jueves, 6 de septiembre de 2012

CARTA ABIERTA A UN MÉDICO DE FAMILIA SOLITARIO


¿Eres solitario porque eres médico de familia? ¿O eres médico de familia porque eres solitario? Llo.


Querido amigo:

Te he visto muchas veces en muchos sitios, aunque tú no me conozcas y nunca me haya atrevido a decirte nada, hasta hoy.

Desprendes seguridad, experiencia y madurez allá por donde pasas, demostrando continuamente que eres un perro viejo y que te las sabes todas, aparte de que los hechos demuestran que eres una persona inteligente y posees una visión acertada en cada uno de los problemas a los que te enfrentas, tanto en la consulta como fuera de la misma. Pero también posees una tristeza que no puedes con ella y que lastra cada una de tus acciones. Ése es el atributo que me emplaza a escribirte esta noche. 

Tienes unos 50, más menos 5 años, y perteneces una generación encerrada, en lo referente a su relación con la especialidad de Medicina Familiar y Comunitaria, en unos debates que me superan, pues cuando sucedían la gran parte de guerras a las que haces referencia con insistencia, yo o no había nacido aún o casi casi.

Yo no sé nada de las igualas, de los médicos de APD, de los médicos de cupo, de la ley de Incompatibilidades, de la Carrera Profesional, de Estatutarios, Laborales o Funcionarios, de la creación de los ambulatorios ni de la creación de los Centros de Salud.

Esos temas a mí me importan un pimiento, al igual que la figura y enseñanzas de tu abuelo ya están difuminadas en ti y acabarán por diluirse completamente en la generación de tus hijos, si no en la de tus nietos.

Yo he crecido ya con la historia clínica, con el cupo y con la tarjeta sanitaria, y no puedo entender en su plenitud la importancia de estos conceptos, por este motivo. 

Te veo, amigo, decepcionado. No puedes dejar de mostrar tu insatisfacción acerca de que las cosas en esta profesión no son como te gustarían. Ya has luchado mucho y has comprobado para qué sirven las luchas y para qué no. Ya sé que no te pueden venir a ti hablando ahora de luchas. Ya has estado en muchas guerras.

No obstante, aunque pienses que nada se ha conseguido, creo que no te das cuenta de todo lo que se ha avanzado en estos años en los que llevas ejerciendo, si lo miras con perspectiva.
Podríamos enumerar los logros, pero no me apetece, porque ésta no es una carta técnica, sino sentimental.

Muchas de estas victorias, probablemente, se hayan conseguido a base de la lucha soterrada y del estado de opinión que han creado profesionales como tú, aunque no lo veas así. 

El caso es que te veo por ahí, mirando por encima de las gafas y con recelo la pantalla del ordenador, acordándote de cuando escribías en la historia clínica de papel. Ahí estás, con tu camisa de cuadros bien metida por debajo de los pantalones chinos o con tu blusa (en el caso de las mujeres) por debajo de tu pantalón tejano de colores. 

Has aguantado muchos años en un sistema que probablemente te haya maltratado, que nunca se ha preocupado de estimularte lo más mínimo, y has visto cómo la empresa te hacía cada vez menos caso y cada vez importabas menos para ella. Has visto cómo la Medicina, que era una ilustre ciencia, ha devenido en un producto de mercado más.

Piensas si después de toda una vida dedicado a la Medicina General habrá valido la pena. La mayoría de días piensas que no, pero otros sigues pensando que sí. 

A veces te se acerca una madre en la escalera y te dice que su chaval quiere estudiar Midicina, que a ver si le dejas un cráneo para mirar (todos los médicos tienen en casa un cráneo) y a ti lo que se te viene al cráneo es coger al chaval a solas, para disuadirlo de esa locura que está a punto de emprender (“va a ir de cráneo”, piensas).

Miras a tus hijos, bien situados. Los has llevado a colegios de pago. Tienes una segunda vivienda para los fines de semana o las vacaciones. Has ascendido de clase social, no hay lugar a dudas. 

También es cierto que te has deslomado a trabajar. Llevas cotizados la intemerata de años. 

A veces te veo, en los congresos, en las jornadas, que te suele pagar la Industria Farmacéutica, solo, en el catering, mirando el móvil como para disimular, apoyado en la pared para pasar desapercibido. Solamente te acercas un poco cuando pasa el camarero con los canapés. Te gusta mucho el café con leche. Sueles llevar maletines o carteras de bandolera del paleolítico, de las de piel negra o marrón, que no se llevan ni en el mango. 

También te encanta llevar este artilugio prehistórico, que aloja el teléfono móvil bien agarrado al cinto.



