martes, 7 de mayo de 2013

EL FONENDO


Un verano me fui detrás de una sustitución “larga” (1 mes) a un pueblo. Me gusta la Medicina Rural y estaba tan desesperado de ir de aquí para allá que estaba dispuesto a lo que fuera con tal de estar más de 5 días en la misma consulta. Lo peor de la Medicina Rural es que hay que irse hasta los pueblos para ejercerla.

Me alquilé un piso en el sitio.

Al principio estaba bastante contento, pues me hacía gracia lo de la vida rural. Me gustaba no tener que levantarme a las 6 para estar en la consulta a las 8.

Según se iban sucediendo los días, el aislamiento iba haciendo mella en mí. Pasaba los días y las tardes en casa, solo, estudiando unos libros que llevé, leyendo, durmiendo la siesta, viendo las noticias y poco más.

Por otro lado, era bueno aprender a vivir sin algunas cosas absurdas y sin algotras cosas que están bien, a las que probablemente demos más importancia de la que tienen o a las que dediquemos más tiempo del que merecen. Internet es el paradigma.

Me sucedía que cuando salía por el pueblo a dar una vuelta solía ir como cohibido, pensando en que me encontraría con algún paciente. Cuando iba a algún sitio y en efecto había algún paciente, no me sentía totalmente libre para hacer o decir. No sé si esa actitud mía era algo normal o si por el contrario no tenía ningún fundamento.

Algunos días recibía algunas visitas cortas que me alegraban bastante, pero volvía enseguida a ese estado de letargia y soledad.

Todos los días me levantaba ansioso para ver si pasaba algo que me tuviera entretenido.

Alquilé un piso en un bloque en el que vivían predominantemente inmigrantes. Solían cenar tarde y cocinar mucho. La vida de los inmigrantes no era una vida fácil de 8 a 15, como la mía. En el patio de la cocina se solía escuchar mucho jaleo. Pero comencé a observar que también en la casa de al lado siempre se escuchaban muchas voces, de una pareja que ponía la música muy alta los días de fin de semana por la mañana y que solían discutir mucho. La sensación se fue acrecentando a medida que pasaron las semanas.

En mi planta había solamente otras tres puertas. Una, de una viuda. Lo sabía porque ponía en esa
plaquita de la puerta: Josefa XX. Viuda de XX. Otra, de un filipino con su hijo, y en otra la de esta pareja con niños.

Me picaba tanto la curiosidad y estaba tan aburrido que cada vez que oía algún ruido en la escalera iba a oler a la mirilla a ver si los veía.

Una vez así lo hice y vi que la chica (era joven, tendría 32) era una paciente que había venido a mi consulta un día y que me había mencionado un cierto conflicto familiar y una situación personal delicada.

Una tarde, tirado en la cama leyendo un libro les comencé a oír de nuevo discutir y gritar. El chico era de fuera, porque hablaba con acento. O rumano o marroquí, no sé.

Yo tenía el maletín abierto en la habitación, y mirándolo, no sé por qué, en un momento de lucidez, me se ocurrió sacar el fonendo y ponerlo en la pared, como en las pilículas.

Me quedé flipao cuando pude apreciar que podía oír la conversación con una nitidez asombrosa. Como si estuvieran en mi casa mismamente.

Pasaba las tardes enteras escuchándoles y llegué al punto de morirme de ganas en el trabajo de que llegaran las 15 para llegar a casa. Algunos días, me compraba unos sandwiches y todo y comía pegado a la pared. Tuve que darme un par de veces vaselina en los pabellones auriculares debido a la agresiva impronta de las olivas.

No puedo decir nada acerca del conflicto ni de la historia, pues en parte la conocí y la reconstruí también por lo que me iba diciendo la paciente en la consulta, que vino varias veces en aquel mes.  Contándola incurriría en revelación de secreto profesional. 

Sólo puedo decir que era una historia cojonuda, apasionante.

Cuando salían por la tarde o cuando se iban por la noche a la cama, sacaba el ordenador y me ponía a escribirla como loco.

El día antes de abandonar el piso me compré un destornillador que usé como palanca para levantar una baldosa del suelo que ya estaba un poco perjudicada. Metí la historia de la paciente que habia impreso debajo de la baldosa, hice un poco de cemento en el fregadero y la soldé hasta que quedó perfecta.

Ahí la dejé, no sé ni para quién ni para qué, pero no se me ocurrió otra cosa que hacer con ella. Para que dentro de 100 años la descubran las nuevas generaciones, como pasa en las pilículas y noticieros.

Al final pasé un mes muy divertido y emocionante.

lunes, 29 de abril de 2013

MIEMBROS FANTASMAS


Me gusta sentirme parte del relato de una ciudad.

Las ciudades tienen sus relatos, sus historias, sus personajes, sus referentes. Crecer sin un relato al que asirse es algo parecido a crecer sin padre, o sin madre. Es crecer desprotegido en la vida. Dar tumbos, perdido.

Da igual que la ciudad se llame Bariloche, o Barcelona, que sea un pueblo que se llame Pedrosillo. Lo importante es el relato. Si es Barcelona, será un novelón de 1000 páginas, más ameno pero más largo, menos abarcable. Si es Pedrosillo será un relato mucho más conciso, pero repetitivo, una pequeña parábola.

Para ser capaz de escuchar ese relato no es que haya que vivir toda la vida en el sitio, sino todo lo contrario. Irse es condición muy necesaria para desmenuzarlo. No debe existir miedo ninguno de perderse algo. Un verdadero hogar permanece impasible al tiempo. Es como los 40 principales. Te vas 10 años y cuando vuelves están las mismas canciones.

Madrid, en este sentido, decepciona la hostia. Por muchas razones se hace muy atrayente al principio, sobre todo para los provincianos, pero cansa rápido; el deslumbramiento dura lo que dura. La decepción acontece cuando te das cuenta de que cuesta una vida leerle el relato a la ciudad.

Tampoco es que mi propósito sea leerlo en 5 minutos, pero hay que vivir muchas vidas en la vida, no hay tiempo para más. No se puede estar la existencia entera detrás de un cometido.

Hay ciudades, por contra, que se pueden leer mientras tomas un café en una terraza. Tampoco es eso, como igualmente no puede ser que conozcas a una persona de hace cinco minutos y ya hayas sido capaz de leerle el relato, aunque sucede.

En otras ocasiones, Madrid deslumbra cuando se encuentra no el relato de la ciudad sino un grupo de personas afines capaces de dejar una huella en el alma. Entonces también merece la pena.

Como decíamos ayer, en las ciudades con relato cobran importancia los personajes míticos y los personajes conocidos. La probabilidad de un encuentro con un personaje conocido es Madrid es tendente a 0.

Lotro día vi una imagen que me dejó muy tocado. Reconocí por la calle, en una ciudad pequeña en la que vivo a veces, a dos personas que conocía de vista. Las había visto en muchas ocasiones separadas, pero siempre en el mismo contexto; en las Asambleas del 15M o en las manifestaciones de rojos. Cuando uno es capaz de reconocer los puntos débiles y dificultades de los movimientos ciudadanos en las grandes ciudades, no se puede hacer una idea de éstos en las pequeñas.

Ella, una chica, recordaba, muy joven (unos 23) y guapa, sin ninguna marca de la derrota en su rostro. Él, mayor y manco. La ausencia de un miembro es atributo de autoridad en cualquier movimiento (político o social, activo o pasivo, de flexión o extensión). Siempre tiende uno a pensar que lo ha perdido por la causa, aunque no tenga nada que ver.

Imaginé aquellas dos generaciones, separadas por otras dos, unidas por un mismo ideal, con unos mismos referentes y amantes de las mismas canciones que nunca pondrían en los 40 principales. Imaginé una amistad auténtica que florece al calor de muchas y muchas asambleas, en los parques del verano, en los locales de las asambleas de vecinos del frío invierno, alrededor de una de esas baratas estufas de butano que matan gente.

