lunes, 10 de diciembre de 2012

CARTA ABIERTA A UNA ADMINISTRATIVA DE 60 AÑOS DE UN CENTRO DE SALUD.


Querida compañera:

Cuando yo era joven tenía la sensación de que la gente se fusionaba con facilidad, interactuábamos los unos con los otros de manera profunda, sincera y plena. Aprendí que nada como esa comunión marcaba en el alma huellas indelebles. 

Ahora, que a pesar de mi esfuerzo por lo contrario pertenezco al mundo de los adultos, la vida es, en general, un aburrimiento y un vacío con demasiadas preguntas y muy pocas respuestas adecuadas. 

Pero en estas dos semanas en las que hemos estado luchando en este orden: por los pacientes, por la dignidad del ser humano y por nuestro trabajo como servidores del bien ajeno, reconozco que me lo he pasado pipa. 

Es un poco miserable esta realidad, que me recuerda a la novela de «Cinco horas con Mario» en la que la narradora se jactaba de lo «divertidas» y «emocionantes» que eran las tardes de la Guerra Civil.

Pero es que es así. Me han recordado los días vividos a la precoz adolescencia, a los campamentos de verano o a las fiestas de la facultad, en los que debido a la convivencia en los primeros, al calimocho en las segundas, entrabas en comunión fraterna con tus semejantes.

Te escribo esta noche para decirte que me lo he pasado pipa a tu lado en estos días. 

Aunque soy de los que creo y defiendo con firmeza tu labor en la adecuada atención al paciente y en el correcto funcionamiento de un Centro de Salud en particular y de la Atención Primaria en general, en estos días he podido reafirmar e incluso ampliar esta convicción. 

Me ha encantado cuando te ponías en zapatillas rosas de estar en casa en los encierros del Centro. Cuando te burlabas un poco a escondidas de la figura del Coordinador en pijama. Y he disfrutado un montón escuchando a tu lado las interminables batallas de la historia del Centro de Salud, en el que llevas trabajando casi desde que lo abrieron. 

También me he emocionado al oírte cuando contabas que a pesar de que llevas 25 años ahí no habías visto una cosa igual como lo acontecido en estos días, en los que todo va tan deprisa. 

No has leído nunca a Marmot ni a Padilla, ni sabes quién es Burgueño, porque no le das a las redes sociales, pero sabes muy bien lo que está bien y lo que está mal. 

Me has hecho reír cuando contabas la anécdota de los policías locales que entraron al Centro con motivo del encierro para no sé qué, y tus alabanzas a sus torsos varoniles y a sus esculpidas figuras. Tú también has reído y yo he visto ese hueco en el lugar del segundo premolar de la arcada dentaria superior. Un hueco muy injusto y latinoamericano, que siempre sale perdiendo porque cuando se hace desaparecer con un premolar de pega no se consigue nada, sino solamente la normalidad.

Algo parecido a lo que para nosotros significa la Sanidad Pública de gestión pública: tanto luchar para volver solamente a la normalidad. A que pasen los días, uno tras otro y todo sea normal, es decir, que la gente enferme y sea bien atendida y envejezca y pueda morir con dignidad y pueda haber vivido una vida digna, sin penurias ni bancarrotas por enfermar. 

Los dientes nunca engañan, ni después de muerto.

Me parece acojonante que después de 40 años de servicio sigas con esa ilusión, y vengas hasta algunas mañanas con el pelo planchado. Me parece increíble la dedicación con la que te entregas hasta al médico suplente, cómo lo recibes con una sonrisa y cómo velas porque no le falte de nada, cómo nunca olvidas decirle dónde queda la salita por si quiere subir a tomar algo en compañía del resto del personal. 

Has visto mucho. Has tenido que aguantar a muchos médicos meapilas y sus chorradas. «Cuando llamo al control nunca me cogéis el teléfono», «no me habéis impreso la agenda», «me habéis pasado un domicilio que no me toca». Les sigues llamando de Doctor o de Doctora a pesar de los años. 

No te va a traer ningún paciente nada por Navidad y sin embargo te entregas a su causa igual que se entregan los médicos que se tienen que bajar el coche para poder subirse a casa todos los presentes en estas fechas. Sólo recibes un «llevo toda la mañana llamando y siempre está comunicando». 

Pero estas semanas ahí has estado la primera, sujetando la pancarta o coreando las consignas por el megáfono. 

No sabemos bien dónde nos llevará esta aventura y este conflicto, pero lo que sí que sé es que todo esto ha hecho a la Sanidad Pública mucho más Sanidad y mucho más Pública. Necesitábamos un baño de identidad de estas características desde hacía 25 años. Necesitábamos salir a reconocernos a la calle y a descubrirnos y a tocarnos en medio de la oscuridad, como dos amantes invidentes.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Que inspirador y a la vez que cierto. Si algo ha hecho esta lucha es unirnos y diluir las diferencias internas y externas creadas a fuerza de lucir uniforme durante tantos años. Esperemos que no sea solo una ilusión efímera, un falso oasis, en este vasto desierto. Que por fin hallamos depertado de nuestro dulce sueño de la clase media, convertidos en trabajadores, en obreros y que no se nos olvide que lo qeu no se pelea no se gana.

Anónimo dijo...

Soy administrativa, con unos cuantos años menos, pero me parece tan bonito el reconocimiento que le has hecho a tu compañera, que sólo me queda darte las GRACIAS por ese trocito que nos toca a todos los que estamos al otro lado del mostrador días tras día, defendiendo y trabajando en ésto que es de todos.Y es en momentos difíciles como éstos,cuando me siento inmensamente ORGULLOSA de trabajar en la Sanidad Pública.