lunes, 14 de marzo de 2011

ROSARIO PARECÍA SARAJEVO

Yo pensaba en esos españoles y en esos turistas, en las pasarelas del Perito Moreno, en esas fotos que tantas veces había visto antes y después de ir al país, y no podía comprender qué cojones tendría que ver aquella masa crítica de hielo con los argentinos y con el país. Pensaba que yo podría haber sido otro gilipollas en gafas de sol mirando a la cámara y diciendo chimichurri, y que me había librado por poco. Pensaba en las cosas que no soy capaz de ver, por joven o por europeo o por capitalista a los ojos de los latinoamericanos aunque sea un proletario en cuerpo y alma o por gilipollas yo también. Pensaba en que hay que juntarse con jubilados como Óscar, que tienen los huevos canos, para ser capaz de verlas. Pensaba en que si yo no hubiera ido a la Argentina y no hubiera escrito aquella maldita memoria no estaría sentado delante de aquel señor con pinta de seductor a la manera del gitano Sandro. Pensaba en que la residencia acababa en mayo y qué camino convendría que escogiera. Al final te defines por tus actos. Saber valorar a los que han elegido un camino valiente y digno en la vida es una labor que debería exigírsele a la sociedad.

[...]

Pensaba en aquellas oquedades en el hielo del Perito, que iban cambiando, y no podía dejar de pensar en las oquedades similares de la Puerta de Alcalá, por disparos en la guerra civil y pensaba que esas balas eran balas políticas, iguales de plomadas que las económicas, las que se disparan en La Recoleta a las dos de la tarde. Las dos balas matan igual, pero el dedo que aprieta el gatillo es diferente en cada caso. Los cuerpos al final de la vida perecen de igual manera. Los de la gente que pasó sin pena ni gloria y los que pasaron con pena o con gloria, los imprescindibles. Yo no tengo otro propósito en la vida que hacer ver, escribiendo, que los que pasaron con pena, no hacían otra cosa que pasar con gloria. Las percepciones son modificables, como lo son las oquedades del Perito que cambian con celeridad o como lo son las de la puerta de Alcalá que cambian mucho más lentas, pero la erosión y la literatura van haciendo su trabajo, lento pero inexorable y a la vuelta de cien años los vencedores se transforman en perdedores y los perdedores en ganadores.

1 comentario:

MJ dijo...

La película Diarios de motocicleta muestra las mismas cosas que nos cuenta Rober...esa mirada de otra manera http://www.youtube.com/watch?v=Ygn1lNk_oTg