Como en las ciudades pequeñas no hay colas, se tiene mucho tiempo y no suele haber tanto que hacer, les seguí un poco. Se miraban frecuentemente mientras caminaban y luego entraron a un bar. Yo me situé discretamente en un extremo de la barra e hice como que ojeaba un periódico local. En las ciudades pequeñas sólo hay prensa local rancia, con lo que tampoco puede hacer mucho como que leía, porque me aburría rápido de las noticias sensacionalistas y beatas.

De repente observé que la activista situaba su mano en el aire y solamente después de un rato comprendí que estaba posando su mano sobre el miembro fantasma del viejo lobo de mar.

Salieron del bar y me deslicé tras ellos. Hizo entonces la chica hizo el gesto de agarrarle la mano a distancia del muñón; le estaba dando la mano al miembro fantasma.

Me resultaba difícil comprender cómo el viejo había adiestrado a la joven en esa tarea fantasmagórica.

La verdad es que si lo piensas bien es una putada pagar una receta de Gabapentina para algo que no existe. Imagínate pagarte un tratamiento de quimioterapia para un cáncer que te has inventado.

Las ciudades están llenas de miembros fantasmas. De cosas que existen y que solamente algunos sienten. Cuando te has cansado ya de las reales puedes aprender a jugar a ver las fantasmas. Si lo haces, es posible que te lo pases bien. Ésa es la diferencia de dos personas que viven en el mismo sitio; una puede estar muerta del asco pero la otra es capaz de ver lo que se oculta debajo de la realidad y se lo pasa pipa. A esto hay gente que también le llama delirio, pero ignoro dónde comienza exactamente el terreno de la patología. Lo que queda al otro lado de la patología es el mundo aburrido de los adultos.
Construir esos fantasmas y hacer que te acompañen de alguna manera sin que te sobrepasen es lo que conocemos como literatura.

Debe ser la hostia tener un miembro fantasma. Si te cortaran el rabo se llamaría el miembro miembro fantasma. Imagínense qué expresión más rara. Me pregunto cómo será hacerse una paja con un miembro miembro fantasma. Sería como una paja invisible, que no debe ser pecado ni nada, porque en realidad es una paja en el aire.

Mientras iba pensando en estas gilipolleces me despisté y los perdí de vista. Me di cuenta de que las ciudades nada tienen que ver con el espacio físico que las contienen. Que llevaba viviendo muchos años de manera discontinua en la misma ciudad y que el relato únicamente dependía de la gente que la habitara. Que esa parte que no se ve, que no sale en las fotos, que va y viene, que se esconde al que solamente pasea por allí, al que sólo pasa por allí, es lo que dota realmente a la ciudad de significado, y es el miembro fantasma de la ciudad.

Que hay algunas presencias y algunas historias que han marcado la ciudad, gente que ha dejado sus sentimientos y sus corridas en los portales y que ahora siguen reclamando en el imaginario colectivo un estímulo nervioso para seguir formando parte del cuerpo, pero sin que se vea, porque realmente el tiempo diluyó su historia.

Tengo muchas ganas de que llegue el 1 de Mayo para ver si vuelvo a encontrarme con el manco y la perroflauta.

martes, 23 de abril de 2013

MALVADOS: NORMOMEDICADOS.


La pasada semana tuvimos la oportunidad de disfrutar de una nueva entrega del programa “Malvados” de “Las décimas”, donde pudimos dar cuenta del excelso funcionamiento de nuestro sistema sanitario y las relaciones que mantiene con la Industria Farmacéutica, ejemplo de pulcritud y paradigma de espacio de encuentro que debe servir para ilustrar otros muchos aspectos del funcionamiento de otros sectores estratégicos.

Como es ampliamente conocido, las Industrias y las empresas privadas tienen como máxima y razón de ser ayudar a la sostenibilidad y al buen funcionamiento de los sectores públicos. No se conoce en el momento actual qué sería de los segundos sin los primeros.

En este sentido, fue especialmente interesante el encuentro con el médico Ubrique Faisán, que relató la responsabilidad que se observa en el modo en que se relacionan los médicos en nuestro país con la citada Industria Farmacéutica.

El doctor fue desgranando a lo largo de múltiples puntos la aséptica relación. Faisán comentó que el comportamiento de los médicos en este sentido es irreprochable, pues no utilizan el tiempo de su consulta ni el tiempo de sus pacientes, o el tiempo que pudieran dedicar a hacer alguna actividad en relación con su trabajo en el encuentro con el visitador médico, ya que estas visitas tienen lugar fuera de horario laboral. En este mismo sentido remarcó que los encuentros no tienen lugar en el espacio de trabajo del médico, de titularidad pública, área inviolable e infranqueable. Recordemos que, por ejemplo, la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid no permite grabar en sus instalaciones ni dedicar éstas a ninguna otra actividad que la asistencial o la docente del Centro de Salud, pues cualquiera otra “distorsiona e interrumpe la actividad normal de los Centros”. Jamás sucedería que se dedicaran las instalaciones para cuestiones de promoción o información de fármacos o productos farmacéuticos. 

Tampoco pasa que sea la misma Administración, que nunca impide las iniciativas de sus profesionales en ningún sentido, la que regule el orden de la visita médica en el Centro, ni que haga un horario para que no se amontonen los visitadores encima de un médico el mismo día.

Nunca se han visto a visitadores médicos esperando a las puertas de los antequirófanos, en espacios ya vetados para los familiares de los pacientes a los que están interviniendo en ese momento. Nunca han accedido los visitadores a los cuartitos de los residentes en los hospitales, ni han ofrecido latas de refresco que han pagado ellos de la máquina.

Saliendo de las instalaciones sanitarias, jamás se ha visto pagar a un visitador médico el desayuno del médico y del que a él lo acompañe, sea residente, enfermera o conocido. Nunca se han introducido en un Centro de Salud público alimentos o bebidas que haya costeado la Industria Farmacéutica. Jamás ha habido una sesión clínica en un Centro de Salud cuyo ponente cobraba de la Industria Farmacéutica. Nunca se han pagado 400 euros por dar una charla de 40 minutos a nadie. Siempre que ha habido una charla, se ha explicitado adecuadamente en el tablón de anuncios de docencia que esa charla la organizaba tal o cual laboratorio.

Faisán remarcó que es totalmente falso que se invite a cenar a los residentes a restaurantes muy buenos steaks tartares de 30 euros el plato, ni a pequeñas charlas en restaurantes donde se cena magníficamente tras las mismas.

Tampoco, dijo, se conoce ningún caso de un representante que haya invitado a los médicos de un servicio entero a pasar un día de paintball o de cars. Jamás de los jamases, nunca, se han pagado servicios de prostitución con el dinero de la Industria Farmacéutica, ni copas en bares. Nunca han pagado cenas de Navidad a ningún servicio, ni “fines de semana gastronómicos”.

Nunca en la vida han pagado un billete de avión a un médico para ir a un congreso a Buenos Aires, o a Chicago o a Finlandia, ni le han dado un billete en primera si el médico lo ha pedido. Jamás le han pagado uno de los mejores hoteles de la ciudad.

Jamás se ha regalado un PDA a un médico, ni un teléfono móvil, ni un fonendo, ni un otoscopio, ni una máquina que hace los ITB del tirón, ni una máquina que con una glucemia capilar hace una hemoglobina glicosilada, ni un libro que cuesta 300 euros.

Jamás ha tenido la Industria Farmacéutica ningún tipo de relación con eso que llaman Sociedades Científicas, y que lejos de ser instituciones invisibles, son consideradas en parte interlocutoras de las autoridades sanitarias autonómicas y nacionales.

