miércoles, 21 de marzo de 2012

LA SALITA DE LECTURA


Hice una sustitución de un par de semanas en un Centro de Salud del centro de Madrid.

No sé qué leyes gobernaban el reparto de los domicilios, pero me tocaba comérmelos día sí y día también.

Tenía que aguantar todas esas inconveniencias porque había percibido que si se quería comprar uno un bien inmueble en la capital y tener lo que la gente ahora llama vida, la sumisión era un atributo necesario.

La insumisión era un lujo al que sólo podía aspirar la gente con desahogado patrimonio (y éstos no la ejercían, pues habían aprendido de sus padres que para conseguir ese patrimonio había que ser sumiso) y los kamikazes a los que no les importa vivir en un camping como Roberto Bolaño y cenar los sábados en el 100 montaditos.

Al principio aguantaba bien los domis, porque me solía acompañar la enfermera.

Luego se cansó y empecé a estar hasta los cojones rápidamente.

Para joder, y retrasar la vuelta al Centro de Salud lo más posible, me solía pasar por la FNAC de Callao, me cogía un libro y me sentaba a leerlo en la salita de lectura.

Todas las grandes superficies tienen sus beneficios sociales. El Corte Inglés de Callao, por ejemplo, tiene un espacioso y limpio baño donde puedes mear gratis. Tener esa seguridad hace de la vida en Madrid algo agradable, aunque no se pueda con el precio de la vivienda.

La FNAC tiene esa salita, que bien es cierto que suele estar atiborrada de gente. Los asientos son incómodos para que no se usen. O al menos para que no se usen durante mucho rato. Es lo que pasa con las reformas que se han hecho en las plazas del centro de Madrid: Sol, Tirso de Molina, Jacinto Benavente, la plaza de la calle de la luna... Mucho cemento, pocos bancos, ni un árbol, ni una sombra. No son infraestructuras en absoluto para que las disfrute la gente. Son diseños en contra del concepto de plaza, tan nuestro, tan mediterráneo, sitios para encontrarse y compartir. Cada vez hay menos espacios en la sociedad y en la ciudad donde la gente puede hacer eso. Con la arquitectura también se hace política. Los nuevos tiempos del hiperindividualismo. Cada vez que paso por Sol y veo a los guiris sentados en el bordillo de la fuente me pongo malo.

Ahora la FNAC tiene también de beneficio social que puedes pasar un disco por un lector de códigos de barras y escucharlo.

Uno no sabe bien por qué, pero ve mucho más cansado estar de pie una hora leyendo un libro que escuchando un disco.

Dicen que la cantera de personal de la FNAC es la salita de lectura. Por ahí van desfilando los frikis de todo Madrid, y hay un director de recursos humanos infiltrado entre el auditorio que va ojeándolos para hipotéticos procesos de selección. Así es como se explica el perfil de los empleados.

Empecé a observar que mucha gente de la que iba allí, eran, como en los bares, clientes habituales.

Durante esas dos semanas me leí un libro muy bueno que se llama Laura y Julio, de Juan José Millás, que os recomiendo.

Me quedé tan enganchado a la experiencia de la salita que cuando acabé el infierno de aquella sustitución comencé a ir diariamente.

Ya iba conociendo a los parroquianos y sus gustos. Había uno que leía cómics, que siempre iba en chándal. Otro que leía novela histórica, que siempre iba en náuticos. Una chica pelirroja, que siempre leía novela realista y social. Una guiri que siempre estaba con la Lonli Planet. Un chico con sobrepeso que consultaba libros de recetas e iba transcribiéndolas a un cuaderno de hojas arrugadas y manchadas. Una persona mayor que leía ensayos de ultraderechistas disfrazados de periodistas o escritores. Y una chica bajita que solía leer sobre nutrición, vida sana y tal...

Asimismo, descubrí que a la vez que esa parroquia se congregaba diariamente bajo las instalaciones de esa salita, una parroquia especular se congregaba en los servicios de caballeros de la última planta.

Según avanzabas por el pasillo que quedaba entre los baños podías ver a los fieles con el miembro fuera, dando fuertes sacudidas al aire (lo que popularmente se conoce como toba), como si estuvieran golpeando a alguien con la porra.

A mí unas de las cosas que más me molestan en la vida es que esté meando en los servicios de una estación de buses, trenes o similar y que se ponga al lado el típico que te mira todo el rato y se la sacude mientras tanto.

Esta arraigada costumbre española creo que debiera estar perseguida por las fuerzas de orden púbico. Digo española, porque no me imagino yo, por ejemplo, a un noruego dando pichazos al aire a ver si te decides a hacerle algo.

