El verano, igual que el amor, nadie sabe cuándo empieza, pero todo el
mundo sabe cuándo termina.
Por eso, antes de que comience (o termine) el verano (o el amor)
debiéramos reparar en un par de asuntos.
Los debates no se ganan en 140 caracteres ni se vive con la inmediatez
de un amor de verano.
Para convencer, al igual que para aprobar en septiembre, hacen falta
profundas lecturas, análisis y reflexiones.
Las convicciones son cosas mucho más serias que las opiniones.
Lo que diferencia a una persona intelectualmente mediocre de otra que
no lo es, es que la primera tiene como mucho, opiniones, y la segunda tiene convicciones y opiniones.
El proceso de alcanzar convicciones es largo, cansado y difícil, pero
bonito. Lo difícil es enhebrar la aguja al principio, luego coser es sencillo.
Cuando uno tiene convicciones profundas se le nota. Por ejemplo, en la
manera de expresarse en el debate público. Y sobre todo se le nota con los
actos.
Dice Stefan Zweig en “Tiempo y Mundo”: “El que cree realmente en las ideas no se deja desorientar por
hechos particulares que parezcan refutarlas, pues un pensamiento que se
comprende plenamente en su necesidad posee una fuerza irresistible de
impulsión”.
Internet es un medio en el que la
información que emana de él parece forjar convicciones, cuando en la inmensa
mayoría de los casos forja opiniones.
Una de las mejores formas de abrazar
convicciones es leyendo libros, sin duda.
Un ejemplo gráfico de la diferencia…
Si un profesional sanitario monta la de
San Quintín en la Comunidad de Madrid, va asambleas y manifestaciones, porque
le van a bajar el sueldo 200 euros con el tema de las 37.5 horas, cuando nunca
ha querido saber nada acerca de ese proceso privatizador de la Sanidad que
lleva teniendo lugar desde 2003… aun pareciendo que tiene convicciones, tiene
solamente opiniones. Se trata de un levantamiento perfectamente legítimo, pero oportunista.
La satisfacción de su demanda significa el cese de su actitud.
Lo peor de una convicción profunda es que
cuando la abrazas, te conviertes en su esclavo.
Vivir con convicciones profundas SIEMPRE
es caro. Se paga con dinero y también con trabajo, con bienestar, con las
relaciones personales y con aislamiento.
Si en algún momento una convicción
profunda está saliendo barata o gratis se debe dudar de que se trate de tal.
Abstenerse de tener convicciones
profundas los que tengan deudas con cualquier entidad financiera o cargas de
cualquier tipo.
Un sistema que genera deudas es un
sistema que genera sometimientos.
Nuestro modelo de sociedad, por ejemplo, está diseñado para
que sientas la necesidad de vivir de una manera o de adquirir una serie de bienes
que te generan deudas ("El consumismo es un sistema
piramidal que se mantiene gracias a tener al de abajo sometido, pero contento, esperando
su oportunidad de poder ascender un escalón”. Paco Roca), con lo que
te la podrán clavar una y otra vez diversas cadenas de mando (laborales,
sociales) sin que chistes.
Al hecho de intentar no sucumbir ante los
que invisiblemente te intentan infligir la deuda económica y ante los
penetradores laborales y sociales es a lo que se conoce como dignidad.
La dignidad y las convicciones profundas
guardan relaciones directamente proporcionales.
Convicciones profundas las hay de muchos
tipos. Tener convicciones profundas no
significa ser de izquierdas. También hay convicciones profundas de derechas.
Me leído un par de libros que ayudan a
construir un par de convicciones profundas, que entre sí tienen mucho que ver.
Uno es “Hay alternativas”. Disponible en
la librería por 10 euros o aquí.
Yo creo que alguien que quiera opinar con
un mínimo de propiedad sobre la crisis actual, debe leer este imprescindible
libro.
Si después de leerlo, alguien sigue
pensando que para salir de la crisis no nos queda más remedio que hacer lo que
estamos haciendo y que no se puede hacer nada más, que me lo diga que se lo
pago.
El otro es “La Refundación de la Atención
Primaria”.
Está disponible gratuitamente aquí.
Probablemente no es un libro perfecto.
En primer lugar es doloroso ver eso de
Cátedra UPF-SEMG-Grünenthal de Medicina de Familia y Economía de la Salud.
(Grünenthal es una empresa farmacéutica). Aunque sea algo ya común en nuestro
tiempo, esta perversión de la Universidad es algo a lo que no me acabo de
acostumbrar.
En segundo lugar al libro le falta un
poco de hilo. Se nota que algunos capítulos, en mi opinión, están un poco
metidos con calzador.
Pero es un muy buen libro. Sobre todo
para los que estamos comenzando a comprender la especialidad de Medicina
Familiar y Comunitaria.
