martes, 10 de enero de 2012

CRISIS CONVULSIVA

En Agosto de 2011 escribí un artículo para Revista Viva, dominical del Diario Clarín, Argentina. Se trataba de ilustrar las repercusiones políticas y sociales de la crisis económica española. Lo hice en clave sanitaria.
Se publicó en el número de Nochebuena como repaso de los acontecimientos mundiales del año.
Este es el reportaje de la Revista.
Y a continuación el artículo original.
Espero que sos guste.

CRISIS CONVULSIVA
Llegó el paciente (España) moribundo a la urgencia del hospital. Boqueaba sangre como el toro de su fiesta nacional. Venía herido de muerte. En cuanto el médico de urgencias (Unión Europea) le vio la cara dijo:
- Otro que viene con la epidemia. Hay que ingresarlo, aunque quedan pocas camas.
Por fortuna no tuvieron que ir a buscarlo a casa como a otros a los que hubo que (re)animar en su propia morada (Grecia, Portugal, Irlanda). Los médicos sabían que no tenía importancia invertir dinero en el cuidado de los pacientes. Ya se encargarían los gerentes del hospital que son los que de verdad decidían el destino de los mismos (empresas y bancos) de recuperarlo (asegurándose la inversión en los países rescatados).
En el caso del paciente que nos ocupa (España) el médico se quedó estupefacto. Le conocía desde hacía tiempo porque alguna vez había ido por allí:
- Si te vi hace nada y gozabas de una salud de hierro… Te habías comprado una casa, un coche…(en cómodas cuotas). Me acuerdo de esa novia que tuviste, impresionante (EE.UU.). No te faltaba de nada.
El paciente no había advertido el contagio y había pasado el período de incubación (largo) asintomático y feliz de la vida.
 - Bueno, la verdad es que sí que me extrañaba que no ganabas tanto para cómo vivías y que eras bastante feo para aquella novia. Pero te veía tan feliz, que para qué amargarte la fiesta.
Ya en la planta de hospitalización, acudió a su cuidado el Dr. Zapatero (pseudoizquierda), su médico habitual que le llevaba tratando 8 años. Cuando se encontraron el paciente le dijo:
-          No entiendo cómo me has visto tantas veces en consulta y no te has dado cuenta de lo que me pasaba.
-          Tú te contagiaste antes de que yo fuera tu médico, cuando estabas con el Dr. Aznar.
-          Si lo sabías haberlo dicho.
-          Pensé que la enfermedad que tenías no se te iba a manifestar, o al menos mientras yo estuviera, y así tendría que ser otro el que se comiera el marrón.
El Dr. Zapatero le puso un tratamiento, que fracasó por no dirigirse contra las causas del problema.
 – Todos los médicos que conozco han puesto el mismo tratamiento a los pacientes de esta epidemia, no sé por qué te pones así… – le dijo al paciente -.
– Me da igual lo que digas, yo ya no me fío de ti, no quiero que sigas siendo mi médico.
Entonces, algunos médicos se propusieron para tratar al paciente. Uno, de la misma escuela que Zapatero, no es que fuera hijo de éste sino que era su padre. Se trataba del Dr. Rubalcaba (candidato de los socialistas a las próximas elecciones). Propuso un tratamiento que parecía algo diferente al de su hijo, pero todo el mundo sabía que comían en casa los dos del mismo puchero.
Otro, el Dr. Rajoy (derecha). El Dr. Rajoy era hijo del Dr. Aznar. El paciente recordaba bien al Dr. Aznar. Había sido su médico durante 8 años. Parecía muy gentil, muy serio y muy profesional al principio pero luego derivó en un prepotente y mentiroso. El detonante de la ruptura fue cuando le propuso entrar en un ensayo clínico por un problema que ni le iba ni le venía (guerra de Irak) que le causó serias amputaciones (atentado del 11 de marzo de 2004: 191 muertos, 1.858 heridos). Después le mintió sobre la causa de los daños (Al Qaeda) diciéndole que había sido por otra cosa que no era (ETA). El Dr. Aznar realizó algunas modificaciones en su estilo de vida (boom de la construcción, visión cortoplacista) que propició que el paciente se contagiara en aquellos años. Por tener las defensas bajas, la enfermedad actual se estaba mostrando con más virulencia en este paciente que en sus vecinos también enfermos.
