lunes, 6 de agosto de 2012

UNA MANERA DE REBELIÓN FARMACRÍTICA


Es el momento de las ideas. 

De las buenas ideas. 

Igual de necesario es salir a manifestarse que sentarse en casa, con todo en silencio, a pensar. 

Menos meditar y más pensar.


Necesitamos ideas para sublevarnos y romper la correa del amo, de manera pacífica y acorde a nuestros principios. 

El pacifismo no consiste en no hacer nada y en ser las hermanitas de la caridad. El pacifismo consiste solamente en no darle una hostia a alguien o en no romper un escaparate con una silla de oficina. Pero nada más. Se trata de no infligir daño físico. Los partes de lesiones definen muy bien lo que es violencia física o no. Todo lo que entra dentro lo es y todo lo que no, no.

La sublevación nace de cuando se ha dialogado y se ha pedido algo que parece justo, por las buenas y por favor. Toda sublevación conlleva infligir un daño para que sea efectiva, aunque no sea físico. Daño a la conciencia, daño a la imagen pública, daño a la normalidad, daño a la impunidad. Tampoco valen los insultos. Se debe obrar con argumentos y con actuaciones afines. 

En este sentido necesitamos acciones subversivas que reunan una serie de requisitos: 

- Que no jodan a los demás, es decir, que no ocasiones daños colaterales entre los iguales que soportan las mismas injusticias. Por ejemplo, para reivindicar los derechos de los trabajadores no vale parar el metro y joder a los demás trabajadores. O no vale bloquear los peajes y joder a los que llevan todo el año trabajando, más jodidos que los que protestan, en el momento de sus vacaciones. 
Es decir, la protesta debe ir directamente hacia los que provocan la injusticia. 

- A ser posible, que no te destruya la vida, ni provoque que te echen del trabajo o te acaben originando a ti un perjuicio irreparable. Parece una postura cobarde, pero es pragmática. Se puede ser subversivo, pero no gilipollas. 

- Las macroprotestas que solamente intentan cambiar el voto o forzar una dimisión son poco rentables, pues llevamos consiguiendo alternancias de voto desde hace muchos años y los problemas son los mismos (burocratización de las consultas de Atención Primaria en nuestra profesión, por ejemplo; ley electoral, corrupción, fraude fiscal), desde hace cada vez más años y siguen sin resolverse. Los resultados que se consiguen con esta manera de sublevación son espejismos, concesiones de cara a la galería, que no implican en el fondo cambio alguno (dimisión de Dívar y retiro con suculenta pensión, por ejemplo).

- Debemos reparar sobre la ineficacia de las actuales maneras de protestar, que no hacen daño y que se las pasan por el forro. Es muy difícil hacer una propuesta de hacia dónde deberíamos ir, pero quizá sería más productivo pensar en otras formas de sublevación que incidir en las actuales, por sus escasos rendimientos. 

- Si nos pusiéramos toda esa gente que vamos a corear consignas y que compartimos injusticias en Facebook, a pensar y a aportar ideas subversivas ganaríamos mucho más. Eso lo hizo y hace el 15M, con éxito desigual.

- Una vez que está la idea, se puede convocar a la gente para hacer la acción. Primero debe venir la idea, y luego la acción. Y no al revés.



Foto: Raúl Vacas Polo.


En este sentido, en mi micromundo, intento en la medida de lo posible plantearme acciones subversivas para rebelarme contra lo que creo injusto.  

Estoy entrenándome en esta tarea que describo, con pequeñas acciones, aparentemente insignificantes. No sé si servirán para mucho. Habrá que evaluar el impacto, pero yo, la verdad, me divierto algo y se me hace menos tostón el día a día.

Vengo observando, en una de las regiones en las que estoy trabajando ahora, que algunos médicos (no todos, ni mucho menos) a los que sustituyo, tienen en algunas parcelas unos modos de prescripción un tanto diferentes a los míos y manejan una información, creo también, ciertamente diferente. 

No sé qué óptica de las dos se aproximará más a lo que viene siendo la verdad. Pero lo que sí que veo es una marcada influencia del marketing en la prescripción. La bicha acecha. Se aposta a las puertas de los Centros de Salud con vales de desayunos gratis y un par de preguntas acerca de la operación de cadera del padre preparadas. 

Con esto no digo que yo sea perfecto, ni incluso que yo sea un buen médico de familia, ni que yo no cometa mil y un errores. Simplemente que yo no recibo, al menos directamente ni bajo pagos y regalos varios, ninguna influencia comercial.

Pongamos un pequeño ejemplo: los inhibidores de la cox 2. 

Como pa una boda y fuera de ficha técnica. No estoy hablando de un casito particular, ni de un día malo, o de ser un tiquis mikis mirando lo que hacen mal los demás. Estoy hablando de un completo escándalo. 

Entiendo que estos hábitos de prescripción no se deben en muchos casos, a la avaricia o al convencimiento, sino que simplemente se permite que la información de los visitadores ocupe un lugar que se ha dejado yermo por desidia, dejadez o por odio a la empresa por las putadas que hace. 

