martes, 27 de septiembre de 2011

LOS MAGUFOS

Hay veces en la vida en que uno se equivoca.

Me invitaron a dar una charla en un congreso.  Yo, joven, inexperto e inepto, envilecido ante el hecho de que alguien me escuchara, acepté casi sin mirar quién era el invitante.

Eché una ojeada por encima. Iba Joan-Ramon Laporte. No debía de ser mal sitio.

Me estuve preparando mi charla a fuego: “La mujer como víctima singular de la medicalización”.

Entre tanto alguna gente me llamó la atención sobre mi participación en un evento de tales características.

Pero qué cojones, yo iba a dar mi charla y punto.  No iba a cobrar por ello y no me iban a pagar el viaje ni el alojamiento. No había conflicto de interés alguno.

Me enteré de casualidad de la baja de Laporte y le escribí para saber por qué. Le habían puesto en el cartel sin su consentimiento. La versión de la organización fue que Laporte (o su secretario) había aceptado por teléfono y luego se había retractado. Dos explicaciones contrapuestas ante un mismo hecho. Uno de ellos mentía. Yo creo a Laporte.

Este hecho era imperdonable para mí, por lo que decidí renunciar a dar la charla.

Después de esto (siempre tarde) estuve mirando bien de qué iba el cotarro de los que organizaban el evento.

Negacionistas del SIDA, en contra del tratamiento convencional del cáncer de mama y a favor del tratamiento con hierbas (me acordé de una paciente muy joven con un cáncer de ovario que vi con una taquicardia sinusal a 120 lpm, que había renunciado al tratamiento y que se estaba poniendo hasta arriba de homeopatía, un caso dramático), con mil teorías estrafalarias en lo que la alimentación se refiere, abanderando las teorías de la importancia que no tienen los iones (zinc, cadmio, mercurio…) y las vitaminas. En este movimiento se engloban los de la liga antileche, los glutenfree y los que son intolerantes a todo, hasta al aire que se respira (síndrome de sensibilidad química múltiple). También están los de las energías de las piedras.

Los magufos tienen su ámbito de acción en la medicina, pero también en la pseudociencia y en teorías conspiranoicas.

Después de una digestión adecuada, soy capaz de afirmar que aquellos a los que iba a dar la charla son tan dañinos y peligrosos (o más) para la medicina y para los pacientes que la propia Industria farmacéutica (en las ocasiones que ésta lo es). Y que no son más que otro mercado, interesado en llevarse tajada del negocio de la salud, bajo la apariencia de que no.

Yo y ellos nos tocamos a veces en algunos puntos, como en la crítica a los comportamientos irregulares de la Industria Farmacéutica en la medicina, pero ellos sólo lo hacen para justificar sus estrafalarias ideas, que carecen de ninguna evidencia científica seria y están llenas de ambigüedades, discursos vacíos, manipulaciones ideológicas y argumentos con trampa para los que no saben de qué va la película de la ciencia ni de la medicina.

Bajo la apariencia de que son una solución, no son sino otra amenaza más.

Mi presencia en ese congreso no iba a tener ningún interés por lo que iba a contar yo, si no que únicamente servía para amparar y justificar sus tesis. Las presencias no son asépticas, las presencias en un contexto determinado están contaminadas también por el contexto.

Tenía billetes de ida y vuelta para ir a Barcelona, me había gastado 130 euros en ellos. 130 euros tirados a la basura. Pero el hecho de no haber ido a ese circo hacen de esos 130 euros el dinero mejor invertido de mi carrera.

Agradecimientos a Marta Carmona, Rafa Bravo, Joan-Ramon Laporte, Juan Gérvas y Noemi Amor(os) que, por este orden cronológico, me abrieron los ojos.

martes, 20 de septiembre de 2011

PUEDE QUE ALGO SE ESTÉ MOVIENDO (O NO)