Como también comentaba el farmacólogo San Ramón Nomeimporta, es falso que el presupuesto de dicha Sociedad Científica se nutra principalmente del Congreso Nacional anual, que es patrocinado de arriba a abajo por la Industria Farmacéutica; que no asegura el poder del reparto de casi todas las inscripciones, que no monta una feria en sitio bien visible con todo tipo de stands promocionales, que no se asegura los derechos audiovisuales del congreso, que no interviene sobre el orden de las ponencias. Jamás se ha regalado un Ipad a los ponentes en un congreso de una Sociedad Científica patrocinado por la Industria Farmacéutica. No es cierto que los grupos de trabajo de las Sociedades Científicas sean nidos de relaciones estrechas entre médicos e Industria Farmacéutica.

Además, todo paciente tiene derecho a saber si su médico recibe o no regalos o ingresos de empresas farmacéuticas. “Me consta que somos el colectivo más transparente”, remarcó Faisán.

Entroncando con lo que comentaba Faisán y Nomeimporta, la inmensa mayoría de las prescripciones que se realizan en España están plenamente justificadas, con arreglo a la evidencia científica. Se prescriben racionalmente los coxibs, no hay un paciente de no alto riesgo cardiovascular que tenga puesta una estatina en prevención primaria, no hay ninguna mujer que no haya tenido una fractura que no reciba un bifosfonato, no hay una mujer por debajo de 65 años que tenga puesto un bifosfonato y no hay una mujer sin factores de riesgo que no le hayan hecho ninguna densitometría. No se ha puesto ningún IBP distinto a omeprazol salvo en casos de interacciones con los anticoagulantes o con algunos antiagregantes. Hay una proporción de ARA II menor del 10% respecto a IECAs. No es cierto que exista la medicalización de la vida.
No se está exagerando ninguna enfermedad. La medicina privada no es doblemente agresiva en este contexto.

Asimismo, las empresas farmacéuticas no mantienen ninguna relación con los pacientes directamente, ni a través de las Asociaciones de Pacientes. Jamás una empresa ha cofinanciado una Asociación de Pacientes, y nunca la ha utilizado de correa de transmisión de sus intereses.

En otro orden de cosas, el Exdirector de Salud Pública Santiago Niño de San Ildefonso comentaba que nunca un político ha recibido persuasiones por parte de la Industria Farmacéutica acerca de un producto que comercializan. Que el Ministerio toma todas sus decisiones con criterios de evidencia muy explícitos que están al alcance de todos cuantos quieran chequearlos.

El programa fue un éxito de audiencia y los televidentes pudieron dar cuenta, ejerciendo sus derechos ciudadanos de participación, de la naturaleza de los entresijos de la realidad en la que viven.

Cabe mencionar los aplausos y alabanzas vertidos sobre el doctor Faisán a lo largo de esta semana, por acercar un tema tan importante a la población y por dar en la diana con sus reflexiones. Vaya por delante desde aquí también nuestro reconocimiento. 

lunes, 15 de abril de 2013

CIPRESA


Me gusta la gente mítica. Gente mítica es la gente que todo el mundo sabe quién es aunque no la conozca personalmente. Me gusta de las ciudades pequeñas que hay gente mítica y la gente la reconoce. Para que ustedes me entiendan, míticos son los dos heavys que bebían calimocho en botella de colajota de dos litros por las tardes, en la puerta de la extinta Madrid Rock. O mítico es el chico sin brazos que agita con la boca un mini con unas monedas en el fondo, en Sol.

En la ciudad en la que vivo a veces, hay un mítico muy mítico. Es un tipo que siempre está en la puerta de la biblioteca. Es un chico joven, con el pelo largo y grasiento y chafas de pasta revenida. Siempre está como esperando en la puerta, pero no fuma ni nada.

Un día me interesé por él y pregunté a varias personas, entre ellos a los trabajadores de la biblio, que tengo confianza. Me contaron que era conocido desde hacía muchos años. Un funcionario me dijo: - Se ha leído todos los libros de la biblioteca, te lo puedo demostrar. Yo le conozco desde cuando no tenía gafas ni nada.

Me acordaba de aquella anécdota atribuida a Cabrera Infante. Un día un periodista visitó su casa en su exilio en Londres para hacerle una entrevista, y al ver la casa forrada literalmente de libros, le preguntó si se había leído todos. – Sí – contestó-, pero sólo una vez.

El bibliotecario me comentó que como ya se los había leído todos, esperaba fuera. Cuando les venía alguna novedad se la reservaban de estrangis y él era el primero en leerla. Se sentaba en el rincón de lectura y no levantaba la vista hasta que la acababa. Ahora con la crisis llegaban muy pocas novedades, por eso pasaba más tiempo fuera que dentro.

Un día, sorprendentemente, apareció por la consulta. Yo no sabía que era de mi cupo. Me acuerdo bien de ese olor de la ropa cuando no la lavas durante mucho tiempo, a rancio. Los que sois sanitarios sabéis bien de qué olor os hablo.

Me vino a por recetas predominantemente. Le noté en el vocabulario la influencia del boom latinoamericano y del Siglo de Oro. También del realismo mágico, porque tomaba neurolépticos, pero sólo alguno. Era la persona más parecida a Don Quijote que había conocido yo en esta etapa contemporánea que me había tocado vivir.

Me dijo al entregarle las recetas que como yo era nuevo para él me iba a hacer una pregunta que nadie le había sabido resolver. Me preguntó si yo sabía por qué Zyprexa se escribía con “X” y no con “S”. 

– Te lo digo porque he decidido llamar Cipresa a mi perro y no estoy seguro de que ésto sea correcto- remató-. A lo mejor tú sabes, que eres de otra generación - me dijo-.

Debía pensar que lo de los conocimientos funcionaba como las Cefalosporinas, por generaciones.

Y tras un silencio, continuó:

- Cipresa es un muy bonito nombre para un perro – dijo mirando al vacío, como hacen los que ya no esperan ningún feedback porque saben que la soledad y el pesimismo sobre la existencia todo lo ocupa y no deja sitio para mucho más -.

Sí, sin duda lo era. Como también lo era Snedecor (de la F de Snedecor) o Cameco (de pistola Cameco). Yo no tengo perro porque ya no le doy a los canutos. 

lunes, 8 de abril de 2013

GIMENA Y ALBERTO

Se había comprado un chalet con su marido durante el boom inmobiliario. Era un casoplón, de dos plantas, prácticamente autónomas. Vino después la crisis; la inmobiliaria y la matrimonial. Y no pudieron hacer frente al divorcio ni a la venta. Decidieron que él se quedaba arriba y ella abajo. Hacen por no verse, pero es inevitable. Un día él se llevó a una chica a casa y al día siguiente ella dejó puesta la llave por dentro, por lo que él tuvo que poner una escalera sobre la fachada para acceder a la vivienda por la ventana. Ella controla la puerta de entrada, como la Atención Primaria en el Sistema Sanitario. Si se tienen que decir algo muy importante se dejan notas en el buzón. Como está en la entrada y se dejan correos, también lo llaman Bandeja de Entrada.

Una vez tuve que ir a verlo a casa, porque tenía un dolor de barriga de la hostia. Se revolcaba por el suelo y todo. Le mandé al hospital porque parecía una pancreatitis, y así fue. Tenía unos triglis de 1243. Le dije que y eso y me dijo que como la cocina quedaba abajo, llevaba 8 meses comiendo bocadillos y cosas sin cocinar. Eso sí, le había tocado a cambio una buhardilla preciosa.

Siempre me ha llamado mucho la atención la gente que vive en chalets. Pero todavía no sé por qué. Esperaba entenderlo escribiendo esto pero ya lo estoy acabando y nada.

martes, 2 de abril de 2013

ACLARACIÓN


En relación a la propuesta de sanción que usted me envía al Centro de Salud déjeme manifestar lo siguiente.

