lunes, 24 de diciembre de 2012

CARTA ABIERTA A UN CATEDRÁTICO EMÉRITO Y A LA REDACCIÓN DE «EL PAÍS SEMANAL»


Querido compañero y (es)timados:

Entre el anuario publicado el domingo día 23 de Diciembre de 2012 y los retratos de los personajes del año, leo con estupefacción, en la sección dedicada a ciudadanos que se han destacado, éste.

CARMEN SUÁREZ. En defensa de la sanidad pública.

La jefa de servicio de medicina interna del hospital de la Princesa ha luchado contra el cierre de este centro sanitario madrileño de titularidad pública.



Por José Manuel Ribera Casado

Cuando un residente de cualquier especialidad busque un modelo a quien parecerse, puede fijarse en Carmen Suárez. En la plenitud de su vida profesional cumple su carrera asistencial como jefa de servicio de medicina interna. Su compromiso docente la ha llevado a profesora titular y vicedecana de la Universidad Autónoma de Madrid y goza del reconocimiento en el campo de la investigación clínica. Bastaría como referencia, pero además, luchadora por aquello en lo que cree, ha coliderado la batalla por salvar su hospital ante la agresión de los responsables sanitarios de la Comunidad madrileña. Terminada –o amortiguada– la guerra por la supervivencia, ahora sabrá gestionar la paz. Dialogante y emprendedora, el reto de hacer caminar de la mano medicina interna y geriatría es un proyecto más en la trayectoria impecable de esta profesional.

José Manuel Ribera Casado es catedrático emérito de Geriatría (UCM) y académico de número de la Real Academia Nacional de Medicina. 

Vaya por delante mi absoluta consideración al hacer profesional de esta Doctora y a su excelso currículum, de sobra (re)conocido, y entiéndanse mis palabras hacia el que escribe el artículo y no hacia ella, pues cuando a uno lo encumbran la responsabilidad es del encumbrador y no del encumbrado. 

Entienda usted, Doctor, que una cosa es luchar contra el cierre del hospital en el que uno trabaja y otra muy diferente ser una heroína de una causa mucho más superlativa. Desde luego haber luchado contra el cierre del hospital es necesesario para tal reconocimiento, pero en absoluto suficiente. 

El proceso de privatización de la gestión de la Sanidad Madrileña lleva 9 años (9!!) llevándose a cabo. Yo hice la residencia en ese mismo hospital y no ví a nadie ejecutar ninguna acción ni medida en contra de este hecho, de manera «institucional», como jefes o servicios o colectivos sanitarios o demás. A nadie. 

Solamente cuando se supo que el hospital iba a desaparecer como tal o a convertirse en una cosa totalmente diferente de lo que es ahora (que es lo mismo que hacer desaparecer su esencia) estalló la considerable protesta.

Me parecería mucho más adecuado que en vez de titular «En defensa de la Sanidad Pública» se hubiera hecho «En defensa del Hospital de La Princesa». 

La defensa del Hospital de La Princesa nada tiene que ver, desgraciadamente, en los términos en los que se ha planteado, con la defensa de la Sanidad Pública.

Digo desgraciadamente, porque precisamente la intención de convertirlo en un hospital para mayores está en íntima relación con el proceso para privatizar la gestión de los hospitales. Los pacientes más mayores, que no salen rentables a las cápitas que se pagarán a los hospitales de gestión privada, serían tratados en ese hospital público que socializaría las pérdidas. 

Desde el principio se planteó la negociación con la Consejería como: hay que salvar el hospital a toda costa, lo cual es totalmente legítimo, pero no apropiado en la manera en que se llevó a cabo, en mi opinión. 

Comencemos por decir que la comisión que concurrió a la negociación fue, según mi parecer, más a suplicar a la Consejería que a defender los intereses de todos los que le dieron la legitimidad para representar al hospital. No ejerció resistencia, sino servidumbre.

Salvar el hospital se convirtió en salvar la docencia, el servicio de urgencias y ciertos servicios (todos los de los jefes de servicio que formaban parte del comité negociador por supuesto). Salvar el hospital no significó salvar a los trabajadores, nada se ha dicho de eso. Ni en qué condiciones se van a quedar los que se queden. Veremos qué es lo que pasa a partir del 31 de Diciembre. Tampoco se habló de otros servicios que tienen toda la pinta de desaparecer o de transformarse de un modo en el que perderán completamente su esencia. Veremos también qué es lo que pasa en este aspecto. 

