domingo, 17 de abril de 2011

LOS FARMACRĺTICOS

Un día me escribió un chaval un correo para invitarme a que participara como ponente en una mesa redonda sobre “Medicalización de la vida” en Granada.

“Esta mañana casi me echan de un quirófano por preguntar que qué hacía un representante de la Industria dentro del área quirúrgica”, me dijo.

Yo inmediatamente pensé que me había convertido en un charlatán porque no me consideraba ningún experto en ese tema ni en ningún otro. Me habían enseñado que para ser experto en un tema había que ir por la vida de traje. Yo llevaba corbata en el corazón. El cayado de la aorta me cabalgaba como el nudo, pero eso no se veía. Tenía queloides en el alma, por no haber sabido curar a tiempo y bien las heridas. Las cicatrices del miocardio no son como las que deja el acné. Las primeras son propias de la madurez, como la escritura de la novela. Las segundas son propias de la adolescencia. A mí me gustaba lamerme las heridas como a los gatos.

Después pensé en cuántos ponentes habrían rechazado la invitación para que me hubieran propuesto a mí. Es mejor no preguntar, porque los promotores de los eventos, al igual que las chicas te dan indefectiblemente la misma respuesta: No, tú eres el primero.

Me preparé la ponencia a conciencia para responder a la llamada. Cuando acabé de darla los promotores de evento, al igual que las chicas: Has estado muy bien, en serio.

Aquel encuentro me permitió conocer un poco por dentro el movimiento farmacrítico de Farmacriticxs. La tentación de que la sociedad, o los sanitarios en este caso, consideren a éstos demagogos, extremistas o ilusos, siempre está flotando en el ambiente, al igual que pasa con otros movimientos que se rebelan contra lo establecido.

Me encontré un grupo de personas de firmes convicciones, que saben de dónde vienen y hacia dónde van, cultos, comprometidos, luchadores, con un gran respeto por las opiniones y las actuaciones de los demás, que piensan que van a depurar la influencia de la Industria Farmacéutica en los pacientes y en el sistema sanitario. Lo mejor de todo es que, primero, es verdad que lo van a conseguir y lo segundo, que te convencen de que va a ser así.

Una de mis ilusiones del viaje era descubrir cuál era el motor que agitaba sus conciencias para hacer lo que hacían. Dudaba si sería el rencor de clase, el resentimiento social o el ansia de poner a cada uno en su sitio cuando se tiene la supremacía ética sobre unas prácticas corruptas. Pero descubrí que ésas eran algunas de mis razones para ser farmacrítico, pero que ellos no tenían ninguna otra motivación que construir un mundo más justo y más límpido a través de una medicina más ética y transparente. Ellos eran espíritus puros, de convicciones y valores profundos. Algunos llevábamos encima la carga de ser conversos. Algunos habíamos participado al principio de la residencia en cenas de a 30 euros el plato en algunos de los restaurantes más caros de la ciudad. Habíamos asistido a algunos hoteles y cursos y habíamos sonreído bobaliconamente a las embajadoras en la tierra de La Bicha (que como en la foto de la orla, o entre las empleadas del Zara, no había ni una fea). No me arrepiento. Me gusta saber lo que vomito.

A un resentido social y a un humilde, al que se le han vetado algunas de las prebendas que la sociedad ofrece a la clase alta es muy fácil captarlo, seducirlo y financiarlo para que haga suyo el: Ahora os vais a enterar de quién soy yo.

Sin embargo, un verano que pasé en la casa de la sierra, que es la casa de todos, con mi padre Juan Gérvas, sufrí una septicemia de escepticemia.

Éste había sido mi camino, pero el de los farmacríticos no contaba con ningún trayecto por el lado oscuro. Era un camino derecho por el lado más bestia de la vida.

La contagiosidad del virus del movimiento farmacrítico sí que es significativa, es una epidemia con maneras de pandemia, y las Autoridades Sanitarias parecen no moverse del sitio de momento. Al revés que con la Gripe A, un virus de mucho menor contagiosidad.

Como se descuiden, en menos de nada, se acaban los ministros que engrosan las filas de la Industria después de su mandato, se acaban los turnitos de la visita médica en los centros públicos, en horario laboral del médico; una desviación no sólo prevista, sino regulada por la Administración. Se acaban las cátedras de patrocinio privado en la Universidad Pública. Qué vergüenza, joder, qué vergüenza.