A veces he pensado en acercarme a ti, y decirte, yo qué sé: Hola, qué tal... ¿Eres médico de familia? ¿Eres de Madrid? ¿Dónde trabajas? ¿Conoces a fulanito, que estaba de interino en tu centro pero que lo desplazaron en la última OPE? Lo típico que se le dice a una tía en una discoteca, pero adaptado a la Atención Primaria. 

Pero no me he atrevido nunca. Primero, porque tú ya estás ya cansado de hacer estas relaciones profesionales que te aportan más bien poco. Segundo, porque me expongo a que me cuentes alguna batalla, que te encanta hacerlo. Y tercero, porque el recambio de la especialidad, las nuevas generaciones, te importan más bien poco, quizá porque ya hayas dejado de creer en ella.

El discurso farmacrítico te suena a chino, ya que los representantes son las personas más agradables con las que te relacionas en toda la mañana, y de las pocas que aparentan con una cierta credibilidad hacerte caso. Aunque ya te digo yo que es solamente una pose. 

No es que tengas mala relación con la gente del Centro de Salud, y aunque hay un par de personas con las que te llevas bien y de vez en cuando vas al bar de al lado a tomar algo o a desayunar, tampoco es que tengas mucha relación con los compañeros y con el resto del personal.

Tienes una vida que se ha ido acomodando con el tiempo a las rigideces de tu profesión. Te mueves socialmente entre la importancia de ser médico y la invisibilidad de ser médico de familia. 

Querido compañero. Te he escrito esto solamente para decirte gracias. La Atención Primaria no la construyen los grandes ideólogos ni los audaces blogueros, sino los profesionales de trinchera como tú que se llevan levantando 40 años a las 6 y media de la mañana. Has construido esta especialidad y has hecho todo lo que has podido por mejorarla y por luchar por ella. 

Te has dejado la piel en la consulta y has luchado por los pacientes. Muchas de las veces, defendiéndolos de las injusticias de los gestores de turno que por allí pasaban.  
Es hora de que una nueva generación te coja el relevo y tenga en cuenta tu trabajo.

Nunca nadie te ha dado las gracias por nada.

Yo hoy te escribo para dártelas. 

Muchas gracias compañero.


4 comentarios:

Lilián dijo...

Me gusta, Rober, tu manera de hacer un retrato a ese médico anónimo al que hay que agradecer. Una estampa, una semblanza poética a ese desconocido, pero que lleva implícita una crítica global al sistema de salud actual.

Manuel Comesaña dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Manuel Comesaña dijo...

Rober, cronológicamente pertenezco a ese grupo de médicos que tan bien describes. Sin embargo, me desmarco de ellos en un matiz fundamental: no llevo el móvil en la tan obsoleta como ridícula funda del cinto. Lo suelo dejar descuidadamente encima de la mesa y si viene conmigo como el Vademecum, lo meto en el bolsillo interior de la chaqueta, cerca del corazón, o en uno de los bolsillos de los pantalones, cerca pues de las partes pudendas. Así recibo los benéficos megateslas. Los que llegan al corazón, sirven para que me siga enamorando todos los días. Y los que llegan a salva sea la parte sirven para que me permita pasarme por ellas las múltiples disposiciones, carteras de servicio, contratos programas y demás parafernalia e incluso a algun que otro personajillo que, de vez en cuando, tiene a bien pasarse por el Centro de Salud.

Eso sí, aunque sociable y creo que aun amigable, soy adicto a la soledad. Me lo enseñó el que fuera uno de mis maestros, Sinuhé el Egipcio, que terminó sus memorias con aquello de "esto es lo que escribió Sinuhé que vivió solitario todos los días de su vida"
Un abrazo.

P.S. Perdón por la supresión del comentario anterior. Decía lo mismo que en éste pero se ve que le di al lugar inadecuado de la pantalla del iPad. Cosas de la vehemencia senil.

Juan F. Jimenez dijo...

Bonito retrato entrañable y poético de los médicos de una generación en España, los que nos encuadramos dentro de esa "franja horaria" nos podemos sentir identificados con muchas de las cosas expuestas.
Aunque como es lógico no tanto con otras pues dependen de las singularidades de cada uno, personalmente creo que la atención de muchos compañeros a los representantes a pesar de la sobrecarga asistencial que deben soportar en las consultas, supone un acto mas de generosidad de quien sabe que detrás hay un trabajador con toda su dignidad personal y una familia que mantener.

Por lo demás creo que la mayoria nos sentimos gratamente reconfortados con las nuevas generaciones de “Médicos de cabecera” pues sabemos o intuimos que nuestro sacrificio, el de toda una generación manipulada por el poder político, no será estéril.