lunes, 22 de octubre de 2012

CARTA ABIERTA A UN JOVEN MÉDICO DE FAMILIA ERRANTE

Los Centros de Salud son como las chicas. 
- Nos encantas, volveremos a llamarte.
Pero nunca llaman.
(Llo)

Querido compañero:

Si quisiera mandarte esta carta a un destino en concreto no podría, porque no tienes residencia fija, aunque te pasaste cuatro años haciendo la “residencia”.
Cuando te preguntan en algún sitio cuál es tu centro de trabajo titubeas, para decir a continuación que hoy estás aquí, mañana allá y pasado no sabes dónde vas a estar. 

Todo el mundo te dice que eres afortunado, porque al menos tienes trabajo, que qué vas a hacer, que no están las cosas para quejarse. Tú asientes y de tanto que te lo repiten hasta has empezado a creértelo tú mismo.

Vas por ahí, siempre solo, con tu maletín a cuestas. Un maletín lleno de libros que no puedes dejar en tu consulta porque no tienes, con la bata que no puedes dejar en una percha porque no tienes, con las recetas y el sello siempre encima porque no tienes llave de la taquilla ni taquilla alguna.

Surcas las calles con preocupaciones nimias en la cabeza, como dónde dejará la médico a la que sustituyes las mamografías y las citologías, si tendrán fluoresceína en el carro, si habrá lubricante (he descubierto que se moja el dedo con un poco en agua y que entra por el culo que da (hasta) gusto), si irá el ordenador (o si habrá), si irá la impresora...

Te vas preguntando que qué será de ese paciente al que probablemente no vayas a volver a ver... Si le habrás quemado bien la verruga, si le dejará cicatriz la sutura, si efectivamente será hipotiroideo, si lo de haber pensado en una celiaquía era una flipada de sustituto o realmente diste en clavo...

Pasas por el mostrador con la excusa de preguntar dónde están los baños de personal, a ver si te dan un poco de conversación. 

Siempre te pregunta el paciente si la titular de la plaza está enferma, si tiene unos días de vacaciones (hay unos que te dicen que se las merece, otros que siempre está de vacaciones) y tú siempre contestas lo mismo, que tiene unos días... pero no sabes si se le ha muerto el perro o ha pedido un día de mudanza o tiene una apindicitis.

Andas que no sabes por dónde te viene el viento. A veces te invitan a que subas a la salita a tomar un café, pero tú no conoces a nadie, y probablemente no vayas a volver al centro... ¿qué haces? Casi siempre optas por pasar un informe pendiente, hacer unas recetas de crónicos, repasarte la historia de algún paciente.

Con un poco de suerte te toca una enfermera sustituta y lloráis un poco las penas juntos.

No tienes vacaciones, puentes, no cotizas adecuadamente a la Seguridad Social, te hacen pasar la consulta saliente de guardia haciendo valer la triquiñuela y la necesidad. 

Y así día tras día, afrontando la deslocalización del médico de familia. Yendo a donde está el trabajo, sabiendo que dura 2,3,4,5,6,9,12 días (casi) siempre sin pagarte el fin de semana. 
Preguntándote cómo habrás de ir a pasar la consulta a tomar por culo de donde vives. 

¿Lo dejas escapar? ¿Te volverán a llamar si lo haces? Allá que vas, cueste lo que cueste. Comienzas a hacer lo que sea. Te quedas en hostales y pensiones baratas, donde conoces a gente aún más solitaria y más perdida que tú. Comes en garitos de medio pelo, donde compartes tiempo y espacio con hombres mal afeitados porque lo perdieron todo, que miran la tele en silencio mientras comen un menú del día regado con vinacho de mesa con Casera.

Te has convertido sin darte cuenta en el Roberto Bolaño de la Medicina. 

El mundo de trabajar es muy aburrido. Un Centro de Salud es un conjunto de puertas con un espectro detrás de cada una. La vida te ha moldeado en esa condición. Primero la carrera, luego la residencia, después la profesión. Tú solo, con tus historias en la cabeza. 

Nadie hace nunca una broma buena, nunca te descojonas en el trabajo, todo son absurdas formalidades y gilipolleces. Llevar una patética camisa. Oiga usted, mire usted, pase usted, siéntese usted.

Llegas a casa derrotado. Ves cómo se derrumba la sanidad pública delante de tus ojos. Unos días más deprisa, otros más lentamente. Pero tú te ves enfrente del paciente y te ves fuerte, porque sabes que mientras estés tú y tu cabeza se puede hacer Medicina.

Otros días te tiras en la cama según llegas y no levantas cabeza. Te comes unos turulos de york con un plátano y te vas a la cama. Estás tan jodido que un día de éstos te apuntas a un grupo Balint. El alcohólicos anónimos de la Midicina. 

