi nada.

Centrémonos en el punto número 3. Debéis conocer la nueva tendencia. Se llama “la beca”. Consiste en que haces un trabajo como médico adjunto cobrando 600 euros al mes. A veces no te dan ni de alta en la Seguridad Social. No tienes ni CIAS. Investigas, le haces el trabajo sucio al jefe. Te quedas por las tardes como un campeón también, no sea que se vayan a pensar. Haces de todo, tragas con toda la mierda del servicio. Haces guardias, pasas planta, consultas monográficas, le pasas la consulta al jefe, no libras las guardias, etc, etc.

A esta situación hemos llegado. Hallámonos en este punto, amigos.

Los sindicatos transigen lo que quieren y más (tragan con la recolocación de la OPE en Primaria como si nada, permiten que la Dirección General de Recursos Humanos no renueve a un médico eventual si está de baja por enfermedad o de baja maternal…).

Desde esta nueva clase política se hace extender el mensaje (que alarmantemente cala entre la población) de que los sindicalistas son vagos y maleantes.  Han convencido a la población (pobrecitos de nosotros!!) de que a los que se encargan de representar los derechos de los trabajadores hay que anularles, dejar de darles facilidades para que desarrollen su trabajo (independientemente de que haya caraduras entre las filas sindicales, pero en todos los colectivos los hay).

El Colegio de Médicos está a punto de ser comprado por una compañía de seguros (y eso que hay algunos que me consta que luchan de verdad, como Miguel Ángel Sánchez Chillón).

La oposición política no tiene la presencia que se espera de ella (y eso que también me consta que José Manuel Freire es alguien en quien se puede confiar).

Las sociedades científicas ande andarán.

Y los profesionales…

Hay algunos compañeros que llevan luchando mucho tiempo por evitar que se haya llegado a esta situación (CAS, Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública, Plataforma de Eventuales de Atención Primaria de Madrid – grupo en Facebook - y hace menos el Grupo de Sanidad 15M). Creo que no han (hemos) conseguido mucho, pero no porque no lo hayan intentado, sino porque el gobierno de la Comunidad de Madrid es impermeable a este tipo de movimientos. Y lo es porque cuando se cuenta con un respaldo tan mayoritario en las urnas uno se arroga la legitimidad para hacer lo que le dé la gana.

Esta gente que lucha son verdaderos héroes, porque la lucha desinteresada, la lucha por el bien común, los convierte en eso.

Por otro lado están los profesionales de a pie, que nos ponemos a querer salvar el edificio cuando ya está casi en el suelo. Lo hacemos porque nos rascan el bolsillo. Hemos aceptado todo tipo de infamias y ahora salimos del cascarón, en el último momento. Estamos dispuestos a patalear un poco y a quejarnos en el pasillo, pero sin mucho a lo que renunciar. Ni tiempo ni dinero.

Adolecemos los médicos de dos graves defectos. Uno la falta de unidad. Otro es que estamos como un perro en una caseta, a veces nos rebelamos y nos enfurecemos, ladramos y saltamos, pero estamos atados por una cadena que sólo nos deja rebelarnos en un círculo delimitado por una circunferencia de radio la longitud de la cadena.

La cadena son las deudas en sus diferentes modalidades: hipoteca, coche, hijos… y demás circunstancias de la vida por supuesto legítima, pero pureta, que solemos llevar.

Al final todo es dinero. Cochino dinero. Se privatiza por dinero y no se lucha por dinero. No hay huevos a encadenar huelga tras huelga hasta que cejen en su sometimiento. Tenemos lo que nos merecemos.  

También suceden estas inconveniencias en la Sanidad Pública por el comportamiento electoral. Lo que no puede ser es que la abnegación sin condiciones de los profesionales lleve salvándole el culo a este sistema ruinoso la intemerata, ante el voto reiterado de la ciudadanía por una opción que lo ahoga. Los profesionales podemos hacer mucho, pero ni podemos ni debemos hacerlo todo. La población que usa y disfruta el sistema también tiene mucho que decir.

Hay días que soy pesimista y otros optimista. Hoy me toca el optimista.

Se ha paralizado de momento el rodillo que iba hacer a los residentes trabajar de gratis la mañana del sábado, porque se han organizado bien y convocado una huelga sin servicios mínimos, porque su status se lo permitía (lamentablemente hay que violentar al sistema si se quiere conseguir algo).

