martes, 13 de septiembre de 2011

PEDICULOS(IS)

El otro día me ocurrió algo que hizo que me (a)saltaran las alarmas sobre mi propia (a)condición(ador).
Cuando salgo de casa mi prurito basal suele aumentar, pero nunca le doy ninguna importancia. Como hipótesis alternativa suelo (d)enunciar que no me aseo como acostumbro, que los detergentes con los que se lavan algunas prendas como las sábanas no son los mismos y sobre todo, que cuando salgo de casa no me someto a los rigores de las costumbres.
He hecho muchas veces un ensayo clínico que consiste en no cambiarme de calzoncillos en una semana, a ver qué pasa. Y el resultado es que nunca ha pasado nada, que nadie se ha dado cuenta ni ha dicho nada.
Resulta que, como digo, mi prurito basal estaba aumentando, sobre todo en el pelo (de la cabeza) y yo lo achacaba a que me veía envuelto en una sucesión de champús y acondicionadores impuesta por el lugar en el que vivía, que no sabía adónde había de llevarme. Las asociaciones de antihipertensivos tienen su modelo en el champú más acondicionador.
Al mismo tiempo que yo (mal)gastaba mi tiempo imbuido en estos asuntos pueriles, en la Puerta del Sol y aledaños se seguían librando batallas.
Hay gente que llama a los indignados perroflautas. Los titulares de prensa obligan a reduccionismos gramaticales y mentales. Si no se hacen simplificaciones absurdas los públicos abúlicos han de pensar y se corre el riesgo de que dejen de comprar el periódico.
Los perroflautas son una parte de los indignados, pero no todos. Es curioso como a esta gente se le califica continuamente de parásitos sociales, cuando son de los pocos que hacen algo porque la sociedad cambie, sin cobrar. Los políticos y sus adláteres dicen que también lo hacen, pero a ellos les pagan por eso. Los indignados y los perroflautas (éstos no siempre trabajan) tienen que ir a arreglar la sociedad al acabar su jornada laboral porque a la gente a la que se le paga por ello no le da la gana. Es lo que se conoce ahora como “After work”. Antes se iba uno al bar a tomar unas cañas. Ahora todos los días hay manifestación.
Otro curioso mito que circula sobre los perroflautas es que tienen piojos en la cabeza. Tener un parásito viviendo dentro de sí, adherido al folículo, y ser a su vez un parásito dentro del sistema, adherido a la prestación por desempleo y otras, transforma estas (man)infestaciones en una suerte de simbiosis.  Estos comportamientos no son finalmente otra cosa que una variante más de la función de los seres vivos de relación. Nacer, crecer, relacionarse, reproducirse y morir. Así de fácil. Este tipo de cadena trófica tiene las mismas peculiaridades que la cadena de frío o de mando. Con esta última es con la que les apalea la policía. Los gases lacrimógenos no son sino insecticidas en spray.
Resulta que de tanto picor, un día me dio por mirarme bien y vi a unos parásitos aferrados a mi masa capilar. En ese momento supe que aunque estaba lejos de Madrid, estaba allí, con ellos, en Sol y aledaños, y que había dejado de ser un indignado para convertirme en un perroflauta.
Pensé que en estos tiempos que corren vendría de lujo una buena revisión del diagnóstico y tratamiento de la Pediculosis capitis, para ver si con una buena desinfestación rompemos el cordón sanitario y nos ganamos el respeto de la sociedad.
Como dicen que las perroflautas además de unas piojosas son unas promiscuas, a lo mejor dejamos para otro día la revisión de la pediculosis pubis, dependiendo de cómo evolucione el picor éste de cojones que tengo, aunque creo que más que porque me haya parasitado a alguna es porque (otra vez) llevo una semana sin cambiarme de calzoncillos.
REVISIÓN PEDICULOSIS CAPITIS

