martes, 2 de octubre de 2012

LA MEDALLITA GRABADA


Siempre me han fascinado esas cadenitas que acaban en una medallita con una cara humana, y que algunas personas llevan colgadas al cuello. 



Siempre me había llamado la atención que solía ver algunas en la consulta, pero no en la calle. Reparé en que en la calle no suelo estar tan cerca de la pechera de nadie como cuando me acerco a palpar unas adenopatías o a auscultar el foco aórtico. 

En primer lugar, por tradición o vaya usted a saber por qué, no podía dejar de pensar que la persona grabada a fuego en el metal estaba fallecida. 



Esto ya establecía una relación singular con la persona portadora y con la persona grabada. Me solía infligir compasión la situación. Tanto es así que en ocasiones he pensado en hacerme yo una con la cara de alguien, para cuando quiera ganarme la indulgencia de un tercero en cualquier asunto problemático en mi contra. 

Imagínese que un día, yo que sé, hago unas recetas con otra fecha o se me olvida pedir una hemoglobina glicosilada en la analítica a un diabético... pues en un golpe de mano, me suelto un botón de la camisa (llevo camisa ahora para ir a trabajar – otro  paso hacia la edad adulta-), enseño un poco la pechera y digo: 

- Oiga, que yo llevo medallita grabada, apiádese de mí. 

Pensándolo bien, no tiene por qué haber muerto la persona grabada, aunque la posibilidad siempre sobrevuela. Los factores de riesgo para llevar una medallita grabada son ser mujer y ser de clase un poco baja. De estas mujeres que si les tocas la región pretibial para ver si tienen edemas que dejan fóvea, siempre se quejan mucho. 

Puede suceder que la persona retratada en la medalla sea muy joven, con lo que la piedad aparece más fácilmente, pensando en una muerte traumática o trágica.


La verdad es que las impresiones están de puta madre conseguidas, y reflejan al 100% el careto del retratado. 

A mí, personalmente, me enternece ese gesto de hacerse la medalla y llevarla. Es un gesto de amor y de desgarro que es difícilmente superable. Estas medallitas son a las marujas lo que los tatuajes con el nombre de la novia con letras macarráquicas son a los quinquilleros. 

Lotro día me dije a mí mismo que no podía morirme sin verme retratado en una medallita. De muerto a lo mejor alguien se la hacía, pero yo ya no la vería. Y me producía mucha curiosidad saber cómo quedaría, así que me hice una. 

Quedó muy bien, la verdad, y a mi madre le hizo mucha gracia. Como es un poco maruja también, decía que se la iba a poner, que así podría ir presumiendo por la calle de su hijo. Yo temía que la gente me empezara a dar por muerto y vete tú a saber, que a lo mejor me dejaran de llamar de la Bolsa por este hecho luctuoso. 

Lotro día se quedó mi madre sin Orfidal (dice que soy yo el que la pone de los nervios), era domingo y yo no tenía recetas. El farmacéutico que estaba de guardia es un poco cabrón y no se estira nada. Lo sé porque me lo dicen los pacientes. 

Le dije: llévate esa blusa sin cuello y ponte la medalla.

Oye, mano de santo. Le dio las pastillas sin rechistar. 

4 comentarios:

EL RATÓN dijo...

y cual es el problema?
que vas de progre?

Cronopia dijo...

Yo no sé si acá en Argentina las harán , quiero una con la cara de mi padre y si falleció, me parece de lo más tierno a mi también este tipo de cosas.


Te mando un beso desde Argentina, son las dos de la mañana y me acorde de tu blog seguro te mando un e-mail.

Anónimo dijo...

YO LAS GRABO LAS MEDALLAS Y QUEDAN MUY BONITAS. EL GRABADO ESTA EN $120 Y LA MEDALLA PUEDE SER DE ACERO, PLATA U ORO. ARTICULOS DE LOS QUE TAMBIEN DISPONEMOS EN TODOS LOS MODELOS Y PRECIOS. SILVANA, DE ROSARIO 0341-156-610613

Anónimo dijo...

En uruguay hacen?