lunes, 15 de octubre de 2012

LA UÑA


Cada vez que venía el paciente, no podía dejar de mirarle la uña.

Tenía una uñarra, en el primer dedo de la mano derecha. 

Yo había visto uñas similares, pero en el quinto dedo. Es una cosa muy de quinquis y de obreros. 

Los quinquis la usan para tocar la guitarra española y para arañar la piedra de jachís. 

Los obreros para hurgarse la nariz. Lo sé porque mi padre tenía una y todos sus compañeros de trabajo también. 

Un día, explorando al paciente a ver si tenía acropaquias, le pregunté por la naturaleza de aquella uña. 

-  Me la dejo para partir bien el Sinemet – me dijo-. 

Revisé sus prescripciones y vi que tomaba tres cuartos de Sinemet, 5 veces al día. 

-  Ah, claro... - le dije-, ¿se parte mal, eh?

Una de las cosas más valiosas que aprendí el primer año de residencia es que para ser (o para parecer, que era lo que importaba en ese momento) buen médico había que saber mentir bien. Saber mentir, en el sentido de saber disimular bien ante el paciente que no sabes algo. 

Yo en mi vida había visto un Sinemet. No sabía si se partía bien o mal. Como me daba vergüenza reconocerlo ante el paciente y me picaba la curiosidad, me hice una receta a mi nombre y me saqué un envase pequeño de la farmacia. 

Efectivamente, no era fácil partir la pastilla. Me dejé crecer la uña del primer dedo de la mano derecha un par de semanas y comencé a partirlo con facilidad. 

Desde entonces me dejo esa uña no muy larga, pero la dejo crecer más a capricho que antes, porque no se sabe lo que se puede necesitar un día, farmacológicamente hablando. 

Después de este episodio, comencé a interesarme por algunos aspectos prácticos de esta índole. 

¿Cómo saber cuando mandas medio comprimido cada 12 horas si el paciente podrá partir bien o no la pastilla? ¿Cómo saber si las pastillas de un determinado fármaco o de una marca vienen ranuradas? Si el paciente parte la pastilla a la mitad, ¿habrá 50% del fármaco en una mitad y 50 en otra? Esto parece evidente, pero ¿es así de verdad?

Me llevé una gran sorpresa cuando de toda la vida se había mandado “medio comprimido de Metformina” y una vez que vi una pastilla pude comprobar que ni ranura ni hostias; que es como un mazacote de cemento que debes partir con el cuchillo de muy malas maneras. 

Todo esto, a su vez, me llevó a pensar lo lejos que estamos de los pacientes desde nuestro trono. Me paso todo el día dando lecciones y diciendo lo que hay que hacer y lo que no, pero en mi puta vida he hecho un turbuhaller, ni una cápsula para inhalación, ni un accuhaler, ni un optiset, ni un solostar, ni una pluma precargada, ni sé si lleva agujas del 7 o del 8, ni cómo se mete la aguja, ni si es mejor un flexpen que otra cosa, ni si el sabor amargo de no sé qué fármaco es tan amargo como dicen, ni si tanto marea el Tramadol que a todo cristo le sienta mal, o si con medio parche de 35 de Buprenorfina te pones a morir. Nunca en mi vida he visto un manguito de brazo de mastectomizada, ni he metido un hombro todavía. Nunca he intubado a un vivo, ni he dado un choque eléctrico a naide.

Esta es la distancia médico-paciente, que es una cosa que supongo que se va acortando con los años a medida que le das más vueltas a las patologías que se ven en Atención Primaria.


2 comentarios:

Pilar Terceño dijo...

No puedo sentirme más identificada con esos pensamientos, que son de mi día a día.
Decía Susana Rodríguez, sin @ porque no tiene Twitter, ponente en otro taller del Congreso #samfycsevilla12 sobre polimedicación en el anciano, que "ser paciente es un trabajo". Media vida bregando con "una pastillita blanca, entrelarga, con una rayita en medio", y seguimos sin enterarnos cuál es.

kinito dijo...

El tiempo que trabajé con pacientes pediátricos, (primero en la puerta de Urgencias, y posteriormente cubriendo un cupo de pediatría), una de las cosas que trataba de hacer era probar casi todos los medicamentos pediátricos y sus diversas formulaciones/marcas; con idea de saber a qué sabían y qué textura tenían... (corticoides, antitermicos y antibióticos, pero a veces también sueros de rehidratación oral) con idea de prescribir en la medida de lo posible en función de los gustos y posibilidades del niño...

COn los adultos imposible por lo abrumador de la variedad (has probado a contar el número de Omeprazoles que existen?) y porque creo que no tan necesario si el paciente tiene al menos 12-13 años... Sí que intenté al principio conocer qué marca era ranurada y cual no, al final me limité a solicitarlo en "anotaciones al farmcéutico"