Tener piojos es una infestación por Pediculosis capitis, que es una de las tres variedades de pediculosis que afecta al humano. Las otras dos son corporis y pubis (ladillas, que no se suelen pillar en la piscina, precisamente…)
Lo primero que hay que hacer al hablar de esta parasitosis es hablar de un aspecto no médico. A menudo en medicina lo médico es menos importante que lo no médico.
Los piojos tienen un gran estigma social, especialmente entre los niños y sobre todo, entre sus padres. Se siguen viendo como una infección de pobres y de descarriados.
El hecho de tener piojos es más frecuente en escolares de 3 a 12 años (prevalencia del 13% en Canadá en estos grupos), especialmente en las niñas, y es un fenómeno corriente,  que no se relaciona con el nivel social. En adultos, sí que se relaciona con la higiene.
La transmisión es por contacto directo con el pelo, aunque la relacionada con los objetos también es posible, aunque más hipotética. Estamos hablando de peines, cepillos, bufandas, gorras, etc. No se contagian desde las mascotas, por lo tanto no hay que tratar a éstas.
Los piojos viven en tres estadios:
Huevos o liendres: adheridas firmemente al cabello, amarillas o blancas, cerca de la base (a un par de centímetros) y que se pueden confundir con caspa, pero ésta se desprende fácil y los huevos no. En una semana se convierten en ninfas.
Ninfas: es un piojo, pero más pequeño. Es visible, pero adherido al pelo. Para progresar a piojo la ninfa se debe alimentar de la sangre del huésped.
Piojos: tienen un tamaño de una semilla de sésamo. Sobre el pelo pueden vivir 30 días, fuera de él 2, aunque si las condiciones de temperatura y humedad son propicias pueden vivir hasta de 3 a 7 días.  A las 24 horas de infestar, la hembra empieza a poner huevos. El piojo chupa la sangre cada 4 o 6 horas. Lo normal es que haya un número menor de 10 piojos vivos por infestación.
 Es apasionante biológicamente que el piojo es diferente en población norteamericana y africana, porque varía las garras en la cabeza para adaptarse a ambos cabellos, uno liso y otro rizado.
El contagio se produce desde el estadio de piojo. El contacto con huevo o ninfa no contagia.
Los síntomas son picor, excoriaciones, rash... y si la infestación es virulenta puede aparecer hasta sobreinfección de las lesiones, fiebre, linfadenopatías, etc..
Tienen apetencia por el pelo retroauricular y por la línea occipital, cerca de la nuca.
En la primera infestación, los síntomas se producen a las 4 o 6 semanas del contacto. Posteriormente, a las 24-48 horas del nuevo contacto.
Se detectan con la visualización directa. Para maximizar el éxito diagnóstico se recomienda aplicar un acondicionador sobre el pelo seco y examinar el cabello por secciones y con distintos peines de púa fina.
Es posible que no todos los niños a los que se les detecta huevos  desarrollen una infestación activa. En algunos casos no se progresa al estadio de piojo.
Esto es importante porque sólo hay que tratar a los que tengan una infección activa (motivo de exclusión escolar según la guía canadiense), con piojos vivos, aunque se puede plantear el tratamiento de los que tengan huevos muy cercanos a la base del pelo,  sin piojos vivos, y que no hayan sido tratados en el mes anterior, sobre todo si son contactos de infectados. El tratamiento innecesario sólo lleva a la angustia, a las exclusiones escolares innecesarias  y a las resistencias de los fármacos. La guía canadiense insiste que si después del tratamiento quedan huevos sin piojos vivos se debe dejar al niño volver al colegio, aunque otros autores no recomiendan en ningún caso la exclusión escolar. Los huevos muertos y los restos adheridos al pelo pueden seguir viéndose sobre el cabello tras 6 meses de aplicar el tratamiento, hasta que crezca el pelo, sin que signifique eso infección activa.
La evidencia no recomienda los cribados masivos en los colegios.
El tratamiento de primera elección en España es la Permetrina al 1%, en loción o champú. Se practica una aplicación insistiendo en la zona retroauricular y en la nuca, sobre pelo seco (así se evita la dilución del producto) y se deja actuar 10 minutos. Luego se aclara con agua tibia, sobre un fregadero o recipiente, para que los restos del champú no entren en contacto con todo el cuerpo. Se deja secar al aire o con una toalla y se quitan los liendres muertos con peine de púa fina. No usar secador. No lavar el pelo con champú hasta pasados 1 o 2 días. Si no funciona, hacer otra aplicación a los 10 días. La eficacia de las dos aplicaciones es del 95%. El tratamiento es seguro en el embarazo. Pasa a la leche materna.
Las Piretrinas también se consideran en esta primera categoría.
La segunda línea es Malation al 0,5%, que puede ser utilizado en niños mayores 24 meses de edad cuando exista resistencia a la Permetrina o cuando el tratamiento falla a pesar de ser usado correctamente. Es eficaz en el 98-100% de los casos. Se aplica en el cuero cabelludo, se deja secar de forma natural (sin secador ni plancha) y se lava a las 8-10 horas. Aplicar de nuevo a los 7-9 días si se siguen viendo piojos. La seguridad y eficacia de la loción de Malatión no se ha establecido en niños menores de 6 años y está contraindicada en menores de 24 meses.
Después del segundo tratamiento con cualquiera de los fármacos, no está de más comprobar una vez por semana las tres primeras semanas.
Se recomienda el tratamiento también de los convivientes que tengan infestación activa (o que tengan huevos próximos a la base y que no hayan sido tratados el mes anterior). Es importante que se traten a todos el mismo día, para prevenir reinfestaciones.
No está justificado el tratamiento sin nueva afectación para prevenir reinfestación.
Las terapias orales no tienen suficiente evidencia científica que las sustente, las estudiadas han sido trimetoprim-sulfametoxazol e ivermectina.
En cuanto el tratamiento de los fómites:
·         Ropa y sábanas: lavar a 55ºC al menos 20 minutos
·         Ropa que no se puede lavar: limpiar en seco o aplicar insecticida químico en polvo.
·         Peines y cepillos: lavar a 55ºC durante 5-10 min o sumergirlos 30 min en solución peliculicida.
·         Juguetes (sobre todo los de trapo): Lavar a 55ºC durante 5-10 min o sellarlos en una bolsa de plástico hermética durante 2 semanas.
·         Limpiar los suelos, alfombras y tapizados de la habitación.

