viernes, 25 de marzo de 2011

LOS MÉDICOS LATINOAMERICANOS EN ESPAÑA. EDUARDO CAMACHO.

La primera vez que sentí de verdad lo que significaba la emigración tenía 20 años. Por aquel entonces yo era un joven incauto, alcohólico y pajillero, pero sabía que el mundo estaba ahí fuera, esperándome. Un día me compré un billete de autobús para París. Lo compré porque costaba trece mil pesetas ida y vuelta, a 15 horas cada trayecto. Yo quería ir a París, porque quería ser como Hemingway, pobre y feliz. Había leído a Ernest y a Vila-Matas y había aprendido que París no se acababa nunca. Soñaba con escribir en un escritorio rojo de latón, como inquilino en un piso de Marguerite Duras.

Lo pasé muy bien aquellos días. Era la segunda vez que salía de España. Fui pobre y fui feliz, pero tuve que volver, para ser seguir siendo pobre e infeliz. En el trayecto de vuelta, me puse en la penúltima fila del bus. En la última, se sentaron 5 tipos. Uno era marroquí, otro maliense, otro africano pero no me acuerdo de dónde, otro rumano y otro no me acuerdo. Un par de ellos se conocían, pero los demás no. Me embebí en “Paris era una fiesta” para disimular, aunque lo que estuve haciendo todo el rato fue escuchar discretamente la continua conversación de estos cinco personajes. Hablaban regular el castellano, pero era suficiente para entender sus historias. Durante diez horas, sin callar un minuto, hablaron de sus sueños, de sus familias, de sus penas, de sus proyectos en España, de las condiciones duras de la ilegalidad, de los miedos continuos, de sus innumerables conflictos internos, del orden del mundo.

En la frontera, subió la Guardia Civil a pedir la documentación. Bajaron a uno de ellos, el que iba a Murcia, a trabajar en la huerta. Decía que España era lo mejor del mundo. Nunca me olvidaré, allí en la penumbra, en medio de vete tú a saber qué páramo, de una ráfaga de luz que se escapó de algún sitio e iluminó los ojos rojos del maliense, que miraba a la parte trasera del bus. Aquellos ojos los he visto muchas veces a la largo de mi vida. Lo sé porque nunca se me olvidaron. Los otros cuatro chicos no volvieron a decir ni una palabra hasta llegar a Madrid.

Eduardo Camacho y Ana Bellet son médicos residentes de cuarto año de Medicina Familiar y Comunitaria de Madrid.




lunes, 14 de marzo de 2011

ROSARIO PARECÍA SARAJEVO

Yo pensaba en esos españoles y en esos turistas, en las pasarelas del Perito Moreno, en esas fotos que tantas veces había visto antes y después de ir al país, y no podía comprender qué cojones tendría que ver aquella masa crítica de hielo con los argentinos y con el país. Pensaba que yo podría haber sido otro gilipollas en gafas de sol mirando a la cámara y diciendo chimichurri, y que me había librado por poco. Pensaba en las cosas que no soy capaz de ver, por joven o por europeo o por capitalista a los ojos de los latinoamericanos aunque sea un proletario en cuerpo y alma o por gilipollas yo también. Pensaba en que hay que juntarse con jubilados como Óscar, que tienen los huevos canos, para ser capaz de verlas. Pensaba en que si yo no hubiera ido a la Argentina y no hubiera escrito aquella maldita memoria no estaría sentado delante de aquel señor con pinta de seductor a la manera del gitano Sandro. Pensaba en que la residencia acababa en mayo y qué camino convendría que escogiera. Al final te defines por tus actos. Saber valorar a los que han elegido un camino valiente y digno en la vida es una labor que debería exigírsele a la sociedad.

[...]

Pensaba en aquellas oquedades en el hielo del Perito, que iban cambiando, y no podía dejar de pensar en las oquedades similares de la Puerta de Alcalá, por disparos en la guerra civil y pensaba que esas balas eran balas políticas, iguales de plomadas que las económicas, las que se disparan en La Recoleta a las dos de la tarde. Las dos balas matan igual, pero el dedo que aprieta el gatillo es diferente en cada caso. Los cuerpos al final de la vida perecen de igual manera. Los de la gente que pasó sin pena ni gloria y los que pasaron con pena o con gloria, los imprescindibles. Yo no tengo otro propósito en la vida que hacer ver, escribiendo, que los que pasaron con pena, no hacían otra cosa que pasar con gloria. Las percepciones son modificables, como lo son las oquedades del Perito que cambian con celeridad o como lo son las de la puerta de Alcalá que cambian mucho más lentas, pero la erosión y la literatura van haciendo su trabajo, lento pero inexorable y a la vuelta de cien años los vencedores se transforman en perdedores y los perdedores en ganadores.

domingo, 6 de marzo de 2011

UNA PALABRA NUESTRA

Hoy echa a andar “Una palabra nuestra”.

“Una palabra nuestra” es un proyecto de Raquel Gómez Bravo y Roberto Sánchez para “Una palabra tuya bastará para sanarme”, que nace con el objeto de darle voz a los sin voz de la Atención Primaria, mediante el formato de la videoentrevista fundamentalmente.