Para ser médico de familia hay que sacar una muy buena nota en el bachillerato y selectividad, estudiar (y aprobar) la carrera durante 6 años, hacer un examen MIR decente y cursar la especialidad durante 4 años más en unas condiciones salariales aceptables pero asistencialmente duras, teniendo que completar una jornada laboral de 35 horas semanales y además hacer 5 turnos de 24 horas al mes. Tienes que prepararte temas para presentar sesiones clínicas obligatorias, no está mal que hagas el doctorado, no está mal que participes en algún trabajo de investigación. Además tienes que repasarte los casos en los que crees que hubieras debido saber algo más o en los que no estabas seguro de o en los que crees que si hubieras sabido más del tema hubieras atendido mejor a ese paciente. Además debes prepararte para los casos que sabes que vendrán y en los que puede que no tengas un gran dominio, que debieras de adquirir antes de enfrentarte a ellos. Además debes estudiar porque sí, porque forma parte del ciclo de volverse a mirar las cosas. Además debieras estar atento a ver qué cosas nuevas hay y si valiera la pena incorporar alguna de ellas a tu práctica, porque eso le fuera a beneficiar en algo a tu paciente. Además debieras estudiar para que no te la cuelen los que dicen que te forman, pero que en el fondo (y en la superficie) te deforman (Industria Farmacéutica). Además no está mal que sepas inglés. Además no está mal que pases algún tiempo fuera de tu medio para darte cuenta de algunas cosas.
Después de tanto esfuerzo esperas algún tipo de recompensa, o si no es mucho pedir, que te dejen hacer tu (duro) trabajo en unas condiciones medianamente dignas y aceptables.
Por el contrario, cuando acabas, el camino es ponerse a peregrinar de Centro en Centro de Salud, a días. De extremo a extremo de Madrid, en mi caso. Hay que comprarse un coche, claro.
Lo primero que tienes que hacer es convertirte en una especie de manager musical o agente literario de ti mismo. Tienes que saber venderte en los Centros de Salud y en las Áreas, porque la contratación eventual se hace en la gran mayoría de los casos a dedocracia. Y más vale que le caigas bien a la de personal del Área o a los capataces de los Centros de Salud que si no lo llevas crudo. Caer bien equivale en muchos casos, como sabéis, a no rechistar ante abusos de poder.
Cuando ya has conseguido que te llamen, tienes que habituarte a las costumbres y normas de cada Centro, de cada Área, la cual desempeña su labor con un hospital de referencia diferente. Presentarte. Adecuarte a los deberes para con los administrativos, con las enfermeras y con los médicos restantes. Puede que te tengas que amoldar incluso a varios programas informáticos diferentes para gestionar las historias clínicas, si trabajas en distintas Áreas de una ciudad grande. Esto así, cada día, o cada semana o cada mes. O cada mañana y cada tarde.
En la consulta debes acoplarte a cada modo de proceder del médico al que sustituyes. Cada uno somos de nuestro padre y de nuestra madre. Hay que saber conformarse con la manera de escribir en las historias, con los hábitos de prescripción, de derivación y de trabajo del compañero. Y hacer miles de cosas que tú no harías si fuera tu consulta. Y no hacer miles de cosas que tú harías si fuera tu consulta. Esto es algo que pudiera resultar comprensible. O no.
Debes saber tratar al paciente en estas situaciones. Llegar a un sitio una mañana y hacer frente a pacientes complejos, que no conoces de nada, y construir una idea de la patología en un vistazo de historia clínica (esto a veces no es nada fácil). Debes saber lidiar con la desconfianza del paciente ante el médico sustituto, joven y más inexperto que el suyo. Esta desconfianza, que también tiene lugar con el médico residente es también comprensible, pero cansa mucho al profesional. Lo agota.
Cuando uno empieza cualquier cosa en la vida, sabe que al principio hay que comer mierda y que luego se irá mejorando. Pero cuando tienes ya 30 años y llevas comiendo mierda con una periodicidad anual o mensual durante la mitad de ellos llega un momento en que te cansas un poco. O que te acostumbras.
Esta sensación la conoce muy bien el médico residente de Medicina Familiar y Comunitaria, la de ir de servicio en servicio durante tres años, cambiando mensual, bimensual o trimestralmente, intentando caer simpático allá por donde va, intentado que se note que es trabajador (hay que ser el primero en ponerse a pasar la analítica o a rellenar el volante, chicos, ánimo) para dar buena imagen, e intentado que se note que tiene interés en ámbitos en los que quizá no tenga. Tragándose sus opiniones y percibiendo que éstas no le importan a nadie. Y sobre todo… suplicando un poco de docencia que llevarse a la boca y arrodillándose ante los que se dignan a ello. Es una de la consecuencias de que la docencia a los estudiantes y rotantes de los servicios no esté bien institucionalizada, bien organizada y bien retribuida. En la mayor parte de los casos la buena docencia no se debe sino a gestos de buena voluntad.
El residente de Medicina Familiar va adquiriendo el rol de invisible, jurándose entre dientes que cuando pueda demostrar lo que vale, el mundo y la Medicina podrá devolverle todo lo que él le ha dado.
Pero cuando sale al mundo laboral de pleno derecho, con lo que se encuentra es con otro desafío de dimensiones impenetrables.
Si hubiera alguna esperanza de que esta situación fuera transitoria, el joven médico de familia, que es un personaje de férrea voluntad y de arraigados principios, aguantaría de nuevo el chaparrón. Pero la perspectiva de seguir así durante 5, 10, 15 años (depende la suerte que tengas o los culos que lamas) es mortífera.
Así pues, en esta franja de edad, ese personaje manso y calculín que es el joven médico de familia, acuciado ante la imperiosa necesidad de algo de tranquilidad, de estabilidad presupuestaria (conveniente condición para hipotecarse a 30 años), de disfrutar de la vida o de un mínimo de dignidad, suele dar un portazo.
Uno se sorprende al ver cómo después de toda una vida y toda una juventud dedicada a la consecución de un objetivo, cuando llega el momento de la verdad la gente agarra el petate y se larga. Se larga a otras especialidades, a las urgencias de los hospitales, a las atenciones a domicilio, a los sámures, a las unidades de paliativos, a hacer de pediatra o similar. Sería interesante conocer la prevalencia del abandono. Algunos documentos indican que se encuentra en torno a dos tercios, que sólo un tercio de los que terminan acaban trabajando en Primaria. Yo no sé, no diría tanto, pero un tercio de abandono sí que se me hace posible.
En la Comunidad de Madrid, distintos grupos han estado trabajando para evitar esta situación. Como la Plataforma de Eventuales de AP en Madrid (Facebook) o la Vocalía de JMF (jóvenes médicos de familia) de la SOMAMFYC. Se ha constituido también un grupo por Internet para compartir ofertas de trabajo y trabajar por la mejora de las condiciones laborales. Os podéis hacer miembros aquí:
Hace unas semanas la Vocalía de JMF de la SOMAMFYC se reunió con el Consejero y le entregó a Antonio Resino, director de Recursos Humanos, un documento (que adjunto abajo) en el que se detallan las mejoras que se piden.
Leyéndolo se hace uno idea del por qué de la queja.
Se está pendiente de una reunión para negociar las mejoras, si las hubiere.
La clave de la negociación radica ahora en saber si este documento está sobre la mesa o en el cajón de los que mandan.
Yo estoy en consonancia con estas (casi todo doctoras) vocales. Está uno orgulloso y satisfecho de que algunas de tus compañeras trabajen con este ahínco por el bien común.