1. Que es cierto que se ha accedido desde una sesión informática de titularidad mi DNI a páginas pornográficas.
2. Que la causa de este acceso es la siguiente. Vino un paciente a consulta haciendo referencia a un problema eréctil. El problema tenía relación con una malposición peneana que dificultaba con mucho las relaciones sexuales. Por lo que me iba contando yo sospechaba una enfermedad de Peyronie. A mí no me gusta mandar un paciente a los especialistas hospitalarios sin conocer bien el caso y estar seguro de los motivos de mi derivación, excepto cuando el paciente quiere ser valorado en Atención Especializada sin contar con mi criterio, en cuyo caso pongo en el papel a modo de castigo y de resarcimiento moral por estudiar durante 12 años: “El paciente quiere ser valorado por vuestro servicio. No desea ser valorado en Atención Primaria”. El asunto es que para yo poder valorar el caso con todos los elementos necesitaba al paciente erecto. Suelo llevar impresos en papel en el maletín unos MiniMental, unos ejercicios de rehabilitación vestibular y algunos otros para la columna cervical, pero no suelo llevar material complementario en este sentido. Así que pensé en decirle que viniera emporrado de casa, pero vivía el paciente lejos (las pasiones duran lo que duran, qué le vamos a hacer) y supuse que cuando llegara ya se le iba a haber pasado. Decidí cambiar el biombo de orientación y le dejé mi sitio para que se estimulara con el amplio y suntuoso contenido de la red. No había otra manera. 
3. Esto fue lo que realmente sucedió.

Disculpe las molestias que les haya podido ocasionar.

Reciba un saludo.

lunes, 25 de marzo de 2013

RAQUEL


Raquel tiene 36 años. Es madre soltera. Trabaja en el Mercadona de su pueblo. La contratan para hacer refuerzos. También dobla y hace reducciones de jornada y de Pedro Ximenez, como los médicos de familia. Tiene un hijo. El niño nació con un problema. Nació sin una pierna completa, una agenesia. Hay prótesis para eso. Son articuladas y permiten hacer movimientos complejos y tola hostia. Cuestan 20.000 euros. Antes la Seguridad Social cubría el material protésico, el 100 %. Ahora hay que pagar el 10%. Tiene que pagar 2000 euros por la prótesis. Lo malo es que el niño tiene 5 años y crece y crece. Se van desarrollando los huesos y músculos y cada año la prótesis tiene un tallaje diferente. Cada año se la tienen que cambiar. Raquel no tiene dinero, hasta que no llega el verano la llaman muy poco (porque las compañeras se acumulan, como los médicos de familia) y va a tener que pedir un crédito, me cuenta. Cuando pronuncia la palabra crédito se le corre todo el maquillaje de los ojos, y me recuerda a la fluoresceína, que encuentra su desfiladero hacia el CAE por la sien.

lunes, 11 de marzo de 2013

LA TITULARIDAD DE LOS PACIENTES


No soporto que un paciente mío caiga en urgencias por un proceso médico que entra dentro de las competencias de un médico de familia y lo citen sin motivo alguno para una consulta de un especialista en el hospital, que a partir de ahora y bajo solamente su potestad se erija en su seguidor de la diabetes, HTA, migraña etc etc...

Meses y meses haciendo esfuerzos por ganarte la confianza del paciente con tus conocimientos, con tus decisiones, con tu visión, para que ahora un médico que conoce a tu paciente desde hace media hora, decida que el seguimiento de esa patología la van a hacer en el hospital.

¿De quién es la titularidad de los pacientes?

No hablo, evidentemente, de patologías de manejo puramente hospitalario, yo qué sé, un melanoma o una Esclerosis Múltiple, hablo de las múltiples patologías que son competencia del médico de familia, que son la mayor parte.

¿Qué vas a hacer? No le vas a decir al paciente: - No, mira, no vayas al hospital aunque te hayan mandado porque ése es mi trabajo.

Suerte que esto no tenía sentido en un sistema puramente público de gestión pública. Ningún neurólogo quiere seguir ahí una migraña común, ni ningún endocrino quiere llevar a un diabético tipo II, esos paciente antes o después vuelven a Atención Primaria; pero las cosas cambian con el nuevo modelo mixto (Atención Primaria pública y Hospitalaria privada, de los hospitales de gestión privada).

Los pacientes quedan encantados con ser seguidos por un especialista del hospital. Con que una cervicalgia corriente y moliente sea revisada por el traumatólogo. Esto los empresarios de Capio lo saben y arrepañan pacientes absurdos para hacer números, con patologías banales. Les interesa rebotarse al paciente con tonterías, de la Urgencia a la Consulta de Medicina Interna, o de la Urgencia a Traumatología, de ahí a la Unidad del Dolor por chorradas, y potenciar primeras visitas con descaro para hacer números. Las consultas hospitalarias sólo tienen dos puertas: las urgencias y la Atención Primaria. Y ésta última queda fuera de su control (por eso es lo siguiente que quieren dominar, en los territorios de sus hospitales).

Cada vez se parece más la Sanidad Pública a la Privada.

Hace un par de años la Sanidad Pública tal y como la conocíamos parecía intocable. También la Atención Primaria. La Sanidad Pública cayó. La Atención Primaria caerá.

martes, 26 de febrero de 2013

LA NATREMIA DE LAS LÁGRIMAS


He visto a lo largo de mi práctica médica muchas lágrimas.
 
Si te pones a pensarlo, es la hostia que por una emoción personal, que cada uno tiene una y de unas características diferentes, se ponga en marcha un mismo circuito que acabe activando un mismo motor que segregue un mismo líquido que sale por un mismo tubo, a la manera de una manguera.
 
Y que el sitio por donde mana ese agua sea el ojo. Quizá es así porque los ojos son el espejo del alma. Las lágrimas serían entonces el limpiacristales. En este caso no habría entonces que secarse con pañuelos de papel, sino con papel de periódico.
 
Da que pensar que las lágrimas salgan por un sitio tan explícito. Si salieran por el culo o por la uretra, nadie se enteraría de que estás llorando. Pero es que salen por los ojos, una parte totalmente expuesta al público a no ser que lleves unas gafas de sol. Éstas son capaces de disimular un llanto escaso, como de andar por casa, un llanto de unas imágenes del telediario, pero no un verdadero llanto con sujeto, verbo y predicado. Igual que de un buen discurso intelectual manan ideas e ideas, o igual que de un absceso tabicado como dios manda mana pus y pus, de un llanto bien construido manan lágrimas y lágrimas. A un llanto en condiciones no es capaz hacerle la función de presa una gafas de sol ni cristo que lo fundó.
 
Las lágrimas son saladas. Lo más lógico sería que fueran amargas, o en todo caso dulces. Pero por una razón que no alcanzo a comprender, la biología ha reservado el sabor amargo para la cera de los oídos, el dulce para el semen y el ácido para la sangre.
 
Entre todas las lágrimas que he visto a lo largo de estos años ha habido dos patrones de llanto que me han conmovido especialmente.
 
Uno de ellos es el llanto de los padres inmigrantes, al lado de sus parejas en el paritorio.
 
Todo lo que pasa en torno al paritorio es conmovedor. La emoción allí es capaz de arrebatarte, noquearte en medio del trajín, y provocarte el llanto aunque no quieras.
Es muy emocionante ver a los padres. Ser sanitario ofrece el privilegio de ser testigo de la intimidad de los demás. No sé por qué, pero a mí me llamaba mucho la atención de la figura del padre. Nunca lo perdía de vista. Quizá porque es de relativa nueva incorporación al espectáculo del parto.
 
En el caso del padre inmigrante, no podía dejar de pensar en qué esfuerzo y qué calamidades no hubo de pasar esa familia antes de venir a nuestro país. Me sentía en esos momentos orgulloso de vivir y pertenecer a un país que puede dar a ese niño lo que sus padres nunca pudieron tener, pero que gracias a su esfuerzo ese hijo tendrá.
 