Un par de días que subí, allí estaban los mismos, que (lo cortés no quita lo valiente) portaban miembros de considerable tamaño.

Así pues, me acabó incomodando tanto la escena (al principio me hacía gracia) que no tenía otro remedio que ponerme a restricción hídrica toda la mañana. Hasta que no hacía mi sesión de lectura no bebía ni una gota. Lo mío era de mear y no echar gota.

Si veía que no iba a aguantar, me cruzaba la calle y me iba a mear al Corte Inglés.

Un día, se me acercó la chica bajita y me dijo que le sonaba mi cara. Le dije que iba todos los días a leer y que a mí me sonaba también la suya, que de eso era.

- No - me dijo-. Es algo más. Pero no sé el qué.

Al día siguiente se vino hacia mí y me dijo que claro, que yo era el médico, que cómo no se había dado cuenta antes.

Al parecer era la nieta de un abuelo al que había ido a ver al domicilio. Suelo tener muy buena memoria para los pacientes, pero esos días vi a tantos que entendía el descuido.

Fuimos a comer juntos unos cuantos días y nos quedábamos a veces a leer otro rato por la tarde. Lo hacíamos por solidaridad con todos aquellos a los que les van a ampliar la jornada laboral.

Se empeñó en que me pasara a ver a su abuelo y fui a verlo alguna vez en visita privada, no oficial.

Pasaron después algunas cosas más, pero no tienen mucho interés.


8 comentarios:

Tesa dijo...

Hola, Roberto, acabo de leer tu interesante, divertido y a la vez terrorífico artículo:

LA MUJER COMO VÍCTIMA SINGULAR DE LA MEDICALIZACIÓN

Uf, he respirado alividada. Soy una menopáusica loca que ni siquiera puede decir eso de "mi ginecólogo", ya no lo necesito, tengo buena salud, mejor ánimo y un medico de cabecera que no me agobia con pruiebas ni medicaciones.

Aunque mis amigas me auguran muerte y terribles trnastornos por una de las treinta enfermedades que la industria farmacológica nos achaca a las de mi quinta.

Ni siquiera tomo soja, eso sí camino y me río cada día, como sano y siempre tengo algún proyecto que me ilusiona.


Ahora he encontrado tu blog, y me encanta ese humor que te gastas y me interesa lo que cuentas.

Siempre me había preguntado por la gente que se queda en la salita del FNAC, después de este post tengo alguna idea.

Espero no perderte en la maraña de la red.

Un beso,

Salvador Casado dijo...

como me gusta que escribas...

@annafrade dijo...

Muy bueno. Tu sentido del humor sana.

Por cierto, yo también fui asidua de la salita de lectura de la Fnac de Valencia, cuando existía... luego la quitaron y no dejaron sitio libre donde sentarse a leer de modo que desarrollé una técnica de lectura super rápida, de pie, al al lado de la estantería... con el tiempo supe que es una costumbre muy habitual en Japón, los japoneses la llaman tachiyomi (literalmente: leer de pie).
Mira por donde, yo hacía tachiyomi sin saber que tenía ese nombre tan exótico :-)
Gracias por refrescarme esa parte de mi vida que tenía semi-olvidada.

Leegué a ti por un tuit de tu colega <a href="https://twitter.com/#!/doctorcasado>Dr. Casado </a>, así que le doy gracias a él también.

Lilián dijo...

Ay, Rober!! Cómo me diviertes, a veces... Noto una rara obsesión con el tema de la micción (¿o mixión??)Como médico deberías hacerte controles en próstata y/o el tema de la cistitis;lo recomiendo yo, que no soy médica.
Lo cierto es que aprovechas cada ocasión para seducir alguna niña desprevenida, sea rubia, pelirroja o morena.
Muy buena también tu humorística manera de promocionar la lectura.
¡A leer, he dicho!!

Roberto Sánchez dijo...

Lilián, respecto a las seducciones, en España hay un refrán que dice: "Dime de qué presumes y te diré de qué careces".

radiologia macarena dijo...

gracias Roberto por esta historia y por descubrirnos estos pequeños refugios / paraísos urbanos donde aún es posible recalar sin pagar un peaje ( la sala de lectura de la FNAC , algunos urinarios, etc ). Nos queda éso y algunos blogs como el tuyo una vez que los urbanistas y políticos consiguieron expulsarnos de las plazas públicas a base de talar bancos , árboles, ideas y palabras. muchas gracias de nuevo

TMartínez dijo...

Roberto ¿para cuando tu novela?

Roberto Sánchez dijo...

La novela es un género de madurez.