PROPUESTAS DE MEJORA PARA LA SITUACIÓN LABORAL DE LOS JMF
La situación laboral actual de los Jóvenes Médicos de Familia de la Comunidad de Madrid se caracteriza por la eventualidad de sus contratos lo que se traduce en una inestabilidad laboral  que tiene graves consecuencias:

En primer lugar, obliga a los nuevos profesionales de Atención Primaria a migrar a otras comunidades autónomas o a otros países de Europa para desarrollar su actividad como Médicos de Familia en unas condiciones mínimas aceptables. En otras ocasiones, desanimados por la incertidumbre y estas condiciones laborales, se ven obligados a formarse en otra especialidad que les proporcione la satisfacción y estabilidad laboral que la Atención Primaria no les puede proporcionar actualmente. Nos pasamos toda la juventud estudiando para llegar a ser unos Médicos de Familia competentes, por motivación e iniciativa propias, porque era nuestro deseo y nuestro deber para con los pacientes y ahora por unas condiciones laborales poco adecuadas nos vemos obligados a abandonar nuestra profesión por otras salidas que no son de nuestro agrado. Y no es bueno para la Atención Primaria y consecuentemente, para la estructura sanitaria en la Comunidad de Madrid, que los profesionales abandonen la especialidad de esta manera.
Por otra parte, la contratación eventual de médicos, afecta el carácter longitudinal en el que se inspira la Medicina de Familia y que la diferencia del resto de especialidades. El seguimiento de los pacientes, su atención y cuidado depende de una relación médico-paciente estable en el tiempo, duradera y sólida. Nuestra labor como Médicos de Familia no sólo es tratar a los que están enfermos sino también acompañarles en la salud, desde su juventud hasta la senescencia. La inestabilidad laboral hace que, cada vez que un paciente se sienta en la consulta y ve a otro médico distinto al suyo habitual transmita su malestar por la ausencia de continuidad del personal facultativo en la actividad asistencial, lo cual dificulta la relación médico-paciente y quiebra la confianza en la que se basa dicha relación.
El colectivo de Jóvenes Médicos de Familia transmite su preocupación ante la situación que sufre, puesto que de perpetuarse, el sistema fracasará por completo. Ni los pacientes, ni los profesionales sanitarios queremos eso. Ustedes tampoco. Nuestro cometido es dar fin a esta situación, acabar con la precariedad laboral, por eso, reivindicamos la mejora de las condiciones de contratación actual, destacando los siguientes aspectos y aportando las siguientes propuestas:

