lunes, 5 de septiembre de 2011

LA RESIDENCIA Y LA CALLE

Una noche de septiembre como ésta me puse a contarle al papel (un abismo con tanta caída libre como la vida) una historia que me llevaba asaltando mucho tiempo. 
Empezaron a pasar las horas, hasta escuchar al fin los pájaros, y ver amanecer.
Los pájaros son los gallos de los beodos.
Aquella noche vomité de una tacada el borrador de aquella historia.
El uso y disfrute de la noche ha ido variando a lo largo de los años. En los años de los granos y el pelo largo (quizá el segundo trajo a los primeros) la utilizaba para perder el conocimiento de bar en bar; en los años de la calva y la barba la usaba para trabajar; y en los años de hacer lo que me sale del rabo porque ya tengo una profesión (parece uno aliviado por este hecho) la utilizo para vomitar todo lo que no he entendido de todos los años anteriores. Hoy en día uno puede convertirse en un profesional de algo aunque no haya entendido ni lo más mínimo de nada. Eso en mi opinión, es en lo que consiste la (equi)vocación.
En efecto, el vómito no es sino una forma de impaciencia derivada de los actos de escribir y beber. En efecto, beber y escribir no son sino dos maneras diferentes y comprensibles de ir en busca de algo que no existe. Los actos de escribir, beber y vomitar son capaces de sacar lo mejor y lo peor de mí al mismo tiempo.
El día siguiente a la noche en que vomité esta historia que va a continuación estaba rendido. En otras circunstancias habría llamado al trabajo para decir que tenía diarrera o sino gastrinteritis. Pero las noches enteras que había pasado de guardia me habían entrenado en este cometido.
Sólo después de pasar noches en vela en el hospital comprendí que la resaca le debe gran parte de su explicación al hecho de trasnochar, y no tanto al alcohol como se presupone.
Igualmente, la alevosía y la nocturnidad son capaces de explicar las ideas extrañas que le rondan a uno por la cabeza los días después, lo cual tranquiliza respecto al poder psicótico del líquido elemento.
Ojalá que para la resaca y los salientes existiera también una píldora del día después, que lo arreglara.
Ahora, después de haber ingerido licores de alta graduación y de tener una profesión y haber “abandonado” ambas cosas, me siento graduado.
Por eso ya no necesito gafas para poder escribir historias como “La residencia y la calle”.
Esta historia la acomodé al medio (puedes hacer unas tortillas de patatas cojonudas y ser el mejor, pero como te presentes a un concurso gastronómico de platos típicos españoles y resulte que al del jurado no le gusta la tortilla la jodiste) y la mandé a un concurso de relatos de la revista “Medical Economics”. El relato ganó el premio en la categoría “Médicos Jóvenes”.
Digo el relato y no yo, porque cuando se escribe una historia ésta cobra vida propia. Es como cuando tienes un hijo. Eres tú el que lo haces, pero no te puedes hacer cargo de todos los éxitos y los fracasos del producto, porque éste te supera a ti y a tus responsabilidades sobre él.
Puede que tú seas una persona impecable pero tengas un hijo que acabe siendo un gilipollas. O a veces también pasa que escribes una cosa que tú crees que es la hostia, pero luego resulta que no le gusta a nadie.
El hecho de que haya ganado el premio el relato y no yo, evidentemente no me exime de disfrutar de los parabienes del mismo. Los relatos no tienen domicilio fiscal y por tanto no tienen ninguna potestad legal.
Recibí el premio en el Hotel Palace de Madrid. Me tuve que comprar un traje y todo.
A la ceremonia asistió Javier Fernández-Lasquetty, Consejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid. Después de que pronunciara las palabras que podéis ver en el vídeo, durante el cóctel, en un momento que estábamos próximos se acercó a saludarme (dice el protocolo que tú no puedes ir a saludar a la reina, tiene que ser ella la que se dirija a ti) y es de justicia decir que, aunque no sé si fue por el deslumbramiento del poder, me causó muy buena impresión como persona, aunque sea el mamporrero de la privatización del sistema sanitario programada por Esperanza Aguirre.
También asistió José Martínez Olmos, Secretario General de Sanidad, el cual en su discurso en el estrado, alabó el modelo de gestión sanitaria de la Comunidad de Madrid, que como sabéis se dedica a conceder la provisión de los recursos sanitarios de nueva creación (sobre todo hospitalarios) a empresas amigas, en vez de gestionarlo desde el modelo 100% público.
No es de recibo, en mi opinión, que alguien que forma parte de un gobierno que se dice socialista pueda defender este modelo. Si las cosas fueran como deberían ser en este país, este profesional tenía que haber sido llamado a la mañana siguiente a un despacho de mayor jerarquía y haber sido cesado de sus funciones. O si no, se tendría que aclarar cuál es el modelo de gestión sanitaria que defiende el gobierno, si es que tiene o defiende alguno.
Me retrasé un poco con este post por problemas con el vídeo. Hernán Martín, al que agradezco, lo hizo por mí.
Todos tenemos derecho a nuestro momento de gloria.
¿O no?


Aquí podéis leer “La residencia y la calle”:

http://d14aafm5ckv3lj.cloudfront.net/n148/relato2.pdf

La residencia y la calle. Roberto Sánchez. from Hernan Martin Photography on Vimeo.

2 comentarios:

Pedro Sánchez dijo...

Un gran relato y enorme en la entrega de premios.

Espero que tu "abandono" dote de mayor graduación (si cabe) al licor de talento que recorre tu cuerpo y proporcione nuevas resacas literarias como esta.

By the way, mi enhorabuena y felicitaciones de nuevo.

Pd: Felicitaciones extensibles al técnico-productor del video.

Lilián dijo...

Felicitaciones, doc. Casualmente hoy es el día del maestro en Argentina. Hago extensivos los elogios, además, por ser un "maestro" en el arte de enseñar (y de curar las almas) con tus escritos.
Y valga la redundancia de los extensivos, mis felicitaciones a tus padres (o tus tíos, que siempre te acompañan)porque alguna cuota de responsabilidad tendrán en "los éxitos y fracasos del producto".
Un abrazo.
Lilián