Un sindicato mayoritario y el Colegio de Médicos se unen en sus reivindicaciones. El Colegio de Médicos tradicionalmente alineado con la Consejería alza la voz. Los profesionales se van concienciando, aunque haya sido por las malas. Existe Internet. Hay redes sociales donde la información vuela. Hay perspectivas de movilizaciones.

Creamos un grupo de Jóvenes Médicos Precarios, al que te pido que te unas en este link:

Un espacio de encuentro para médicos residentes, médicos de familia y especialistas hospitalarios. Somos 180 en una semana. 2000 residentes de Madrid compartiendo información en un grupo en las redes sociales. 60.000 trabajadores sanitarios en la Comunidad de Madrid.

Se habla ya de marea blanca.

Es fundamental la unión entre todos: enfermeras, auxiliares, trabajadores sociales, fisioterapeutas, administrativos, celadores, técnicos… Todos.

No podemos dejar que toquen la Sanidad. Destruir el Sistema Sanitario Público Español es destruir nuestra propia condición. Es como si destruyéramos la Constitución. Ambos tienen mil fallos, mil incoherencias… Pero no podríamos vivir sin ambos en una sociedad que pudiera considerarse decente.

Dice Stefan Zweig en Tiempo y Mundo: El que cree realmente en las ideas no se deja desorientar por hechos particulares que parezcan refutarlas, pues un pensamiento que se comprende plenamente en su necesidad posee una fuerza irresistible de impulsión.

 Y una Sanidad Pública, de Calidad, Universal y sin injerencias de empresas privadas es tal pensamiento.

Adelante.


martes, 17 de enero de 2012

HOY HE APRENDIDO UNA NUEVA PALABRA EN EL COLEGIO: FARIÑAZO.

(que no es lo mismo que farináceo).