1.      Bolsa de Trabajo.
El reciente modelo sanitario implantado en la Comunidad de Madrid está estructurado según un área única, sin embargo la gestión de la contratación del personal sanitario puede realizarse desde distintas entidades
-           bolsa única
                  -          bolsa de cada área (antiguas gerencias de Atención Primaria)
                  -          cada centro

Solicitamos la unificación de las posibilidades de contratación en una bolsa única a la que se acceda según unos criterios establecidos de baremación para, al menos, los contratos de duración superior a 15 días.

2.      Las plazas que por el actual proceso de OPE y traslados quedaran libres, deberían cubrirse según dicta la ley, con nombramientos de carácter interino, en espera a que se convoquen como vacantes en la siguiente convocatoria de contratación pública. Se reservarían los contratos de carácter eventual, de acuerdo a la misma ley, a servicios de naturaleza coyuntural o extraordinaria.

      3.   Se hace necesaria la convocatoria de oposiciones con una frecuencia anual-bienal para garantizar la calidad de los contratos y la práctica asistencial de los Médicos de Atención Primaria. Como ya hemos mencionado, el médico de familia realiza un seguimiento en el tiempo de sus pacientes, por lo que necesita mantener la continuidad de la atención que presta.

4.  Es conveniente asegurar la contratación de los nuevos Médicos de Familia que  terminan la residencia ofreciéndoles contratos con una duración mínima de 6 meses. Podría consistir en un contrato dentro de una determinada área sanitaria, con libertad de movimiento dentro de los Centros de Salud de la misma. 

Asimismo, exigimos la revisión de la normativa actual para la contratación eventual de los Jóvenes Médicos de Familia  y que se garantice su cumplimiento dentro de la legalidad vigente.

5.  Contratos “de Lunes a Viernes”.  A veces nos vemos sometidos a tratos laborales denigrantes. Como el hecho de que ante una baja o unas vacaciones que duran una semana y unos días de la siguiente, se nos contrata de lunes a viernes y se elige a otro compañero para cubrir los días laborales de la siguiente semana. Con esto se consigue que no se nos pague el fin de semana, lo que no parece justo. Pero aún peor, se promueve la contratación de dos médicos diferentes para cubrir una ausencia de 8 ó 9 días, con lo que la continuidad antes citada queda en entredicho.
6.  Doblajes. Demandamos que los doblajes que se realicen en el mismo área sean pagados en su totalidad, no como un porcentaje de la jornada habitual. Instamos, por tanto, a que el término de doblaje se sustituya por el de "Doble Jornada" que es realmente lo que supone y se pague como tal.
7.      Exigimos que se facilite la renuncia de un contrato activo si existe la posibilidad de acceder a otro que ofrezca una mejoría de las condiciones laborales sin repercusión laboral ni penalización del profesional
8.  Formación: Resulta imprescindible la potenciación de la formación médica continuada en los recién formados profesionales. Las condiciones labores actuales hacen que los Jóvenes Médicos de Familia no dispongan ni de días de formación ni de días de libre disposición o vacaciones que les permitan continuar formándose, pasando de la situación de médico interno residente, en continuo estímulo, motivación y cuidado de su formación, al extremo completamente opuesto, donde ni se estimula ni se posibilita el acceso o unas facilidades para mantener la misma.

