martes, 27 de marzo de 2012

PARA ALGUNAS FAMILIAS TODOS LOS DÍAS SON EL DÍA MUNDIAL DE.

Por razones que no vienen al caso acudí a una comida benéfica de la Asociación de enfermos de.

Primer plato: Canelones de espinacas gratinados.

Al principio la atención se me iba inexorablemente a intentar adivinar quién era el enfermo de cada matrimonio, de cada familia. Era una acción deplorable, pero que no podía evitar, por mucho que lo intentara. Lo llevaba al menos en secreto. La profesión iba por dentro.

El juego del adivina adivinanza no se prolongó más allá de la hora de comenzar a comer. El acto de la ingesta parece que no, pero es un acto muy complejo que pone de manifiesto todas las minusvalías.

Nos sentamos según instrucciones. Todas las mesas tenían algo en común, menos una. En todas se sentaban enfermos, familiares, trabajadores y toda suerte de colaboradores. En una no. Era la de las autoridades.

Fue una pena, porque se desaprovechó la oportunidad de que el político de turno pudiera observar cómo cae la babilla sin remedio o cómo alguien debía dar de comer al enfermo, imagen que quizá decantara la balanza de la subvención a favor de la asociación de enfermos de en detrimento de la asociación taurina o de la cofradía de Semana Santa.

Ante la infrapresupuestación, el abandono, el olvido, y la dependencia, es extremadamente fácil para la Industria Farmacéutica convertir a este tipo de asociaciones en lobbies de sus causas, asi que hay que andarse con ojo.

Las mesas eran amplias, y por un par de horas familias que no se conocían de nada compartieron tiempo y espacio. Los que sí que se conocían eran los pacientes. Así pues, las familias no se conocían de nada, pero en el fondo se conocían de toda la vida.

Me recordaba aquella situación a las reuniones de padres en el colegio, en las que los padres establecen vínculos de la mano de sus hijos, aunque éstos tengan 4 años. Por un día son los niños los que tienen alguna suerte de autoridad sobre una situación. También, salvando las distancias sucede ésto con los dueños de los perros, que establecen relaciones a través de sus canes, que se olisquean entre ellos en el parque como se olisquean sus dueños, para ver si hay algo que rascar.

Enfermos de, niños o canes; los tres con un gran número de competencias mermadas, son capaces de dirigir y llevar a buen puerto encuentros entre personas, que se las supone con competencias plenas.


Segundo plato: Carrillera ibérica al estilo de la región con guarnición de temporada.

Hay personas unidas en la vida por fuertes vínculos. En ocasiones estos lazos son invisibles. Y en ocasiones no saben las personas que resultan entrelazadas, ni siquiera, que lo están.

Estas comidas son bonitas porque los ponen de manifiesto.

Se hacen patentes los vínculos, salen a la luz, y es emocionante el reconocimiento de éstos por parte de todos.

Me gusta disfrutar de las imperfecciones de la vida. De la gente solitaria. De la gente de familia impostada. De las dentaduras que se caen o en las que se montan los dientes unos encima de otros sin orden ni concierto. Me gusta el atrevimiento que proporciona la ignorancia o la incultura o quizá la espontaneidad simplemente.

Me encanta la gente que no te conoce de nada y que habla contigo como si te conociera de toda la vida.

Me encanta la gente que no te conoce de nada y es capaz de establecer contigo una conversación durante dos horas con sobrada suficiencia.


Postre: Sopa fría de fresas, grosellas y frambuesa con crema de helado de limón.

Nadie sabe de la enfermedad, salvo los enfermos. Se puede aceptar que los familiares de éstos algo saben, porque también sufren las consecuencias de ésta, la mayor parte de las veces penosas.

Los que desde luego sabemos poco somos los médicos, que como mucho aprendemos pijadas como la dosis de un fármaco o el momento en el que introducir otro o que hay que mandar al paciente a los servicios sociales en cuanto tengamos ocasión.

Los médicos solemos quedarnos en la fascinación por la innovación terapéutica o en la burocracia y en lo repetitivo de la cronicidad.

Los residentes y por qué no, los adjuntos, tendríamos que rotar, lo llevo diciendo, un par de semanas al lado de un crónico dependiente y al lado de su cuidador y familia.

Es que hay cosas en la vida que o las aprendes porque te tocan o es que es imposible que las aprendas, por mucho que las estudies en los libros.

Un país que no se preocupa (y preocupar es legislar y financiar) por el cuidado de sus ancianos, dependientes y enfermos es un país que no se merece mirar a los ojos de los hijos a los que cría bajo sus dominios.

Vino tinto Canals Nubiola, Penedés
Agua mineral y café

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