Algo huele a podrido en el Colegio de Médicos de Madrid.
No es un aroma, sino un hedor, lo que se puede percibir.
Yo hasta ahora conocía un mecanismo fraudulento, pero sólo lo creía posible en las macroestructuras como gobiernos, partidos políticos o empresas.
Se trata del siguiente. Una empresa persuade a un grupo de poder, léase gobierno, por ejemplo. Le dice: te pagamos la campaña electoral y cuando ganes nos lo devuelves en concesiones de proyectos públicos de tu gobierno. O también: te compramos deuda (éste es el favorito en Latinoamérica)  para que nos dejes meternos a invertir en el país y cuando estemos en él ya nos encargaremos de que sigas dependiendo de nosotros para seguir aprovechándonos de ti, y para meter a las empresas amigas nuestras en tu pobre país a explotar sus recursos naturales, sus infraestructuras, sus servicios públicos, etc. Si eres de verdad ético te matamos en un aparente accidente o si no montamos nosotros nuestro candidato y hacemos que gane para que haga lo que nosotros queramos.
Esto es lo que ha pasado, presuntamente, en el Colegio de Médicos de Madrid.
Uniteco es, presuntamente, una empresa de seguros. Les gustan por lo visto mucho los Colegios de Médicos.
Los médicos son grandes potenciales consumidores de seguros de responsabilidad civil. Y si no lo son, pues se les incluye a todos los colegiados (esto es como el bifosfonato, hay que ampliar la población diana como sea) en los “beneficios sociales” un seguro de viaje, que nunca viene mal. Si se les hace descuento en los psicotécnicos para el carnet de conducir, por qué no un seguril. Es una historia para mear y no echar gota.
Eso sí, asegurándose de cobrar una buena tarifa sobre la prima (ésta no es la de riesgo). Que la gente no sabe de estas cosas y no se entera.
Y después, hay una serie de servicios de los Colegios que te puedes apañar, como la gestión de la página web, la de la revista, catering, seguridad, derechos sobre las aulas…
Muy bien, ya tienes el plan. Es un plan muy astuto, la verdad.
Ya sólo te falta encontrar un mamporrero.
En Madrid encontraron uno muy bueno. Se trataba de Juliana Fariña. Una persona bien alineada con la lideresa de la Comunidad de Madrid y bien respaldada en las urnas por los médicos. Con el beneplácito de los electores, la verdad, las prácticas sucias resultan un poco más livianas. (No siempre las prácticas sucias son necesariamente ilegales, delictivas o imputables jurídicamente, pero sucias son).
Hizo el ridículo con las posturas frente a la Gripe A y en el Caso Lamela, el de las sedaciones, pero eso a nadie le importa ya.
Hay informaciones ya en las elecciones de 2008 que apuntaban a que Uniteco le había financiado la campaña y que la empresa había vertido, porque no hay otra palabra, informaciones falsas para desprestigiar a uno de sus oponentes, el Doctor Guillermo Sierra.
Fariña accedió al tercer mandato después de modificar los estatutos, que le impedían presentarse por tercera vez.
La influencia de Uniteco fue creciendo, presuntamente, en éste tercer mandato sobre la presidenta y probablemente sobre algunos otros de alrededor, como sostiene Carlos Amaya, otro doctor candidato de la oposición.
Guillermo Sierra llevaba alertando de que olía mal desde hacía 3 años.
Todo se enrarece con la baja médica de Juliana Fariña, durante año y medio. En ese tiempo se acaba de fraguar la presunta corruptela.
Los acontecimientos se desencadenan y la trama se deja ver la patita en Noviembre. Las siguientes elecciones se acercan (Mayo de 2012) y la empresa quiere adelantarlas para aniquilar a los demás candidatos, para que no les de tiempo a organizarse.
Quieren convocar una asamblea extraordinaria y forzar el adelanto. Se llama a los compromisarios por teléfono (hay algunos que aseguran que desde teléfonos de la propia aseguradora) para convocar la asamblea. Se les pide su localización actual para mandarles un mensajero urgente para firmar un documento con el que convocar la asamblea (se necesitan un tercio de los compromisarios). Una práctica del todo inusual y cuanto menos sospechosa.