No puedo dejar de pensar en esa palabra que pronuncian las matronas cuando el niño ya está fuera: ¡¡¡Bienvenido !!!
 
 
La otra lágrima que me "cala" es bien diferente. Suele tener lugar en la sala u hospital de urgencias (obs)tétricas. Allí acuden a menudo mujeres embarazadas con dolor, pérdidas de sangre o contracciones inexplicables. Se les suele hacer una ecografía. En algunas ocasiones se puede apreciar en la pantalla que el feto no tiene latido cardíaco. “Tenemos malas noticias”, es la frase elegida en este caso. Lo que viene después no tiene palabras, porque el llanto las corta.
 
Recuerdo bien a una paciente. Una chava boliviana, tenía 14 o 15 años, creo. Tenía rasgos indígenas, era muy guapa, nariz bien afilada y los ojos un poco achinados. Me acuerdo que me impactó porque era la primera indígena que veía en mi vida vestida de Inditex, y no estaba prevenido contra ese signo de la modernidad.
 
La primera vez que la vi fue en la consulta, donde yo rotaba por la mañana. Se había quedado embarazada sin querer y acudió a la consulta con su pareja, que tenía 16 años. Le preguntó la ginecóloga si quería tener al niño (era ésto en la época en que las mujeres tenían algún tipo de derecho y los deberes no se los imponía el Opus Dei) y dijo que no, pero que lo iba a tener. La ginecóloga habló con su pareja y éste le dijo que estaba trabajando y que contaban de alguna manera con la ayuda de sus padres.
 
Volví a ver a la chavala un par de semanas después en las urgencias, donde hacíamos guardias los residentes de medicina familiar y comunitaria. Consultó por algo que no recuerdo y al ponerle el ecógrafo sobre el vientre la ginecóloga de guardia le dijo: “Tenemos malas noticias”.
 
Recuerdo bien aquellas lágrimas. Yo personalmente me sentía aliviado por saber que la naturaleza, la biología o llámalo X le había solucionado a la chica un gran problema. Pero ese torrente de lágrimas me hacía percibir que algo se me escapaba.
 
No sé si habrá que ser mujer para entenderlo.
 
Y eso que se me escapaba ando todavía buscándolo. Por eso hace de aquello varios años y todavía lo tengo tan presente.
 
 
Las lágrimas son el mínimo común denominador de la alegría y la tristeza. No hay probablemente nada en el mundo que sea capaz de aglutinar dos sentimientos tan dispares.
 
Las lágrimas son saladas. Tienen la misma cantidad de sodio que la sangre: 135 a 145 MEq/l . No me digáis que no es curioso.

lunes, 18 de febrero de 2013

10 COSAS QUE PUEDES HACER PARA SACAR DE SUS CASILLAS A TU MÉDICO DE FAMILIA

1. Cuando conozcas que te toca pasar a la consulta porque has preguntado a tu antecesor la hora a la que tenía cita, pasa directamente sin esperar a que el médico te salga a llamar.

Llevas esperando 40 minutos y es tu turno. No hay nada que el médico tenga que hacer entre paciente y paciente. Y si lo tiene que hacer que lo haga luego. Si no entras sin esperar a ser llamado puede que se olvide de ti.
 
2. Cuando estés en la consulta plantea varios motivos de consulta diferentes y vete cambiando de uno a otro de manera simultánea.
 
El médico debe ser capaz de dar respuesta a los síntomas de los pacientes, es su trabajo.
 
3. Cuando has agotado los 5 o 10 (llevas ya 5 extra) minutos con el motivo de consulta y has hecho entregarse al máximo al médico, sácale otro motivo como el primero, cuando ha acabado con éste.
 
Has esperado 40 minutos esperando a los demás, que se han explayado pero bien. Ahora te toca a ti.
 
4. Entra en la consulta y comienza diciendo: vengo a que me mande al ginecólogo, o al urólogo o al de digestivo. Es muy importante que no explicites el motivo al principio para hacer que te lo pregunte tu médico en medio de un gran suspiro y de una cara de sulfuración.
 
5. Entra en la consulta y comienza diciendo: vengo a que me mande una analítica. Puedes rematar diciendo: hace mucho que no me hago una.
6. Causa la impresión en el profesional de que venías a por recetas cuando parecía que venías por el catarro.
 
7. Cuéntale lo mal que te sienta toda la medicación que te manda.
 
8. Haz reiteradas comparaciones entre el médico que había antes y él, en contra del actual.
 
9. Emite tus quejas sobre la no dispensación de un antibiótico cuando lo crees necesario, y si no es suficiente, fuérzalo. Puedes rematar diciendo: es que a mí hasta que no tomo antibiótico no se me pasan los catarros. O: a mí es que nunca me da fiebre, tengo la temperatura muy baja.
 
10. Pídele todas las recetas con número de envases incluidos de seguido. Si dice que él también es especialista seguro que será capaz de memorizar toda la lista de una vez.

 

lunes, 11 de febrero de 2013

DEL CASERÍO ME FÍO


Creo que ustedes son conscientes de la credibilidad de la información que pueda dar a la opinión pública una empresa contratada por el Partido Popular que se dedique a hacer una auditoría acerca de los sobresueldos a la cúpula del partido.

Creo que ustedes son conscientes de la credibilidad de la información que pueda dar a la opinión pública una empresa contratada por la Consejería de Sanidad de la Comunidad de Madrid acerca de la viabilidad del modelo de gestión sanitaria privado.

Creo que ustedes son conscientes de la credibilidad de la información que pueda dar al colectivo sanitario una guía canadiense sobre la osteoporosis en la que al final de la misma se pueda dar cuenta de los conflictos de interés de los redactantes de esta manera.

