martes, 13 de marzo de 2012

CAMINO DE VILLAVIEJA

Una mañana estaba en Estambul, en un hostel, haciendo cola para el desayuno. La camarera era ecuatoriana; era la novia de uno de los recepcionistas. Habíamos intercambiado algunas palabras los días anteriores, dada la coincidencia de nuestras lenguas.

Me vio esperando en la cola y me preguntó de dónde era exactamente.

-     Vivo en Madrid desde hace unos años, soy de Salamanca. (Mi tío decía que hay que decir de dónde eres exactamente, que aunque seas de un pueblo muy pequeño hay que decir el nombre de tu pueblo, porque nunca sabes dónde va a saltar la liebre).

Se volvió una chica de mi edad, rubia, con pinta de guiri auténtica, ojos azules, dientes perfectos, sujetador color carne descuidadamente visible. Debía ser anglosajona.

Me dijo en un castellano bastante bueno:

-     Mi padre es de Salamanca, de un pueblo que se llama Villavieja de Yeltes. ¿Conoces?

-     No – le dije –, pero sé que es un pueblo de la provincia.  Pero tú no tienes mucha pinta de ser española…

-     No, soy suiza, pero voy mucho a España. Me gusta mucho. Y me gusta mucho ir a Villavieja. Voy casi todos los años.

La cola avanzó. Y ella se puso en una mesa junto a dos amigas. Yo por no importunar me puse en una mesa solo.

Sabía que si dejaba así las cosas esa historia me iba a comer por dentro. Era demasiado buena para ser real.

Cuando acabé de desayunar hice una maniobra discreta de aproximación y en un tono muy correcto le intenté sacar algo más de información.

Me dijo que su padre era médico, anestesista. Tenía ahora 74 años y se había ido a Suiza con 18. Que fue muy alegre y vital de chaval y la gente aún le recordaba en el pueblo cuando iba los veranos. 

Yo le dije que yo también era médico.

-     Médico de familia, General Practitioner, no sé si sabes lo que es.

Hizo un gesto de desconocimiento y de desinterés.

En ese momento me sentí escritor. Sentí que la historia iba por delante de mi deseo de contarla.

A mí no me gustaría ser escritor, porque los escritores suelen ir por delante de la historia. Al final la historia no importa, y sólo importan ellos. Tienen que encontrar una historia cada dos años, la que sea, para poder escribir una novela.

La verdadera literatura es la que se nutre de historias, no de escritores.

Lo mismo pasa con la Medicina. La buena Medicina se ejerce cuando el paciente va en primer lugar y luego va el médico. Primero va la enfermedad del paciente, luego va el lucimiento y el prestigio del médico.

Era ésta una gran historia. Las grandes historias no sólo se juzgan por su contenido sino por su forma de presentación. Es igual que pasa con las enfermedades; lo bonito es juzgarlas no sólo por sus síntomas, sino por su debut.

Le hablé a Sofía de la existencia de este blog, de que me habría gustado contactar con su padre, para que me contara cómo y sobre todo por qué, aunque me lo imaginaba.

La historia de Blas contaba con grandes atractivos que me interesaban: la inmigración, el exilio, vidas interesantes de médicos, relaciones de los hijos que nacen en un país distinto al de sus padres con el país de origen de éstos, la relación del emigrante con su país de origen después de tantos años fuera…

Intenté explorar la posibilidad de hacerle una entrevista, aunque fuera por correo electrónico.

Sofía me dijo que seguro que a su padre le encantaba la idea, porque era una persona muy cercana, abierta y con gran nostalgia de su país. Me dijo que probablemente me podría mandar también algunas fotos de su padre en su pueblo y en Salamanca.

Yo vislumbraba ya un gran reportaje con entrevista y documentos gráficos incluidos.

Le di mi blog, mi correo… Y ella me dio el suyo. Yo la escribí, le mandé las preguntas…

Ella me contestó, me dio el acuse de recibo. Incluso pasado algo más de tiempo, al ver que no me mandaban la entrevista contestada, le escribí un recordatorio, al que respondió.

He pensado a veces si el deseo real era explorar a Blas o a Sofía, por los sentimientos que me despertó ella y nuestro encuentro.

-     Me gusta mucho Madrid – me dijo con sus dientes blancos -: Malasaña, Moratalaz, Alcorcón, Móstoles… (me dejó estupefacto con estos datos, nunca supe a qué se debían estos gustos).

A veces pasa que viene el paciente acompañado y acabas teniendo más interés por explorar al acompañante que al propio paciente.

Nunca me respondieron la entrevista, no tuve rastro alguno de la biografía de Blas.

Como es anestesista y de Salamanca, me debe haber sometido a un bloqueo regional, pensé.

Si una historia tan bonita se había truncado, o es que quizá no era tan buena o es que era tan buena que debía seguir formando parte de la materia invisible de la vida.

La insistencia y el destino no siempre se entienden bien ellos solos, sin nadie que los gobierne.

No volví a saber nada de Blas. Tampoco de Sofía. Hoy hace exactamente un año de nuestro encuentro. El 13 de Marzo.

En los blogs de Blogspot se pueden seguir las estadísticas. Ver cuánta gente entra al blog y ver de qué país es.

Tengo periódicamente entradas de Suiza, que creo recordar no haber tenido antes de encontrarme con Sofía, aunque no estoy seguro.


1 comentario:

Lucrecia dijo...

Lamento comunicarle que Ud. es un escritor.