El libro cuenta con un par de primeros
capítulos acerca de aspectos generales, introductorios y comparativos de la
Atención Primaria en relación al Sistema Nacional de Salud muy buenos. Luego un
completo análisis con datos, que muestra el descrédito entre los estudiantes de
Medicina que eligen, de nuestra especialidad. Un par de capítulos acerca de la
prescripción farmacéutica y del gasto farmacéutico. Un interesante texto como
caso clínico comentado de Juan Gérvas y Mercedes Pérez. Y para terminar una
mirada al futuro de la especialidad, a nuestro oficio y a la innovación, muy
bien escrito, por Francisco Hernansanz.
No sé si quedó el libro que se pretendió
que quedara, pero resulta un texto que recomiendo con fervor a médicos de
familia, sobre todo jóvenes, sobre todo al borde de dejar la especialidad. Es
necesario que se socialicen las tristezas de estos médicos, para atraerlos al
redil de nuevo, y nuestro oficio pueda tener así recorrido en el futuro.
Algunos pequeños fragmentos dicen así:
“¿Quién quiere una Atención Primaria
mejor? Seguramente sabemos quiénes deberían desearla, pero el problema es que
la mayoría interesada aún no se ha enterado. Y entre su silencioso
desconocimiento solo se escucha la voz de la Atención Primaria y sus
descontentos”. Ricard Meneu y Salvador Peiró.
“No es tiempo de lamentos para la
Atención Primaria, hay que ocupar espacios. No se trata de criticar a los
hospitales; toca desarrollar el propio potencial. También de las sociedades
profesionales depende que la magnífica potencialidad del rol de gatekeeper se
desarrolle o que se quede en mero San Pedro, el guardián de las puertas del
Cielo de la atención fragmentada”. Vicente Ortún.
“Ahora, en época de crisis, cuando más
necesaria es la reencarnación de la Atención Primaria, volvemos a defraudar al
primer nivel asistencial, al contrario que en otros países, donde la apuesta
por el médico general es aún mayor tanto en el ámbito académico (estudiantes de
Medicina con un médico de cabecera como tutor durante los años de grado tal y
como acontece en Maastricht (Holanda)) como en el de gestión de recursos (80%
del presupuesto sanitario en manos de consorcios formados por los médicos de
cabecera que contrarían servicios de hospitales y especialistas); a todos se
nos viene a la cabeza el Reino Unido”. Francisco Hernansanz Iglesias.
“La comorbilidad es imperceptible para
aquel que fracciona al individuo en la consulta en dependencia de su área de
superespecialización y suele tener un mismo final: multitud de tratamientos,
todos igual de prioritarios en dependencia de la fracción a donde van
dirigidos. El médico general-de familia es que al final puede imponer algo de
racionalidad a esta esquizofrenia terapéutica-preventiva. La atención clínica y
los ensayos clínicos suelen obviar la presencia de comorbilidad. Lo mismo
ocurre con las guías de práctica, que están orientadas la enfermedad, no al
individuo”. Francisco Hernansanz Iglesias.
“La ocupación incluye una serie de tareas
administrativas sencillas, que podrían realizar otros trabajadores, y esto
resta prestigio a los médicos de familia, pues el prestigio de una profesión se
fundamenta en la escasez y en la insustituibilidad para realizar funciones
cualificadas y socialmente valoradas”. Beatriz González, Patricia Barber y Vicente
Ortún.
“Que el número de prescripciones por
habitante haya aumentado un 24% en los últimos 8 años, hasta situarnos como el
segundo país del mundo en consumo de recetas sin que haya evidencia alguna de
que seamos el segundo país más enfermo o el segundo más rico...” Salvador Peiró, Ricard Meneu, Gabriel
Sanfélix-Gimeno y Ferrán Catalá-López.
“La Medicina Familiar y Comunitaria
ocupaba en 2004-2005 el puesto 38 de 47 especialidades en la elección de plaza,
y ha bajado hasta el puesto 44, sólo por delante de las tres especialidades de
escuela (en las que no te pagan un salario, si no que hay que pagar por
cursarlas) en la convocatoria 2010-2011. En la convocatoria de 2004 hubo 131
médicos entre los 3000 primeros que eligieron Medicina Familiar y Comunitaria.
En 2010-2011 sólo 39”. Beatriz González, Patricia Barber y Vicente
Ortún.
“Al Sistema Nacional de Salud hoy lo
valoramos como asistencialmente competente, razonablemente armónico,
socialmente cohesionador y en el que – pese a la ausencia de estímulos
específicos – ha prosperado la excelencia profesional y el desarrollo
tecnológico”. Ricard Meneu y Salvador Peiró.
“Al fin y al cabo, el paro y la
exclusión, si se manejan inadecuadamente como en la Rusia de los primeros años
noventa, pueden llevar a auténticas catástrofes en el estado de salud de la
población.
El contrapunto lo proporciona Finlandia, que
durante los primeros años de la década de los noventa consiguió mejorar el
estado de salud de su población, a pesar que su tasa de paro se disparó del 2
al 18%”.
Vicente Ortún.
Vicente Ortún.
“Con autononomía cabe plantearse un
cambio radical en los contenidos y organización de los centros de salud: el
financiador establece el "qué" y el "cuánto"; corresponde a
los centros el decidir el "cómo"”. Vicente Ortún.