Esperamos que este documento sirva para dar a conocer la insostenible situación en la que nos encontramos los Jóvenes Médicos de Familia y confiamos que sea el punto de partida de una reestructuración y regularización de las condiciones actuales de contratación. No queremos mejoras salariales, sino unos mínimos en las condiciones laborales que nos permitan realizar nuestro trabajo con un mínimo de tranquilidad y estabilidad, con dignidad. Por esta razón, les emplazamos a debatir las cuestiones planteadas en una reunión  donde buscar conjuntamente las soluciones.
 Vocalía Jóvenes Médicos de Familia SoMaMFyC.

martes, 13 de septiembre de 2011

PEDICULOS(IS)

El otro día me ocurrió algo que hizo que me (a)saltaran las alarmas sobre mi propia (a)condición(ador).
Cuando salgo de casa mi prurito basal suele aumentar, pero nunca le doy ninguna importancia. Como hipótesis alternativa suelo (d)enunciar que no me aseo como acostumbro, que los detergentes con los que se lavan algunas prendas como las sábanas no son los mismos y sobre todo, que cuando salgo de casa no me someto a los rigores de las costumbres.
He hecho muchas veces un ensayo clínico que consiste en no cambiarme de calzoncillos en una semana, a ver qué pasa. Y el resultado es que nunca ha pasado nada, que nadie se ha dado cuenta ni ha dicho nada.
Resulta que, como digo, mi prurito basal estaba aumentando, sobre todo en el pelo (de la cabeza) y yo lo achacaba a que me veía envuelto en una sucesión de champús y acondicionadores impuesta por el lugar en el que vivía, que no sabía adónde había de llevarme. Las asociaciones de antihipertensivos tienen su modelo en el champú más acondicionador.
Al mismo tiempo que yo (mal)gastaba mi tiempo imbuido en estos asuntos pueriles, en la Puerta del Sol y aledaños se seguían librando batallas.
Hay gente que llama a los indignados perroflautas. Los titulares de prensa obligan a reduccionismos gramaticales y mentales. Si no se hacen simplificaciones absurdas los públicos abúlicos han de pensar y se corre el riesgo de que dejen de comprar el periódico.
Los perroflautas son una parte de los indignados, pero no todos. Es curioso como a esta gente se le califica continuamente de parásitos sociales, cuando son de los pocos que hacen algo porque la sociedad cambie, sin cobrar. Los políticos y sus adláteres dicen que también lo hacen, pero a ellos les pagan por eso. Los indignados y los perroflautas (éstos no siempre trabajan) tienen que ir a arreglar la sociedad al acabar su jornada laboral porque a la gente a la que se le paga por ello no le da la gana. Es lo que se conoce ahora como “After work”. Antes se iba uno al bar a tomar unas cañas. Ahora todos los días hay manifestación.
Otro curioso mito que circula sobre los perroflautas es que tienen piojos en la cabeza. Tener un parásito viviendo dentro de sí, adherido al folículo, y ser a su vez un parásito dentro del sistema, adherido a la prestación por desempleo y otras, transforma estas (man)infestaciones en una suerte de simbiosis.  Estos comportamientos no son finalmente otra cosa que una variante más de la función de los seres vivos de relación. Nacer, crecer, relacionarse, reproducirse y morir. Así de fácil. Este tipo de cadena trófica tiene las mismas peculiaridades que la cadena de frío o de mando. Con esta última es con la que les apalea la policía. Los gases lacrimógenos no son sino insecticidas en spray.
Resulta que de tanto picor, un día me dio por mirarme bien y vi a unos parásitos aferrados a mi masa capilar. En ese momento supe que aunque estaba lejos de Madrid, estaba allí, con ellos, en Sol y aledaños, y que había dejado de ser un indignado para convertirme en un perroflauta.
Pensé que en estos tiempos que corren vendría de lujo una buena revisión del diagnóstico y tratamiento de la Pediculosis capitis, para ver si con una buena desinfestación rompemos el cordón sanitario y nos ganamos el respeto de la sociedad.
Como dicen que las perroflautas además de unas piojosas son unas promiscuas, a lo mejor dejamos para otro día la revisión de la pediculosis pubis, dependiendo de cómo evolucione el picor éste de cojones que tengo, aunque creo que más que porque me haya parasitado a alguna es porque (otra vez) llevo una semana sin cambiarme de calzoncillos.
REVISIÓN PEDICULOSIS CAPITIS