En la asamblea, Fariña se encarga de manera firme de que no haya prensa y aparece con un “ayudante”, un letrado. Dice incoherencias y chorradas, aunque el que escribe no está seguro si lo hace adrede o no.
El auditorio y el Vicepresidente hace desalojar al letrado, entre abucheos. Aun así, conseguirá volver a entrar para cuchichear algo al oído de Fariña.
En el orden del día está el bajar un 5% la cuota, que se rechaza porque se sospecha que es una estrategia para dejar sin liquidez la institución y haya que acudir a Uniteco para rescatar el presupuesto. Es como lo de rescatar a los bancos, pero a la inversa.
Y el adelanto electoral. En la candidatura de Uniteco irían presumiblemente Jesús Lago y su mujer, Sara Vázquez, vocal. Éstos vienen a ser como Tamayo y Sáez, para que sos hagáis una idea.
Una de las cosas que más me sorprenden es que hay gente del entorno y del equipo de Fariña que con un par de huevos está defendiendo al Colegio y trabajando para que salga de este crucial momento.
Uno es el Doctor Miguel García Alarilla, Vicepresidente del Colegio. Otro es el Doctor Miguel Ángel Sánchez Chillón, Vocal de Atención Primaria.
Otra de las cosas que me ha sorprendido gratamente es que en la revista del Colegio, ésa que suele coparse de fotos de médicos del siglo XIX en traje y corbata, que juegan al golf y practican la hípica con polos de Ralph Lauren, se puede leer, en el número 137, perteneciente a Noviembre-Enero de 2011/12, un magnífico editorial que da cuenta sin ningún tipo de miramiento ni ocultación del delicado momento que el Colegio está pasando por la afrenta de la compañía de seguros en connivencia con Fariña.
Al final del Fariñazo se realizarán dos auditorías, una la convencional y otra de mano y a petición de la Junta Directiva con Alarilla a la cabeza para ver cuánto se puede demostrar de la trama urdida. Esperemos que sea mucho y se pueda encausar a la presunta malversadora.
Uniteco no es nueva en esta operación. Ya lo intentó en Valencia, donde untó a la actual presidenta para que lo fuera y ahora ésta tiene problemas para controlar la influencia de la empresa en el Colegio. También lo intentó en Sevilla, donde un trabajador de la empresa intentó sobornar al presidente y éste fue a la comisaría a ponerle una denuncia, aunque luego se retractó tras un acuerdo con el denunciado, aunque se desconocen los términos de dicho acuerdo.
A mí lo que más me molesta de todo es que Fariña, después de la Junta, presentó su dimisión aduciendo que lo hacía porque no había sido capaz de terminar con los contratos basura en la sanidad madrileña. Me molesta que se ponga de excusa un tema tan doloroso como ése para ocultar que una empresa la ha comprado y que ha vendido una institución con historia que puede hacer mucho bien por nuestro colectivo, a una empresa de seguros.
La historia es extravagante, pero cierta.
Quizá sea un claro ejemplo de lo que pasa cuando dejamos a una empresa meterse hasta la cocina.
Las empresas en la gestión del bien común, de lo público, de las instituciones, no pintan nada. Sólo responden a sus intereses.
Estamos cansados de decirlo. Pero cada vez se lleva más el modelo de degradar lo público y las instituciones para decir que no son sostenibles, que no son válidas. Se gestiona mal para decir que todo es un desastre y que una empresa lo haría mejor (eso revela la inoperancia de los que mandan, que tienen que meter a alguien de fuera a hacer el trabajo que deberían hacer ellos) y de paso llevarse el dinero de las concesiones, que las empresas lo recuperan a su vez de manos del Estado y de dar una atención lucrativa a los pacientes, a la gente. A la que siempre paga el pato.
Igual que el Colegio de Médicos de Madrid está atado de pies y manos, pronto el Servicio Madrileño de Salud lo estará también, de manos de unos secuestradores similares, si es que no lo está ya.   