Competing interests: All authors received consulting fees and travel support from Osteoporosis Canada during the preparation of this article. In addition, Alexandra Papaioannou has been an advisory board member for Amgen, Eli Lilly, Merck Frosst, Novartis and Procter & Gamble; has served as a consultant to Amgen, Aventis Pharma, Eli Lilly, Lundbeck Canada Inc., Merck Frosst, Novartis, Procter & Gamble, Servier, Warner Chillcott and Wyeth Ayerst; has received unrestricted research grants from Amgen, Eli Lilly, Merck Frosst, Procter & Gamble and Sanofi-Aventis; has received clinicaltrial grants from Novartis and Pfizer; has received a research grant from the Ontario Ministry of Health and Long-Term Care; and has served as a member of the Continuing Medical Education Steering Committee of the Ontario College of Family Physicians. Suzanne Morin has been an advisory board member for Amgen, Eli Lilly, Novartis and Warner-Chilcott and has received speaker’s honoraria from Amgen, Novartis and Merck. Angela M. Cheung has been an advisory board member for Amgen and Eli Lilly; has served as a consultant for Merck; and has received speaker’s honoraria from Amgen, Eli Lilly, Merck, Novartis and Warner Chilcott. Stephanie Atkinson has served as a consultant to Pfizer and Wyeth Nutritionals and has participated in a multisite clinical trial funded by Novartis. Jacques P. Brown has been an advisory board member for Amgen, Eli Lilly, Merck, Novartis and Warner Chilcott; has served as a consultant for Amgen, Eli Lilly, Merck, Novartis and Warner Chilcott; has received grants from Abbott, Amgen, Eli Lilly, GlaxoSmithKline, Merck, Novartis, Pfizer, Roche, Sanofi-Aventis, Servier and Warner Chilcott; and has received speaker’s honoraria from Amgen, Eli Lilly, Merck, Novartis and Warner Chilcott. David A. Hanley has served as an advisory board member for Amgen Canada, Eli Lilly Canada, Novartis Canada, NPS Pharmaceuticals, Servier Canada and Warner Chilcott; has participated in clinical trials funded by Amgen, Eli Lilly, Novartis, NPS Pharmaceuticals, Pfizer, Servier and Wyeth Ayerst; and has received speaker’s honor aria from Amgen Canada, Eli Lilly Canada, Novartis Canada, NPS Pharmaceuticals and Servier Canada. Anthony Hodsman has been an advisory board member for Amgen Canada, Novartis Canada, Procter & Gamble Canada, Shire Pharmaceuticals Canada and Warner-Chilcott Canada; has served as a consultant to Cytochroma Canada; and has received speaker’s honoraria from McGill University and Novartis Canada. Stephanie M. Kaiser has served as an advisory board member for Amgen, AstaZeneca, Bristol Myers Squibb, Eli Lilly Canada, Merck Frosst/Schering, Novartis and Servier; has received speaker’s honoraria from Amgen, AstraZeneca, Eli Lilly, Merck Frosst/Schering Plough, Novartis, Procter and Gamble (now Warner Chilcott/Aventis), and Servier Canada; has received payment for development of educational presentations from Eli Lilly Canada Inc.; and has received travel funds for activities unrelated to this paper from Amgen Canada. Brent Kvern has been an advisory board member for the Alliance for Better Bone Health (sponsored by SanofiAventis and Warner) and for Amgen Canada; has served as a consultant for Servier Canada; has received honoraria from the Alliance for Better Bone Health, Amgen Canada, Eli Lilly, Merck Frosst Canada and Servier Canada; and has received payment for development of educational presentations from the Alliance for Better Bone Health, Amgen Canada, Eli Lilly, Merck Frosst Canada and Servier Canada. William D. Leslie has been an advisory board member for Amgen, Genzyme and Novartis; has received unrestricted research grants from Amgen, Genzyme, Merck Frosst, Procter & Gamble and Sanofi-Aventis; has received speaker’s fees from Amgen and Merck Frosst; and has received travel funds for activities unrelated to this paper from Genzyme. No additional competing interests declared for Sidney Feldman, Sophie Jamal and Kerry Siminoski.

La Medicina es una puta mentira. Otra más.


domingo, 3 de febrero de 2013

LA POESÍA BENEFICIA SERIAMENTE LA SALUD (O NO).


En este mundo de bonhomía 2.0 todo parece ser bueno para la salud. Todo lo que aumente los ingresos por las ventas de un determinado producto, claro.


Las emociones y pasiones también son buenas para la salud, dicen... Estar contentos mejora la salud...

Qué fácil sería en este mundo de Yupi (o de yuppie???) decir: La poesía beneficia seriamente la salud. Todo lo que se nos ocurra hoy en día beneficia la salud

¿Beneficia la poesía la salud? Pues yo qué sé. Probablemente no. 

Pienso en el bueno de Bukowski, que transitó sus días etílico perdido y no creo que en su caso la poesía le beneficiara mucho la salud. 



El beneficio o no de la poesía depende mucho de su presentación.

Fijaos qué peligro tiene ésta.


Foto creación de Raúl Vacas Polo

O ésta: 


                                                                                             Foto creación de Raúl Vacas Polo

Lo que está claro es que si se propusiera la poesía como tratamiento, debiéramos usar la mínima dosis eficaz, es decir, prescribir los versos justos y necesarios. No se puede desperdiciar un poema entero para un tratamiento de 1 verso cada 8 horas durante tres días. 

No hay problema por desmenuzar los versos en la farmacia e individualizarlos. Si os fijáis ahora los blister traen líneas discontinuas para individualizar cada comprimido. Surgió ante la comodidad que significa llevarte tu dosis al trabajo y no tener que llevarte todo el blister. 

Si alguien no pilla el sentido completo del poema con los versos que le han dispensado para esta concreta enfermedad, pues no pasa nada. Que se vuelva a poner malo y ya está. 

Los comprimidos están ranurados por si alguien quiere tomarse sólo el sujeto y el verbo y dejar el complemento directo y los circunstanciales para por la tarde. 


En esta vida contemporánea hay algunas cosas que no se pueden obviar, por lo visto.

Una es proveerse de una profesión. 

Por si el atributo o la cualidad de ser persona no fuera suficiente, uno tiene que ser algo. No digo alguien, sino algo. 

No se concibe hoy en día alguien que no tenga profesión. No tener profesión es como no tener DNI o como no tener nombre. 

Hay varios tipos de profesiones, que se pueden esquematizar de la manera que sigue:

Las que le gustan a la suegra: abogado, médico, ingeniero...
Las que no le gustan, que a su vez se dividen en:

Las que tienen título Universitario: filósofo, matemático, historiador del arte...
Las que no tienen título Universitario: escritor, poeta, intelectual, obrero de la construcción...

En la vida hay que decidir al servicio de quién se pone el conocimiento y el trabajo. En distintas proporciones y con los adecuados matices, llegará un día que sin saberlo se elija si se quiere poner el trabajo a disposición del beneficio individual o del colectivo, si se quiere servir a la causa pública o a la privada...

Con respecto a la profesión de médico, suelen existir dos extremos y entre esos dos son los que se sitúan la mayoría de los profesionales. 

En un extremo están los que les gusta la Medicina como ciencia, les gusta estudiar el funcionamiento del cuerpo humano, las peculiaridades del sistema circulatorio, etc...

En otro están los Andrés Hurtado, protagonista de “El árbol de la ciencia” de Pío Baroja, médico y escritor. “A Andrés le preocupaban más las ideas y los sentimientos de los enfermos que los síntomas de las enfermedades”.


Pío Baroja

Pienso que entre los médicos de familia son más los Andrés Hurtados.

Es difícil ser médico de familia y no acabar poeta en el intento.

Los poetas pagarían por ser médicos y poder tener todas esas materias primas pasándoles a diario por delante de sus ojos y poder escribir sobre ellas.

No todos los poetas escriben. Yo conozco a algunas personas que sé que son poetas, pero ellas mismas lo desconocen, porque la gente piensa que para ser poeta hay que escribir. 
Para ser poeta lo que hay que saber es mirar, observar... luego ya si se escribe o no es otra cosa.

De la misma manera que no todos los poetas escriben hay médicos de familia que no pasan consulta. Son iguales de médicos de familia en conciencia y corazón pero no pasan la consulta, que es un acto análogo al de escribir, para el caso que nos ocupa.

El médico de familia y el poeta son especialistas en explorar los acontecimientos más importantes del acontecer vital: el nacimiento, la niñez, la adolescencia, la juventud, el momento de ser padre o madre, la madurez, la vejez y la muerte.

El poeta y el médico de familia saben hacer muy bien su trabajo en los distintos ámbitos a los que se circunscriben. El primero al del amor, al de la soledad, al del desamor, al de la crítica social, al de la política, al del compromiso... El segundo al de la cardiología, al de la dermatología, al de la nefrología, ginecología, etc...

Los médicos de familia y el poeta usan métodos que se parecen mucho entre sí.

El primero parte de la anamnesis y la exploración física: inspección, palpación, auscultación y percusión. 
El poeta hace algo similar: la anamnesis es un diálogo, preguntas y respuestas con él mismo, y de ahí, después de generar las preguntas ya puede ir a buscar las respuestas afuera. Se nutre igualmente de la inspección de las cosas, lo que palpa (No es lo mismo palpar la mama que tocar la teta, me transmitió mi profesor de Cirugía en la Universidad), auscultar la realidad y (re)percutir en el papel.

El médico de familia resuelve sus diatribas con un juicio clínico y un tratamiento, o en muchos casos, con una presunción diagnóstica y un tratamiento. 

El poeta también resuelve sus inquietudes y problemas presentados en la introducción, en el cuerpo y en las conclusiones. O en  los sonetos, presenta en los primeros dos cuartetos y resuelve en los dos tercetos. 