Tener piojos es una infestación por Pediculosis capitis, que es una de las tres variedades de pediculosis que afecta al humano. Las otras dos son corporis y pubis (ladillas, que no se suelen pillar en la piscina, precisamente…)
Lo primero que hay que hacer al hablar de esta parasitosis es hablar de un aspecto no médico. A menudo en medicina lo médico es menos importante que lo no médico.
Los piojos tienen un gran estigma social, especialmente entre los niños y sobre todo, entre sus padres. Se siguen viendo como una infección de pobres y de descarriados.
El hecho de tener piojos es más frecuente en escolares de 3 a 12 años (prevalencia del 13% en Canadá en estos grupos), especialmente en las niñas, y es un fenómeno corriente,  que no se relaciona con el nivel social. En adultos, sí que se relaciona con la higiene.
La transmisión es por contacto directo con el pelo, aunque la relacionada con los objetos también es posible, aunque más hipotética. Estamos hablando de peines, cepillos, bufandas, gorras, etc. No se contagian desde las mascotas, por lo tanto no hay que tratar a éstas.
Los piojos viven en tres estadios:
Huevos o liendres: adheridas firmemente al cabello, amarillas o blancas, cerca de la base (a un par de centímetros) y que se pueden confundir con caspa, pero ésta se desprende fácil y los huevos no. En una semana se convierten en ninfas.
Ninfas: es un piojo, pero más pequeño. Es visible, pero adherido al pelo. Para progresar a piojo la ninfa se debe alimentar de la sangre del huésped.
Piojos: tienen un tamaño de una semilla de sésamo. Sobre el pelo pueden vivir 30 días, fuera de él 2, aunque si las condiciones de temperatura y humedad son propicias pueden vivir hasta de 3 a 7 días.  A las 24 horas de infestar, la hembra empieza a poner huevos. El piojo chupa la sangre cada 4 o 6 horas. Lo normal es que haya un número menor de 10 piojos vivos por infestación.
 Es apasionante biológicamente que el piojo es diferente en población norteamericana y africana, porque varía las garras en la cabeza para adaptarse a ambos cabellos, uno liso y otro rizado.
El contagio se produce desde el estadio de piojo. El contacto con huevo o ninfa no contagia.
Los síntomas son picor, excoriaciones, rash... y si la infestación es virulenta puede aparecer hasta sobreinfección de las lesiones, fiebre, linfadenopatías, etc..
Tienen apetencia por el pelo retroauricular y por la línea occipital, cerca de la nuca.
En la primera infestación, los síntomas se producen a las 4 o 6 semanas del contacto. Posteriormente, a las 24-48 horas del nuevo contacto.
Se detectan con la visualización directa. Para maximizar el éxito diagnóstico se recomienda aplicar un acondicionador sobre el pelo seco y examinar el cabello por secciones y con distintos peines de púa fina.
Es posible que no todos los niños a los que se les detecta huevos  desarrollen una infestación activa. En algunos casos no se progresa al estadio de piojo.
Esto es importante porque sólo hay que tratar a los que tengan una infección activa (motivo de exclusión escolar según la guía canadiense), con piojos vivos, aunque se puede plantear el tratamiento de los que tengan huevos muy cercanos a la base del pelo,  sin piojos vivos, y que no hayan sido tratados en el mes anterior, sobre todo si son contactos de infectados. El tratamiento innecesario sólo lleva a la angustia, a las exclusiones escolares innecesarias  y a las resistencias de los fármacos. La guía canadiense insiste que si después del tratamiento quedan huevos sin piojos vivos se debe dejar al niño volver al colegio, aunque otros autores no recomiendan en ningún caso la exclusión escolar. Los huevos muertos y los restos adheridos al pelo pueden seguir viéndose sobre el cabello tras 6 meses de aplicar el tratamiento, hasta que crezca el pelo, sin que signifique eso infección activa.
La evidencia no recomienda los cribados masivos en los colegios.
El tratamiento de primera elección en España es la Permetrina al 1%, en loción o champú. Se practica una aplicación insistiendo en la zona retroauricular y en la nuca, sobre pelo seco (así se evita la dilución del producto) y se deja actuar 10 minutos. Luego se aclara con agua tibia, sobre un fregadero o recipiente, para que los restos del champú no entren en contacto con todo el cuerpo. Se deja secar al aire o con una toalla y se quitan los liendres muertos con peine de púa fina. No usar secador. No lavar el pelo con champú hasta pasados 1 o 2 días. Si no funciona, hacer otra aplicación a los 10 días. La eficacia de las dos aplicaciones es del 95%. El tratamiento es seguro en el embarazo. Pasa a la leche materna.
Las Piretrinas también se consideran en esta primera categoría.
La segunda línea es Malation al 0,5%, que puede ser utilizado en niños mayores 24 meses de edad cuando exista resistencia a la Permetrina o cuando el tratamiento falla a pesar de ser usado correctamente. Es eficaz en el 98-100% de los casos. Se aplica en el cuero cabelludo, se deja secar de forma natural (sin secador ni plancha) y se lava a las 8-10 horas. Aplicar de nuevo a los 7-9 días si se siguen viendo piojos. La seguridad y eficacia de la loción de Malatión no se ha establecido en niños menores de 6 años y está contraindicada en menores de 24 meses.
Después del segundo tratamiento con cualquiera de los fármacos, no está de más comprobar una vez por semana las tres primeras semanas.
Se recomienda el tratamiento también de los convivientes que tengan infestación activa (o que tengan huevos próximos a la base y que no hayan sido tratados el mes anterior). Es importante que se traten a todos el mismo día, para prevenir reinfestaciones.
No está justificado el tratamiento sin nueva afectación para prevenir reinfestación.
Las terapias orales no tienen suficiente evidencia científica que las sustente, las estudiadas han sido trimetoprim-sulfametoxazol e ivermectina.
En cuanto el tratamiento de los fómites:
·         Ropa y sábanas: lavar a 55ºC al menos 20 minutos
·         Ropa que no se puede lavar: limpiar en seco o aplicar insecticida químico en polvo.
·         Peines y cepillos: lavar a 55ºC durante 5-10 min o sumergirlos 30 min en solución peliculicida.
·         Juguetes (sobre todo los de trapo): Lavar a 55ºC durante 5-10 min o sellarlos en una bolsa de plástico hermética durante 2 semanas.
·         Limpiar los suelos, alfombras y tapizados de la habitación.