Miras a tu alrededor y de tus compañeros de fatigas (crónicas) quedáis ya pocos siendo verdaderos médicos de familia, y eso que sólo han pasado un par de años desde que acabaste la residencia.

Algo falla cuando hasta las más excelsas vocaciones pasaron de pasar la consulta.

No sabes si por seguir asido al barco eres un héroe o un gelipollas.

Soportas las consecuencias de la dedocracia porque no tienes padrino y porque no eres un lameculos, y en muy escasas ocasiones te beneficias de ella, eso también. 

Piensas para poder seguir que a lo mejor en el momento de llegar a casa algún paciente sintió que habías sido un buen médico para él, que te habías entregado a la causa de ayudarle y en medio del silencio y de la noche se sintió agradecido hacia ti y afortunado de haberse encontrado contigo esa tarde en la consulta. 

A lo mejor es mentira, pero de ilusión también se vive. 

13 comentarios:

Rafa dijo...

Que razon tienes amigo, que razon...uno que abandono el barco de manera transitoria aunque duda volver o quedar

Angie dijo...

Pufff, qué grandes y tristes verdades... desgraciadamente somos muchos los que andamos así por el mundo... primero ilusionados, después desalentados, más tarde resignados, y ahora, no sé.... y eso que "sólo hace 3 años" que terminé la que para mí era la más grande de todas las especialidades.... ánimo a todos los compañeros....

Juan Gérvas dijo...

Sólo la verdad nos hace libres, y grandes verdades libertarios. Grande es el que escribe de sí mismo sin miedo a la imagen que refleja y refleja a los que ni se ven en el espejo ni escriben.
Libertario y grande eres Roberto, no cejes.
Reflejas la verdad como un aullido y sin dejar de galopar algún día tu rugido será bandera de los desesperados, de los honrados.
Sigue utilizando la palabra como munición y dispara como una ametralladora inagotable.
Mientras viva te leeré como consuelo, como esperanza viva ante un presenta muerto, a veces.

Juan F. Jimenez dijo...

Muy bueno Roberto, es un placer leerte, como siempre nos ofreces una visión hiperrealista y poética de la realidad.
Por desgracia, la dramática realidad de la denominada “atención primaria” se manifiesta más crudamente sobre los compañeros más valiosos: los más jóvenes, que partís con toda la ilusión y los veteranos, que cuentan con toda la experiencia.
Para unos y otros, es prácticamente imposible trabajar como médicos, hoy en dia en nuestro pais, ni tampoco en condiciones mismamente dignas, entre otras razones por las condiciones infrahumas e ILEGALES en que se desarrolla el trabajo y la sobreexplotación laboral.
Pero quizás lo importante es no caer en la resignación y saber que esta batalla la vamos a ganar, no solo quejándonos sino también actuando.

Mercedes Pérez Fernández dijo...

Me has hecho llorar Roberto,me has conmovido hasta el llanto que no se cómo parar...
Yo lo tuve mejor, pero me has hecho revivir situaciones que tenía en carne viva y no lo sabía...
Eres un gran "escribidor" y un gran comunicador, y sobre todo sincero hasta el tuétano...
No dudes, con tu forma de trabajar dejas un rastro de paz y bien entre los pacientes...
Eres muy importante...
Te quiere Mercedes

VBV dijo...

Enhorabuena por el texto. Un pésame por la realidad.
Saludos

June dijo...

Grande, una vez mas. Eskerrik asko.

Jose Martin dijo...

Bienvenido a la "cofradia del santo reproche" cuya única canción conocida es "llorar y llorar".
Te darás cuenta que estas dentro, cuando seas jaleado por los mas veteranos, cada vez que la cantas.

Raúl Calvo dijo...