A Raúl Vacas le encantaba recordar la entrevista en la que un invitado le pidió a la periodista Nieves Herrero recitar un soneto en su programa y ésta le respondió: - Bueno, pero uno que sea cortito, ¿eh?




Las actividades del médico de familia y del poeta lo son de introspección. Son gente solitaria porque su actividad es muy solitaria.

Un médico de familia y un poeta pueden darle vueltas a un diagnóstico o a un verso durante una noche entera.

Los dos ven lo que hay, lo que la realidad revela en la superficie, pero deben bucear para ver qué es lo que se esconde. Deben ser conscientes de lo que se dice, pero también de lo que se calla. 

Al igual que hay poetas que se tienen que ganar la vida escribiendo novelas o ejerciendo el periodismo porque lo suyo no da más de sí, también hay médicos de familia que se tienen que ganar la vida trabajando en Urgencias o en otros sitios porque las condiciones de la Atención Primaria no dan más de sí porque a los que mandan no les da la gana que den más. 

Al igual que la poesía no es una prosa separada en renglones, la medicina de familia es una actividad en sí misma, no es un trasunto de la labor de los especialistas hospitalarios. 

Al igual que los poetas sienten desesperanza porque la gente los ve como vagos, inútiles o locos y realmente son ellos los más cuerdos y útiles de todos nosotros, la Atención Primaria también se desespera porque observa como se la maltrata, se la infrapresupuesta, se la ignora y se la desprecia mientras que ella sabe que es el eje del sistema sanitario.

La Medicina y la poesía son dos armas cargadas de futuro. 

Pase lo que pase, y aunque se derrumbe el mundo, siempre estarán ahí, de una u otra forma.

Si no existieran, habría que inventarlas. 


Texto resumen de mi ponencia en las Jornadas de Jóvenes Médicos de Familia de la SEMFYC. Mayo de 2012.




                                                                                                Foto creación de Raúl Vacas Polo

miércoles, 23 de enero de 2013

HART. TUDOR HART DE GLYNCORRWG. LAS JORNADAS DE VITIGUDINO.

Hace un par de años escuché a Juan Gérvas hablar de unas jornadas científicas celebradas en un pueblo pequeño e insignificante respecto al caso que nos ocupa, a las que había asistido un personaje muy importante de la Medicina.

Las jornadas se habían celebrado en Vitigudino, un pueblo muy cercano del sitio donde nació y creció mi madre, provincia de Salamanca, ciudad en la que yo nací, crecí y estudié, producto del éxodo rural de aquellos años.

El ilustre personaje en cuestión era Julian Tudor Hart, General Practitioner inglés, que enunció en 1971 la Ley de Cuidados Inversos, que viene a decir que en el sistema sanitario se prestan muchos servicios sanitarios inútiles o prescindibles a aquellos que no los necesitan y sin embargo aquellos pacientes que más necesitan del sistema sanitario menos reciben de él, por diversas circunstancias, siendo esto mayor donde más se orienta el sistema sanitario hacia el mercado.

Yo había leído Soldados de Salamina y evidentemente no podía dejar pasar un acontecimiento tan grandiosamente casual así como si nada.

Hablé con Juan Gérvas y en seguida me puso en contacto con Julián Velasco, médico de cabecera de Candelario (Salamanca).

Me cité con él y me supe afortunado, porque comprobé que la pasión por la Atención Primaria que yo había descubierto en Madrid y pensaba exclusiva de esa ciudad, también existía en el sitio donde yo había crecido, y que lo que yo había ido descubriendo en esos últimos años desde que había rotado con Juan Gérvas en Buitrago de Lozoya, ya existía mucho antes de que yo, incluso, naciera.

Julián Velasco y Ana María Nielsen (médico de familia danesa, 30 años en Salamanca, quizá otra historia por narrar) me contaron cómo un grupo de entusiastas capitaneados por Jose Manuel Fernández organizaron unas jornadas en Vitigudino, un pueblo de la provincia, en torno a uno de los temas que estaban en boga por los 80, la Hipertensión, campo en el que Tudor Hart se estaba destacando con su grupo de estudio. Me recordaba que en aquella época no existían, por ejemplo, las fracciones LDL y HDL del colesterol.
 
Contactaron con Tudor Hart, que como todos los grandes accedió a participar cuando la convocatoria está hecha con ilusión y con buen hacer, aunque el acto fuera sencillo y el sitio humilde.

Fue una delegación desde Salamanca hasta Barajas a recogerle en un 600 o coche antiguo similar, que no hablaban ni uno ni papa de inglés. A mitad de camino se les ocurrió preguntar a Julian si había cenado y éste estaba muerto de hambre, por lo que pararon cerca de Ávila a comer unos chorizos con pimientos. Estaban preocupados por la comodidad del alojamiento de Tudor, para que estuviera todo a su gusto y en orden. A Tudor Hart esto no parecía importarle mucho y sólo dijo que estaba bastante cansado y que por favor no se le despertara hasta las 10 de la mañana. No sé qué pasó que a las 6.30 estaban tocándole ya en la habitación.

Tudor Hart participó tres veces en las Jornadas de Vitigudino, en los primeros años de la década de los 80. Los vecinos también asistían a parte de estas reuniones y se hacía lo que se podía por traducir.

Después de verme con Julián Velasco y con Ana María Nielsen, decidí profundizar en la figura de Julian Tudor Hart. Leí e incluso traduje algún artículo. En ese precioso artículo que enlazo pude leer como Julian Tudor Hart, tras transitar algunos caminos desarrolló su proyecto de vida en Glyncorrwg. Todo médico de familia busca, en el fondo, su Glyncorrwg. Glyncorrwg también se llama Cicely, o Buitrago de Lozoya, o Santa Hortensia o Jacinto Arauz o Las Hurdes. Tanto, que cuando se acaba Glyncorrwg se acaba ya gran parte de la vida. Todos necesitamos un gran proyecto sobre el que hacer cabalgar el grueso de nuestra existencia.
 
 
 
(El señor fuerte de constitución, con corbata y repeinado hacia atrás que aparece en las fotos es el ilustre catedrático de la Universidad de Salamanca Don Sisinio de Castro, autor del afamado libro de Patología Médica).
 
Cuando terminé la residencia, acabé tan hasta los cojones que decidí irme a Inglaterra un tiempo. Durante las lluviosas noches (es decir, a partir de las 17.30 de la tarde) fantaseaba con encontrarme con Tudor Hart y que me contara más de las Jornadas de Vitigudino.

Un día decidí que iba a escribirle. Le pedí una dirección a Julián Velasco y pasaron un par de meses sin respuesta. Se lo comenté a Gérvas, creo, que me dio otra, aunque no recuerdo esto bien. Le volví a escribir y me contestó. Desde el primer momento se mostró dispuesto al encuentro. Yo le imaginaba ya bastante anciano, pero no pudimos encontrarnos los primeros meses porque, me sorprendió, tenía una agenda importante de viajes para dar charlas y participar en actos científicos. Noruega, Italia y no sé qué más sitios. Yo fui adaptando mi itinerario en United Kingdom para caer por Noviembre en torno a Gales. Julian Tudor vive en las proximidades de Swansea.

Justamente Julio Bonis andaba cursando estudios superiores en Londres y organizamos la visita en común. Julio se trajo a un amigo y colega canadiense, que estudiaba con él en la London School. Nos reunimos en Cardiff la noche antes y estuvimos tomando algo en un pub de ésos en los que dicen que es muy fácil ligar con madres rellenas divorciadas y borrachas.
 
Contando historias, el chico canadiense comentó como de pasada que había estado en Argentina en un Centro de Salud. Yo le dije que anda que qué casualidad que yo también había estado. Dijo que en Bariloche, le dije que yo también. Dijo que en el Centro de Salud El Frutillar. El mismo que el mío.
 