“Garantizar "la inmortalidad"
lleva al estancamiento de personas y organizaciones. La innovación resulta de
la necesidad”. Vicente Ortún.
“Es importante fomentar la dedicación
parcial y flexibilidad de horarios en una profesión muy feminizada, y la
variedad a lo largo de la carrera profesional de los componentes asistencial,
docente, gestor e investigador”. Vicente Ortún.
“Si un grupo de medicamentos no se
financia públicamente en Suecia no tiene por qué financiarse en España,
especialmente si se considera que España presenta el segundo mayor consumo
farmacéutico del mundo, medido en dosis diarias definidas. ¡Sólo Estados Unidos
gana a España!” Vicente Ortún.
“La salud no es
un derecho, sino una situación que depende básicamente de la herencia genética
del individuo y del contexto sociocultural en que se desarrolle y viva. Nadie
tiene “derecho” a la salud, como no tiene derecho, por ejemplo, ni a la
belleza, ni a la inteligencia, ni al amor, ni a la felicidad, ni a la bondad.
El individuo y las poblaciones no tienen derecho a la salud pero sí tienen
derecho a la protección, promoción, prevención y atención clínica, que terminan
“produciendo” salud.
En la producción de salud el sistema sanitario tiene un campo específico, muy valioso, pero limitado a determinadas condiciones “sensibles”. De hecho, se produce más salud desde otros campos, como por ejemplo la educación formal, la justa redistribución de la riqueza, la efectiva implantación de la democracia y de la transparencia en el gobierno público, el ejercicio de una profesión/trabajo en condiciones aceptables y el acceso a vivienda digna con agua potable y sistemas de depuración de residuos”. Juan Gérvas.
[… ] "La enfermera inglesa Florence Nigtingale, “La Dama de la Lámpara” verificó cómo las condiciones de vida poco saludables (hacinamiento, falta de ventilación y pésima higiene) eran la principal causa de fallecimientos dentro de la tropa en los hospitales militares durante la guerra de Crimea.
En la producción de salud el sistema sanitario tiene un campo específico, muy valioso, pero limitado a determinadas condiciones “sensibles”. De hecho, se produce más salud desde otros campos, como por ejemplo la educación formal, la justa redistribución de la riqueza, la efectiva implantación de la democracia y de la transparencia en el gobierno público, el ejercicio de una profesión/trabajo en condiciones aceptables y el acceso a vivienda digna con agua potable y sistemas de depuración de residuos”. Juan Gérvas.
[… ] "La enfermera inglesa Florence Nigtingale, “La Dama de la Lámpara” verificó cómo las condiciones de vida poco saludables (hacinamiento, falta de ventilación y pésima higiene) eran la principal causa de fallecimientos dentro de la tropa en los hospitales militares durante la guerra de Crimea.
La función de filtro del médico de cabecera, junto con la
existencia de la lista de pacientes (cupo), constituyen dos innovaciones
ampliamente reconocidas. La primera por mejorar el valor predictivo positivo
del trabajo de los especialistas en el segundo nivel asistencial, prevenir la
fascinación tecnológica (costes incluidos), la mayor iatrogenia de ausencia de
filtro y ayudar a la sostenibilidad y eficiencia del sistema sanitario, y la
segunda (la famosa iguala con varios siglos de historia) por ayudar entre otras
cosas a revertir la ley de cuidados inversos. Favorecer traslados, cambios de
cupo y dispersión de miembros de la familia entre todos los médicos del equipo
(por equiparar cargas de trabajo) atenta contra la longitudinalidad, una faceta
a preservar como oro en paño en el médico de cabecera". Francisco Hernansanz Iglesias.
“Hoy en día la
gente conoce el precio de cada cosa, y el valor de nada”. Oscar Wilde. Citado
en La Refundación de la Atención Primaria.
4 comentarios:
Roberto, gracias por esas palabras.
Un abrazo,
Paco.
Conocía la existencia de los dos libros. Leer sólo he leído el primero y algunas partes del segundo. Más que recomendables.
Me quedo con tu frase: "Un sistema que genera deudas es un sistema que genera sometimientos".
Y también con tu definición de dignidad.
Como dices, cuando no tienes cargas eres más libre, lo malo es que las convicciones suelen llegar más tarde que las cargas. Y salirse del juego es más difícil que no entrar. Espero que sigas aguijoneando conciencias para aquellos que nos dejamos llevar en su momento.
Un saludo.
Me gustó mucho el post . Sobre todo las reflexiones sobre el sometimiento y la dignidad y sobre las trampas que este sistema en el que vivimos nos tiende a cada paso.
Me acordé del poema de Jaime Gil de Biedma
DE VITA BEATA
En un viejo país ineficiente,
algo así como España entre dos guerras
civiles, en un pueblo junto al mar,
poseer una casa y poca hacienda
y memoria ninguna. No leer,
no sufrir, no escribir, no pagar cuentas,
y vivir como un noble arruinado
entre las ruinas de mi inteligencia.
un abrazo
Luis
Bonitos comentarios. Muchas gracias.
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