Pronto toman las riendas estas nuevas generaciones que van a cambiar la Medicina en estos términos porque no sólo creen que pueden hacerlo, sino que saben que pueden y que lo van a hacer.

Aquellos días vi cómo se pueden organizar esos eventos sin gastos ni boatos absurdos. Vi cómo iban a buscar a los ponentes a la estación de bus, con el bonobús en la mano. Vi cómo te regalaban un detalle simbólico (el mejor, además: un libro con referencias a la ciudad o a escritores de la ciudad). Vi cómo te llevaban a comer al comedor universitario a degustar manjares locales a 3 euros el menú y vi cómo sacaban zumos y galletas del súper para merendar. Vi cómo te organizaban rutas de tapas y rutas de copas por los lugares más sórdidos de la ciudad, a escote. (La Industria farmacéutica también organiza estos eventos “a escote”, pero el escote es de otro tipo).

Pude observar, desde mi atalaya de lobo solitario, lo que significaban las decisiones asamblearias, el trabajo en equipo, el respeto por las opiniones de los demás, los modelos horizontales, la fuerza de la razón y de las razones. La inteligencia al servicio de un fin noble.

Ese fin de semana me di cuenta de que había encontrado por fin la Universidad y la vida universitaria que soñé. Con 11 años de retraso, manda cojones. Yo sabía, porque lo había soñado, que la vida, los años de la Universidad y la juventud no podían quedarse en vomitar en las esquinas de madrugada. Me pasé la carrera entera escuchando la radio en casa, con una manta sobre las piernas, repitiendo versículos de los apuntes mientras cabeceaba como un rabino.

Farmacriticxs cambiará el mundo, porque ya lo está cambiando. Porque ya ha cambiado el mundo de muchos sanitarios y con él, el de muchos pacientes. Un mundo que con ellos es mucho más justo, más decente, más digno y más humano.



Conflicto de interés:

Declaro que siento aprecio personal y que me divertí mucho con las personas de dentro y fuera de Farmacriticxs, que conocí aquel fin de semana en Granada.

Asimismo, aunque este texto siempre fue deseado, pensaba que nunca iba a ser escrito, ya que después del fin de semana aquél me iba de vacaciones y Adán necesitaba Eva-dirse.

En el avión a México, y no es coña, compartí asiento con un señor que preparaba una presentación concienzudamente con el ordenador. Miré de reojo y vi en la pantalla la tabla de riesgo cardiovascular de Framingham. Seguí mirando de reojo disimuladamente y vi que preparaba una ponencia sobre ASA y RCV. Portaba Mac, Iphone y dispositivos dospuntocerianos. El detector industrial se puso en marcha. De varios personajes que se acercaron durante el trayecto y de las conversaciones mantenidas, me hice deducir que eran médicos mexicanos que regresaban de un congreso en España. Al final, claro, emergió La Bicha de sus bocas y supe quién abonaba el viaje y el terreno. Yo, callado como una puta. El fenómeno de la corrupción no entiende de fronteras.

Al final de todo, tú no tienes que ir a por los textos sino que ellos vienen a ti. Es de las pocas cosas que tengo claras en la vida. Si lo hacen, no puedes hacerte el orejas y dejarlo pasar. Por eso aquí estoy, como un pelotudo, escribiendo esta pelotudez en vacaciones, quedándome ciego con la luz artificial en medio de la oscuridad.

Escribiendo algo que mi compañero de asiento nunca alcanzará a imaginar de lo que versa y nunca leerá.

Ha cerrado el Mac, se ha puesto a ver una peli y parece que le molesta la luz que le da en la jeta de refilón. De momento, sírvale de castigo de parte de los pacientes y de los farmacríticos.

2 comentarios:

anYta dijo...

Muchas gracias Roberto! El fin de semana, los sitios sordidos y tu intervencion fueron inolvidables.
Fuiste digno de ser el primero, porq lo fuiste.y no se xq me da q no sera tu ultima incursion en jornadas. Un beso para los dos.

Javithink dijo...

En los aviones siempre hay gente extraña.
Cuando Marta y yo volvíamos de Ghana, después de haber hecho vete-tú-a-saber-qué allí, iba a nuestro lado un estadounidense que había ido a Ghana para "informatizar la industria del coco"... seguramente él también fuera "de los malos"...