Después de estar realizando esfuerzos importantes por proveerte de una (in)formación veraz, lejos de los intereseses de empresas con ánimo de lucro, ves las prescripciones y no puedes dejar de sentirte mal por ver que la Industria Farmacéutica a través de los visitadores ha conseguido su objetivo. 

Este hecho me genera doble malestar. Por un lado, el triunfo de los manipuladores de la realidad (estoy pensando en todas esas presentaciones en los Centros de Salud para convencer de que el Esomeprazol era superior al Omeprazol). Por otro lado, las consecuencias deletéreas para los pacientes y para las arcas del Sistema Nacional de Salud. 

De este malestar nace la necesidad de la subversión. 

La subversión debe ser fríamente calculada. No me apetece, además de tener que aguantar la injusticia prescriptora, pagar con mi (im)puesto de trabajo. Lo de «poner la otra mejilla» y lo de que los perdedores, además de perdedores sean doblemente perdedores es algo por lo que no estoy dispuesto a pasar. 

La subversión debe ser, por tanto, anónima en este caso. El hecho de ser joven y acabar de empezar a pasar consulta como Médico de Familia son más motivos para ello. 

Por tanto: 

1. Anonimato. 

2. Huir de la confrontación directa. Es muy complicado sugerir a un compañero (que acabas de conocer en la mayoría de los casos) que está manchado por la influencia de la Industria Farmacéutica. Además, un cambio de postura no se consigue en un par de frases. Esto es como la religión. No se puede convencer a un creyente que dios o alá no existe en una conversación en la biblioteca. 

3. Necesidad de finura en la acción. 

La acción es simple. Se trata de dejar en una consulta en la que, siguiendo con el ejemplo, se prescribe salvajemente este tipo de antiinflamatorios, un dossier con contrainformación.

Por ejemplo, éste. En el que se puede subrayar frases como éstas.

"Para reducir el riesgo de complicaciones gastrointestinales, en la actualidad, la administración conjunta de un AINE-t+IBP se considera una alternativa al menos tan eficaz como la administración de un COXIB solo, y con un coste inferior".

El abandono del mismo no debe aparentar la más mínima intencionalidad. Como que te lo estabas mirando y te lo dejaste. Puedes dejarlo encima de la mesa abierto por una página intermedia o posado en algún sitio de la consulta que refuerze la teoría del olvido: alféizar de la ventana, al lado de la impresora apartado del escenario principal, etc. 

Si se hace así es díficil que piense el titular que está dejado aposta, y no se lo tomará como una maniobra para ponerle en evidencia por su práctica. Tampoco es seguro que vaya a pensar que fue su sustituto el que lo dejó, aunque en consultas en las que no hay consulta de mañana y de tarde es más difícil que esto suceda. 

Es fácil que el médico en cuestión se acabe leyendo la información que sibilinamente le has aportado. 
Y probablemente la tenga en cuenta. Esto no lo sé y no lo puedo demostrar, pero lo presiento. 

Se trata de okupar el espacio que usurpa la Industria Farmacéutica. Es, por supuesto, la Administración la que debería hacerlo, pero no lo hace o lo hace y no la hacen caso. 

Otra modalidad del «olvido farmacrítico» es coger y arrogarse la autoridad cuando no hay nadie en la sala y colgar el dossier, por ejemplo, en la sala de Urgencias. 

Un dossier tal que explique que no hay ninguna diferencia entre el Ibuprofeno y el Enantyum y el Diclofenaco y el último Aine, salvo en el precio y los efectos adversos gastrointestinales, sorprendentemente mayores en los Aines que no son Ibuprofeno. 


Tú apareces por ahí a hacer una guardia, ves el dossier colgado y dices: - Ostia, esto es porque se recetan coxib o Cancamusaprofenos a tutiplén y es verdad que no hay que hacerlo. 
Hay una gran autoridad en ese papel colgado, tipo Bando Municipal. Nadie se va a mosquear porque lo que pone es una información veraz. Tú, anónimamente, eres capaz de inducir esa fuerza. 

Un acción gratuita, simple, que reune los requisitos antes citados y que probablemente genere rendimientos, diluidos en el macro, pero importantes en el micro. 

Otro día espero hablar de aquellas situaciones individuales, que existen, en las que recetas un Coxib o un Aine distinto a Ibuprofeno para que el paciente se calle la boca o porque ya no sabes qué hacer con él. Y desarrollar a partir de algunos de estos ejemplos un concepto precioso que me enunció una enfermera en un pueblo y que, quizá sin saberlo, estaba alumbrando y acuñando un nueva importante franja de trabajo en la Atención Primaria: la «Medicina de Complacencia».


3 comentarios:

Brigo dijo...

Me gusta tu estilo :-)

Carla Mendez dijo...

Hola
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Eredwen dijo...

Yo lo que hago es promoción de la lactancia materna con las visitadoras de leche artificial, je,je!! Como siempre, un gusto leerte!!