martes, 15 de noviembre de 2011

MÉDICAS DE FAMILIA

Hay médicas de familia que cuando se acercan a explorarte huelen a champú del caro. Médicas de familia que llevan unos colgantes más largos que el fonendo. Que miran los escaparates de camino a los domicilios. Que toman café con leche y pincho de tortilla con cebolla a media mañana y que nunca les huele el aliento después.

Hay médicas de familia que cruzan las piernas y los dedos por debajo de la mesa. Que se ponen un imperdible o un esparadrapo que no pega para cerrarse el escote de la indumentaria sanitaria. Que recogen los pijamas en lencería.

Hay médicas de familia que aguantan estoicas la consulta aunque les duelan los ovarios, aunque el niño tenga fiebre y hayan llamado de la guardería. Que no toleran que los pacientes las llamen señoritas, niñas o chicas.

Hay médicas de familia a las que vas con un problema de muerte y te ponen una medi(d)a de comprensión y se te pasa. Hay médicas de familia que se merecen que las varices se consideren accidente laboral. Que llaman por teléfono y no van por la Gerencia a pedir trabajo cuando están embarazadas, porque saben que si las ven las van dejan de llamar.

Hay médicas de familia que te solucionan una cosa gravídica, digo gravísima, con una mirada. Que saben colocar el espéculo con cuidado. Hay médicas de familia que te dan un beso en la mejilla después de muerto. Que tienen más carácter que la Señorita Rottenmeier. Que despistan con mucho(s) tacto(s) las ETS. Que llevan los humos y los pantalones muy subidos. Que se ponen un cocodrilo en el fonendo para pasar la consulta de pediatría. Que se quitan las lentillas al final de las guardias. Que se les marcan las bragas por debajo del pijama. Que llevan los neceseres hasta arriba. Que lloran detrás del biombo. Que no beben agua del grifo. Que se quejan de los fritos del comedor. Que llevan gafas de pasta de colores. Que luchan hasta el final. Que madrugan para maquillarse. Que leen libros gruesos en el metro. Que saben escuchar igual que hablar. Que son fieles como los perros. Que tienen un par de huevos. Que viven la vida como si fuera el último día. Que nunca levantan la voz. Que llevan los taper en bolsas de flores. Que nunca dicen palabrotas. Que nunca tienen un grano. Que tienen unos dientes perfectos. Que te acompañan en el sentimiento. Que nunca comentan lo bueno que estaba el paciente, pero lo piensan. Que saben que las arrugas no son sino una manifestación clínica de los trienios.

Hay médicas de familia a las que siempre les gustaron los traumas.

Hay médicas de familia que sienten, y sueñan, y van a teatro y a pintura y al dentista y al ginecólogo y a bailes de salón y a danza oriental y a yoga y a aerobic y a spinning y a pilates. Que miran la tele sin verla al final del día de lo cansadas que están. Que cenan fruta y yogur. Y que cuando cae la noche pierden el conocimiento. Y aman en la penumbra.

18 comentarios:

Roberto Sánchez dijo...

Hola! Creo que existe alguna posibilidad de que me puedas decir que este texto es machista, sexista y que da una imagen frívola de las mujeres en general y de las médicos de familia en particular. Yo ese camino ya lo he recorrido hace mucho tiempo; he crecido con la feminización de la profesión en general y de la especialidad en particular. Desde el final de ese camino es desde donde está escrito este texto. Está escrito desde no solamente el reconocimiento de la igualdad sino desde la profunda creencia de que las mujeres están, en general, mejor dotadas que nosotros para ejercer este oficio. Por eso lo escribo. Está escrito desde la poesía, desde las aceras de las arterias (el endotelio) y desde el amor. Entiendo por éste una pasión desgarradora que todo lo atraviesa y estropea. Muchas gracias

fx dijo...

Pues a mi me parece un homenaje poetico, artistico y redondo al papel de la mujer en la medicina. Debiera considerarse un texto de referencia. Y ademas vieniendo de alguién del genero opuesto, si esta sintesis en pluscuamperfecto no es admiración... que venga una médica y me lo explique.

Felicidades Roberto, Un abrazo.

Juan F. Jimenez dijo...

Hermosas palabras que reconocen y homenajean poeticamente el valor humano de las compañeras, que ademas deben sobrellevar a cuestas su feminidad y tambien los topicos sociales.

Solo una salvedad (quizas explicable por la hipertrofia de responsabilidad laboral), pero no creo que sea bueno personal o socialmente, despreocuparse de un hijo enfermo para ocuparse de un trabajo aunque sea una consulta y menos aun si, es como las de AP: 90 por ciento pura contabilidad y burocracia politica.

Mayka dijo...

Me ha encantao.

nono dijo...

Me encanta. (este y otros tantos, pero hoy te lo digo)

Saludos desde el oscuro mundo del MIR

Anónimo dijo...