Si Roberto, pero no del todo. Me explico.
Durante varios años, antes de hacer la residencia y después de ella, hasta que conseguí la primera interinidad, lleve una vida muy parecida a la que describes, aunque la recuerdo aún más dura, pues existía una enorme bolsa de médicos en paro, y tenía que ir a las consultas de los médicos rurales a suplicar que compartieran sus vacaciones entre el suplente habitual y el novato que quería meter la cabeza por allí como pudiera. Sitios donde aún no había centros de salud, dormías en las guardias encima de la camilla del consultorio y solito, porque el enfermero era del pueblo y se iba a su casa a las 5 de la tarde ( eso si, te dejaba el teléfono por sí le necesitabas). Miedo, de verdad.
Años después, jubilaciones, consolidaciones y por fin, oposiciones, se comieron la famosa bolsa. El suplente se convirtió en la diva que no quería venir a nuestro centro porque pilla un poco lejos de Madrid o Toledo (35 km), o, voy pero no a la consulta de fulano, que es muy dura, o vale, pero me tengo que ir todos los días a la 1 y media que paso consulta en una privada, o ....
Recuerdo la lista con 20 nombres y teléfonos que repasaba una y otra vez, y mis llamadas un tanto avergonzadas, mis ofertas tipo agencia de viajes de tercera: elige consulta, si tienes que llegar tarde, tranquilo, te cubrimos, si tienes que irte antes, no pasa nada. Que no tienes coche, te llevamos a los avisos. Que en medio del mes necesitas 4 o 5 días para irte a la playa, no pasa nada, ya veremos a ver como lo arreglamos.
Recuerdo mi centro de salud como una asamblea de la ONU, mil y una nacionalidades diversas, en ocasiones con el nivel justo de español, y las consultas vaciándose porque los pacientes no entienden al suplente.
No hace tanto de esta situación, Roberto.
Cuando en Semana Santa cerraba las sustituciones de verano, sabía que, inevitablemente, en junio alguien me dejaría colgado por una consulta más cerca, o una urbana, o una que no tenía guardia, o .... Cualquier motivo. Y cuando se terminaba el periodo de vacaciones, mi suspiro de alivio se notaba en las cumbres del Himalaya.
Siempre quise ser justo con los sustitutos, ofrecerles sustituciones agrupadas que les dieran cierta continuidad, integrales en el equipo, sesiones clínicas, comidas, reuniones, etc. Soñaba con un pool de médicos, enfermeros y administrativos que trabajaran durante años en los mismos centros, para que la población les reconociera como parte integrante del equipo, y las ausencias de los titulares no se convirtieran en esas consultas de recetas y catarros y poco más, tan frustrantes para profesionales tan sobradamente preparados.
Puede que este sueño se haga algún día, el mismo en que las ranas críen pelo, realidad, y esa etapa de sustituto por la que todos pasamos, sea al fin, digna y reconfortante

MªÁngeles Carrasco dijo...

Roberto, de mentira nada.
Me encanta tu carta. Soy enfermera y cuando he trabajado en primaría, he sentido más que nunca esa situación.
Además, sientes que hay tantas cosas malas, por hacer bien...pero que "son así porque siempre se han hecho así..." En el hospital, cuando cada verano te meten en un retén y no sabes a qué servicio vas también me siento un poco así, pero sinceramente me gusta tanto mi profesión que me consuela eso que dices. Los pacientes.
Te puedo asegurar como enfermera y como paciente, que las personas, valoramos a los médicos y no a las plazas.
Médico no es para mi aquel que tiene el título, sino aquel que mira más allá de las enfermedades. Puedo leerte y sé que tu eres un pedazo de médico seguro y me encanta saber que algún día todo esfuerzo tendrá su recompensa y estarás donde te mereces.
Yo me cambio en los servicios más cochambrosos del hospital pero cuando acabo el día y al día siguiente si caigo de nuevo en esa planta la gente se sabe mi nombre, me llena más que el tener taquilla.
No se te olvide que el médico, ese pedazo de médico que siento por lo que leo que eres, siempre va contigo.
Te escribo porque a veces, es necesario leer lo que es uno, para recordarlo.
Te aseguro que ese al que vas un día, se acuerda de ti. Posiblemennte tu también le preguntaste su nombre al entrar en casa. Quizás es una diferencia notable. Y en cuando a mi, trabajo mucho mejor, con "los pasantes" que con "don pepe..."
Un besito. Nunca tires la toalla. El mundo necesita personas que amen lo que hacen.

Cronopia dijo...

ya sé que suena exagerado pero me gusta mucho como escribís , sobretodo me gustaron este y el de la uña. Me hace acordar a una pastilla que tomaba yo que era imposible de partir salvo con un cuchillo jaja.

Dersu Uzala dijo...

Enhorabuena Roberto. Describes la realidad de la situación como pocos. Poco más se puede añadir más que animarte a seguir luchando. Lo que haces es más importante de lo que crees. Aunque sí me gustaría decirte que puede que un día abandones esta batalla tan desequilibrada. Si eso ocurre, no te castigues. Ya has hecho mucho más que la mayoría. Lo habrás intentado con todas tus fuerzas y tu tiempo, pero no te exijas ser un mártir porque quizás no merezca la pena...

Daniel Aldana dijo...

Me gustaria saber quel ciclo de calidad es como la base para el circulo de aquellos t/emas de que somos parte de esta. Que Es importante la lectura sobre el mundo empresarial.oEl enriqkuecerns con estas historias es importante por que el mundo camba y asi debemos mejorari