Que el paciente no eligiera al Dr. Rubalcaba era fácil ya que todavía podían ver en él las cejas de su hijo. El Dr. Rajoy sabía que tenía las de ganar pues entre su barba tupida nadie reconocía ya el bigote de Aznar. Además, cuando el despropósito del Dr. Aznar el paciente se rebotó, aunque tampoco tanto (la derecha recibió diez millones de votos de 26 millones de votantes de 42 millones de llamados a las urnas en 2004). Las personas en general y cuando están enfermas en particular pierden el sentido, desvarían. Al Dr. Rajoy no le gustaba hablar mucho del tratamiento que iba a aplicar, porque su verdadera intención era que el paciente fuera rentable para el gerente del hospital (empresarios y bancos), sacando todo el beneficio posible a su debilidad y arrebatando todo lo que el paciente había conseguido a base de mucho esfuerzo y a veces hasta de sangre (educación, sanidad, jubilación, prestaciones públicas).
Nadie podía entender que un médico con las mismas ideas que el que propició el contagio fuera ahora a curarle. El paciente iba a elegir un tratamiento que iba a tener perniciosos efectos secundarios y si ahora estaba mal, después del tratamiento (plan) de choque iba a estar mucho peor. Pero de esto nadie parecía ser consciente, igual que cuando el paciente no sabía que se estaba contagiando.
Bueno, nadie no. La sorpresa de todos fue que además de estos médicos, que eran los de siempre, se le presentó al paciente una alternativa más. Un grupo de médicos en formación (Movimiento 15M, Democracia Real Ya, Indignados, Spanish Revolution) estaban tan hartos de las sucias maneras en las que se ejercía la Medicina en su hospital que decidieron ofrecer su apoyo al paciente. Le dejaron claro desde el principio que su enfermedad era muy grave y decidieron organizar unas sesiones clínicas (Asambleas de Sol) para decidir cuál podría ser el mejor tratamiento para él. Esta acción que parece tan natural y tan básica resultaba histórica, porque en la Medicina (Política) nunca nadie se había rebelado de esta manera tan apabullante frente a los que dicen que más saben.
Los médicos indignados eran diligentes, aplicados, sabían organizarse y sabían lo que decían y hacían. No eran unos cualquieras que pasaban por ahí. Aunque reconocían que la enfermedad era una desgracia (aun sabiendo que era evitable o al menos en parte) protestaban porque a su juicio, la actitud de los médicos estaba agravando aún más la situación, lo cual era algo absolutamente intolerable, de locos.
El problema de los médicos indignados era que no tenían poder legal (partido político) para tratar al paciente. Y los otros médicos lo sabían. Unos berridos y unas cacerolas argentinas no iban a hacerles levantar de su sillón. El error que cometían los médicos indignados, a juicio del narrador, era que no parecían dispuestos a participar (en la política) como médicos titulares, que sería lo que les facultaría para batallar de verdad.
Aun así, esta nueva opción representaba para el paciente una esperanza. Un ejemplo. Un orgullo. Las enfermedades no se curan con esperanza, hay que practicar cirugías o tomar pastillas. Pero la esperanza ayuda mucho a la evolución del proceso y a cómo un paciente se enfrenta a un acontecimiento vital.
Al cierre de estas palabras, los médicos clásicos habían sacado a los pasillos del hospital (calle) a los perros (policía) para ver si disuadían a los indignados de su empeño. Y como siempre hacen todo al revés, estaban consiguiendo lo contrario.
Mientras tanto el paciente espera en la habitación a ver qué pasa, acompañado de su prima (de riesgo), haciendo burbujas (inmobiliarias) en la bañera mientras sueña con paraísos (fiscales).
Continuará…


2 comentarios:

Lilián dijo...

Ojalá continúe, lo estaré leyendo con avidez.
Excelente la gran metáfora de España, o el parangón entre paciente en manos de políticos con intereses creados, entre la política y la medicina.
Adelante, que las "cacerolas argentinas" suelen traer consecuencias positivas.

Antonio dijo...

Enhorabuena Rober por tu historia económico-sanitaria, es una excelente explicación pedagógica de la enfermedad que estamos padeciendo socialmente.
Antonio