martes, 10 de enero de 2012

CRISIS CONVULSIVA

En Agosto de 2011 escribí un artículo para Revista Viva, dominical del Diario Clarín, Argentina. Se trataba de ilustrar las repercusiones políticas y sociales de la crisis económica española. Lo hice en clave sanitaria.
Se publicó en el número de Nochebuena como repaso de los acontecimientos mundiales del año.
Este es el reportaje de la Revista.
Y a continuación el artículo original.
Espero que sos guste.

CRISIS CONVULSIVA
Llegó el paciente (España) moribundo a la urgencia del hospital. Boqueaba sangre como el toro de su fiesta nacional. Venía herido de muerte. En cuanto el médico de urgencias (Unión Europea) le vio la cara dijo:
- Otro que viene con la epidemia. Hay que ingresarlo, aunque quedan pocas camas.
Por fortuna no tuvieron que ir a buscarlo a casa como a otros a los que hubo que (re)animar en su propia morada (Grecia, Portugal, Irlanda). Los médicos sabían que no tenía importancia invertir dinero en el cuidado de los pacientes. Ya se encargarían los gerentes del hospital que son los que de verdad decidían el destino de los mismos (empresas y bancos) de recuperarlo (asegurándose la inversión en los países rescatados).
En el caso del paciente que nos ocupa (España) el médico se quedó estupefacto. Le conocía desde hacía tiempo porque alguna vez había ido por allí:
- Si te vi hace nada y gozabas de una salud de hierro… Te habías comprado una casa, un coche…(en cómodas cuotas). Me acuerdo de esa novia que tuviste, impresionante (EE.UU.). No te faltaba de nada.
El paciente no había advertido el contagio y había pasado el período de incubación (largo) asintomático y feliz de la vida.
 - Bueno, la verdad es que sí que me extrañaba que no ganabas tanto para cómo vivías y que eras bastante feo para aquella novia. Pero te veía tan feliz, que para qué amargarte la fiesta.
Ya en la planta de hospitalización, acudió a su cuidado el Dr. Zapatero (pseudoizquierda), su médico habitual que le llevaba tratando 8 años. Cuando se encontraron el paciente le dijo:
-          No entiendo cómo me has visto tantas veces en consulta y no te has dado cuenta de lo que me pasaba.
-          Tú te contagiaste antes de que yo fuera tu médico, cuando estabas con el Dr. Aznar.
-          Si lo sabías haberlo dicho.
-          Pensé que la enfermedad que tenías no se te iba a manifestar, o al menos mientras yo estuviera, y así tendría que ser otro el que se comiera el marrón.
El Dr. Zapatero le puso un tratamiento, que fracasó por no dirigirse contra las causas del problema.
 – Todos los médicos que conozco han puesto el mismo tratamiento a los pacientes de esta epidemia, no sé por qué te pones así… – le dijo al paciente -.
– Me da igual lo que digas, yo ya no me fío de ti, no quiero que sigas siendo mi médico.
Entonces, algunos médicos se propusieron para tratar al paciente. Uno, de la misma escuela que Zapatero, no es que fuera hijo de éste sino que era su padre. Se trataba del Dr. Rubalcaba (candidato de los socialistas a las próximas elecciones). Propuso un tratamiento que parecía algo diferente al de su hijo, pero todo el mundo sabía que comían en casa los dos del mismo puchero.
Otro, el Dr. Rajoy (derecha). El Dr. Rajoy era hijo del Dr. Aznar. El paciente recordaba bien al Dr. Aznar. Había sido su médico durante 8 años. Parecía muy gentil, muy serio y muy profesional al principio pero luego derivó en un prepotente y mentiroso. El detonante de la ruptura fue cuando le propuso entrar en un ensayo clínico por un problema que ni le iba ni le venía (guerra de Irak) que le causó serias amputaciones (atentado del 11 de marzo de 2004: 191 muertos, 1.858 heridos). Después le mintió sobre la causa de los daños (Al Qaeda) diciéndole que había sido por otra cosa que no era (ETA). El Dr. Aznar realizó algunas modificaciones en su estilo de vida (boom de la construcción, visión cortoplacista) que propició que el paciente se contagiara en aquellos años. Por tener las defensas bajas, la enfermedad actual se estaba mostrando con más virulencia en este paciente que en sus vecinos también enfermos.
Que el paciente no eligiera al Dr. Rubalcaba era fácil ya que todavía podían ver en él las cejas de su hijo. El Dr. Rajoy sabía que tenía las de ganar pues entre su barba tupida nadie reconocía ya el bigote de Aznar. Además, cuando el despropósito del Dr. Aznar el paciente se rebotó, aunque tampoco tanto (la derecha recibió diez millones de votos de 26 millones de votantes de 42 millones de llamados a las urnas en 2004). Las personas en general y cuando están enfermas en particular pierden el sentido, desvarían. Al Dr. Rajoy no le gustaba hablar mucho del tratamiento que iba a aplicar, porque su verdadera intención era que el paciente fuera rentable para el gerente del hospital (empresarios y bancos), sacando todo el beneficio posible a su debilidad y arrebatando todo lo que el paciente había conseguido a base de mucho esfuerzo y a veces hasta de sangre (educación, sanidad, jubilación, prestaciones públicas).
Nadie podía entender que un médico con las mismas ideas que el que propició el contagio fuera ahora a curarle. El paciente iba a elegir un tratamiento que iba a tener perniciosos efectos secundarios y si ahora estaba mal, después del tratamiento (plan) de choque iba a estar mucho peor. Pero de esto nadie parecía ser consciente, igual que cuando el paciente no sabía que se estaba contagiando.
Bueno, nadie no. La sorpresa de todos fue que además de estos médicos, que eran los de siempre, se le presentó al paciente una alternativa más. Un grupo de médicos en formación (Movimiento 15M, Democracia Real Ya, Indignados, Spanish Revolution) estaban tan hartos de las sucias maneras en las que se ejercía la Medicina en su hospital que decidieron ofrecer su apoyo al paciente. Le dejaron claro desde el principio que su enfermedad era muy grave y decidieron organizar unas sesiones clínicas (Asambleas de Sol) para decidir cuál podría ser el mejor tratamiento para él. Esta acción que parece tan natural y tan básica resultaba histórica, porque en la Medicina (Política) nunca nadie se había rebelado de esta manera tan apabullante frente a los que dicen que más saben.
Los médicos indignados eran diligentes, aplicados, sabían organizarse y sabían lo que decían y hacían. No eran unos cualquieras que pasaban por ahí. Aunque reconocían que la enfermedad era una desgracia (aun sabiendo que era evitable o al menos en parte) protestaban porque a su juicio, la actitud de los médicos estaba agravando aún más la situación, lo cual era algo absolutamente intolerable, de locos.
El problema de los médicos indignados era que no tenían poder legal (partido político) para tratar al paciente. Y los otros médicos lo sabían. Unos berridos y unas cacerolas argentinas no iban a hacerles levantar de su sillón. El error que cometían los médicos indignados, a juicio del narrador, era que no parecían dispuestos a participar (en la política) como médicos titulares, que sería lo que les facultaría para batallar de verdad.
Aun así, esta nueva opción representaba para el paciente una esperanza. Un ejemplo. Un orgullo. Las enfermedades no se curan con esperanza, hay que practicar cirugías o tomar pastillas. Pero la esperanza ayuda mucho a la evolución del proceso y a cómo un paciente se enfrenta a un acontecimiento vital.
Al cierre de estas palabras, los médicos clásicos habían sacado a los pasillos del hospital (calle) a los perros (policía) para ver si disuadían a los indignados de su empeño. Y como siempre hacen todo al revés, estaban consiguiendo lo contrario.
Mientras tanto el paciente espera en la habitación a ver qué pasa, acompañado de su prima (de riesgo), haciendo burbujas (inmobiliarias) en la bañera mientras sueña con paraísos (fiscales).
Continuará…