El Comité negociador de La Princesa aceptó que, habiéndosele encomendado el desarrollo de 29 nuevas líneas de atención a mayores, no sólo no se le aumentara el presupuesto, ya que según lo que nos quieren hacer ver todo va a seguir igual más ese trabajo suplementario, sino que se le disminuyera en 20 millones de euros (5 más de lo previsto inicialmente). Además de acontecer una disminución del presupuesto, el tanto por ciento en que se reduce el dinero en La Princesa es mayor que el tanto por ciento de reducción en otros hospitales de gestión pública. 

Ójala me equivoque, pero con los números en la mano (y a diferencia de las palabras los presupuestos nunca mienten y nunca se los lleva el viento) da la impresión que se va a preparar una escabechina del copón. 

Después de este proceso da la sensación de que el hospital por el que tanta gente se movilizó no ha querido saber nada más de la película (me refiero institucionalmente, no individualmente) y se ha sumido en el más absoluto silencio ante el «fin» de la batalla a pesar de la continuidad de la guerra.

Es decir, que el Hospital de La Princesa como institución no estuvo ni antes ni después de que peligrara, en defensa activa de la Sanidad Pública, sino como apunta usted en el texto por «la guerra por la supervivencia». La propia. Cuando digo defender la Sanidad Pública, por si no queda claro, me refiero a actos, no a palabras. Todo el mundo defiende la Sanidad Pública con palabras, pero no todos (afortunadamente cada vez menos) con actos. 

Esta realidad que relato es una pena, sobre todo en un momento en que el colectivo sanitario (por fin) nos hemos unido y hemos dejado de mirar lo propio para defender lo colectivo. 

Muy ilustrativo de lo que expongo es que algunos médicos residentes de este hospital recibieron presiones (más o menos explícitas) por parte de sus responsables para que no secundaran la huelga que se convocaba tras las negociaciones de La Princesa, con por ejemplo amenazas tales como «el que la secunde que se atenga a las consecuencias».

Quedo boquiabierto, Doctor, cuando usted afirma eso de: «Terminada –o amortiguada– la guerra por la supervivencia, ahora sabrá gestionar la paz». ¿A qué paz se refiere? Si nunca ha habido una guerra tan fraticida en la historia del Sistema Sanitario Español como la que se está librando ahora en Madrid, Señor. 

Entiendo que en medio del momento y de este proceso de lucha, de «todos a una», no es del todo conveniente ponerse a discutir quién debe colgarse la medallita. Pero una cosa es una cosa y otra es tomarnos el pelo (si no usted que creo escribe por cercanía y afecto a la Doctora, el que lo publica) y faltar a la verdad y a la realidad de una manera tan descarada. 

Es realmente una pena que una médico tan excepcional como la Doctora Suárez y como algunos otros no puedan ser protagonistas en los medios solamente por su actividad diaria, como una de las personalidades destacadas del año. Pero es así. Eso no es razón para presentar a las personas como lo que no son. Debería suceder también que la mejor manera de defender la Sanidad Pública es ir cada día a nuestros centros de trabajo a cumplir con nuestra obligación y hacer bien lo que mejor sabemos hacer, que es atender a nuestros pacientes. Pero desgraciadamente, en este momento, tampoco eso es suficiente. Es necesario algo más. 

Aunque son bien conocidas las distancias de los grandes medios con la realidad, no comprendo como un magazine de tanto prestigio y pasado (aunque no presente, en mi opinión) tan glorioso como «El País Semanal» ofrece a sus lectores una instantánea tan alejada de la verdadera realidad. 

Conozco a muchas, muchísimas personas que sí que se merecen estar en ese pedestal de papel brillante de dominical, como personajes del año en defensa de la Sanidad Pública. Personas que llevan mucho tiempo trabajando en la causa, dejándose la piel. Algunas la vida, otras la juventud, otras la jubilación, la madurez, e incluso la salud. 

Les hubiera encantado verse ahí, creo. A mí también me hubiera gustado mucho. 


1 comentario:

Luis Sierra dijo...

La privatización de la Sanidad No es una lucha singular entre titanes sanitarios. Hay una serie de actuaciones que comienzan hace más de 20 años y que culminan ahora, en este tiempo no ha habido una respuesta de la población proporcional a la potencial agresión que iba a sufrir, pero tampoco los profesionales han mostrado especial interés en el tema hasta que han visto que su trabajo, excelente y estimado por todos, está serio peligro de ser hecho pedazos. Lamentablemente sí, una vez más se cumplió la historia de "¡que viene el lobo!", el lobo ha llegado, pero en este momento no se trata de buscar héroes ni protagonistas. Si la población continúa asumiendo esta situación como un conflicto sanitario y no como un ataque abierto a su salud y su cartera, podemos despedirnos.