 
A la mañana siguiente alquilamos un coche (nos preguntó el de la oficina de alquiler la profesión y Julio le preguntó que si le podía decir por curiosidad que por qué preguntaban la profesión y le dijo que era para prevenirse de “los estudiantes y artistas”. Juas juas).

Condujo Julio, ya sabéis, con el volante al otro lado y las carreteras y rotondas al revés que las nuestras, en medio de la lluvia.
 
Llegamos a casa de Julian Tudor Hart. Qué momento el de esperar ante la puerta y que finalmente al otro lado apareciera él. Había pasado un año o así desde que oí la primera vez lo de las Jornadas de Vitigudino (qué lento va todo). Nos hizo pasar y no nos habíamos sentado cuando enarboló un papel y preguntó: ¿Es cierto ésto? Era un artículo del BMJ de Aser García Rada que se titulaba algo así como: ¿Se hunde el sistema sanitario público español? Tuve la oportunidad de conocer a Aser cuando yo hacía guardias de residente de familia en el Hospital Niño Jesús, y después de eso hemos tenido algunas positivas coincidencias más. El mundo parecía demasiado interconectado por momentos.

Tuvimos una muy agradable charla en torno a la chimenea y luego almorzamos. Una sopa o crema y una ensalada con pollo. Muy rico todo.

Comentó la importancia de pensar no sólo en los pacientes que vienen a tu consulta sino en los que no vienen, y reflexionar en por qué no vienen y si necesitan algo. También habló de lo importante que sería tener a salubristas en los Centros de Salud como unos integrantes más del equipo. También que se está perdiendo a los verdaderos generalistas.

La conversación fue bastante animada en torno a variados temas sanitarios y de Medicina de Familia. Tanto, que saqué el tema de las Jornadas de Vitigudino de soslayo pero tampoco me quise poner cargante porque la conversación parecía discurrir por otros derroteros. Julian recordaba aquellos días bastante bien. Le gusta bastante España y ha viajado a nuestro país en innumerables ocasiones.

Le regalamos un lomo ibérico de Guijuelo (Salamanca) y Julio hizo unas tarjetas muy bonitas con las fotos que me había pasado Julián Velasco, del paso de Tudor Hart por Vitigudino. Julian las dedicó con un dibujo del Quijote.


Después de la visita me quedó una gran satisfacción y también un pequeño vacío que quería llenar de alguna manera.

Proyecté leer algunos de sus grandes libros y no lo hice. Proyecté leer mucho más, aprender mucho más de él y no lo hice. Pensaba que el tiempo iría haciéndome tropezar más con Julian Tudor Hart, pero como dice Juan Gérvas, siempre dejamos lo importante por lo urgente. Me hubiera gustado ofrecer aquí mucho más de la vida y obra de Tudor Hart pero no puedo, por el momento. Ésa es la razón por la que después de dos largos años que dura esta aventura hoy saco ya esta historia. Hay personas tan grandes que para hacerles un retrato mínimamente decente debes dedicar varios meses, sino años, íntegramente, al estudio de sus publicaciones. Pasa también por ejemplo con Bárbara Starfield. El retrato de estos personajes debe ser llevado a cabo en uno u otro momento, por quienes amamos el oficio de médico general/de familia.

Quise adentrarme en esta historia por varios motivos. Uno, sin duda, es la figura de Julian Tudor. Pero por más cosas también. Quise mostrar cómo, en un sitio perdido de la geografía, con solamente un grupo de personas con ilusión, se pudo hacer algo muy grande, algo que sin embargo creo estaba en el olvido y espero que con este trabajo se tenga más presente de lo que se ha tenido hasta ahora.
 
He aprendido que allá donde se mire, hay grandes médicos generales/de Familia. No solamente en las grandes ciudades y en sus extrarradios que es donde se marcan gran parte de las tendencias; porque una de las grandezas de nuestro oficio es que con muy poco se puede hacer mucho, que no existen las barreras, ni las fronteras, sobre todo ahora que con Internet el conocimiento circula como un rayo. Hay acojonantes médicos e iniciativas existiendo por ahí y nadie se entera. De ahí la importancia de escribir.

Pero sobre todo he aprendido, si no a través del cuerpo de la historia a través del trasudado que ha ido filtrándose como las aguas subterráneas por la capa freática, que hay una deuda con los médicos generales/de familia más mayores. Que han sido sepultados por muchos años y muchos actos ignominiosos y dolosos, y que ahora, al final de sus días profesionales, miran con algo de tristeza todo lo recorrido. Yo les digo que los que ahora comenzamos somos los herederos de una gran obra, que ellos han hecho muy digno este oficio, que ha merecido mucho la pena, que los que ahora comenzamos somos como los que iban a los conciertos de Extremoduro cuando nadie les conocía: “pocos pero escogíos” y que Extremoduro llena hoy el Palacio de los Deportes de Madrid. Que estamos preparados para dar la batalla. Y que les tendremos muy presentes. Porque cualquier colectivo que ignora, no cuida, no recuerda y no restituye a sus mayores es un colectivo absolutamente indecente. Eso también lo aprendí de Soldados de Salamina.

Gracias a todos los antes mencionados y gracias a Hernán Martín, que grabó y montó el vídeo.

Por el momento, FIN.

 
 

lunes, 14 de enero de 2013

LO QUE UNA MUJER NO NECESITA

He escrito este trabajo sobre la medicalización de la mujer para la revista AMF.
 
Resumen
 
Causa verdadera perplejidad analizar algunos aspectos relacionados con la atención sanitaria de las mujeres. Se entiende que la Medicina es una ciencia compleja y probabilística, incluso que los médicos podamos equivocarnos equivocarnos al estudiar y comprender el paradigma de algunas enfermedades. Pero en este caso no es solamente eso lo que pasa. Si no, no se puede entender que se haya promocionado (¡y se siga promocionando!) la terapia hormonal sustitutiva cuando es un tratamiento que ofrece muchos más riesgos (y daños) que beneficios, no se entiende que el enfoque de la osteoporosis pase por la insistencia en la práctica de la densitometría, no se entiende de dónde sale esa costumbre de hacer a las mujeres sanas ecografías ginecológicas sin ningún motivo, ni cribados mamográficos a mujeres menores de 50 años, ni la exageración de los beneficios de este mismo cribado de los 50 a los 70 años, ni el cribado anual en el caso del cáncer de cuello de útero, ni la financiación por parte del sistema público de salud de la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH). ¿Qué es lo que sucede?

Puntos clave
 
1. La atención sanitaria a las mujeres escapa de la racionalidad que se aplica al resto de intervenciones médicas.
2. Una mujer sana nunca debería ser vista por el ginecólogo. Las actividades preventivas deben realizarse en Atención Primaria (AP).
3. La historia de la terapia hormonal sustitutiva enseña que hay que conocer lo último, y usar lo penúltimo.
4. El riesgo de fractura en mujeres menopáusicas es mínimo, aunque hayan tenido ya una fractura previa.
Los fármacos solo disminuyen este riesgo un 12% en el mejor de los casos.
5. No hay ninguna evidencia para recomendar la ecografía ginecológica en mujeres sin ningún síntoma.
6. Realizar mamografías a mujeres de 50 a 70 años, sanas, sin antecedente familiar de cáncer de mama, reduce muy poco la mortalidad de éste, en contra de lo que se dice.
7. La decisión de introducir la vacuna del virus del papiloma humano (VPH) parece obedecer más a razones políticas que de salud pública.
8. El médico debe servir a los intereses del paciente por delante de cualquier otro tipo de interés.
 
El resto del trabajo aquí:
 
http://www.amf-semfyc.com/web/article_ver.php?id=1088

Y la razón del mismo aquí, del 3.17 al 4.47