“Una palabra nuestra” es un proyecto de vida. Nosotros aceptamos, en nuestra condición de fracasados vitales, que el mundo puede cambiarse y que la Atención Primaria puede cambiarse, y que la mejor manera de cambiar el mundo es cambiar la Atención Primaria, porque no hay nada sobre la faz de la tierra que reproduzca mejor el mundo a escala y lo que necesita para cambiar, que la Atención Primaria.

Para crear este movimiento podíamos habernos arrimado sin problemas a la industria farmacéutica (“la industria lo infiltra todo, todo, todo... y el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”... Jesucristo Gérvas dixit). Nos las hubiéramos arreglado para que nos hubieran “prestado” una buena cámara (en los Centros de Salud “prestan” microoondas del ITB, que te lo hacen en 4 minutos y máquinas que te hacen hemoglobinas glicosilada capilares en 5) o incluso para que nos viniera a solucionar el problema técnico una buena productora.
Pero hemos decidido calentar la leche en el cazo y hacer grabaciones amateur, porque pensamos que es lo más honesto para nuestros pacientes y para nosotros mismos.
El mejor video de la historia de YouTube se hizo con un móvil. El segundo mejor también.

Así que no nos juzguéis en términos de calidad técnica aunque intentemos ofreceros la mejor. Subir los volúmenes, que nosotros intentaremos hablar alto para que se nos oiga en la profesión y en la sociedad, abrir los corazones, buscar entre la cubierta y el forro del libro que os estáis leyendo la arena del último verano, inventaros la vida de vuestro compañero de asiento en el metro, o si no mejor, pedirle que os la cuente y acabar revolcándoos con él en un parque antes de la hora del almuerzo, acudiendo después a vuestro médico para decirle que habéis tenido diarrea, discreta mucosidad nasal, nomehepuestoeltermómetroperoyocreoquehetenidoalgodefiebre y sentir que el tiempo pasa, y que este día y este momento son irrepetibles.

Si los pacientes supieran lo que los médicos de familia hacemos y estamos dispuestos a hacer por ellos, quizá la reforma de la Atención Primaria pudiera ser posible.

Y vosotros ... ¿estáis ahí?

MÉDICOS DE FAMILIA SALTANDO A LAS REDES SOCIALES.

El Doctor Salvador Casado imparte una clase magistral y sienta cátedra en un pasillo en presencia de Epi (José Franciso Ávila de Tomás), Clara Benedicto, José Andrés Llamas y un servidor de ustedes.





Este post está dedicado a Pilar del Río, médico de familia en Valladolid que escribió esto en MEDFAM.

Juan,
dices en tu correo que "después de aconsejar cosas simples para mejorar la seguridad del paciente, del estilo de no recibir a los representantes..."
Me alegro de oírselo decir a alguien porque esta semana he tenido un "auto-raca-raca" en torno a este tema. Me explico , llevo más de 2 años que no recibo visitadores, las razones son varias y largas de explicar, una de ellas es el contacto con MEDFAM donde estoy adquiriendo conocimientos de primera mano sin humos industriales ; otra es que gracias a la escuela de idiomas , a la que llevo yendo desde hace 6 años ,ya me manejo a mis 47 con el inglés más o menos ; ) ....
Voy al grano:
Tenemos ecógrafo en el Centro de Salud y ,hasta ahora, todos los cursos de formación me los ha financiado mi empresa ( SACYL). Estos días ha habido un buen curso de Ecografía en Valladolid al que han ido invitados por el laboratorio que lo organizaba mis compañeras. Yo no he tenido acceso. Ni siquiera la oportunidad de pedir a mi empresa que me lo pagara porque el derecho de admisión estaba reservado.Y me siento mal. Me hubiera apetecido un montón, los ponentes eran de primera línea y el curso de un montón de horas; pero yo no era cliente en ficha por no recibir al vendedor y ,a pesar de que receto medicinas de ese laboratorio, me he quedado con los dientes largos.... y sin curso!
Me siento como un bicho raro. Los tratos con los visitadores están tan imbricados en nuestra práctica clínica que nos tienen cogidos por los cataplines y lo que más me fastidia es que yo sabiendo lo que sé y con el trayecto consciente que estoy llevando para evitar los contactos con los representantes añore esos cursos a los que no tengo acceso ¿ o se me hacen más apetecibles quizá por éso? ¿ o es que he tenido un día malo? ¿ o es que estoy trabajando demasiado? ¿ o es la perimenopausia ?
Vamos, que no me extraña que los compañeros se vendan al capital porque a veces la independencia te deja con cara de gilipollas.
Un saludo y gracias por leer ésto
Pilar del Río. C.S. Huerta del Rey. Valladolid

jueves, 3 de marzo de 2011

VOLVER A CASA

Tuve que dar un rodeo de 10.000 kilómetros para cruzar la calle y volver a casa.

Entrevista en "La Gaceta" de Salamanca. 3 de Marzo de 2011.

http://www.scribd.com/doc/49968929/Volver-a-Casa