jueves, 14 de julio de 2011

HOLA, BUENOS DÍAS

Nada se ha escrito de la actitud que debe tener un médico en un momento que a mí me parece clave. Éste es un momento que el médico desprecia en cuanto a su importancia, pero que el paciente sobrevalora. Si el médico lo hace bien, suma y si no, resta. No hay balances ceros.

Es un momento muy concreto y muy importante. Es el momento en que el médico cruza por la sala de espera hasta su consulta, para iniciar la jornada.

En ese instante la expectación de los pacientes está maximizada por la espera, por el aburrimiento que hace desear ese contacto; no solamente por ver al médico sino porque se acerca el momento de ser atendido y dar rienda suelta a todo lo que se ha estado incubando en casa (anhelos, conjuntivitis, dolores, fracasos, gripes, expectativas…).

Es un trance corto. Desde que el médico pisa la zona de influencia de su sala de espera hasta que llega a su consulta pasan solamente media docena de segundos.

Está claro que lo que nunca hay que hacer es ir con la cabeza gacha y entrar sin saludar al personal. Hacerlo impone una distancia que es un océano, una distancia que luego no hay dios que elimine con la mesa de por medio. Al paciente, con esa actitud, se le está diciendo: me cago en la puta, otro día más que tengo que venir al trabajo a aguantaros. Vengo porque me pagan, y porque esto es la Seguridad Social, que si no os iban a dar por el culo a todos.

No hay cosa más triste para el paciente que estar como un perrillo esperando a su dueño, ensayar una mueca de sonrisa y un conato de saludo para que pase el médico y ni le mire. Si esto sucede con la sala de espera a rebosar la responsabilidad del médico se disemina entre los presentes, pero si encima son pocos los que están, el paciente puede llegar a tomárselo como algo personal.
La prueba mayor de que esta actitud no es la adecuada es que el médico que no saluda con la sala de espera llena no tiene huevos de ir con la cabeza alta, de no mirar para abajo y de aguantar la mirada de sus pacientes.

Otra disyuntiva es cuando a lo largo del paso por la sala de espera se establecen varios momentos de saludo. Con los primeros que te encuentras, con los que están justo al lado de la puerta… Si haces saludos personalizados en tu devenir, hay pacientes que se lo pueden tomar como tratos de favor.

Otro caballo de batalla son los médicos a los que les gusta saludar a los pacientes por el nombre, como modo de calidez. Un saludo por el nombre a un paciente en la sala tiene muchas implicaciones. A los que no le llamas por el nombre (a lo mejor es que no te lo sabes, porque no vienen a menudo) pueden sentirse de menos, otros pensarán: si el médico se sabe el nombre de ese paciente es que vendrá mucho a verle, ¿qué le pasará?

A mí me parece que lo que hay que hacer es saludar… pero, ¿A quién? ¿A dónde miras? Yo creo que lo mejor es que cuando te aproximas al área de influencia de la sala de espera mires al vacío y sueltes un enérgico: Hola, buenos días.

Y todo dios saludado. Y contento.

4 comentarios:

Julieta dijo...

Decirte que todo lo que escribís me enamora más de vos , seria extralimitarme en mis palabras , irme de boca , decir cosas que no debería pero es la verdad

Mar dijo...

Estoy muy de acuerdo con la importancia de la sala de espera. Es cierto que es la gran olvidada. Una vez más, los textos obvian que la medicina es algo que se hace entre personas. Quizá debiéramos sentarnos de vez en cuando a esperar, a observar qué se cuece entre aquellxs que buscan (vete a saber qué) de esx otrx que se sienta al otro lado de la mesa.

elmedicodemihijo dijo...

Voy ultimamente con mi padre de 86 años al oftalmólogo por lo de las cataratas, la sala de espera es laaarga y estrecha a modo de pasillo,más de 60 personas esperando a primera hora. Todos, residentes, adjuntos y hasta la secre miran al suelo, lo he observado a diario, la gente lo comenta y se molesta, cuando menos una falta de educación. Yo como pediatra al llegar y salir a llamar saludo a todos y si se me pasa me saludan los niños "hola Jesús que no me has dicho nada".

Enrique Gavilán dijo...

Cómo se nota que no tienes críos, Rober, y que si llegas al trabajo falta de sueño es por haberte pegao una juerga de cojones y no por haber estado la santa noche pringao con los niños!!!
Pero sí, que llevas razón, que cambia mucho la cosa cuando uno llega cabizbajo al trabajo a cuando uno viene saludando a todos el mundo. Y si encima llamas a las personas por su nombre pues mejor.
Una vez me pasó con una señora que vino a verme. Le saludé y le dije buenos días, y ella me miró muy mal. Luego al pasar a consulta me escupió sapos y culebras... porque al parecer no le hice unos análisis que el especialista consideraba imprescindibles. Así que sí, saludar en los pasillos es importante, sí...
;-)
Un abrazo