Terapias no farmacológicas.
Como los piojos, ninfas y liendres se van muriendo en diferentes momentos después de la primera aplicación, conviene hacer un cepillado diario para irlos quitando. Se puede hacer con peine de púa fina. Después hay que lavarlo con agua del grifo y asegurarse con cepillo de dientes o de uñas que no quedan restos entre las púas. Después del cepillado hay que meter el peine 10 minutos en agua caliente o 24 horas en el congelador.
Bug Busting (lo que llamamos popularmente despiojar): es muy popular en Reino Unido, por la posibilidad de resistencia a los tratamientos. Es pasar el cepillo como hemos visto antes, sin dar champú. Hay que ser muy perseverante, hay que hacerlo cada 4 días, al menos 2 semanas. Se tarda 30 minutos por sesión. Si se encuentran piojos vivos en una de ellas, se deberá prolongar otras tres sesiones, también separadas por 4 días o hasta que encuentres el cabello sin restos durante tres sesiones seguidas. Es muy popular entre la población, aunque el éxito parece que es menor que con el tratamiento farmacológico.
Entre las demás terapias no farmacológicas ni mecánicas podemos encontrar aplicaciones con vinagre de sidra, eucalipto, aceite de oliva, pepitas de chirimoya, ajo, aceite del árbol del té, petróleo, mayonesa…  No hay evidencia científica de uso beneficioso.
El petróleo se ha usado tradicionalmente para la infestación de cejas y pestañas.
Hay que tener en cuenta de que muchos de estos tratamientos provocan la “inactividad” de los piojos por activación del mecanismo anaerobio del parásito, durante un período aproximado de 24 horas, pero no la muerte.
Con estos tratamientos hay que hacer unas aplicaciones de al menos 8 horas, con un gorro de ducha. Es muy engorroso y entre la duda sobre su eficacia, lo dificultoso de su aplicación y la falta de perseverancia no suelen ser efectivos.
He dicho.
Bibliografía: Principalemente Guía Canadiense (muy buena: http://www.gov.ns.ca/hpp/publications/Head_Lice_Guidelines_for_Treatment.pdf), Fisterra, Farmacéuticos Online de Barcelona. 

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gracias desde Sevilla, colega.