Terapias no farmacológicas.
Como los piojos, ninfas y liendres se van muriendo en diferentes momentos después de la primera aplicación, conviene hacer un cepillado diario para irlos quitando. Se puede hacer con peine de púa fina. Después hay que lavarlo con agua del grifo y asegurarse con cepillo de dientes o de uñas que no quedan restos entre las púas. Después del cepillado hay que meter el peine 10 minutos en agua caliente o 24 horas en el congelador.
Bug Busting (lo que llamamos popularmente despiojar): es muy popular en Reino Unido, por la posibilidad de resistencia a los tratamientos. Es pasar el cepillo como hemos visto antes, sin dar champú. Hay que ser muy perseverante, hay que hacerlo cada 4 días, al menos 2 semanas. Se tarda 30 minutos por sesión. Si se encuentran piojos vivos en una de ellas, se deberá prolongar otras tres sesiones, también separadas por 4 días o hasta que encuentres el cabello sin restos durante tres sesiones seguidas. Es muy popular entre la población, aunque el éxito parece que es menor que con el tratamiento farmacológico.
Entre las demás terapias no farmacológicas ni mecánicas podemos encontrar aplicaciones con vinagre de sidra, eucalipto, aceite de oliva, pepitas de chirimoya, ajo, aceite del árbol del té, petróleo, mayonesa…  No hay evidencia científica de uso beneficioso.
El petróleo se ha usado tradicionalmente para la infestación de cejas y pestañas.
Hay que tener en cuenta de que muchos de estos tratamientos provocan la “inactividad” de los piojos por activación del mecanismo anaerobio del parásito, durante un período aproximado de 24 horas, pero no la muerte.
Con estos tratamientos hay que hacer unas aplicaciones de al menos 8 horas, con un gorro de ducha. Es muy engorroso y entre la duda sobre su eficacia, lo dificultoso de su aplicación y la falta de perseverancia no suelen ser efectivos.
He dicho.
Bibliografía: Principalemente Guía Canadiense (muy buena: http://www.gov.ns.ca/hpp/publications/Head_Lice_Guidelines_for_Treatment.pdf), Fisterra, Farmacéuticos Online de Barcelona. 