Yo soy médica de familia y quizás un poco feminista y no me he sentido ofendida en absoluto...
Hay médicas a las que poco les importa el qué dirán. Que llegan al Centro de Salud corriendo con la bici y tratan con la misma reverencia ( o irreverencia, no lo tengo muy claro), al yonki que les amenaza con pegarles a la salida por no darle el alprazolam(de marca)que a la coordinadora médica. Que intentan ser consecuentes consigo mismas, sin lograrlo en muchos casos, que reciben palmaditas y hostias a partes iguales y aún así, se sienten orgullosas de intentar ser Médicas de Familia (Y COMUNITARIAS)en esta sociedad....

Adrastea_Quiesce dijo...

yo soy médica (y trato familias aunque no sea familióloga) y feminazi y me ha tofado, aunque te hayas dejado fuera a muchas que son distintas, ni mejor ni peor. Y qué, me digo. Se puede hablar bonito de quien se quiera.

Asun dijo...

También medico de familia, de otra generación, con 24 años a las espaldas solo puedo decir q me has arrancado una sonrisa, me has traído a la memoria preciosos recuerdos y q me has motivado para practicar mas algún aspecto q tengo un poco arrinconado.
Efectivamente, lo que trasluce es la enorme admiración q sientes por tus compañeras; éso no es machismo.
Muchas gracias Roberto, me ha encantado

Manuel Comesaña dijo...

Aunque ahora habláis mucho del hospital y de las guardias, yo quiero retrotaerme a hace 33 o 34 años, cuando empecé siendo médico de pueblo. Yo solo, de guardia 24 horas, todos los días y con el hospital a 120 km. Fue entonces cuando vinieron las pioneras, algunas a sustituirme y otra llegó al pueblo de al lado. No éramos médicos ni medicas de familia, simplemente médicos y médicas de pueblo. Yo tenía una casa, pero ellas se alojaban en la habitación triste de alguien que se la alquilaba. Sin agua corriente y sin un cuarto de baño decente. Y a aquella ventana de la médica, llegaban, de madrugada, para dar unos golpes, despertarla y decir que fuera a un aviso, andando con el frío. Supongo que se le perdonaría que no se peinase bien o que no se maquillase.
Un día, la compañera del pueblo de al lado, se puso mala y me llamó. Recorrí en el 2 CV los 10 km. de mala carretera para llegar a su alcoba al anochecer. No recuerdo lo que le pasaba, algo banal, tal vez. Pero no he podido olvidar aquella habitación lúgubre y fría, posiblemente con el orinal debajo de la cama. Es posible que solo quisiera verme porque entonces éramos los dos
"jóvenes y guapos".
No deben olvidarse estas cosas así que perdóneseme si, cuando hay ciertas movidas como la última de prescripción por principio activo, esboce una leve sonrisita de suficiencia

Salvador Casado dijo...

La verdadera fuerza se esconde en el corazón de una mujer. Si alguien sostiene el mundo son claramente ellas.

Mar dijo...

Yo no soy médica, sí mujer, feminista. Y aunque cuesta ponerte pegas, en la alabanza de la abnegación femenina siempre está el peligro de "prescribir" una forma de ser mujer. O, en este caso, una forma de ser "buena" médica de familia.

Me gusta mucho más tu comentario tras lo escrito.

Un saludo.

June dijo...

Sublime.
Más de una (incluso todavía sin ser médica de familia o pediatra) se habrá sentido identificada. Gracias, muchas gracias por escribirlo y, sobre todo, por compartirlo.

dividirescompartir dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
dividirescompartir dijo...

Está estupendo. Yo seré de las que sí dicen lo bueno que está el paciente cuando se va. Y espero no volver a ser de las que se agachan de cuclillas para explorar un pene. Y las que nos quedarán por novatas...

rosana dijo...

A mi tambien me encanta

Belén dijo...

Yo soy médica y a mi me ha gustado mucho. No soporto el machismo y bajo mi punto de vista, se puede ver que tu intención no es otra que homenajear a tus compañeras mujeres. Y eso es una maravilla! :) Lo que me gusta menos es que en la explicación hayas puesto "las médicos". ¡Con lo bien que te ha quedado el título! Somos médicAS porque somos mujeres! :) Gracias y un saludo afectuoso!

saitu dijo...

Yo soy mujer desde hace 45 años, médicO desde hace 20, médicO del trabajo especialista desde hace año y medio y esto del género en ellenguaje me tiene un poco confusa. Como soy nacida en el 67 estudie EGB y dábamos "Lenguaje" aprendí a utilizar algunos sustatantivos acabados en O para designar a los 2 géneros; Begoña Ramirez era mi médico de cabecera (de las primeras especialistAs en Medicina de Familia y Comunitaria, ; mi prima L era abogadO, la prima de mi prima era ingenierO..
...y yo lo sigo utilizando así, igual que digo que mis compañerOs varones son especiaslistAs i no especialistOs, aunque sean especialies y listOs como el que más.
La entrada me ha gustado, el comentario del autor me ha gustado más todavía y el debate siempre me parece enriquecedor.
Muchas gracias, Roberto.

Anónimo dijo...

Saitu, totalmente de acuerdo contigo. Tendríamos que pensar por qué todavía en el año 2013 tenemos que leer estas cosas para sentirnos bien cuando debería darse por hecho. Y eso de que la mujer es superior y es la que sostiene el mundo...si alguien pusiese lo mismo pero al revés se le tacharía de machista insufrible verdad?