lunes, 5 de septiembre de 2011

LA RESIDENCIA Y LA CALLE

Una noche de septiembre como ésta me puse a contarle al papel (un abismo con tanta caída libre como la vida) una historia que me llevaba asaltando mucho tiempo. 
Empezaron a pasar las horas, hasta escuchar al fin los pájaros, y ver amanecer.
Los pájaros son los gallos de los beodos.
Aquella noche vomité de una tacada el borrador de aquella historia.
El uso y disfrute de la noche ha ido variando a lo largo de los años. En los años de los granos y el pelo largo (quizá el segundo trajo a los primeros) la utilizaba para perder el conocimiento de bar en bar; en los años de la calva y la barba la usaba para trabajar; y en los años de hacer lo que me sale del rabo porque ya tengo una profesión (parece uno aliviado por este hecho) la utilizo para vomitar todo lo que no he entendido de todos los años anteriores. Hoy en día uno puede convertirse en un profesional de algo aunque no haya entendido ni lo más mínimo de nada. Eso en mi opinión, es en lo que consiste la (equi)vocación.
En efecto, el vómito no es sino una forma de impaciencia derivada de los actos de escribir y beber. En efecto, beber y escribir no son sino dos maneras diferentes y comprensibles de ir en busca de algo que no existe. Los actos de escribir, beber y vomitar son capaces de sacar lo mejor y lo peor de mí al mismo tiempo.
El día siguiente a la noche en que vomité esta historia que va a continuación estaba rendido. En otras circunstancias habría llamado al trabajo para decir que tenía diarrera o sino gastrinteritis. Pero las noches enteras que había pasado de guardia me habían entrenado en este cometido.
Sólo después de pasar noches en vela en el hospital comprendí que la resaca le debe gran parte de su explicación al hecho de trasnochar, y no tanto al alcohol como se presupone.
Igualmente, la alevosía y la nocturnidad son capaces de explicar las ideas extrañas que le rondan a uno por la cabeza los días después, lo cual tranquiliza respecto al poder psicótico del líquido elemento.
Ojalá que para la resaca y los salientes existiera también una píldora del día después, que lo arreglara.
Ahora, después de haber ingerido licores de alta graduación y de tener una profesión y haber “abandonado” ambas cosas, me siento graduado.
Por eso ya no necesito gafas para poder escribir historias como “La residencia y la calle”.
Esta historia la acomodé al medio (puedes hacer unas tortillas de patatas cojonudas y ser el mejor, pero como te presentes a un concurso gastronómico de platos típicos españoles y resulte que al del jurado no le gusta la tortilla la jodiste) y la mandé a un concurso de relatos de la revista “Medical Economics”. El relato ganó el premio en la categoría “Médicos Jóvenes”.
Digo el relato y no yo, porque cuando se escribe una historia ésta cobra vida propia. Es como cuando tienes un hijo. Eres tú el que lo haces, pero no te puedes hacer cargo de todos los éxitos y los fracasos del producto, porque éste te supera a ti y a tus responsabilidades sobre él.
Puede que tú seas una persona impecable pero tengas un hijo que acabe siendo un gilipollas. O a veces también pasa que escribes una cosa que tú crees que es la hostia, pero luego resulta que no le gusta a nadie.
El hecho de que haya ganado el premio el relato y no yo, evidentemente no me exime de disfrutar de los parabienes del mismo. Los relatos no tienen domicilio fiscal y por tanto no tienen ninguna potestad legal.
Recibí el premio en el Hotel Palace de Madrid. Me tuve que comprar un traje y todo.
A la ceremonia asistió Javier Fernández-Lasquetty, Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Después de que pronunciara las palabras que podéis ver en el vídeo, durante el cóctel, en un momento que estábamos próximos se acercó a saludarme (dice el protocolo que tú no puedes ir a saludar a la reina, tiene que ser ella la que se dirija a ti) y es de justicia decir que, aunque no sé si fue por el deslumbramiento del poder, me causó muy buena impresión como persona, aunque sea el mamporrero de la privatización del sistema sanitario programada por Esperanza Aguirre.
También asistió José Martínez Olmos, Secretario General de Sanidad, el cual en su discurso en el estrado, alabó el modelo de gestión sanitaria de la Comunidad de Madrid, que como sabéis se dedica a conceder la provisión de los recursos sanitarios de nueva creación (sobre todo hospitalarios) a empresas amigas, en vez de gestionarlo desde el modelo 100% público.
No es de recibo, en mi opinión, que alguien que forma parte de un gobierno que se dice socialista pueda defender este modelo. Si las cosas fueran como deberían ser en este país, este profesional tenía que haber sido llamado a la mañana siguiente a un despacho de mayor jerarquía y haber sido cesado de sus funciones. O si no, se tendría que aclarar cuál es el modelo de gestión sanitaria que defiende el gobierno, si es que tiene o defiende alguno.
Me retrasé un poco con este post por problemas con el vídeo. Hernán Martín, al que agradezco, lo hizo por mí.
Todos tenemos derecho a nuestro momento de gloria.
¿O no?


Aquí podéis leer “La residencia y la calle”:

http://d14aafm5ckv3lj.cloudfront.net/n148/relato2.pdf

La residencia y la calle. Roberto Sánchez. from Hernan Martin Photography on Vimeo.